17 junio 2008

MIS TERRORES MEXICANOS (8)

TRILOGIA DE LA MOMIA AZTECA
(Segunda parte)

LA MALDICION DE LA MOMIA AZTECA (1957. Rafael Portillo)


Lamentable secuela rodada de manera tan torpe como precipitada. Mal iluminada, horriblemente interpretada, con un guión catastrófico que apura los hilos no atados de la anterior sin decidirse a atarlos ahora tampoco, optando por la desagradable hibridez de la que ayer hablamos... Poco habría que destacar de este bodrio como no sea el anómalo aprovechamiento del wrestler Crox Alvarado (o sea el miedicas Pinacate) ¡por fín! desdoblándose en el enmascarado El ángel, heroe positivo vestido de blanco (careta incluida) en metamorfosis a lo Clark Kent/Superman, sólo que (vaya por dios) lo que en el titán de Shuter eran todo triunfos aqui va de derrotas por partida doble (y cuando se salva de una muerte segura es...¡gracias a la ayuda de un niño!). No nos desesperemos, el proceso desmitificador ya estaba en marcha. Y si La momia de toda la vida era ridiculizada (a su pesar) desde la primera parte, el mito del Santo, el enmascarado de Plata (que acababa de nacer) estaba sentando posiciones inconscientemente en la galería de parodias con este Angel del todo desangelado.

El metraje de la secuela es irrisorio, apenas una hora. Lo que induce a pensar en programas dobles y en técnicas de serialización, aportes de la imagineria pulp norteamericana que en Mexico, pese a todo, no llegaron a cuajar. Ni que decir tiene que la momia a estas alturas se ha transformado con su par de apariciones (tristes y breves) en una suerte de "alimaña en una gruta", que sólo se inquieta cuando le despiertan de su siesta piramidal. Tambien osa invadir terrenos vedados, en la que los humanos barruntan la posibilidad de conseguir su pectoral y brazalete. Entonces agarra a los villanos de las solapas de sus trajes de gangsters D.F. y los lanza al aire dejándolos fuera de juego. Finalmente la pobrecita aparición se aleja por esos campos de dios, buscando una paz que la Ciencia corrupta le prohibe. ¡Qué momia más camp!. Pretende que la tomemos en serio cuando sólo inspira lástima. Ni siquiera una leve sonrisa. Es esa ansia de alcanzar una calidad que no se consigue, lo que dio significado al término en innumeras ocasiones. Camp, en este caso, con minúsculas. Pero ¿cómo tratar su evolución?. Ya conocíamos sus pisadas, ahora tambien sus sonidos guturales: que van del gruñido al flagrante relincho, ¿o habría que decir rebuzno?.

El desbarajuste de un guión que tontea con los múltiples estilos disponibles dentro del cine de evasión autóctono redondea el despropósito. Científicos locos embozados a la Mandrake, torpes ayudantes de doctores positivos que resultan ser rollizos super heroes de catch y, finalmente, la aparición patética del asustador oficial como in extremis, dándonos esa sensación de que por poco ya ni sale, tan entretenidos están los buenos en luchar con los malos.
Es posible que la mejor escena de la película corra a cargo de El ángel y ese encierro en la cámara de la muerte. Alvarado se halla en un habitáculo de reducidas proporciones iluminado por una bombilla que pende del techo. De súbito el suelo se va abriendo lentamente para dejar libre el foso de las serpientes. Esa lentitud favorece a El ángel para que se arrincone a un lado con un mínimo tiempo para idear una solución. La tal será aferrarse al cable de la bombilla que, increiblemente, soporta el peso del luchador. Nada original en su base, pues la situación ya la habríamos presenciado en repetidas ocasiones en los seriales y comics de nuestra infancia, aunque funciona en tanto que "eficaz por naturaleza", amén de que despierta algo de nuestro interés tras un tedioso metraje que incluso se permite la osadía de tirar, con la excusa del flashback, de secuencias de la previa La momia azteca.
Los espectadores más populares, adictos a este tipo de entretenimientos, aún tendrían que esperar unos meses para encontrarse de nuevo en los cines con la pobre momia Popoca, en este caso, en su duelo final con El robot humano. Eramos pocos...

continuará mañana con...

LA MOMIA AZTECA vs. EL ROBOT HUMANO (1958. Rafael Portillo)