09 marzo 2008

MOVIOLA

Ampliación del post publicado en FANTASIA MONGO I el martes 10 de enero de 2006

Mi noche con Coca

Ahora que mi osito está enfermo con gripe me quedan más horas libres para dedicarlas al cine en divx. He podido repasar la noche pasada un buen puñado de execrables filmes de mi ídola Isabel Sarli y puedo reafirmarme en mi pasión por ella y por lo que representa su demencial cine. El de ella no exactamente, sino el de su marido Armando Bo, responsable de la práctica totalidad de su carrera.
Vistas hoy en dia son un estruendoso ejemplo de bizarria y erotismo forzado. De puro m
alas se acogen al arte surrealista más imprevisto. De forma indirecta o no pretendida se erigen como monumentos a la carne para solaz de todo tipo de sexualidades. Porque la Sarli siempre fue una mujer abierta, abiertísima. Sus compatriotas le llamaron cariñosamente Coca. Y sus interpretaciones hay que verlas para creerlas. Esos gestos, mohines, formas de autocomplacerse, el vestuario y los pelucones...uff. Too much for one movie, utilizando un reclamo publicitario de Supervixens. Eso se podría decir de cualquiera de sus bodrios, no sólo de los de Russ Meyer. Sin duda que revisten concomitancias las cintas de Bo y el norteamericano. Culto a las hiper glándulas mamarias, a las supermujeres, en un bigger than life desproporcionado y febril. La Bardot en comparación parecía por aquella misma época lo que en realidad era: un anuncio de Nenuco (aunque muy rico).

"Fiebre" (1972) se llama el título más conocido de la Sarli. Fiebre es un caballo pero sin duda toda la fiebre del mundo ( y la que no es de este mundo ) la tiene- y la da- ella. Su pasión malsana por los equinos nos la hace revelarse como hembra incontenible y excesiva. Es una ecuyére que no se extralímita a cabalgar encima de animales bellos. A lo largo del metraje se rodea, se protege, se arropa con piel de distintas especies ( es particularmente inolvidable cuando luce visones, fijo que sintéticos). Hay otro momento memorable en esta zoofílica experiencia que corresponde al delirante montaje paralelo entre su baño de espuma ( sobón, masturbatorio) y el apareamiento caballo-yegua. Es como si el pollón del animal fuera presentido por la argentina a enorme distancia y le trajera por la calle de la amargura.
La Sarli no es mujer sicalíptica. Como buena analfabeta va al grano. En cada una de sus frases insiste en sólo dos cosas: quier
e amar y ser amada. O dar amor y recibirlo. O "yo soy mujer y tu eres un hombre". Y aún dentro de esa elementalidad linguistica va sobrada, nos pone a cien ( a mi me regocija dentro de mi alma camp). En "La Mujer del zapatero"(1965) exclama: "Cuando estoy en contacto con la naturaleza no sé lo que me pasa...¡revivo!"; en "Fuego"(1968) espeta en clave de interrogación retórica: "Yo sé que debería calmarme, pero ¿cómo?" o le grita a la ama lésbica: " Te dejaré cuando quiera. Cuando encuentre al hombre que me quiera". El verbo querer es el primero de la conjugación Sarli, porque es ese el verbo que con mayor propiedad en ella se hizo carne. Asi que se monta el kitsch por bandera y enloquece a diestro y siniestro. Sólo en Sabaleros es otro el personaje que le quita el momento de gloria de la frase de oro. Tratábase de la bruja sáfica Alba Múgica, rival en el laburo, que al verla alejarse supuestamente a tomar un bañito, bajo ávidas miradas ocultas, espeta a sus compañeros varones: Ya va esta a pescar sus inmundicias, como de costumbre.


Ella da dominanta pero también sufre porque su marido, el loco Armando le prepara unas historias de culebrón pirado dignas de frenopático porteño. En "La mujer de mi padre" (1968) padre e hijo en la vida real ( Armando y su guapo Victor, fruto de un primer matrimonio) se disputan a la estrella en una batalla no exenta de morbazo incestuoso ( Pimpinela en Iguazú, pudo haberse titulado también la cochambre). Al final el viejo claudica frente al ímpetu del mozo, más apto para satisfacer a la volcánica. Me quedo con un instante tremendo del filme : el de la sobreimpresión de una Sarli contoneándose entre gasas en las cataratas pampeñas. O lo que es lo mismo: dos prodigios de la naturaleza yuxtaponiéndose para enloquecer al espectador desprevenido ( desde los tiempos en que Marilyn venció al Niagara no había visto paralelismos tan gozosos. Es broma).

