07 julio 2008

MOVIOLA

Revisión y ampliación del post publicado en FANTASIA MONGO I el 14 de enero de 2006


Album de cromos CHICARRONES SANOTES

Cromo nº 4 : GEORGE NADER (1921-2002)
Su mejor década (los años 50)


"En las revistas cinematográficas siempre escribían cosas agradables alrededor de las fotos. En sus páginas todos eran bellos, estaban enamorados, lucían joyas y ropa de gala o se reunían alrededor de una piscina luciendo hermosos trajes de baño y jamás sufría nadie..."
George Nader en "ROCK HUDSON. Su vida". Editorial Planeta

El magnífico ejemplar de macho rampante George Nader pasará a la historia por haber sido el mejor amigo de Rock Hudson. Amics per sempre, digamos. Que no novios. Al menos si nos atenemos a lo que cuenta Hudson en sus memorias, en los años cincuenta, cuando ambos compartían estudio cinematográfico y estaban más en contacto, cada uno tenía sus respectivas parejas. En el caso del finado gigante, esposa/tapadera, la cual cuando tocó divorcio se puso más loba que la Kashfi con Brando al sospechar ésta última cosas feas de su ex con un actor francés de apellido Marquand . Nader, en cambio, disfrutaba de un rubio californiano de tapadillo. Pero fueron pareja estable. Hasta tal punto que con el cambio de década, cuando a Nader le tocó el autoexilio, en esos años sesenta en que muchos de los más felices matrimonios "normales" se habían ido a la mierda (Tony Curtis y Janet Leigh, Stewart Granger y Jean Simmons, Robert Wagner y Natalie Wood), él y su Mark Miller se instalaron en Europa para vivir más libremente su relación (¡y a por las bodas de plata!).
Antes de entrar aquella mujercita de Hudson a colación (Phyllis se llamaba) el Gigante galán mantuvo un rollete con un tal Jack Nadaar. Las dos parejas salían a menudo a la práctica de deportes viriles durante el día, o durante la noche y en clubes de dudosa reputación a juegos igualmente viriles (o al menos, los que sólo pueden practicar los hombres cuando se atraen. Y si no creen que estos juegos sean viriles, hagan la prueba, señores heteros, y ya verán cómo les duele... si se ponen boca abajo. Hace falta tener muchos cojones... y el esfinter bien preparado).
Fueron suculentos aquellos años de atavismo y cerrazón, porque a pesar de esto, esas otras pasiones pudieran llevarse igualmente a cabo, y en muchos casos con todo el frenesí del mundo. Actores gays los había a patadas, la nueva generación perdia aceite de manera asombrosa y los escándalos sexuales comenzaban a perseguir a algunos bajo la guadaña aterradora de las páginas del Confidential.
El apolo Tab Hunter se metió en un buen lio cuando meses antes de ser lanzado como nuevo valor de la Universal fue involucrado en un asunto orgiástico con piscinas, menores y tios con pasta. Uhmm, le bon vivant, la pre-dolce vita...el magma rosa que no cesa.
Nader tenía un magnífico físico. Harry Wilson, el talent scout de la Universal, especialista en descubrir bollazos con rabo ya había fichado a Rory Calhoun, a Robert Wagner, a Tab Hunter, a Hudson... la mayoria rubiales de rostros aniñados y cuerpos de infarto. Le faltaba aún en su colección un mozarrón de aspecto varonil a tope. Y este fue sin duda nuestro George. Porque George tenía esa cierta fealdad, ese no sé qué, que algunos latinos confundimos con la belleza antigua: el hombre y el oso... Totalmente opuesta de un Ty Power o un Robert Taylor, más suaves, como de cromo para chicas, némesis del anterior ( quizá más propio de tebeos como Hazañas bélicas). Particularmente el prototipo me gusta, y éste... pues también.





