02 junio 2008

MOVIOLA

Revisión y ampliación del post publicado en FANTASIA MONGO I el 8 de noviembre de 2005


ALBUM DE CROMOS " SUEÑOS DE JUVENTUD " Cromo nº 18 : Roddy Mc Dowall (1928-1998)



La desaparición de Roddy McDowall en 1998 dejó a la colonia gay de Hollywood sin su gran cicerone. También era un maestro de ceremonias perfecto en fiestas y demás kermesses. Entre el círculo de actores con alzheimer era típico que al preguntarse entre ellos por determinado dato, por determinada anecdóta, respondiesen todos al unísono : ¡Pregúntaselo a Roddy, él lo sabe todo!.
Mi adoración por este niño prodigio va pareja en afecto a la que siento por Kenneth Anger, curiosamente otro niño actor y otra ratita maliciosa a la busca de memorabilias con glamour.

Británico de nacimiento, londinense para concretar más, data su fecha de nacimiento de 1928. En los años treinta ya empieza a dejarse ver sobre las tablas en pequeños papelitos que le procuran cierto reconocimiento de la crítica inglesa (y ¡dios!, Inglaterra en los años 30 tenía como soberano a Noel Coward , nada menos).
Pero viene la guerra que lo cambia todo y la vida del niño Roddy da un importante giro. A Londres la bombardean y es evacuado con su madre a los Estados Unidos. Ya instalado en Hollywood se deja ver en breves intervenciones en filmes irrelevantes hasta que en 1941 es requerido por John Ford para que sea el pequeño miembro de una familia galesa de mineros turn of the century. Y el crio fue un prodigio de sensibilidad y melancolía al convertirse en narrador de los distintos avatares que se van sucediendo en él. ¡Qué verde era mi valle! fue un filme muy hermoso, el último que realizó el maestro antes de alistarse en la Marina. Y al poco llegó la perra de la fortuna.



La perra, que en realidad era todo un macho, se llamaba Lassie y conmovió a las plateas desde la inexpresividad total que se les presupone a estos animales. Pero teniendo la apoyatura de Roddy como compañerito ideal, pudo granjearse la confianza de los públicos más reticentes a este tipo de cine para toda la familia. Con Lassie come home (1943. Fred M.Wilcox) además el crio conocería a la que iba a convertirse en una de sus mejores amigas- confidentes y diosas para adorar. Hablo de Elizabeth Taylor, claro. La mejor amiga que podía echarse un actor gay.
Al año siguiente de la perrería citada, volvió a coincidir con la niña Taylor en un clásico melodrama Metro del período de guerra: Las rocas blancas de Dover (1944. Clarence Brown) mantenía las constantes de la previa Señora Miniver, ahora con otra dama de la dignidad -Irene Dunne, grande entre las grandes- como preservadora del poder matriarcal desde la retaguardia. Al ser un melodrama-río la acción abarcaba dos contiendas mundiales y Miss Dunne era un prodigio de entereza y abnegación al sobreponerse a la muerte de su marido en la primera y luego de su hijo en la segunda. Ese hijo, que bajo los rasgos del lindo Peter Lawford agonizaba en un hospital militar en los brazos de la patriota madre, fue McDowall en la niñez. Y como siempre lucía como un irreprochable caballerito, aficionado a los caballos y a tontear con las niñas (la Taylor) hijas de los trabajadores de las cuadras. Sin duda a Freddie Bartholomew le habría salido un buen reemplazo sino fuera porque los guionistas de la Metro no supieron darle demasiados papeles exclusivos. Si así lo hacían, era para que repitiera el rol típico del infante amigo de un animal (ya hablamos de Lassie, pero es que también fue íntimo de un caballo llamado Flicka. ¡Y hasta de su hijo, un tal Thunderhead en The son of Flicka!).
Y cuando frecuentó los cameos fue para encarnar a los protagonistas en su etapa infantil. Ya hemos comentado que fue Peter Lawford en Las rocas blancas, pero también el padre Gregory Peck en The keys of Kingdom (1944. John M.Stahl) antes de ordenarse sacerdote y, por supuesto, el futuro Tyrone Power en la fabulosa El hijo de la furia (1942. John Cromwell), como recordarán todos los nostálgicos del gran cine de aventuras. Sufría las maldades de un obcecadísimo George Sanders, que era su tío pero que, en tanto huérfano educado por un herrero, era recogido por él silenciando sus orígenes aristocráticos (era legítimo heredero de la hacienda) y en calidad de sirviente (lo confinaba a los establos). Ya al crecer y bajo los rasgos del divino Ty las desventuras proseguían siempre con Sanders como elemento cojonero (inolvidable la lucha final y, no menos inolvidable, la sesión de latigazos que le propinaba al furioso héroe en la cuadra).
Con Orson Welles trabaja en su cine versión de Macbeth ( puro terror de ínfimo presupuesto, rodado en cuatro dias y recitado en verso blanco), en donde repitió el papel de Malcolm que ya había interpretado en teatro. Era el hijo del rey Duncan, asesinado vilmente por Welles por mediación de su esposa, la increible y siempre ingrata lady Macbeth. Al final los remordimientos pasaban a ser los verdaderos protagonistas del drama que acababa en suicidios y venganzas cumplidas.




