30 junio 2008

MOVIOLA

Revisión y ampliación del post publicado en FANTASIA MONGO I el 3 de marzo de 2006

Album de cromos CHICARRONES SANOTES

Cromo nº 5: GIULIANO GEMMA (1938- )
Su mejor década (los años 60)


Fue un rostro insustituible para la serie B europea. Porque Giuliano supo darle a sus personajes una buena porción del encanto de los clásicos. En el vimos, en un grado menor (según sus proporciones, tal cual su modestia) el carisma, la simpatía y el arrojo de los eternos Flynn, Fairbanks Jr. o el primer Lancaster. Era, como aquellos, dueño de una extraordinaria simpatía (cualidad típica del latino frondoso) y, como los originales, contaba con una apostura excepcional. Si a esto le añadimos que no le hacían falta dobles para las escenas de riesgo, convendréis conmigo que Gemma fue una auténtica gema para los directores de películas de acción.
Fue doble, especialista muy al principio. Era un romano deportista en extremo (de adolescente había boxeado). La cuestión es que a lo tonto, a lo tonto fue requerido más para papeles de actor que de profesional. Lógico: en muchos casos el doble lucía más que el protagonista. El director Duccio Tessari quedó deslumbrado por su belleza y lo fue introduciendo en filmes de mayor protagonismo.
Su primer papel lo tuvo al lado de un Sordi tópico en Venezia, la luna y tu de Dino Risi, mero vehículo para el lucimiento de la maggioratita Marisa Allasio con el añadido del color (¿de la Ferrania?) y los paisajes venecianos de rigor, amén de la comicidad del Albertone. Aparecía diez segundos nuestro cromo, en una fiesta nocturna al aire libre. Cómo estaba la criatura... disfrazado de gondolero con camiseta a rayas y pantalón estrecho de color blanco. Sólo supimos de él que se llamaba Brando. ¿Por qué sería?. Cosa rara que no se lo beneficiara la Allasio en este fotoromanzo.



Al poco tiempo el chico ya se integró en el mundo decadentista de los peplums: interviene en la Messalina de esa suprema drag que fue siempre Belinda Lee ( con otro supermacho, en este caso griego, de nombre Spiros Focas). Su cometido fue breve pero a punto estuvo de cambiar la historia del Imperio Romano. Tratábase de clavarle un puñal a la viciosa emperadora. Pero él cae rendido a sus encantos y acaba amándola en el lecho. A la mañana siguiente ella lo manda ejecutar a lo despiadada ( si, pero antes le había metido la lengua por el escroto, que no era tonta). Las salpicaduras de la sangre del traidor las lavaba en uno de sus rutinarios baños de leche de burra ( o de tio, que no está claro) para regusto del erotómano más desmadrado. Giuliano estaba literalmente subyugante, una combinación del Brando adolescente y el Newman de El caliz de plata (1954. Victor Saville). Con esto lo digo todo.
Antes de su definitiva consagración en el cine de sandalias (y derivados mil), participó en el reparto de la por algunos mitificada Il planeta degli uomini spenti (1961. Antonio Margheriti), un soberano tostón sólo reseñable por ser una de las primeras cintas de ciencia ficción rodadas en Italia (al menos, con clara intención exploitation). Amén de que su responsable era aún un especialista en el fantástico que merecía la pena. Con el tiempo Margheriti se enfrascaría en el gore y lo seudo pornográfico acabando él mismo con una reputación que, a principios de los años sesenta, parecía brillar a la altura de un Bava. No en vano, este Il planeta... era toda una premonición de la estupenda Terrore nello spazio (1965), cumbre del retrofuturismo pop, como bien sabrán los fieles. En la de Margheriti se empezaba a experimentar con ese delirio visual. De todos modos, los efectos especiales siguen aquejando grandes deficiencias (aunque sus naves Moon Cresta sugieran un boceto de las de Stars Wars, los rayos láser tan gruesos como líneas de cambio de rasante son para echarse demasiadas risas).
Giuliano era un piloto más de la tripulación espacial y apenas pronunció un par de frases seguidas. Justo lo hacía en una sesión espiritista con otros compañeros. Era escéptico del tema. Quizá lo que mejor recuerde en la actualidad el actor de su paso por la sci fi de pacotilla (y en donde los rusos y polacos estaban dando el último grito, por cierto) fue la posibilidad de conocer al inmenso Claude Rains (para psicotrónicos, el Hombre invisible de 1933), uno de los mejores característicos que dio el Hollywood clásico, aqui totalmente deprimente en su histrionismo de científico loco, impagable en su oasis particular, haciendo números recostado en una hamaca.




