01 octubre 2008

CALENDAR BOY

EL CHICO DE OCTUBRE

OWEN
(una cuestión de pelos)



Lo que más me ha llamado la atención de este twink es su abundosa cabellera. Exhibe un estilo de peinado (flequillo indómito que cae como cascada desde el centro de su raiz hasta los ojos) idéntico al de tantos chicos (sobre todo, adolescentes) de hoy en dia y que no en vano remite descaradamente al de los jóvenes de los primeros ochenta. Es decir, para mi el valor de Owen parte de una nostalgia pre condom que me desarma. Y no sólo pre condom. Afectaría a mis primeras apreciaciones estéticas de lo que era un bello adolescente por aquellos años: ahí estaban, al salir a la calle, en los billares, en los cursos superiores del colegio de curas. Y en el cine, con el primer Tom Cruise como epítome del salidillo americano de pelambrera enrevesada, de pequeño Sansón (con la excepción de TAPS y, por descontado, Top Gun, su primer paso hacia la edad adulta).


Owen es una de las más sobresalientes adquisiciones de Sean Cody, sin duda un auténtico madamo de las webs porno gay. Recientemente se ha visto envuelto en una pequeña polémica al ser tachado de racista. Exige para sus inminentes castings que se presenten sólo mozos de características caucásicas. Si nos acordamos de que en sus primeros años como destajista aceptó hasta a apaches en sus inolvidables multisesiones poco importará ahora que desee centrarse en modelos concretos de varón. Este señor recorrió medio mundo a través de la carne, la piel masculina en sus diferentes tonalidades. Lo problemático de Sean Cody es su obsesión por venderse como el propietario de una casa de putos de apariencia straight... en mozos que tiran la mayoría a lo afeminado.


No es el caso de Owen. Owen es un amor. Al no ser aún un hombre ( pese a sus atléticas formas), el voyeur repara en sus granitos en el mentón, en sus ojos claros (ligeramente bizcos) con esa mirada que aún es inocente, que pretende ser feliz, pletórica pero que transmite también lo contrario. Lo que el porno produce en la mayor parte de estos amateurs: una rara expresión de tristeza.
Sigamos con el balance. Sus mismos pies son bocata di cardinale (algo que nadie ha catado, al menos yo no he visto a ninguna mariquita de esas con las que le emparejan que hayan honrado esa parte tan apreciable de su anatomía). Luego estaría su voz, varonil, nada afectada. Y su look pre despelote: a un paso de Malibu beach, con sus politos de colores vivos y sus shorts deshilachados. Esos mismos que esconden boxers de ensueño y que a su vez, ocultan los más cotizables tesoros del chavea. Estos son: unos espléndidos genitales y un trasero redondeado y de larga y profunda raja.


Otro de los momentos hipnóticos de Owen es contemplarle ese sitio (por donde a ratos caga) abierto. Como por arte de magia, los años ochenta no sólo aparecen coronando su testa. También en su peludo ojete. Ya no me acordaba de ver a una porno estrella actual sin rasurar. Y Owen en este apartado nos regala un buen matojo a la antigua usanza.


Asi pues el enamorado se derrite viendo como se le rizan cuando es penetrado. El efecto del pene al entrar y salir de su ano, con eses bordes tan estéticos de unos pelillos mojados adornando la liturgia, magnetiza. Daría lo que tengo por un mechón adamesco de sus cabellos traseros, siempre ensortijados.



Porque a Owen se lo benefician muchos. Pena que la mayoria sean unas tontas de gimnasio que no le hacen justicia en absoluto. Asi un tal Harley (a pesar de ser muy completo y de poseer un precioso culo) que le introduce un dildo azul de fantasía, o Billy (otra muy fea) pero que, dándole a fondo, consigue que nuestro ídolo nos brinde una de sus caritas de molesto placer, de niño violado que tanto me entusiasman. Tan sólo Reid, por su aspecto semi proletario, ayudándose de un dildo transparente o el rubísimo Cooper (que se lo folla de costado, una de sus posturas favoritas) pasarían la prueba con nota, según opinión del aficionado no ya sólo a los contrastes físicos, sino al que le repugna la pluma.
En el dueto con Cooper, mi favorito, Sean Cody se permite el lujo de improvisar un efecto visual como de autor al final del polvo: los chorretones de semen del activo galán cayendo muy despacio por la espalda de un Owen que reposa boca abajo, sobre un sofá, como si fuesen lluvia láctea.


Pero Owen tambien se activa cuando quiere. Asi folla a Devin, de aspecto de indígena argentino, o a los antes mentados Grant (con el que tuvo un delicioso preámbulo de poses musculares) y el muy recomendable Harley.



Y, por supuesto, su audición personal cumple con las expectativas. Una suerte de presentación en sociedad cibernauta. Tiempo de paja reposada. De charla insustancial con el madamo para que presuma de novia, nos revele sus deportes favoritos o lo mucho que le tira el sexo (en cualquiera modalidad, que para eso es un chico del siglo XXI). En cambio, lo más portentoso de su audición es ese flequillo lakeizante total mientras lucha contra su herramienta.


Visiten la habitación de Owen en su burdel de Internet