02 octubre 2008

BISUTERIA POP

Un tiempo en el blog dedicado a desempolvar los discos de mi colección. Agrupándolos por estilos, tipos de artistas o temas musicales. Y salvándolos de manera piadosa de ese anonimato del que no salieron nunca. Ahora verán la luz sus portadas (de chirriante kitsch o de tenue elegancia, depende) para que sepamos que hubo una época en que la industria discográfica española (aunque enclenque y miserabilista) no se cortaba un pelo. También este es un tributo a los magníficos fotógrafos, a los alocados maquilladores, a los inspirados diseñadores de portadas que lograron convertir sus productos en material fetichista de primer orden. Sólo para melómanos de rara sensibilidad. Vinilos que ni siquiera RAMALAMA se atrevería a reeditar.


INFANTICIDIOS
(1)

dedicado a mis amigos del blog SOMETHING TO LIVE FOR, Mel y Julio Niño




La cantante melódico-ye yé Cecilia de Aramburu y de Eizaguirre (vasca de educación francesa) fue sustituta de Mochi en Escala en Hi Fi (cuando en TVE había musicales). En vinilos, dejó su estilazo elegante y comedido para los sellos Odeón y Philips. Fue en este último donde grabó esta maravilla del incesto pop (padre e hija) con la tal Cecilita (no les unían vínculos familiares, sólo ansias miméticas de la pequeña hacia la mayor). Aqui reproducimos la portada y la contraportada. Regocíjense con la nínfula y su puré de lefa.




Pizca fue una niña prodigio frustrada. Al contrario de la machorra Estrellita o la demasiado ambigua (por bigotuda) Maleni Castro, esta fue incapaz de encarrilar su carrera (o que se la encarrilara algún mánager cariñoso) en el cine y el mundo discófilo. Su único momento de gloria se halla en la intervención (demasiado breve) en el vehículo para Pili y Mili Dos chicas locas locas (1964), donde interpreta su hit menor ABC delante de familares y amigos (al más puro El Pardo style). También fueron simpáticas sus expresiones faciales sentada en una bacenilla antes de que se la cambiase la tata Mari Carmen Prendes.
Como verán, la contraportada es de antología. Precocidad elevada al cubo de plástico. La muñeca rota fue el cúlmen de su pequeño arte: un dramma baby queen song de resonancias apocalípticas.



Espanto total. Tardía vuelta de tuerca al Di papa de Jose Guardiola y Rosa Mary. No, no piensen que porque el patillas se apellide Visconti se trata de una extraña revisión del universo de Thomas Mann, con una mamá felicitada parecida a la Mangano. Es otra cosa. Y la cría no canta normal. Reproduce cantidad de sonidos guturales, felláticos. Es una fuente de babitas, de sinusitis (ergo moqueo) que le impiden ser entendida por el melómano común. Los ortodoxos en la materia dirán que quien la metió en el estudio de grabación no tuvo perdón de dios.



Onda catalá. Nova cançó naif. Las bifurcaciones del excelente sello Edigsa al servicio del pop ye yé de crios como Queta y Teo (que cantaron en su idioma natal, pero también en castellano). Eran pasables, su Reloj del abuelo es un encanto. Llegaron a grabar con el gran Salvador Escamilla.



Y aqui tenemos a Salvador Escamilla con otra nínfula: Maria Cinta, luego vinculada a la nova cançó. Cantando temas de una pareja de compositores que ya estaban trabajando de pleno a mediados de los sesenta para el grupo Els Setze Jutges. Salvador, recientemente fallecido, tenía una voz vigorosa, bien timbrada, como buen locutor que fue de la radio barcelonesa. La cría era la France Gall catalana. Y eso es decir mucho. Es decirlo todo. Una inmortal.