16 enero 2008

ALBUM DE CROMOS ITALIANISIMAS AL DENTE

Cromo nº 23: MARISA ALLASIO (1936-)

Siento gran debilidad por la rubia Marisa Allasio. Con respecto a sus compañeras de generación (ella y algunas más fueron el reemplazo de las veteranas maggiorate a partir de la segunda mitad de los años cincuenta) llegaría más lejos que ninguna otra en el asunto del descoco. Había en la chica algo del atrevimiento de la Bardot, justo en el momento en que la de Saint Tropez empezaba a gozar de merecida fama. Hasta ahí el punto francés de la Allasio, porque en el resto era italianísima total. En ella muy mal encajaría el término lolita, pese a que a menudo jugó con su adolescencia como quien utiliza un arma erótica para enloquecer al machito de turno. Lo suyo era obvio, directo, sin pretextos intelectuales. Tal que la primera BB. Salvo esto, Gainsbourg no sería capaz de hacerle jamás una composición. Y a ella tampoco le hacía falta tamaño lobo feroz, teniendo a su lado al incomparable Renato Carosone a pie de piano, dedicándole Maruzellas y cuanto rock'n'roll mediterraneo le fuera menester.

Marisa no poseía carnet de ingenua. Parecía querer gritar a los cuatro vientos que ella, llegada la edad, sólo necesitaba amor. Dudo mucho que en su época las muchachitas italianas se sintiesen identificadas con tanta precocidad (a las españolas ya ni te cuento: pocas pelis de la moza pasaron la censura franquista) . Eran ideales las gacelillas del estilo Lorella de Luca, ingenuas pijinas que se quedaban siempre en un quiero y no puedo con sabor a helado de fresa y sidral de verbena. Es como si a nuestro cromo le interesase más recoger las enseñanzas de seducción que la Mangano, la Loren y la Lollo habían dejado ahí, en ese momento en que estas tres grandes abandonaban el movimiento maggioratístico para emprender caminos más ambiciosos (sus carreras internacionales). Pero no piensen ustedes que aquella Marisa iba de felatriz devoradora. En absoluto. Ahí radica el encanto del viejo cine, de las comedias antañonas. Que conservan ese grado de inocencia y verdad en cantidades suficientes como para mantener siempre a la Allasio en un status de criatura adorable: picaresca en su coquetería, conmovedora en su sentido del romanticismo, libre en su manera de desvestirse.

Ya en su primer gran papel, Le diciottenni, se encuentra la Allasio definitiva: una pollita en edad de salir del cascarón ( un internado de señoritas), vivaracha y soñadora, tendente a enamorarse de los maduritos (en este caso, un guapísimo profesor de química) y provocadora de enormes fregaos al debatirse su corazón entre las personas que la quieren ( sus amigas) y las que la rechazan (pero que ella adora).
En esta película sin importancia, que era velado remake de un viejo título de su mismo director Mario Bonnard con Alida Valli e Irasema Dilian de protagonistas (A las 9, lección de química. 1941), no se potenciaba lo suficiente el erotismo de la teenager (no se trataba de un ajuste de cuentas a la germana Muchachas de uniforme), pese a que tanto la Allasio como su íntima compañera Virna Lisi tenían el suficiente tirón como para alegrar a un personal masculino de tendencias pedófilas. Es más, en muchos aspectos no difería su tono infantil de otras películas con niña repelente al frente y que aún estarían por llegar ( Ha llegado un angel o Canción de juventud, por ejemplo). Con todo, Marisa ya insinuaba lo suyo.