La década de los cincuenta es para Roddy McDowall la década que destina al perfeccionamiento de su arte escénico. Se apunta en Nueva York a escuelas de interpretación prestigiosas que le abren las puertas de un Broadway donde no escaseaban talentos. El suyo debió de ser imponente pues aparecería en montajes laureados como los de Doctor's Dilemma, La tia de Carlos, Julio Cesar ( donde fue un Octavio soberbio que luego retomaría en cine cuando a Mankiewi cz se le antojó rodar la desastrosa-económicamente- Cleopatra) y hasta musicales como Bell, book and candle, el Aladdin de Porter, junto a Anna Maria Alberghetti ( éste para televisión y sustituyendo a Sal Mineo) y, muy en especial, su Mordred para el fiasco de los autores de My Fair Lady (Lerner y Loewe) Camelot (1960). Sirvió para consolidar la reputación de la gloriosa Julie Andrews pero el musical en sí era bastante cursilón. Al pasar al cine en 1967 bajo la batuta de Joshua Logan, el casting original cambió por completo y el intrigante Mordred que en escena se marcaba un numerito ahora ya no entonaba (por otro lado, que cantase o no el espantoso David Hemmings -o sea, el sustituto- era algo que a la humanidad le importaba un carajo, para qué vamos a decir lo contrario).



En los años sesenta regresa a Hollywood, aunque en ningún momento perdió el contacto con amigos como Tab Hunter, Tony Perkins o Sal Mineo ( a pesar de un matrimonio frustrado, la personalidad gay del jóven Roddy dejaba intuir cierta predilección por los mariconcitos más apuestos de su generación). Por esos años brillará su talento muy alto en tres interpretaciones asombrosas: el Octavio de Cleopatra (1963. Joseph L. Mankiewicz), el loco genio universitario de Lord Love a Duck (1966. George Axelrod) y el chimpancé escolar de El planeta de los simios (1968. Franklin J. Schaffner) y sus secuelas. En esta última todavía emociona recordarle junto a la no menos genial Kim Hunter, ambos escondidos tras aquellas caretas y, aún asi, consiguiendo conmover desde la expresividad más elocuente.

A su vez y por cuestiones meramente alimenticias aparece en unos cuantos filmes de horror de serie B en donde deja relucir su personalidad tan grata. Estos son ahora motivo de reivindicación y su figura se ha transformado en un ícono para los amantes del género. En ellos Roddy aportaba un refinamiento neurótico y una dignidad de veterano que el gran Perkins ya no podia ofrecernos, víctima de su propio encasillamiento. Esto es algo que se ve muy bien en la cultista Lord love a duck (algunos críticos la elevan en altura transgresora a un If...), a pesar de que su protagonismo sea notablemente inferior al que desearíamos sus fans. Y es que la estrella indiscutible de todo es Tuesday Weld, literalmente alucinante de disparate en disparate, a cuenta de la educación sexual en los institutos norteamericanos (la sátira no sólo abarcaba a los seniors, se ponía en solfa toda la subcultura teenager, con especial hincapié en el burdo hedonismo de las beach movies o la moda camp aplicada a los pasquines art nouveau o a las actrices del cine mudo para los más in).
Habría que indagar en la televisión para ver a Roddy en su salsa más histérica. Por ejemplo en la serie Batman, donde fue rata de biblioteca. Pero también abriendo la legendaria Los invasores, torturado por cefaleas parecidas al lavado de cerebro. Y, muy en especial, en un increible episodio de la no menos mítica serie de terror Night gallery (1969), donde empezó a despuntar un jóven realizador de nombre Steven Spielberg. Aquel capítulo no lo dirigía el futuro artífice de El diablo sobre ruedas, pero era acongojante. McDowall hacía de sobrino de un viejo pintor paralítico, que vivía confinado en la habitación de su mansión. El jóven lo asesinaba cruelmente dejando la ventana abierta para que se muriera de frío. La primera noche después del entierro del tío, empezaba el calvario de McDowall, que teminaba enloqueciendo preso de dudas y alucinaciones al percatarse (o creer percatarse) de que el cuadro de su pariente trocaba en su composición a cada nuevo vistazo, como si fuese un espejo-cámara que iba mostrando lo que acontecía afuera (y la visión era del todo macabra: el jardín de la casa, con su pequeño panteón familiar y del cual sale el muerto en dirección al hogar. Un muerto en lienzo cada vez más próximo a la puerta hasta que, finalmente, el asesino escucha cómo la aporrean. ¿El tío?). El proceso de locura de Roddy es sencillamente un prodigio de interpretación. Por supuesto, inédito en nuestro país. Tal cual su fama.





Sin duda siempre resulta estimulante ver una interpretación de McDowall, aún más hubiera sido conocerlo y ser su amigo. Como dije al principio, fue un mitómano empedernido, un coleccionista de nostalgias lujosísimas que vehiculizaba a través del mundo de la fotografia. Su obsesión por el flash impertinente y la caza de autógrafos terminaría fructificando en una enciclopedia del cine (fat, fat...), compuesta sólo de fotos firmadas por las estrellas. El, que para mi, fue una estrella. Refinado y frivolón, el digno sucesor en estos lances queer, de un Cukor o un Clifton Webb. Por desgracia, visto el panorama actual, una especie en vías de extinción.


* filmografia seleccionada:
1939:
Just William 1941: ¡ Qué verde era mi valle! 1943: Lassie come home 19
44: Las rocas blancas de Dover 1963: Cleopatra 1965: Inside Daisy Clover 1966: Lord love a duck 1967: El planeta de los simios 1971: Huida del planeta de los simios 1972: La aventura del Poseidón 1978: El gato que vino del espacio.