Con Messalina, cuyo título completo era Messalina Venere imperatrice (1960. Vittorio Cottafavi), fue cuando conoce al director Tessari que estaba de segunda unidad en el filme. Cuando el director emprende el rodaje de Los Titanes no duda en asignar a Giuliano el papel del protagonista Krios. De rubio platino estaba deslumbrador, sus facciones eran tan venerables y perfectas como cualquier estatua griega. Por lo tanto no había que desaprovechar el potencial del mozo ni un segundo, puesto que Italia se estaba embarcando en las reconstrucciones históricas. En Los Titanes lo empastaron como complemento a un jóven dios de ébano llamado Serge Noubret ( institución del fisioculturismo, campeón de belleza). Ambos lucharon divinamente en un par de secuencias antológicas. El peplum no estaba nada mal, de hecho en el año de su filmación- 1961- todavía se rodaban los mejores del ciclo. Como saltimbanqui parecía querer prolongar el legado de un Burt Lancaster aventurero. Lo aprendido en el circo lo rentabilizó aquí a lo bestia.
Luchino Visconti, gran esteta de los físicos perfectos repara en él y le asigna un breve papel de general garibaldino en la todavía impresionante Il Gatopardo. Gemma pudo lucirse con un atuendo la mar de favorecedor. Como dieciochesco llenó el uniforme y pronto lo volvimos a ver por ese siglo, de aventuras eróticas con Angelique. Además en la primera de estas aventuras, Marquise des anges, en su parte final sale con un ojo tapado, con lo cual pudo jugar un ratito a ser el Delon lampedusiano. Sólo que este mozo era mucho más fornido que el francés. Asi lo adivinamos en el fenomenal arranque de la película cuando, so pretexto de un baño en el rio, mostraba de forma generosa sus espléndidas tetas.
Angelique era una cortesana turbadora. Le daba piel y, sobre todo, carne Michele Mércier que se convirtió en símbolo erótico de su pais, Francia, en abierta rivalidad con la Bardot. Mercier no era tan moderna, quizá

sus propuestas venían heredadas de la sexy matrona Martine Carol, señora de los cincuenta, a pesar de ser una rubia deliciosa... y contemporánea en el Tirez... de Truffaut. Pero si sus pasos eran los de desbancar a la de St. Tropez en momento alguno lo consiguió: Mercier siempre fue un paso (o dos) más atrás. Con Giuliano echó buenos polvos en por lo menos dos peliculas de la serie Angelique. Y nuestro chico empezó a romper corazones franceses como antes los había roto en Italia, a golpe de sonrisa dentífrica.
Pero postiza. Me refiero a que no tenía dientes naturales, que perdió los suyos de crio en una explosión o en un bombardeo en la segunda guerra mundial, no lo sabemos con certeza. Sea o no verdad, sus dientes blanquísimos tenían un poder de seducción enorme. Era un comic kid de irreal perfección. Ni siquiera notamos sus incondicionales surcos o cicatrices en su rostro (que haberlos, habíalos), tanta luz irradiaba de su sonrisa. Nada que en última instancia no supiera eliminar un buen maquillaje.