Y pronto vendría su gran éxito. La película con la que se hizo realmente popular: Maruzella (1956. Luigi Capuano) partía de una canción de moda (el impacto social del primer microsurco) y su guión era de cancionero de revista juvenil femenina. En realidad era sólo eso, una fantasía pop destinada a las menores de la clase media, las que empezaban a convertirse en máximas consumidoras de subproductos perecederos. Sin embargo, la cinta se mantiene bien en su candorosa cursilería. Las canciones de Carosone están llenas de brío y Marisa empezaba a evidenciar que de las de su quinta era ya no sólo la más tetuda, sino también la más culona. Se trastornaba por el cincuentón de buen ver (Massimo Serato) dejando al músico feo -y con algo de tísico a lo Agustín Lara- llorando tonadas (Renato Carosone).
Con la serie Poveri ma belli, tan inquietante rompecorazones se salió de pantalla. El encanto de estas dos comedias de Risi (en realidad fueron tres, pero la última ya fue sin ella) sigue perenne. Una milagrosa combinación de factores a cual más genial, caso semejante al de la saga de Pane, amor e... (sólo que a mi me gusta más Poveri) se unieron para dar humor y erecciones a partes iguales en el marco incomparable de una Roma gritona y cuajada de vida. La Allasio era sastra y de ella se prendaban los hermosos Salvatori y Arena. En el juego del cortejo se producían continuamente situaciones divertidísimas. Y Risi midiendo tanto el gag como la exhibición de los físicos con pulso maestro.
Quizá fue tanto despliegue carnal lo que llevó al exquisito Mauro Bolognini a proponerle a la actriz el papel de Marisa la civetta (1957). Contaba con la participación en los diálogos de Pasolini y la incorporación de actores españoles a un reparto, por otro lado, italianísimo. Es una de mis películas preferidas de ella. Además fue la primera vez que se remojó vestida, una de sus debilidades (la regaba con rabia Renato Salvatori. Luego ella también le haría lo mismo, para que el regocijo visual fuese ecuánime). El despliegue de bellezas masculinas era inmejorable (no en vano, Bolognini y Pasolini entendían de ello) : asi figuraba Paco Rabal como guapo maduro, Salvatori como robusto popolano y Angel Aranda como efebo bastante hirsuto.
Y siguiendo con los entendidos se puso a las órdenes de Franco Zefirelli en lo que fue su debut como director, una comedia titulada Camping (1957) que imagino que el esteta querrá borrar de su curriculum con premura. Todos sabemos que Zefirelli puede ser grande en lo suyo (sea lo que sea lo suyo, llámese cursileria) pero que Dios no lo dotó para la comedia es público y notorio. Eso sí, con la Allasio de excursión al campo de la mano de su novio y un hermanito protector (el siempre bobalicón Nino Manfredi) ya había una excusa convincente para que saliera con un bañador a reventar de carnes y darse el chapuzón de rigor en el río.

De improviso la real moza se volvió recatada, santa y ciega en Las esclavas de Cartago (1957), un caso de insolite en su carrera que no se entiende a no ser por el supuesto de que la actriz empezase a pensar en un futuro de respetabilidad y que pronto confirmaría con su casamiento con un conde. Lo cierto es que en la película de marras ella era salvada de morir en la cruz por Jorge Mistral, con lo cual de nuevo veíamos que le privaban las sienes plateadas...¡y aún con la mirada perdida!.
El cine popular siguió llamando a su puerta y en Susana, pura nata (1957. Steno) retornó a su bendita costumbre de despelotarse a la mínima de cambio (era repartidora de tartas -más bien pastelera- y volvía tarumba a un taxista que no perdía comba desde el espejo retrovisor a sus cambios de vestuario). Finalizó su carrera con un poco más de lo mismo y otra rareza con sabor turístico. Dentro del primer apartado, con Carmela é una bambola (en donde practicó el exhibicionismo de ropa interior y camisón so pretexto de padecer sonambulismo) y Venecia, la luna y tu (junto a Sordi y su inseparable Manfredi) en una comedia a todo color con bellos exteriores venecianos (y con un brevísimo plano para un debutante Giuliano Gemma en calidad del gondolero Brando en una noche de verbena: quitaba el sentido, de verlo Jean Paul Gaultier inundaría de lágrimas la Serenísima). En el segundo apartado, figuraría su inclusión en el vehículo de Mario Lanza Las siete colinas de Roma (1958. Roy Rowland). Justificación elemental tanto para que el magnífico tenor interpretase a su manera bellos cantables con sabor a trattoria como para la inclusión de planos copiosos de la Ciudad eterna para no defraudar a quienes les gustó Creemos en el amor.
Tras esto y a punto de finalizar los años cincuenta, la Allasio anunció su retirada del mundo del cine para casarse con el Conde Calvi, con quien tuvo descendencia y, por descontado, un futuro financiero la mar de saneado. Con su desaparición de la pantalla se iba también la pionera del sexo juvenil made in Italy, la anti lolita del primer pick up.

continua mañana