03 octubre 2008

"ESTRES POST VERANIEGO" (2): Macisterotique

Pendant les vacances
Los estragos del verano. ¿Cómo voy a quejarme si pasé el mes de julio más caliente de lo que llevamos de siglo?. Luego vendría el bajón de agosto. La crisis total de septiembre. Y este mes de octubre que, según me siento anímicamente, no pronostica nada bueno ni nuevo.
La nada y punto. La más absoluta. La castidad y el recogimiento. Por eso me refugio en el blog. Porque mientras lo hago no se me pasa por la cabeza qué es lo que puede estar ocurriendo ahí afuera. Es una buena terapia contra la esclavitud hormonal. Pero cada vez que recuerdo el mes de julio... Muchachos distintos a diario, encuentros imprevistos, mi lista de favoritos que se iba cumpliendo a rajatabla (no faltó ninguno: ni Juan, ni el casado de la cicatriz en el estómago, ni Pedro, ni el scatyolista, ni...) . Y todos por orden, sin apelotonamientos (una cama redonda sería inviable pues sufriría un choque emocional o algo por el estilo). Con lo que he de reconocer que mis amantes son unos jovencitos muy ordenados.

Tampoco me olvido de cómo comenzó todo. A mediados de junio había conocido por un chat al buen Oscar, un traductor con el que no hubo feeling (al menos por mi parte). Después de mucho tiempo en que no me planteaba al conocer a un chico una toma de contacto previa a base de diálogo y demás (la manera más ortodoxa de ligue) acudo a la primera cita nervioso. Y él lo nota. Se percató de que soy una persona extraña, ligeramente asocial (eso quedó sentado por ciertos comentarios que yo lancé sin el más mínimo rubor). Pero fuimos a su casa.
Y cuando se acuerda lo de la casa, un bregado como servidor, ya tendría de sobra que saber lo que esto significa. No pasó nada. Oscar fue paciente. El jóven no me atrae sexualmente (es de mi edad, otro lastre. Me gustan desde muy crios hasta de treinta a lo sumo). El era un lince con piel de corderillo. Consegui alargar la situación del quizás quizás quizás en un par de citas más.
No sé que nos pasó al regalarme una impresora de su ex. A dia de hoy, sólo quedan simples destellos de vuelta (por su parte) que no han fructificado. Y eso que deseé que quedase claro desde un principio que sólo buscaba amistad, reciprocidad y conexión de gustos culturales. Me he dado cuenta de que con este chico la amistad sin sexo es imposible (y lo comprendo).
Algo parecido me ha vuelto a suceder con un salvadoreño mulatón que desea algo más de mi que unas risas o conversaciones instructivas en torno a la represión homosexual en su pais en un parquecito de moda. Otra vez la falta de deseo me impide estar a gusto en la casa de otra persona. Con lo cual y ante lo repetitivo de estas situaciones opto por la solución de esposa abnegada: dejarle que me haga, con el previo aviso de que yo no sentiré rien de rien. Como sé que es duro e indigno, suavizo el tema con una frase que yo siempre he considerado tentadora (por lo morbosa) : Aprovéchate de mí, puedes hacerme lo que quieras. Como es lógico, mi contrincante de sofá es persona, no un infraser, no gentuza que cosifica. Y se le baja.
Por desgracia, mis mínimas ilusiones de organizar mis sentimientos a través de una persona homosexual se van rápido al garete. Porque lo mío es una inversión del carajo. Sólo me desvivo por bisexuales (o heteros de cana rosa muy esporádica), con los que es imposible nada que se parezca un poco a las relaciones formales que conozco por el cine.

Mi escepticismo, asi pues, va en aumento. Acepto mi soledad, porque la lleno de mi creatividad y mis aficiones. En sexo, controlo a mis habituales. Sé lo que hay. Como Pedro, con el que tanto me entiendo. Pero Pedro es un chico con muchos problemas de salud. Se le agradece infinitamente el cariño que me muestra en la alfombra, pero dentro de él se rumia el caos. Ha vuelto a caer en una crisis nerviosa. Recluido (al menos yo no lo he visto en todo el verano, salvo su última visita del mes de julio, donde ya estaba a tratamiento, aunque no me lo contó) en su casa, durmiendo dieciseis horas al día y tomando más de diez pastillas por jornada. Le deseo lo mejor.
El resto de oficiales siempre cumplen con su ritual del cuarto de hora espléndido.
También novedades hubo. Como la primera tarde que fui a las piscinas. En los lavabos me encontré a un carnoso moreno con el que compartimos suaves roces de inodoro. Creo que era sudamericano. De otras etnias húbolos marroquis (uno, no se piensen que me atiborro de khebabs) y un par de rumanos (los ligues que siempre se producen de la manera más fulminante. Estos normalmente piden pasta, pero les basta poquísima, pues a lo que le dan preminencia es al sometimiento de la carne ajena y ¡española!, que es su forma de venganza personal ante su situación de ninguneados sociales).