De nuevo en Italia siguió haciendo peplums: La rebelión de los gladiadores lo emparejaría con el mazas yanqui Richard Harrison, que estaba como un tren portando como acostumbraba su barbita gladiatora. Y en Maciste y los hijos del rey sol, que es como se tituló en España, porque en realidad el forzudo titular era Ercole (al parecer estos semidioses eran equiparables en
nuestro país hasta extremos escandalosos) fue un descendiente de príncipe inca ( o algo así) tremendamente cachondo. Hablando un dia con el difunto Terenci me soltó que Giuliano en esta película tenía las tetas más grandes de toda la retahila de gimnastas que parió el peplum. No convendría exagerar, ni tampoco discutir con la cinta métrica, aunque lo cierto es que eran unas tetas prodigiosas, nada que envidiar a las de su partenaire el "Maciste" o Ercole, Mark Forrest.
¿Y de qué iba la fantasía?. Bueno, Forrest desembarcaba en esta tierra no se sabe si azteca, maya o inca, siendo acogido por Gemma que vivía en un exilio forzo
so al haber sido destronado por un típico tirano sin escrúpulos. Su padre (el español José Riesgo, totalmente Estudio 1) y su hermana (la insulsa Anna Maria Pace) permanecían secuestrados en las mazmorras del imperio. Forrest se encargó de todos estos trabajos, logrando finalmente Giuliano (con su cuelgatoallas y esa media melena tan sioux) ocupar el puesto que en verdad le pertenecía. Es un peplum del montón, hasta mediocre y sin embargo ha sido muy reivindicado por ciertos sectores de frikis gayos, tal vez debido a la poca difusión que se le ha dado a nivel de reposiciones y por el delirante vestuario de sus espantosos protagonistas: me refiero sobre todo a ellas, al usurpador Ata Hualpa (sic) y al sumo sacerdote, provistos de un plumerio de penachos a medio camino entre la Mistinguett envuelta en una inesperada gira sudamericana y la tía-abuela de la gallina Caponata cuando salió del armario. Habría que suponer que los estilistas se fijaron en las locuras de Yul Brynner y George Chakiris en la previa Los reyes del sol (1963) donde brillaba por su ausencia el sentido del ridículo y la moderación, porque si no... no se entiende el delito.

Cuando el género de sandalias entró en su declive, Giuliano cambió de rostro fílmico y se convirtió en el rey
del spaghetti western ( el original ya sabes quién fue, el vejestorio de Eastwood. Luego de Gemma vendrían otros como Peter Lee Lawrence o Anthony Steffen, pero ninguno con el "ángel" de Giuliano).
Tuvo un personaje emblemático al que le otorgó una personalidad muy definida. Su simpatía innata remató el retrato de Ringo, un heroe permanentemente fuera de la ley. Con Tessari trabajó en sus secuelas. Creo que la primera se titulaba Una pistola para Ringo. Iba en clave de comedia. Giuliano se pasa toda la peli sin revolver, sobrevive en un mundo despiadado a base de ingenio e ironía. En el reparto, muy español, aparecía el grasiento Fernando Sancho de mexicano impagable y la bella era nada menos que Nieves Navarro, que luego haría más coproducciones, algunas abiertamente eróticas como Susan Scott. Nieves era una morenaza espectacular, una mezcla física entre la racial Mikaela y la vedettona Esperanza Roy cuando aún tenía carnes. Además aqui era una pistolera cojonuda que vencía en buena lid a la pavisosa Lorella de Luca, ya mujer.
Se llega a extremos de absurdez en dialogos surrealistas tipo "No llores por el muerto, no merece la pena" (esto se lo dice Ringo al chaval al que acaban de tirotearle al padre).
En el Retorno de Ringo, Tessari copia descaradamente a Leone. Los planos, el desquicie visual, la música que
es siempre de Morricone. Es aburridilla pero permite a Gemma ponerse unos chalecos preciosos. Es "cara de angel", asi apodan a Ringo. Ya sabes por qué... Su rostro perfecto apenas es alterado por la imperceptible cicatriz de su mejilla izquierda. Le hace tan sexy...
En Adios Gringo no hay excesivo Leone en el estilo. Se mira más al western
clásico o al de la televisión. Pero sale Camardiel, Jesus Puente hace de sheriff con dobleces morales...Muchas peleas y tiroteos y Gemma sufre, claro. Siempre es torturado. Y nosotros que lo gocemos. Cuando está limpito de polvo y sangre nos damos cuenta que las camisas negras habían sido fabricadas para él.