La carrera cinematográfica del californiano Nader empieza en 1950 tras haber ganado un pequeño premio a nivel teatral. En seguida, por mandato de Wilson realiza unas cuantas sesiones fotográficas de carácter beefcake y deslumbra al respetable. Se acoge al subterfugio del deporte donde era un experto, sobre todo en la natación, para que resulten más creibles sus instantáneas en bañador. Resulta disfrutable para la vista esa cantidad de pelo en pecho que luce, otros por la época debieron depilarse para no asustar a las damas refinadas (caso de William Holden en la emblemática "Picnic"). Pero no era un velludo extremo. Su pilosidad parecía haber sido repartida a conciencia según los dictámenes más ortodoxos del glamour masculino.
Su primera película de protagonista era un horror de culto, divertido a ratos y pobretón de principio a fin: Robot Monster de Phil Tucker. Lo más caro debió de ser el sistema en 3 D en el que fue rodado (era el invento de 1953). Por lo demás, exteriores a mansalva para abaratar costes y poco más. O mucho, si es que estás interesado en este tipo de cine. Una película que podía convertir en comparación a Ed Wood en el Orson Welles de la serie Z. Aquel robot monstruo no era más que un señor disfrazado de gorila, gracias a un modelito que le había pasado a Tucker un tal George Barrocas, especialista en cines junglescos. Luego alguien encontró un casco de buceo, se le colocaron un par de antenitas de caracol y a ahogarse de calor por el cañón Bronson, el mismo que ya habíamos visto en cientos de westerns antes, mientras asustaba a troche y moche bajo los sones convenientemente electrónicos del maestro Elmer Bernstein (inesperado destajista). Se le pegaron secuencias de duelos de saurios según nos contó hace un millón de años Hal Roach e hijo... y punto y final.
Nader impresionaba ya con su voz muy masculina, bien impostada. Pero lo que más llamaba la atención de su persona era el lento proceso de rotura de camiseta (la moda Kowalski a lo subliminal) con los vaivenes de la ciencia ficción aquella. Terminó por quedarse sin ella. Se estrenó en el beefcake. Y lo hizo asi de delirante, alcanzando el colmo tanto de la ridiculez como del exhibicionismo loco, al improvisarse una ceremonia nupcial a pleno sol. A la novia la adornaron con un velo, manteniéndose igual de vestida como al principio. Nader pasó de smoking. Optó por el pecho descubierto y la mirada contrita.



