06 noviembre 2008

BISUTERIA POP


COMEDIANTES



Alberto Closas era un actorazo. Yo de pequeño le tenía bastante tirria, porque a mi en La gran familia me resultaba un pesado insoportable. Aquella rectitud, aquella autoridad... Guiones. Luego me di cuenta que este argentino era uno de los soportes más sólidos de muchos filmes y obras teatrales con mayor enjundia, tan por encima de aquella tontería oportunista de Pedro Masó. Hace poco descubrí sus primeros trabajos en su patria natal: magnífico galán. Y en este disco se inventaba a nivel de aqui el spoken word. Pero no con altanería de pregonero, ni melosidad de recitador ni presunción de conferenciante. Leía un horoscopo con fino humor, estimulante ironía, soberbia dicción. Pertenecía a la serie de Armiñán del año 1967 Las doce caras de Juán (con música de Vainica Doble) anterior a Fábulas. Concretamente el signo zodiacal era el de Sagitario.



La inmensa Amparo Soler Leal, a quien últimamente he adorado en sendas revisiones de Mi hija Hildegarde y El bosque del lobo. Siempre ha estado fantástica esta mujer. De casta le viene a la galga, me dirán ustedes. Si, de eso mucho hay. Si hubiese nacido en Inglaterra, se hubiera llamado Maggie Smith. Y si lo hiciese en Estados Unidos, hasta puede que la bautizaran Geraldine Page. Frívola o dramática, bordaba sus papeles. Teatro y cine. Y entre medias, revista musical, luego pasada al formato vinilo. El baúl de los disfraces fue una tontería que se inventó Jaime Salom para el teatro en 1963-64, aprovechándose de los últimos coletazos de la moda del cuplé y The boyfriend. Y así, la Soler Leal hizo lo propio con el marabú y otros abalorios belle epoque. De aquella comedia queda este disco. Estupenda en El surf del disfraz, cancioncilla en onda moderna compuesta por Algueró (también existe versión de Los Cinco Latinos) y en la más queer Buscando un hombre.



Antes sí que habían discos. Este era toda una curiosidad. Un doble extended play con cuatro relatos en total de escritores noveles. Todo partió de un concurso de cuentos promovido por la Caja de Ahorros en 1966 con un jurado constituido por miembros de Radio Intercontinental. Los cuatro finalistas gozaron además de la oportunidad de poder escuchar sus creaciones en vinilo leídas por tres narradores de lujo: Julia Gutierrez Caba, Manuel Dicenta y Julita Martinez. Además el cuarto era dramatizado por voces inconfundibles de las ondas: Simón Ramirez, José Santamaría y Mary Nieves García.



Otra curiosidad absoluta de 1966. El debut cinematográfico de Eloy de la Iglesia pasado a vinilo en formato de cuentos infantiles. No en vano, esta Fantasía 3 tenía un carácter familiar, muy alejada de los derroteros que luego cogería el director vasco. Tres cuentos constituían el largometraje. Y en el de Los tres pelos del diablo, además nos topamos con un Juan Diego que debutaba en cine también (con veinticuatro años). Así lo vemos en esta portada en una posición un tanto ambígua mientras el diablo mayor Tomás Blanco (casi siempre villano) aguarda reclinado sobre esa mesa. Enternecedor escuchar sus voces en este disco. Un incunable. Y una película maldita.



Fernando Fernán Gómez ha sido un artista tan completo que a nadie debería extrañarle que también hubiese entrado en un estudio de grabación. Lo suyo, al menos en esto que les presento, era spoken word, pero con música. Nada reseñable. Nada que diese lustre a una carrera tan irregular como fascinante. Manolo Otero triunfaba susurrando directamente al clítoris de sus fans. Pues el pelirrojo no quiso ser menos. Una voz inconfundible recitando sobre un fondo de coros femeninos seudo sexys.