Malo será...
Y dejo para el final al más importante del mes, de la temporada, del año si me apuran. Pues Victor reapareció (lean de él en los archivos del blog del día 18 de febrero de 2006). Tres años sin dar señales de vida (lo suponía en Vigo) y ahora me lo encuentro en un Bazar Chino comprando nosequé. Lo sigo por la calle. Cuando se mete por una, nada transitada, lo abordo. Si. Se acordaba de mi. Estaba precioso. Ya chicarrón. Veintitres añitos ha cumplido (me abandonó a los veinte, pues). Me dice si vivo en el mismo lugar. Me promete pasar en un par de horas. Le echo sin poder remediarlo la mano al culo (aquel con el que jugué mucho, aunque nunca lo suficiente como para saciarme). Asiente. Le explico que ardo en deseos de comerle el ojete. Baja la mirada, vuelve a asentir y quedamos. Y viene. Pero todo es rápido. No me deja que se lo coma porque me avisa que lo lleva sucio. ¿Y a mi qué?. Me gustan ligeramente olorosos. No es un muchacho que dé porcino, no creo que me fuera a encontrar el vertedero de Sao Paulo. Como no quiero incomodarlo acepto sus proposiciones. Me folla en un pis pas. Y se acabó. Le hago prometer que no va a desaparecer como la otra vez. Que nos volveremos a ver pronto. Malo será, responde, una de sus frases favoritas. Me queda la cara de asco, como es natural. A la mierda Victor, digo para mis adentros.
Sé tan poco de este mancebo. Por ejemplo, no sabía que era tremendamente informal. Porque pasada una semana, en la madrugada de un viernes (7:00) se me pone a llamar com un loco al portero automático. Despierto de mala manera, descuelgo el telefonillo pensando que serán los típicos gilipollas heteros que quieren a la puta de abajo. De todas formas, pego el oido al aparato y siento que alguien me susurra adulador: Anda que soy yo, que me viniste siguiendo el otro día, ¿no te acuerdas?, Victor. (...) Abreme, tonto, mira que me voy, ¿eh?.
¿Qué hacer?. No son horas ni para bajar a partirle la cara. Suerte que mi madre duerme con tapones y no oyó el escándalo. Pero bajé. Me daba cuenta que tres años de separación dolían más que un asalto (con algo de fusilamiento lorquiano) matutino. Además, ve tú a saber en el estado que vendría. Como para que se resistiera a cualquiera de mis caprichos harto acumulados en mi imaginación.
Ahí estaba el muchacho. Hablando como una cotorra monocorde al telefonillo. Con su camiseta ajustada negra y su culo desafiante y respingón envaquerado (de cintura cracker, además. Que me vuelven loco). Vendría del botellón. Pasadísimo pero con aquel bulto indecente en su bragueta. Hinchado a más no poder. En el ascensor le acuso de locura, que no son horas. El responde que perdone pero que va a tener cuidado al entrar. Que quiere follar y luego dormir y luego follar y luego volver a dormir. Opto por una actitud de hermano mayor. Le espeto severo que necesita una reprimenda. Dice que haga lo que quiera. Le doy un azote en el culo. Resuena en todo el edificio. Saliendo del ascensor le pregunto con mala hostia si se ha lavado el agujero por donde defeca. Farfulla que viene muy limpito. Hago que no le creo. Hundo mi cara en la trasera de su pantalón y esnifo. Me viene una erección soberana. ¿No te gusta esto?, se me vuelve enseñándome el paquete. Pasamos a mi humilde morada. Quiere ver un porno de chicos, quiere follar y dormir y follar y volver a dormir. Me despelota. Y yo a él. Se tumba boca arriba sobre el sofá mientras busco algo de críos borrachos entre las cajas de DVD-R que abarrotan la sala. Cuando me acerco a Victor me espera como una puta bardotiana (en esencia, pero su pose es clavada al del Fauno Farnesio). Enseñándome sus manjares. Se los olisqueo. Ni sombra de hedores. Sé que si ha venido en ese estado de dulce embriaguez es para que me lo folle. Y no lo dudo un instante.
Le doy la vuelta. Le como el culo un tiempo indeterminado. Tiene un agujero enorme. No era así cuando lo conocí, puto virgen. ¿Quién te folla cuando vas de marcha?. Se aprovecharán de ti esos tipos del gimnasio al que vas, ¿no? (aqui reconozco que discurrí, pero es que sospecho que padece de vigorexia, por sus características físicas y porque en un par de ocasiones lo ví acompañado por un par de musculosos, halterofílicos de barriada). Cuando le introduje la punta del pene, sentí como aullaba mientras se echaba hacia atrás. Era como si sus deseos fueran tragármelo hasta los testículos. Y así fue. Le embestí con rudeza mientras pude. Porque enseguida me fui (no dentro). Luego le dejé que disfrutase de lo mío. Pero yo estaba harto. No se daba corrido. Aunque su empalme siempre fue brutal (y como contagioso).
Le llevé a la cama. Y no rechistó. De nuevo se reclinó con el culo en pompa. Interpreté que quería más. Pero yo no podía más. Tan sólo me quedaba jugar con mis manos y la lengua. Espetarle por enésima vez que deseaba olerle el culo y él por enésima vez confirmarme que estaba limpio (iluso, desconoce que soy miembro honorario de la hermandad de adoradores de las nalgas de los efebos. Culómano, como lo simplifica más prosáicamente, Pedro). Pero la limpieza seguía. Ni mi semen ni su mierda habían invadido sus divinas colinas del amor. Ni las simas donde se halla su Atlántida. Imposible fue moverme en la cama. Chirrían sus muelles. Es orquesta de violines. Asi que lo contemplé en su desnudez pletórica durante unos minutos hasta que le advertí que no se podía quedar mucho rato (¡era viernes, con lo que tengo que hacer yo los viernes!). Al cabo de quince minutos le obligué a que se largara. Y obedeció refunfuñando (daba disculpas. Como que no iba a volver a casa en su estado, más que nada porque no podía conducir y tal). Pero se fue, de morros.