Hubo por aquel tiempo constantes recursos a la desfachatez. La Universal no se cortaba un pelo a la hora de reinventarse, apostando por las vueltas de tuerca similares a las simples pasadas de rosca. De otra forma no se podría calificar a la versión femenina del mito del náufrago dafoeiano en Miss Robin Crusoe (1954. Eugene Frenke). Ella era la casi siempre translúcida Amanda Blake. Luego vino un papel meramente circunstancial en el drama circense Carnival story (1954. Kurt Neuman), agradable filme pero demasiado tópico. Nader amaba a Anne Baxter que había quedado viuda del trapecista Lyle Bettger, pero se sentía profundamente culpable por haber querido simultaneamente a Steve Cochran mientras vivía casada. De todo este follón lo único que nos quedó claro es que la Baxter no paraba de calentar el higo y que Nader como un Holden medio Sunset Boulevard estaba francamente sosainas (todo el rato de traje: por muy anchas que luciese las hombreras era un aburrido). En España, se tituló el asunto Apasionadamente (evidentemente, por ella).
Junto a ésta y Four guns to the border (1954. Richard Carlson), western B junto a la olvidada feucha Colleen Miller, se encuentra Lady Godiva of Coventry, o sea, la señorita Maureen O'Hara demostrando que era la pelirroja más pelirroja de la historia del cine (su postizo le llegaba hasta los pies e iba muy pegadito a su malla color carne, cuando se le dio por darse una vuelta por el condado a lomos de un caballo como dios la trajo al mundo). La siempre cálida actriz estuvo algo mariliendre ante los un tanto forzados ataques de pluma de un Nader en azogue (y la pluma de Nader - aqui a ratos Robin Hood, a ratos Petruccio pero nunca Adán- no era la pluma de Boris Izaguirre, ojo. Respondía a sus impulsos queer con estruendosas risotadas de macho man con sonido a bóveda). Ella le devolvía el trato de favor con miraditas cómplices. No en vano en 1955 ambos sufrieron las desgracias de los libelos de la revista Confidential (la O'Hara se unió a Errol Flynn en su cruzada anti mierda contra esta publicación y ganó el pleito, Nader pagó por Hudson como veremos más tarde). Pena, porque en 1954 el culto Nader empezaba a ser más consistente. Esto en las revistas de fans. La involuntaria ambiguedad de los reportajes que lo muestran con su muy íntimo amigo Rock tienen el valor de representar una curiosa forma de homoerotismo, sin duda subyugante por lo atípica y que nos retrotrae a una similar situación del affaire Cary Grant/Randy Scott en la década anterior. Por no hablar de las cositas de William Haines, galancito del mudo que, para definirlo en la actualidad, diríamos que era un Grant (society boy, elegante y seductor, comediante con tendencia al juego casi payasil) al que se le hubieran colocado toneladas de plumas (y no precisamente de faisán).
Las fotos de Nader y Hudson. Ambos deportivos, camaradas, machísimos y risueños... esas sonrisas de cofrades dan que pensar aún vistas hoy en dia. Y aunque no fueran más que hermanas, uno que es malicioso juraría que entre ellos compartieron a más de un mocito, o dos... en caliente sandwich, teniendo a su favor además la permisividad y concupiscencia que siempre rodeó a los de este gremio.
Por lo menos tanto júbilo debió de salirse de madre lo suficiente como para que la venenosa Confidential pusiera entre la espada y la pared a la productora Universal amenazando con hacer pública la homosexualidad de Hudson. Por entonces Rock era el más paradigmático galán de Hollywood, campeón en taquilla y un rompecorazones imbatible. Aquello acojonó tanto a los directivos que aceptaron este chantaje: ocultar los gustos cameros del actor a cambio de que se publicaran los de Nader, estrella menos potente. Asi fue, a partir de entonces el californiano vio como sus propuestas laborales iban menguando, espaciándose en el tiempo y resintiéndose en calidad. Aun con todo, brilló mucho en el papel de playboy o chulo de playa, en el melodrama The Female Animal, en donde llevaba por la calle de la amargura a una madre (Hedy Lamarr, en su última aparición protagónica) y su hija (Jane Powell, la relamida aquí haciendo de borracha). Este papel no en vano remitía a otro muy similar que protagonizó Jeff Chandler con Joan Crawford y que se llamaba Female on the beach (1955. Joseph Pevney). Y es que los productores de la Universal, ya estaban pensando en que Nader podría ser un buen sustituto de Chandler, al éste negarse a aceptar una serie de papeles que él consideraba muy esteriotipados. Asi nuestro cromo heredó el abogado defensor de Six bridges to cross (1955), o el del amante de Lady Godiva (mismamente aquí, gracias a cierta luz tenebrista para los interiores del castillo, sugería poseer también las sienes plateadas del otro).
Finalmente ambos actores coincidieron en Zafarrancho de combate (1956. Joseph Pevney) y lo llevaron bien, dentro de un reparto testosterónico hasta extremos enfermizos. Era bélica, la campaña del Pacífico. El encanecido era el capitán, el otro el teniente a la fuerza pues en otras misiones era lo que Chandler. La rivalidad no fue a más. Nader acataba todo lo que decía su superior. Sólo que las circunstancias hicieron que el mando pasase de nuevo al morenazo. Y como si Chandler y Nader fueran poco hombres, se le sumaron dos tarzanes (uno en el paro y otro que estaba por venir: Lex Barker y Jock Mahoney), más Keith Andes y un lindo William Reynolds como caprichito de espartanos. De toda la película, que es muy entretenida e incluye buenas secuencias de acción, yo en cambio me quedo con el flashback que sueña despierto Nader mientras lee la carta que ha recibido de su mujercita y que no es otra que la maravillosa Julie Adams ( de paso nos enteramos de lo que ha dejado en tierra el maromo. Escenitas amorosas en la playa, incluidas. Estas últimas se prohibieron en España en su momento. Lo cierto es que narrativamente eran un empaste, pero yo creo que estéticamente eran lo mejor: además los productores les debió gustar tanto ver a la parejita en bañador que repitieron la movida en Four girls in town).



Ni la televisión ni sucedáneos de Ellery Queen animaron a George a quedarse en Estados Unidos. Y así, a principios de los sesenta se exilia en Alemania donde seguirá con su carrera de actor. Allí fue el rostro que encarnó al detective Jerry Cotton. En este personaje se eternizó. La serie duró lo indecible. Era la época en que los germanos se habían volcado en las series de Edgar Wallace y en ellas tuvo insospechado sitio el ya maduro machote.
En 1970 sufrió un accidente automovilístico que le ocasionó la pérdida de la visión en un ojo. Este hecho condicionaría el que fuera abandonando la profesión. Sorprendió a todo el mundo poco tiempo después sacando una novela de ciencia ficción que hoy en dia es considerada como de semi culto por tener una abierta temática gay, era Chrome. Se publicó en 1978 y ha sido reeditada hará cosa de diez años.
A la muerte de su gran amigo Rock Hudson tuvo palabras emotivas y muy respetuosas para él. Los últimos años de su vida los pasó entre Palm Springs y las islas Hawaii en paradisíaco retiro mientras seguia conservando un extraño, agridulce recuerdo de la década de los cincuenta, cuando todos eran tan jóvenes, tan sanos, tan reservadamente anómalos.
Murió en 2002. ¡Pedazo tio, joder!.