25 agosto 2008

ANTINEAS III

MARIA MONTEZ . Antinea en 1948

¿Quién gobernaba en 1948 la Atlántida?. ¿Maria?. Creo que no. Su Antinea fue troceada, conforme los distintos directores encargados del montaje y sonido se asustaban de su sobreactuación, de sus gestos o de su voz. Hay pocas mitomanías menos sensatas que las que nos llevan al culto Montez. Pero ninguna tan extrema como la que afecta a su interpretación de la superviviente de la dinastia de los Ptolomeos (se la calificaba de descendiente de César y Cleopatra, también de nieta de Neptuno). En lo que dejó sin cortar la tijera, era capaz de saltar de la desmesura gestual a lo inexpresivo. De lo carnal a lo glacial y, entre medias, la desgana más increible. Exactamente como era ella en las pausas de los rodajes de tanta Orientalia. Si se creía déspota, sus compañeros la padecían como tal. Si acaso hacía de esclava, resultaba una masoquista de primera. Por lo tanto, diríase que la Antinea que ella fue, partía de elementos ajenos a la historia de Benoit, para trascender los originales en un fascinante documental en torno a su personalidad esquizofrénica. Es decir, de estrella.
Y el blanco y negro en el que se rodó, que los estudiosos calificarían de alarma roja para una mujer cuyo reinado fue siempre en tecnicolor, operan en la Montez de una manera tan milagrosa que es lícito afirmar que nunca estuvo tan bella como en esa decadente película, final de tantas aventuras iguales unas a otras, emblemáticas de un delirio kitsch no apto para estetas. Era una Montez de treinta y seis años, desterrada de la Universal en su exilio francés pero pletórica de Aumont (aqui su St. Avit).
Vestuarios acorde a su divinidad (a falta de sus inconfundibles tocados, aparecía en un ceñido traje de lamé dorado que parecía su verdadera piel). Y portando su duda existencial: ¿dominadora o entregada?, tan típica de las arpias de corazón frágil de los años cuarenta. Porque, huelga decir, su personaje pertenece por entero a la época en que se rodó. Su vampiresismo ya no bebe de las fuentes originales de Theda Bara (como la primera) sino de las Gildas con un punto de redención, típicas de la segunda posguerra. En su globalidad, esa mezcla de exotismo y noir es lo más recordable de tan infructuosa cinta. No en vano, por la dirección pasarían nombres muy ligados al género policíaco que dejaron una impronta acorde a esos intereses (por ejemplo Arthur Ripley acababa de firmar la espléndida The chase y John Brahm, The locket con Robert Mitchum, ambas bajo los auspicios del productor alemán Seymour Nebenzal).
De las vicisitudes del rodaje, capricho del productor antes citado y comenzado por Arthur Ripley, cuenta Luis Gasca lo siguiente: "Se inició en los estudios Goldwyn en el verano de 1947, bajo la dirección de Arthur Ripley. Finalizada la película y una vez montada, se presentó por la United Artist a un grupo de distribuidores en pase privado. Todos ellos la rechazaron inmediatamente, por considerarla demasiado artística, aunque en opinión de quienes la conocieron, la belleza de las imágenes y los efectos estéticos de un montaje revolucionario hacían del conjunto una obra de arte... Contra la opinión de Nebenzal, se decidió remontar y alterar la obra de Ripley, añadiendo footage procedente de la versión de Pabst en las escenas ambientadas en el desierto. La labor de rehacer determinadas escenas fue confiada a Douglas Sirk, quien inició incluso un nuevo guión, rodando algunas escenas y abandonando el proyecto al serle ofrecida una película con Charles Boyer. John Brahm rodó las escenas bajo el agua en 1948, pero descontento con el resultado rehusó filmarlas. Ese honor recayó en Gregg G. Tallas, un técnico que se había limitado a montar el material y a eliminar en el doblaje los desagradables efectos provocados por el marcado acento de Maria Montez" (Luis Gasca: Las estrellas. Historia del cine en sus mitos. 8 vol. Ediciones Urbión. Madrid. 1982).
Independientemente de lo caótico de los resultados, el guión consigue aportar una originalidad encomiable, fruto desde luego del azar y que atañe al psicologismo (también boga de su época) de los personajes masculinos. Asi está bien expuesta la inquebrantable amistad entre los dos soldados St. Avit y Morhange (Dennis O'Keefe) y que va encanallándose por culpa del amor insensato del primero hacia la reina (con la ayuda del cizañante Blades, el Antineo imprevisto, posiblemente una perra en el closet enamorada de ambos, a tenor de sus insistentes elogios a la belleza de los dos o por su comentario sobre su incapacidad de amar a mujer alguna), mientras el segundo se erige como el más fuerte del triángulo, cuyo lealtad con el amigo y con su patria parecen a prueba de bomba. Esos vaivenes anímicos y comunicaciones entre ellos son algo que se echaba en falta en las anteriores versiones. Como resulta estremecedor el final con el cadáver de St. Avit en medio del desierto, cubierto de un fino manto de arena a guisa de sábana/sudario, que le da un aspecto fantasmal, por no decir momificante. Las sobreimpresiones de polvo y olas oceánicas (probablemente escenas deshechadas en su dia por Pabst), darían significado al origen montañoso en donde se esconde la Atlántida: conchas marinas erosionadas por el tiempo. Sin embargo la desaparición del opio como elemento adicional en el proceso autodestructivo de St. Avit ha sido sustituido por las sustancias alcohólicas, lo que estandariza algo el prototipo del legionario pelele, a la vez que lo aleja del exotismo inherente a cierto tipo de drogas.
Por lo demás, la película en su corta duración se asemeja a los complementos de programa tan típicos de la otrora sultana Montez. Un cut'n'paste todavía hoy en dia fascinante y divertido, dueño de múltiples misterios: el más obvio, el que ocultaría quien lo hacía peor, si Aumont o su señora. Tanto daría, claro. En el terreno de la desfachatez y la extravagancia todo es posible. Todo perdonable.




