29 octubre 2008

SEMANA KENNETH ANGER (3)


EAUX D'ARTIFICE
(1953)

Otra pieza de orfebrería del Anger más europeo (en esos años residía en Francia, donde según fuentes -entre ellas Godard- pergeñó una versión/montaje muy personal del material incompleto que realizó Eisenstein con el título de Que viva Mexico). La acción - fantasía se traslada en esta ocasión a los jardines de la Villa d'Este en Tivoli. Ambiente nocturnal. Prevalece el azul selene, olvidándose de sus queridos filtros colorados (los que tan bien le vinieron para Puce moment e igual de bien le vendrían para su inminente cúpula), enorme jardín ornado a la baroque, con infinitas fuentes donde emanan orgullosos chorros de agua que llegan al cielo.
Por ese lugar pasea presurosa una dama vestida del XVIII. Parece salida de un palacio versallesco, podría ser María Antonieta que echándose las manos al cuello ha abandonado su alcoba al intuir de pronto la muerte. Y huye. Anger la sigue siempre de manera indirecta con la cámara. Repara el director en las diversas fuentes. Primeros planos de caras monstruosas, gárgolas de bocas desmesuradas de las que brotan cascadas. Caídas de vértigo o implacables ascensos. Observando de forma copiosa, deja que por su objetivo pase de refilón la dama breve, a la que le otorga eso sí el privilegio de una bajada de escalinata al principio y una subida final. Se lo agradecemos. Y todo, a los sones de un movimiento del Invierno de Vivaldi.
La crítica seria decidió que Eaux... era una variación más que correcta de La linea general (1928) de Eisenstein (concretamente la secuencia excepcional de la desnatadora. Llevada ahora hacia los terrenos de la abstracción más sexual. En el filme soviético, se alcanzaba la abstracción con el fin de exaltar los prodigios de la mecánica en pos de un desarrollo agrícola, acorde a los intereses de todo filme socialista).
Por otro lado, Anger definió este trabajo como unos "water games". Los maliciosos lo encontrarían ahora un poco "water sports". Y es que los críticos gays, malas como ellas solas, han interpretado esta finura como una alegoría evidente a las bacanales eyaculatorias en grupo. Una oda a los urinarios públicos. Con lo cual, si nos dejamos llevar por la malediciencia (piensa mal y acertarás), mucho me temo que esta María Antonieta desesperada sea una impostora, que en realidad debajo del polisón había un señor con bigote yendo de incógnito al cruising de los retretes after hours (otras ahora van en chandal, asi que todos seguimos ganando con el gran Anger).




Eaux d'artifice (Parte 1)




Eaux d'artifice (Parte 2)



LE JEUNE HOMME ET LA MORT
(1953)

Carezco de referencias. Es posible que tampoco exista, o que si existe esté perdida para siempre. Se deja constancia de este título en el apartado de su filmografía en la Hª del cine de Planeta.

INAUGURATION OF THE PLEASURE DOME (1954)
Una auténtica revelación de ayer noche. Era imperdonable no haber visto aún el Pleasure dome en una semana bloggera dedicada a KA. Y gracias al Youtube ha habido posibilidad in extremis. Sumergido quedé en esa atmósfera extrañísima, alucinógena y desfasada. Gran carnaval. ¿Los asistentes?. Enormes totems de la contracultura, el teatro del disparate y lo maudit. ¿El anfitrión?. Sampson de Brier, adoptando para recibirlos a todos-todas distintas personalidades y vestuarios. Un cicerone polisexual, adicto a la cábala y lo mistérico que ora es Lord Shiva, ora Nerón, ora Osiris ora la Gran Bestia. Entregándose a Marjorie Cameron (como mujer escarlata que pisa con sus pies descalzos- cubiertos de media de rejilla y uñas pintadas de rojo- unas pieles de zorro que sirven de improvisada alfombra; o como la diosa Kali), a Joan Whitney (como Afrodita), a Anais Nin (como Astarte), a Kathy Kadell (como Isis), a Renata Druks (como Lilith), a un Ganímedes de botas de cuero que dan que pensar, a un esclavo parecido al futuro director Curtis Harrington pero de aspecto inequivocamente caligaresco, a un Pan tan guapo como Paul Mathison, al propio Anger disfrazado de Hecate.
No se había asistido a una bacanal kitsch tan deslumbradora desde los tiempos en que Alla Nazimova y Natascha Rambova se atrevieron con aquella Salomé filmada, amariconada y genial (1923. Charles Bryant). No en vano, aquella estaba inspirada en el más libertino Aubrey Beardsley, es decir, una estética fin de siglo, modernista, que ahora Anger acentuaba a su manera con los rojizos más endiablados de su colección plástica.
Filme de cuarenta minutos, al que se nota rehecho una y otra vez por la profusión de empastes fotográficos (casi todos de connotaciones esotéricas). Sin apenas significado más allá de lo sugestivo de unas imágenes de fuerza demoledora. Entre el Vogue y The Tatler. A Wilde le hubiera encantado. Lo que pasa es que tio Oscar ya no estaba en este mundo para gozarla. Quienes sí lo debieron hacer (o deberían) en tiempos más modernos fueron gentes tan locas como John Galliano, Baz Luhrman o Joel Schumacher. A sus cosas me remito. Pero quédense primero con ésta.
En Francia se exhibió en 1959 (una de sus versiones) con los tres minutos finales proyectados sobre tres pantallas simultáneamente (como el Napoleón de Abel Gance), mientras que la que ayer conocí (de 1966) acumulaba en ese metraje concreto sobreimpresión tras sobreimpresión hasta alcanzar un grado de delirio mayúsculo.