La Sarli es agua, aparte d
e fuego. No ha habido mujer en la gran pantalla que se haya bañado tanto como ella, si exceptuamos a la sirenita Esther Williams. En todas sus películas se moja; lo tiene todo a su disposición: grifos, duchas improvisadas, pantanos, cascadas, riachuelos, mares abiertos y salvajes...Después, cual lagarta, se puede embadurnar de arena con picores inexplicables. Eso la calma, sus baños de arena tambien cuentan.
En "Furia sexual"(1969)- tambien conocida como "Desnuda en la arena"- se revuelca por la playa hasta atraer al macho que la observa atónito ante tanto manjar en ebullición.Tiene algo de ritual de apareamiento sino fuera por la ridiculez intrínseca d
el conjunto. Su estrujamiento de senos es tan de Sarli que no puede hacer más que asombrarnos. Y el semental, que es Victor, se acerca y la acaricia ( pero no con sus manos sino con las de su padre. Y es que Armando Bo cuidaba mucho de ser él el único que sobara a la señora cambiando los primeros planos de las manos de los galanes por las suyas). En Sabaleros su condición laboral (pescadora del animal marino, única manera de subsistir en esa zona rural) ya le da una justificación poética al verse obligada a portar un único vestido (el más sencillo del mundo) siempre empapado, como una segunda piel. En La tentación desnuda (1966), la moza irrumpe en pantalla emergiendo de las aguas: huye, según nos explica la prensa sensacionalista inserta en los títulos de crédito, de docenas de violadores sin piedad (este es uno de sus títulos más celebrados, una curiosa deformación camp de la previa Noche de la iguana de Huston, sólo que centrándose en la relación Burton-Gardner. En última instancia Armando Bo, aqui hombre de fe se refundiría en el personaje de Richard con incrustaciones Kerr de lo más descacharrantes).

Otro temita peliagudo sería el de las violaciones. Si. Abusaron unas cuántas veces de la Coca. Tomémoslo como parte del atávico deseo del macho medio aficionado a sus aventuras fílmicas. El machismo latino fantasea mucho con la idea de la violación de zorronas tórridas. Y el macho de Bo personifica el deseo del espectador sólo que en clave de abierta inferioridad animalesca. Ellos son voyeurs que ante la provocación se ven irremediablemente abocados a comet
er estupro (casi siempre son pequeñas comunidades de hombres viviendo juntos, se presupone que hartos de practicar sodomía, con lo cual hay indulgencia por parte del director ante el acto violento que van a cometer), tarados pero bien dotados, subnormales pero con encanto grosero. Son, una vez más, como Meyer quería, como Bo copió.
En "Carne" (1968) la violación se consuma entre varios energúmenos, sobre kilos y kilos de ternera . Es "carne" sobre "carne", por turnos. Los gañanes que corrompen a Coca se corren antes de tiempo, no gozan co
n sus actos y eso a ella la vuelve más ninfómana si cabe. La desencajan, la llevan al paroxismo...No hay manuelas que puedan calmar tanta ansiedad, tanto deseo contenido...si tal, puede cantar un bolero. Y vive Dios, que Sarli era cantarina. Aparte tenía el baile de san Vito.
En "Furia sexual" act
úa en un night club de casposa catadura. Lejanos deberían de quedar los cabarets estilo "Salón México" o los de Ninón Sevilla ( eran de cine negro del bueno).
Sus trajes de strip tease eran de unos colores tan chillones, tenían unos acabados tan ultra retros que es imposible describirtelos si no los has visto nunca. Los diseñó una loca lla
mada Hugo, y realmente tenían tela...poca. En fín. Cantando el "Siboney" o la "Guantanamera" podia hacer babear a los patillosos macarras del Panamá dónde se filmó. Bananeros a sus bananas. Y hasta podia prostituirse en un motel con un seboso a ritmo del "Voy a pintar..." para pasmo de las mariconas de los "Tios Queridos". Y aunque ella se lo hiciera con los feos a quien en verdad quería era a los guapos, en este caso quería a Victor que era un playboy que le sale rana. Entonces sufre, si. La Sarli sufre mucho. La que más en el cono sur. Y llora, pero sus lágrimas tienen algo de fluido vaginal.


Argentina dio muchas señoras estupendas en el seudoporno como Susana Jimenez o Libertad Leblanc, pero esta fue unica entre las únicas. Tuvo a su servicio un montón de películas ideadas de cabo a rabo por su señor marido. Y las solucionó con gran arrojo y mucho sentido del humor (asi deberían entenderlo de paso las feministas, escandalizadas -¡y con fundamento!- por sus constantes representaciones de la humillación: terminaba Sarli tan zarandeada y vejada que no daba mujer sino guiñapo, masa informe, objeto sucio a merced del macho al que incitó). Eso la honra. Poco importa que la crítica plasta tenga al binomio Sarli-Bo en su lista negra de desterrados. Se olvidan que en un principio Armando hizo un cine exigente, vean sin
o Pelota de trapo (1948), que su labor de productor para Torres Nilsson en Dias de odio es de considerar o que distribuyó cintas de Polanski en su pais ( el trajo Repulsión a los cines de Buenos Aires). Incluso su deuda con la exigencia se palpa en los primeros filmes con su señora, como ese poderoso aire documental con un punto de compromiso con la realidad de los pobres que poseen El trueno entre las hojas o Sabaleros (con reminiscencias más que evidentes al De Santis de Risso amaro). En todo caso, pese a quien pese, lo camp les pertenece. Y el delirio, bendito delirio que jamás aburrirá, también.