continuará el próximo lunes

7 comentarios:

Louella dijo...

Espero con impaciencia el anexo de infancias verderonas... En efecto: taaaan necesario.

maciste II dijo...

Si,pero a ver que no me haga un lio. Que a lo mejor empiezan a salir las fotos boca abajo o en tamaños birriosos y me desespero.

filomeno2006 dijo...

Madre de Tina Aumont

maciste II dijo...

Fascinante Tina.

MarioBava dijo...

Mis mas profunda y soprendente enorabuena por tu maravilloso blog...!!!!!

Un saludote y a continuar asi...

Jose

maciste II dijo...

Muchas gracias, signore Bava. Para mi es un honor, y ahora más que estoy metido en las psicotronías.
A partir de octubre cuento con iniciar la tercera etapa del blog, con cositas que a lo mejor le gustan (René Bond, los seriales de la Republic,figuras de culto del Hollywood olvidado,mitos de la blaxploitation, camp extremo argentino y brasileño... Y, por supuesto,una nuieva serie de memorias (la adolescencia) y mis erotiquísimas experiencias del dia a dia.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Fascinante film cuya vision y disfrute solo es apto para estetas.
Desde su abientacion atemporal,a veces parece de la epoca del cine mudo a veces mas moderna de la epoca en que se realizó tienes secuencias predilectas para mi las cuales especifico:

1.Las escenas del desierto, con camellos, beudinos, y los tuaregs de la Atlantida, incluyendo las tormentas de arena con muica de fondo fascinante y exotica ( creo que muchas de estas escenas fueron desechos de la version anterior de Pasb.

2.El personaje de Egali, inquietante beduino mano derecha de la reina.

3.La escena de el baile exotico donde Montez coloca a Snt Avi el medallon que lo erige como amante.

4.El final con toda la tropa buscando al egionario perdido en una tormenta de arena, intercalados por las imagenes de una bellisima Maia Montez esperandole y con la terrible escena final de el soldado muerto en la ventisca.