Inauguration... (Parte 1)




Inauguration... (Parte 2)




Inauguration... (Parte 3)




Inauguration... (Parte 4)



THE STORY OF O
(1959) -inacabada

SCORPIO RISING (1964)
El mayor logro de Kenneth Anger ha sido que el espectador quede bloqueado intelectualmente, dando paso a la fascinación de los sentidos con la contemplación de su obra. Y sin que éste pueda apresar sus múltiples significados, incapaz de ordenar las imágenes porque estas suceden a velocidad del rayo. Es por ello que sea normal que se diga que sus películas incluyen mensajes ocultos, casi siempre transgresores del orden establecido. Scorpio Rising es una fuente inagotable de ideas que superarían con creces su reduccionista definición de "icono del pop art". Si buscamos una narrativa, algo que nos ayude a ordenar la acción, chocaremos con la dificultad de las superposiciones de secuencias. Existirían partes, pero estas van asimilándose con otras, con lo cual terminamos decidiendo que si hay narrativa, esta cuanto menos es muy poco convencional. Avanzaría a un ritmo propio, siempre dentro de los preceptos exigidos por su autor, lo que Anger definió como el Magick.
Podría dividirse el filme en rituales. Aparecerían una y otra vez signos esotéricos que darían prestancia, solidez al hecho mágico: el escorpión dentro del frasco de vidrio, el número 777...
También en culto al héroe. Los héroes procedentes de los medios de comunicación (póster de James Dean, proyección de imágenes del Brando de ¡Salvaje! desde una pantalla de televisión, el comic de Li'l Abner que lee en la cama el protagonista, personaje éste último de Al Capp de fuertes connotaciones homófilas, en el sentido de que el pueblerino Abner rechaza sistemáticamente el mundo adulto, incluido la mujer como amante, aferrándose a una eterna inocencia, a pesar de su condiciones físicas: de enorme fortaleza).
El héroe religioso. Que sería Jesucristo y al que Anger utiliza siempre y en todo momento de forma irreverente. Los montajes paralelos de una falsa película hagiográfica y los desmadrados muchachos en la fiesta no dejan lugar a dudas de que el autor busca desesperadamente a un anti Cristo (el ciego que se arrodilla ante el Mesías da paso a un motorista que saca su pene de la bragueta del pantalón, por ejemplo). De ahí a Aleister Crowley hay un paso. La exaltación de la era de Acuario, que vendría a sustituir a la de Piscis (elegida como la del estoicismo y la autorenuncia). Aunque también resulta curioso que esa imágen de Jesús como aglutinador de masas venga acompañada del He's a rebel de The Crystals. ¿Sería pues un héroe positivo o negativo?.
Si pensábamos que aquello era el no va más, aparecen nuevos héroes. Dos bien distintos. Por un lado, uno histórico: Adolf Hitler. Por el otro, uno literario/mitológico: el Puck de El sueño de una noche de verano (en su encarnación rooneyesca). En realidad, sea en fotos fijas o en celuloide rancio todos estos iconos angerianos representarían las fuerzas del desorden, del caos.

Kenneth ha definido su película como "una exaltación del falo". Y aún asi, no podría tachársele de pornográfica a la ligera. Hay muchas insinuaciones sexuales (fellatios, lluvia dorada) pero estas tan sólo son eso, insinuaciones a cámara rápida, en estructura entrecortada. Sí que existe un regodeo en lo masculino (el momento de vestirse su protagonista, con sus arreos de chupa de cuero y vaqueros, entre otros accesorios típicos de un motorista profesional, entendido en su conjunto como ritual pagano; la conducta licenciosa de la pandilla de amigos durante la fiesta que acabará con orgía de travestidos y violación de uno de ellos).

Todas estas implicaciones hacen todavía a Scorpio Rising una pequeña obra de arte del todo vigente. Dueña además de una banda sonora impresionante, epítome del mejor pop adolescente de su época (a The Crystals habrían que sumarles Little Peggy March, Elvis, The Angels, Bobby Vinton -¡y su Blue Velvet, nana fetichil veinte años antes de Lynch!- Claudine Clark, Gene McDaniels, Ray Charles, Kris Jensen y The Safaris. Todos ejemplos de una inocencia American Bandstand corrompida de repente a golpe de falo descomunal. Entre esto y el todavía fresco asesinato de JFK, si los USA no acabaron perdiendo ¡al fin! su tan molesta virginidad es que era un país de memos).




Scorpio Rising (fragmento)


continuará mañana

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