24 octubre 2008

QUE LE DEEEEN...

Por Maricón Martinez

Hola queridos. ¿Se acuerdan de mi?. ¿Se acuerdan que hubo un tiempo en que los sábados por la noche me echaban ustedes un polvete; a veces ordenadamente, otras en locatis bang gang?. Pues si, he vuelto. Pero de morros. Porque Maciste sólo me deja escribirles UNA VEZ AL MES. Y no hay derecho. Exíganle que me de más espacio, algo digno de mi categoría. He estado en la cárcel, bien. Quince putos meses, vale. Pero ¿eso justifica que se me haga el gueicot en este blog?. ¿Cómo piensa el señor Betanzos, personaje que ha conocido el penoso deambular por una mazmorra, que puedo reinsertarme a una vida internautica normal con un post al mes?.

Con todo lo que he pasado yo en ese antro de mala muerte. Que no lo padecía desde que estuve en Carabanchel, aún Franco vivía, por intercambio de estupefacientes en el cine Carretas. La ley de vagos y maleantes, si. Amnistía y ¡olé!.
Lo de las penitenciarias actuales no tiene nombre. Carceleros encapuchados que te despiertan a las tantas de la madrugá para preguntarte la hora. Auxiliares de enfermeria sin titulación practicándote enemas sin ton ni son y luego filmándolos una nurse con bigote. O batallar con montones de transexuales, raras como el demonio, que no saben ni lo que quieren... Sinceramente, exigo una canonización.

Doy por hecho que me han ubicado (de lo mejorcito del blog). Y me pregunto (y ustedes al mismo compás) ¿qué puedo hacer en esta tercera etapa?. He sacado la conclusión que les apetecen ver culos redondeados y carnosos, ojetes petados expulsando leche blanca y viscosa (bueno, como babilla). Pues hete aqui que he optado por tomar ese camino. ¿No es excitante?.
¿Qué dice la gafuda?. ¿Qué es lo mismo de antes, que me repito?. No bonita, lo de antes era movida Stonewall, ahora quiero homenajear a los más divinos bottoms (pasivos) del porno gay USA en los años 90, que fue cuando abrieron el sex shop en mi pueblo. Porque me parecen unos especímenes entrañables. Algunos bien hermosos, como el de este mes. Y porque no estaría de más desmontar esa falsa teoría de que los muerde almohadas son los que menos trabajan en el coito a dos. Para nada. Y además yo siempre doy la última palabra en todo, la primera entrada en el google. Por ejemplo, pongo pedo y ahí aparezco, y detrás las cinco millones de referencias. Hagan la prueba, busquen pedo y ya verán quien está la primera. Y no dirán que no he elegido un título precioso para la reintrée. ¡QUE LE DEEEEN...!. Suena fresco, directo, sin medias tintas. Una entrada cinco estrellas.

PHIL BRADLEY


Bueno. Pues aqui tienen a Phil Bradley. Todo un señor. Y todo lo tiene. Belleza clásica. Jamás pareció un monstruo de laboratorio, ni rata de gimnasio. Que no lo dudo que lo fuera (esto último), porque ese cuerpo no se consigue de estibador (los estibadores van a a parar a la sección Osazos en las estanterias del sex shop). Era canadiense (y lo será si no se nacionalizó californiano). Y su debut fue de la mano del incansable viajero Kristen Bjorn. En Montreal men ya se vio a donde podía su arte llegar. Hacía el amor en la última planta de un rascacielos, suite de lujo, pegadito a la cinemascópica ventana. Un vértigo total. Luego vendrían sendas partes de Total corruption (carcelarias) donde eligió el rol de preso (o sea, idoneo para el tacto rectal), Shiftin' gears (ambiente ranchero), Jock-a-holics (precioso polvo con el semidios Aaron Austin; pese al rollo gym todo fue dulce y suave como la seda, hasta el punto que nos creímos a pies juntillas que a Bradley lo estaban desvirgando por primera vez. Y dulce siempre fue Phil, algo melancólico pero nunca se le vio un hombre triste. Se le intuía una sensibilidad personalísima, jamás pareció idiota o retrasado como la caterva de atletas hipertróficos con los que debió lidiar), Barnstorm (donde era promotor inmobiliario), The Olympians (que no me gustó nada porque casi ni se le veía el culazo; estaba en un ring de boxeo con otros dos pibes de gran nombradía), Thriller (con la máxima estrella Tim Barnett, al que adoro también y del que ya hablaré otro mes; un tipo caído, como tantos del gremio, sean de la etiqueta que sean, en desgracia: en la trena por violar a varias chorbas en la vida real y luego el suicidio. Pero como Barnett y Bradley eran pasivos, no coincidieron en el mismo sketch. A Bradley se lo beneficiaban con la medallita de campeón olímpico al cuello en el salón con chimenea de un cottage hollywoodiense. Lo que les dije antes, tenía un algo romántico vintage, del estilo Greer Garson o Merle Oberon, los directores menos brutos supieron captarlo muy bien)...



También probó las excelencias del triste s/m. Aunque soft. No me acuerdo cual era el título de aquello que un día vi, pero sí que me quedó grabada en la punta del nabo aquella entrada en escena: un hijo de puta lo cargaba al hombro metido en un saco. Era un secuestro. Lo sacaba del paquete express atado de pies y manos, torso desnudo y vaqueros ceñiditos. Luego le amarraba las manos a una cuerda que pendía del techo (era un zulo etarra de lo más confortable) y ahi lo torturaban (tirábale el malo mucho de los pezones) hasta que Phil se ponía como un burro. Le magreaban mucho con el pantalón puesto. Luego honraban sus zapatillas deportivas y sus calcetines blancos, los pies claro... Y ya en calzoncillos blanco inmaculado se realzaba a lo bestia su excitación. Tras la bajada de gayumbos, la recta final con el Bradley tapado con antifaz (parecido al que uso la Melina Mercouri para poner fin a su vida en Fedra) eyaculando sobre ese torturador tan cariñoso. Yo en su momento no me enteré que era Phil hasta que le vi el trasero, lo reconozco. En la carátula del video no aparecían nombres porque los actos delincuenciales deben permanecer en el anonimato. Pero, ay amigos, su trasero... El más perfecto del porno gay de luxe de principios de los años noventa.



Nos vemos pronto. no se preocupen. Ya camelo yo a Betanzos para que me dé otra sección. O que me deje los fines de semana, ya que descansa, para mis cosas...
Córranse felices, córranse contentos (pero córranse dentro).

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