20 noviembre 2008

BISUTERIA POP

ABC YE YE
LOS CHICOS MODERNOS EN ESPAÑA (segunda parte)

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B


Si estuviésemos ante un diccionario riguroso, antes de Billy vendría BABY. Pero yo del zaragozano Baby no tengo nada. Asi que arranca la segunda letra del ABC Ye yé de los chicos con el espléndido cantante argentino Billy Cafaro. Triunfó a nivel planetario con su Marcianita (incluída en su tercer disco para Fontana). Pero tuvo un montón de canciones más, llenando toda la década de los sesenta. Me encanta una de las canciones de este Ep, de un temprano Festival de Benidorm. La titulada Las chicas de la escala musical. Impresionante en su voz. Hay todo un filón de grandes temas en las primeras ediciones de este festival. Particularmente adoro las que no quedaron finalistas. Esta sería una de ellas.



El grande. El genuino. El mostro entre los mostros. El rockero más auténtico que dio España en su pobre, misérrima historia (de artistas modernos descafeinados). Nada de Miguel Ríos. El mejor era Bruno Lomas. Desde finales de los cincuenta manteniendo un prototipo killer, de rebelde, de culo de mal asiento. Emilio Baldoví (en DNI) a mediados de los sesenta se empezó a ablandar (a su pesar) optando por temas festivaleros que no le merecían. Pero sabiendo de los pasos parejos de un Johnny Halliday en Francia (uno de sus mitos) no se le cayeron los anillos al interpretarlos. Siempre con gran clase y con un vozarrón que nunca engolaba tipo crooner baboso (si crooner degeneró, sería orgásmico a lo Tom Jones), antes bien rugía cual bestia parda casi casi del soul.

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C


Otro argentino, otro bonaerense que llegó a España de la mano del empresario Joaquín Gasa que lo contrató para uno de sus espectáculos de revista moderna (antivienesa). Cuando su contrato venció siguió actuando por diferentes salas de fiestas de nuestro territorio, sobre todo en Madrid y Barcelona, asi como en la televisión y en emisoras de radio. El tema más recordado de Carlitos Romano fue el clásico de su compatriota Palito Media novia (hay quienes prefieren la versión de Carlitos a la del autor. Para gustos)



De Carlos Risueño desconozco casi todo. Ni su jeta tengo el gusto, pues como verán la portada era una abstracción típica del fenómeno turístico pujante a principios de los sesenta. Y este disco incluía melodías eternas con sabor a festival como Comunicando o Eres diferente. Yo particularmente me quedo con el fabuloso Dile que se ponga (un fox escrito al alimón por el maestro Morcillo y el locutor radiofónico Jose Luís Pecker). Y nos deja con la duda de si la faz del cantante hacía justicia a su apellido.



Miguel Miñana era su verdadero nombre. Y nació en Larache (Marruecos). Sin embargo todos sabemos que es otro de los miembros puntales de la movida rockera zaragozana de principios de los sesenta (su familia se instaló en la capital aragonesa siendo él muy jóven) junto al ya citado Baby o el incomparable Nelo. El contrato discográfico le vino en cambio de Barcelona, de la casa discográfica La Voz de su Amo. Grabó poco y todo en ese sello.

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D


Otra incógnita. El bigotillo me plantea tantas dudas como pistas: ¿dicha pilosidad tan de época haría referencia a un castizo Sepúlveda o por el contrario a un porteño tanguista?. Me decanto por lo primero. Y es que en la contraportada de este cuatro canciones a Daniel Clavero lo publicitan como un viajero impenitente por los países en donde la emigración española hubo de asentarse con mayor empecinamiento (Suiza, Alemania, Francia, Holanda). Y aunque aqui nos aburra bastante con sus slows en interpretación relamida y pelín cursi (me quedo todos los septiembres con su lluviosa salmodia), al parecer en otros discos versionó el Banjo boy y registró un tal Verano de amor cuyo solo título a mí ya me resulta apetecible.



Este artista tan bizarro, maricón y de ultraderecha, empezó muy jovencito formando parte de Los millonarios de la canción. Al separarse emprendió una carrera que abarcaría toda la década de los sesenta y en la que pasó por bastantes sellos (Regal, Marfer, Discophon...). Fue un ye yé desangelado. Ni siquiera la pluma le sirvió para aportar una nota de color, como bien hicieron otros compañeros, cojitos del mismo pie.



Nuevamente un argentino atómico. Donald no tiene desperdicio. Su repertorio es una maravilla camp. A medio camino entre Palito Ortega y el Chris Montez de su época A&M. Cosquillas es una delicia. Siempre la suelo pinchar antes o después del Mentirillas de la sublime Elia Fleta (por cierto, una versión de un tema de Chris Montez: Little white lies). Cosas de los dj's maniáticos. O de cada maestrillo, que tiene su librillo. En cualquier caso, cocktail pop de andar por casa (con un vaso de whisky en la mano).




Igual era Don Felipe como Sam Alver, que con los dos seudónimos grabó. Se llamaba en verdad Felipe Alcocer y comenzó siendo Sam Alver en Los Pekenikes en calidad de voz solista. Al parecer, debió cambiarse el nombre porque el sello Hispavox (exclusivo de Los Pekenikes) no autorizaba al cantante que lo hiciese, pues pertenecía a Polydor. Y fue en Polydor -y como S. Alver- cuando consintieron. Sin embargo, Felipe finalmente emprendió una absurda carrera en solitario en Zafiro, donde sacaría para la subsidiaria Novola un par de discos imprescindibles del ye yé español. Y con el Don a cuestas. Como me pareció que su Ep de La juerga terminó podía ser ya conocido por muchos de los lectores del blog, me decanté por este curioso single con dos perlas bastante oscuras de su mínima discografía. Dos shakes de cuya autoría además el artista se responsabilizó.

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