La compañera de Joaquin Prat en labores televisivas disfrutaba su etapa de máxima popularidad a finales de los sesenta. Asi que no lo dudó dos veces y sacó un disco pop que fue ni fu ni fa. Siempre será más preferible reivindicar el que interpretó al alimón con Joaquín, aquella extravagancia intergaláctica titulada Más allá de las estrellas. Pero La trucha (y el salmón) era graciosa. Aqui tenemos su edición francesa, que demuestra que también Laurita lució en las estanterias de las tiendas de discos galas durante un tiempo (para saciar de españolismo a nuestros emigrantes, se supone).



Enorme secundario del teatro televisado (o no) y el cine español. Y los doblajes, por supuesto. Varela hizo sus pinitos televisivos en el programa musical Escala en Hi Fi, asi que era de suponer que nos encontrábamos con un chico á la page. Y se atrevió a grabar este single en 1966 con canciones de rabiosa actualidad. Pero como era un tipo cultivado, sensible (en la portada hasta lo vemos con un rictus afligido que anuncia el existencialismo y que asusta) eligió dos temas ajenos a toda frivolidad ye yé. El Sono come tu mi vuoi de Mina y el Solitary man de Neil Diamond. Dos exquisiteces y un cinco raspado en la cosa de la voz.



La Espert siempre con el compromiso y la exigencia. Antes que la Massiel tomase a Brecht por los cuernos, ya lo había hecho la catalana en 1968 (y en el idioma de Guimerá, claro). De alguna forma, Nuria se equiparaba con la Milva más Strehler, sin la impresionante voz de la italiana pero con las dosis de progresismo y concienciación que se les antojaba a todas ellas. La nariz ya se la había operado.



Los años setenta fueron los del filón del spoken word casposo. Ya hemos hablado de Manolo Otero. Pues aqui tenemos al chulo del Curro Jimenez con dos recitados vergonzosos. Bueno, se salvaría Usté al ser un texto de Rafael de León. Pero la cara B es una abominación en toda regla que provocaría eczemas irreversibles en una Esther Vilar, pongamos el caso. Y es que Sancho Gracia siempre fue muy macho. Y tú, mi MUJER.



La época en que Victoria Abril aún disponía de encanto suficiente como para que nos olvidáramos para siempre de las zorrildas más tópicas del cine del destape (tildándolas de antiguallas). Alcanzó la cumbre en Cambio de sexo de su Aranda y a nivel popular fue queridísima gracias a su paso por el Un, dos, tres. Chicho y su ojo clínico para el lanzamiento de estrellas dentro de su equipo. Nadie debía escaparse de grabar un disco, escribir un libro o protagonizar una peli. Y la Abril, ya sabiendo lo que eran las cámaras, probó también el mundo de la canción. Una suerte de disco music ligerita, que no llegaba (ni mucho menos) a los horrores del Trio Acuario ni al extremismo de la pista de baile de una Luisa Fernandez. En ese término medio, la Abril del Bang bang bang se dejó querer.



Si, no lo duden. Es Alfonso XII, pero vestido de sport. O sea, el Parra a finales de los años cincuenta. Y no cantó La pulga y el Tápame, tápame porque no pasaría la censura. Que si no... menudo era. Como hacían en Estados Unidos otros chicos homosexuales de nombres Anthony Perkins y Richard Chamberlain, Vicente optó por los éxitos de la canción moderna (pero sin pasarse). Cantó el Venus de Frankie Avalon. Y como aquello ya era el colmo de la heterosexualidad militante llenó el Ep con tres slows abolerados en el más puro estilo Saritísima (no en vano, su mejor amiga y confidente). Causa sonrojo, pobrecito mío, escucharle interpretar Llorarás (que, además, estaba en el repertorio de la manchega por aquellos años) con los mismos mimos en el fraseo e inflexiones vocales.

1 comentario:

filomeno2006 dijo...

Luis Varela, magistral doblador de Robin en "Un hombre en casa"......