15 octubre 2008

APUNTES MACISTEÑOS

Rascándome el bolsillo (encuentro un roto muy sexy)

Transcurridos siete días desde mi último post dedicado a mi pobreza, puedo afirmar que estoy llevando un buen ritmo de ajuste de cinturón. En el cajón ahora permanecen 120 euros. Para mí es todo un logro, habida cuenta que no entró una perra más en casa. Y bien que me rondó por la cabeza lo de la prostitución. Encontré a un maduro rellenito con el que no me hubiera importado hablar de euros a cambio de trato carnal. Pero ni siquiera existió posibilidad, pues no nos pusimos de acuerdo en el lugar donde hacer sexo (o lo que se haga con un individuo así. Llámenle manitas).
Horas después de este contacto fallido me siento en el parque. Es mediatarde, horas de gran concurrencia de gente: los pestosos de siempre, el veinteañero homófobo/homófilo que me quedó por asesinar le espeta al morenito que le acompañaba (otro más de su larga lista de amiguitos del sexo masculino): Aqui huele a trucha. E cosí via. Es cuando más sientes la asfixia agorafóbica. Mi ciudad es asi. Demencial. Y volver a casa tampoco era ninguna solución. Paso demasiadas horas metido en este cuartucho. Necesito respirar (ya sé, un altra vita... que sermoneaba Battiato).
Por fortuna, capto una cara conocida. El carroza Eduardo. Un viudo, pero antes ex divorciado, que me hizo mucho la rosca el año pasado y que es un mostrenco, el vivo ejemplo de que ser homosexual y usar perfumes y foulard al cuello son términos antagónicos. Porque Eduardo es un bruto a la antigua usanza, encima si le añadimos una tendencia al desvarío convendrán conmigo que una hora con él en un parque es como para exponerse al escándalo público. Virilidad a tope, machismo en sumo grado. Y una apariencia física demoledora. Dientes podridos, poco aseo personal, vestimenta basada en chandals llenos de mierda de gallina (si, viene SIEMPRE de trabajar en la finca. Incluso cuando se levanta de la cama por la mañana y sale a la calle YA viene de la finca. Indudablemente su hogar ya es un gallinero o una cochiquera). Pero me aprecia y yo a el. Y me aconseja. Pero al rogarle que me lleve a ese sitio donde se ensucia tanto y me haga trabajar (no quería más que cincuenta euros), una jornada tan siquiera, como si fuese un descendiente de Kunta, se achanta. Me verá demasiado fisno para las rudas labores del campo. Será eso. Y me deja jodido... pero menos, porque saca de cartera y me dá dos euritos, preguntándome si quiero que me haga un bocadillo de jamón. Le digo que hambre no paso. Que gracias. Y me anima a que me vaya con uno que trabajaba de verdulero en el mercado de abastos y que le pida esos cincuenta por un completo. Que no sea burriño, que el también lo hizo una vez que se vio apretado. Pues vale. Le dejo y me vuelvo a casa como alma en pena. Al cabo de un par de horas llega el scatyolista al que adoro (un gallego fuerte y recio, un chicarrón del norte -como dice Filomeno- pero en bajito) y me da tralla. Pero eso, si les parece, lo dejaré para el próximo Macisterotique.
Y así pasaron los días. Bueno, el sábado por la tarde salí con madre a la Alameda. Antes fuimos al supermercado a comprar patatas fritas. Y en un banquito las medio comimos. Sacarla a que le de el aire es muy importante. Pero no sé si fue porque le dio toda la tramontana de lleno que ayer se me puso pocha. A altas horas de la madrugada la sentí llorar y gemir. Estaba temblando. Sólo las manos. El resto del cuerpo estaba quieto. Y lo tenía caliente. No me explico. Falta de circulación. O repentino despertar. No sé. El caso es que la abrigué con un edredón. Por la mañana tenía fiebre. Vomitó el desayuno. Le di un Nolotil por indicación vía telefónica de la doctora, que vino a las dos horas a auscultarla. Ya sin fiebre, apostó la médica por un virus que viene y va. Por la tarde le detecté pequeñas manchas de sangre que habían brotado en su rostro. En la sien izquierda se veía un moratón que al tocarlo ardía. Temí lo peor. Una embolia fatal. Voy al ordenador y consulto la Enciclopedia tremendista de la Salud. Hay cinco posibles causas, todas catastróficas. Ni duermo. Hoy por la mañana vuelvo a recurrir a la doctora. Acudo a su consulta. Eso es porque ha vomitado, me responde. Suspiro con arcadas. Nunca hay felicidad completa. Pero ya no es como el dia de ayer.
Me rasco los bolsillos y mis agujeritos me invitan al placer que tanto tiempo llevo arrinconando. Estoy bajando un par de pornos de la productora 3rd World video y ya he visto en el VLC un preview de una que promete emociones fuertes (tres heroinómanos rubios en jockstrap picándose y luego lamiéndose las marcas de sangre que han dejado en los brazos, todo en una habitación típica de okupas). Sin duda, las propuestas de esta productora son de lo más arriesgadas en materia gay porn al márgen de la industria convencional. Pero, ¿vén?, ahí paramos. La continuación en el Macisterotique.

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