15 octubre 2008

Estampas de santos. Por el reverendo Belcebú Von Bleu

Por el estatismo hacia Dios



He aqui dos santas (¿o habría que decir dos vírgenes?) mexicanas. En dos posiciones estáticas que remiten a la estatuaria más pagana, directamente ligada con diferentes etapas de la historia del arte. En la foto primera, la maravillosa Ana Luisa Peluffo evocaría el neoclasicismo. En la segunda (más carnosa, más redonda) veríamos en la soberbia Columba Dominguez a un ejemplo palpable de barroco (siempre gozoso). Pero sin tirar cohetes. Porque las dos chamacas (para mí diosas), primeras figuras del cinema mexicano en la segunda mitad de los años cincuenta (siglo XX) y pese a representar un maggioratismo autóctono fuera del flash, aqui optaron por la inmovilidad y el comedimiento. Si las italianas se sometieron sin problemas a la lujuria del fotógrafo meneando las caderas a ritmo de mambo, contorsionándose en posturas forzadísimas para que se viesen en todo momento las curvas de pecho y culo, incitadoras en sus movimientos al sexo... estas se volvieron madonnas nudistas. Carne casi sacra, de medallón.




Les dejo con el apunte que apareció en el libro EL CINE MEXICANO (Jorge Alberto Lozoya. 1992) refiriéndose a la estampa de la Peluffo (pero valdría igual para la de Columba Dominguez que encontré en un misal):

"Presunciones psicológicas aparte, es evidente que el cine mexicano ha propuesto una estética del amor que subraya lo inalcanzable y prohibido, a manera de aproximación nacional a lo erótico. El melodrama es una vez más el género preferido para transmitir señales de un erotismo que a menudo se niega a si mismo, confundiéndose en evocaciones y propósitos contradictorios.

El primer desnudo de una estrella del cine mexicano fue el de Ana Luísa Peluffo en la cima de su debut: La fuerza del deseo (1955) de Miguel A.Delgado. La historia habla de un pintor y su modelo. La censura permitió el destape de la Peluffo a condición de que permaneciera en pose. Ello llevó a un crítico a decir, sarcástico, que el pecado del desnudo pareciera compensado por la virtud de la inmovilidad."

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