15 agosto 2008

MIS TERRORES MEXICANOS (25)

DR. SATAN Y LA MAGIA NEGRA (1968. Rogelio A. González)

Secuela de Dr. Satán (1966. Miguel Morayta) y tal vez, más que aquella, pura fotonovela (no piensen en Corín Tellado hecha viñetas fotográficas, eligan mejor a Satanik/Killing y acertarán).
Divertidísima por lo delirante y absurdo de su propuesta. Nada menos que reunir a dos personajes negativos en lucha frontal, aderezándolos con elementos terroríficos para orientarlo todo a una trama típica de espionaje. No en vano, estaba de moda el dichosito 007, dueño y señor del cine de acción cosmopolita del momento. Así que la fusión no dejaba de tener su guasa y hasta su razón de ser. Transformar al Dr. Satán (¡¡¡ de nombre Plutarco !!!) en una suerte de agente secreto había de ser una de las osadías más memorables a las que se llegó en materia fantástica aquel cine mexicano de nuestros amores.
Y de nuevo interpretaba al menda el familiar Joaquín Cordero, todavía conservando un palmito que el sabía lucir muy bien, a base de jerseys y pantalones negros ajustados (para mi gusto, le faltaría un antifaz). Su oponente para la ocasión es Noé Murayama (uno de los actores más pintorescos de la cinematografia nacional. Casi siempre visto en papeles de villano japonés, dado su físico de rasgos completamente orientales. El nació en San Luis Potosí pero sus antepasados es indudable que lo hicieron en otro lugar) caracterizado de Yei Lin (practicante de la magia negra, vampiro ocasional y megalómano crónico).
Las partes que más nos deberían de interesar a los seguidores del coleccionable serían las que rapiñan del género de terror comme il faut: esto es, por un lado las que se desarrollan en el infierno, que es de donde despierta de su sueño eterno Plutarco. El haber sido rodada en colorines ayuda mucho a que los rojos y anaranjados del lugar se queden pegados a nuestra retina de una forma casi indeleble: tonos pastel, abstraccionismo y arte pop se aúnan en ese extraño submundo donde manda el Rey. Un Lucifer increible, cuerpo entero de malla negra en onda Phantom, que desde lo más alto de ese abismo despliega sus enormes alas de murciélago entre lascivo y glamouroso (tal como lo haría Alaria después de eyacular sobre Sandrita Lebrocq en algún show para adultos de Pigalle). Ordena y manda y Satán obedece.
Se busca denonadamente la fórmula de un viejo científico que consigue transformar cualquier metal (por ruin que sea) en oro. Y al decir fórmula, ya entramos de lleno en la estética pseudo Bond. Todos los tópicos se incluyen. Empezando por la apropiación descarada de la antes mentada sensibilidad pop: diseño de decorados y mobiliario retrofuturistas, banda sonora del maestro Bretón a base de sonidos sacados de algún mellotron o sabe dios de que extraño artilugio, con toda seguridad robado del laboratorio del doctor Robert Moog (aunque no desdeñe la fanfarria más clásica, ojo), muchachas minifalderas con jerseys de angora e impecablemente peinadas a lo Vartan y que van de zombies/autómatas (Aurora Clavel y Luz Maria Aguilar)...
Entre tomas y dacas de ambos villanos la fórmula va y viene. Más detalles heredados de la tradición terrorífica: la transformación de Lei Yin en murciélago para atacar a Satán o bien embaucar con su veneno a las ayudantas zombiescas del otro (y que reposan de su intenso trabajo en ataudes abiertos).
Un final mal resuelto y precipitado no logra borrar el buen sabor de boca que nos ha dejado esta aventura pulp. Vence, ya digo, esa mezcla de ingenuidad y atrevimiento; o sea, el camp en perfecto estado de salud. Y a esas alturas de la historia esto sería ya una proeza.


continuará mañana con...
HASTA EL VIENTO TIENE MIEDO (1968. Carlos Enrique Taboada)