En lo que quedó de década siguió en el temita del oeste. Hubo uno que se ll
amaba Un dólar agujereado (65, Giorgio Ferroni) y era una historieta sobre una venganza, o sea, era un topicazo. Gracioso que viniendo de Italia todo el equipo del filme firmara con seudónimos anglosajones. De igual modo, el gran Fred Bongusto cantaba las canciones de la película en inglés macarrónico. Giuliano era como actor Montgomery Wood, que de cara al mercado internacional daba más prestancia. Aqui hacía un doble papel: el de ex soldado barbudo al que asesinan unos bandidos malísimos al principio y el del hermano afeitadito que se venga de ellos, luego. Nada nuevo bajo el sol de Almeria. Pero con ese aroma entrañable a novelita de a duro, de hecho el rostro de Gemma se copiaba mucho en las portadas ilustradas de las novelas de bolsillo de Marcial Lafuente Estefanía y seudónimos. ¿Acaso el nombre de su personaje en Wanted (1967.Giorgio Ferroni) -Gary Ryan- no parecía entresacado de uno de tantos pulps hispanos de alquiler, de páginas ensalivadas y lomos bien currados?. En ésta, que aqui se conoció con el explícito título No soy un asesino, Giuliano pasaba de ser un recién llegado sheriff a un fuera de la ley, por culpa de algunos corruptos habitantes de la población que lo enmarañaban en un crimen del que era inocente (ni que decir tiene que a estos niveles, la corrupción giraba más alrededor de la traición de pistola al cinto, de forajidos que pierden las balas con alevosía agazapados tras las ventanas). Aún tuvo tiempo de ser curado en el hombro (imponente) por una Teresa Gimpera absolutamente hechizadora (al menos su irrupción deslumbrante me hizo recordar con dolor que a punto estuvo de ser rubia Hitchcock por aquel entonces, elixires novakianos le sobraban. El asunto quedó en nada).
Aunque aquel Oeste era de Cinecittá, también viajaba bastante a España, pues ya he dicho que éstas se rodaban en gran parte en Almeria, pero también en Huesca o Barcelona ( donde tenían sus estudios los hermanos Balcázar). Compartió reparto con grandes de la catadura de Lee Van Cleef o Kirk Douglas y supo disfrutar de bellezas femeninas con nombres tan llamativos como Senta Berger, Liv Ullman, Florinda Bolkan, la Cardinale o Ursula Andress.
Con Lee Van Cleef protagonizó uno de los westerns que por lo menos en su primera parte es cima del masoquismo marca Gemma (I giorni de l'ira. 1967, Tonino Valerii), a
mén de exudar una homofilia bastante subidita. Asi el chico aguanta palizas con pasividad ejemplar hasta que lo recoge el curtido Van Cleef. Como mentor hasta le cambia de nombre (como es hijo de padre desconocido lo apellida ¡Mary!), le enseña a disparar y lo viste como un pincel. En una secuencia donde Giuliano está siendo maltratado cruelmente en presencia del mentor, el sadista de taberna se dispone a clavarle los cristales de una botella rota en su bello rostro. Van Cleef no lo soporta y le dice que se detenga, tal vez por que aprecia demasiado el perfil de centurión romano del mozo. Cuando el protector se acerca al herido le da tremendo hostión a lo que Giuliano responde con una pícara sonrisa de masoca empedernido. Al final de la película acaban a tiro limpio, tal vez en recuerdo de los enamorados de Duelo al sol (1946. King Vidor), sólo que aquí sobrevive nuestro heroe.
Es sintomático del sentido cultural (en este caso, poético) de los italianos que uno de sus oestes más esteriotipados gozase de un título muy hermoso: ... E per tetto un cielo di stelle (1968. Giulio Petroni). En nuestro país no se anduvieron con tantas florituras y lo tradujeron como Y por techo, las estrellas. Lo único reseñable, aparte de lo comentado, es que su compañero inseparable (no podían vivir el uno sin el otro) era Mario Adorf (aqui un sexy freak), que Giuliano se desenvolvía con naturalidad en los bailes camperos (al menos no parecía que estuviera haciendo gimnasia) y que el género e
mpezaba a abrirse a un mayor atrevimiento erótico. Lo cual agradecimos sus ex fieles péplicos, un poco abotargados con tanto machismo de saloon.
Cuando tocó la parodia de Bonnie & Clyde (1967. Arthur Penn), pues se vistió a lo gran Gatsby. Cuando tocó desnudarse para hacer de troglodita pues lo mismo, que era la época de Hace un milón de años (1966. Don Chaffey). Era muy versátil y muy buen actor, a no dudarlo. Los premios le llegaron a partir de los años setenta: los Donatellos, De Sicas y demás.
Ahora sigue en el mundo del cine, pero sobre todo trabajando en telefilms para la RAI. El tiempo libre lo ocupa en sus esculturas. Él, que fue una escultura viviente. Visita su página web, tienen talento esas manos.