Hasta la siguiente. En horario infantil reapareció todos los jueves que quedaban de mes. Su actitud sobrio es diferente. Va de dominante. Lo es en tal grado que todos los condones los rompe (y eso que yo lo tentaba una y otra vez a hacerlo a lo ilegal). En agosto sólo acudió a mi una vez. Lo telefoneé en un par de ocasiones. Respondía siempre amablemente. Me daba largas. Y a la tercera llamada, me colgó. Al cabo de unos días de esto lo vi en la calle. Vestido con más ropa daba un aspecto de hunkito irreprochable. Se estaba zampando bolleria alta en calorias (el estigma de la vigorexia reapareció en mi mente. Lo vi, en una ráfaga de segundo, espléndido queso de bola, prototipo que me place también). Y, qué cojones, era Victor. Uno de mis enganches más heavys de principios de siglo. Arrinconé mi orgullo y acudí a su encuentro (estaba solo) soltándole un rutinario A ver si nos vemos un día (sin alharacas ni baboserios de niña tonta). Con lo cual le preparé a huevo la respuesta, su favorita. Malo será. En el fondo, yo habría sido para él un rollete de verano (o ni eso). O a lo mejor es que es muy jóven y no está en edad para atarse a nadie (aunque sea un ratito cada quince días). O está confuso y busca su camino. Mientras tanto, Maciste sigue endureciéndose. Su corazón ya es como una roca ígnea. Eso sí que es malo.



A dia de hoy lo que me queda del diosecillo es esto. El único condón que no rompió. Microparticulas muertas. Los restos del verano.

1 comentario:

filomeno2006 dijo...

Paisano Maciste: dos temas off- topic
1- Felicitación por tu nivel de gallego.
2- En el mismo número de la revista "Lib", 31-10-1978 de donde has scaneado imágenes de reportaje sobre la bellisima Orchidea De Santis, al parecer, existe otro reportaje sobre Giovanna Ralli.....¿Sería posible scanearlo también?
Gracias y un saludo.