28 febrero 2007

ALBUM DE CROMOS CHICARRONES SANOTES

Cromo nº 17: SEAN FLYNN (1941-1970)


You know he just heard
The drums of war
when the past
was a closing door

The drums beat into the jungle floor.

Rain on the leaves
soldier sing.
You never hear anything

They filled the sky with a tropical storm.

You know he head the drums of war
Each man knows what he's looking for.


THE CLASH "Sean Flynn"

Nos hallamos ante un machito cuyo trágica muerte generó un pequeño culto alrededor suyo que no
habría que menospreciar. No llegó este a tener las resonancias épicas de un Sal Mineo pero, a su nivel, conseguiría inspirar la creatividad de más de una figura del rock. The Clash, mismamente, a la altura de su Lp Combat Rock, le dedicaron un sentido tema. Y es que con casi treinta años, este formidable chicarrón dejó una estela personal entre romántica e imprecisa. Y, sobre todo, muy curiosa.
Era hijo del extraordinar
io aventurero (dentro y fuera de la pantalla) Errol Flynn, sin ninguna convicción entró en el mundillo cinematográfico haciendo de si mismo, o sea, de hijo de su padre en lo que era un guiño cómplice destinado a alimentar idolatrías, llegó un punto de inflexión con el Vietnam como excusa necesaria para marcharse a la guerra, no como combatiente pero si como testigo de primera en tanto que era reportero gráfico. Y fue excusa, porque Sean lo que quería era vivir de manera extraordinaria, deseaba probar los encantos del riesgo, vivir a contracorriente... En resúmen, darle una continuidad al concepto de heroe libertino que tan bien caracterizó su padre.
Segundas partes nunca son buenas, dicen. Educado siempre en lugares soleados, fue carne de Palm Beach en su tierna adolescencia. Su muscul
atura estaba siempre broncínea, su dentadura no revestía caries. Era una belleza californiana (clean cut) a la que nunca le faltó de nada. Poco importó que sus padres estuvieran divorciados y que, principalmente, fuese su madre (la compleja y antaño devoradora de hombres Lily Damita) quien lo educara hasta la veintena. La sombra de su padre era lo suficientemente alargada como para pesarle como una losa. Mientras él tenía un jaguar, muchas chicas (harén de pony tails) y podía ir a las mejores fiestas, distintas cada noche, Errol a su edad, andaba de guerrillas, en mil oficios y en caso de relajarse lo hacía en antros exóticos y de muy mala muerte. Fuera o no verdad el pasado del patriarca, la leyenda de crápula era poderosísima y ya sólo con eso Sean tenía mucho que bregar si es que quería igualarla. Al vivir tan poco se hace dificil valorarlo en su justa medida, ¿quería romper la imágen de guaperas al estilo de Troy Donahue, siendo arrogante en las entrevistas?. Es posible, pero su culto al hedonismo en modo alguno le alejaban del boato hollywoodiense. O se está en el palco del César o en la arena con los leones. Pero en los dos sitios, imposible. Muerto ya el padre debutó en un pequeño papel en una comedieta juvenil sin importancia titulada Where the boys are (1960), y que dio pie a una canción muy famosa ese año que interpretaba la siempre reivindicable Connie Francis. Se hizo amigo de George Hamilton, que acababa de causar cierta sensación en Con él llegó el escándalo de Minnelli, y a fe cierta, que entre los dos más de un escándalo entre palmeras dieron en aquellas noches de coches y chicas. Los productores le vieron idóneo para un papel estelar en lo que era un homenaje tristón al Capitan Blood original. Fue pues su hijo y lució su radiante bisoñez en colorines. Pero viendo los resultados quedó claro que el retoño era muy soso, y como swashbuckler carecía de la entidad mítica que requería su papel (no bastaba con estar atlético, había además que poseer un mínimo empaque). Todo lo más, estuvo muy sexy en la breve escena de los latigazos, en lo que era una pequeña aportación al noble rito sadomasoquista del castigo al heroe.
Un año después (1963) quiso ser Zorro y lo fue, pero a la europea (de partenaire tenía a nuestra Helga Liné). Una coproducción hispano italiana que se rodó en buena parte en nuestro país. El jóven no era la primera vez
que estaba en España. De crío acostumbraba a pasar los veranos en Mallorca, a bordo del yate de papá, con él y su madrastra. Lo que vino luego fueron nuevas insignificancias y que respondían cada una de ellas a la moda imperante en la serie B según el año: así lo colocaron en un peplum tardío, en un seudo Bond y en un par de spaghetti westerns (en el que incluiríamos esa rareza titulada Una pistola para dos, a mayor gloria de las insoportables Pili y Mili, en equívocos identitarios ahora en ambientes Cubedo y Galicia).
En el ínterin se había licenciado en la carrera de periodismo, aceptando gustoso, como culo inquieto que era, la disciplina admirable del periodista de guerra. Y aquí empieza en serio el pretty face a romper su imágen de hijo del aventurero de la ficción para pasar a ser el hijo del aventurero de la vida. En 1.966 se va a Saigon con
John Steinbeck IV cubriendo su trabajo como corresponsal para Paris Match. Un año más tarde se halla de informador del conflicto arabe-israelí y en 1968, junto a Dana Stone regresan al Vietnam. Visto su trabajo para la revista Time en fotografías disponibles en la red estaba claro que ambos se internaban justo en el meollo bélico, a un palmo de la línea de frente. Al parecer, en 1970 fueron capturados por elementos norvietnamitas, el Viet Kong. Hay quien dice que fueron hechos prisioneros y sobrevivieron como tales. Pero el caso es que nunca más se volvió a saber de ellos, quedando como más creible la teoría que indica que fueron finalmente ejecutados por sus captores.
Sea como fuere, el caso Flynn (Sean) fue el de un rayo fulminante, un pequeño astro que pasó como una exhalación por el firmamento de un Hollywood cementerio de elefantes míticos
. Sin la furia de James Dean ni la categoría de Errol, pero en donde todavía pervive su guapura, cierto misterio, un afán de superación incoformista y una irreprochable sinceridad en su trabajo más combativo.

MIS ECO CONSULTINGS

Maciste B.:
Sr. Dildo, usted ¿a cuantos mariquitas ha tratado?. Yo conozco a unos cuarenta y cinco o cuarenta y seis y son horribles todos (estoy en una provincia que casi no sale en los mapas, ojo. Que a lo mejor también influye: aquí iban con burka hasta hace poco). ¿Por qué será que son así?. Hablándote de las cremas, de las ropitas, de la cesta de la compra, de la Madonna y similares... Casi que me molan más los bisexuales.

Dildo:
Maciste, si usted vive en una provincia perdida y conoce a 40 maricones (sin contar a Alí Babá) imagínese yo, que vivo a 10 minutos de Chueca y trabajo en una revista de tendencias.
Pero, a grosso modo, distingo entre dos tipos de homófilos:

a) Los que follan con tíos y son personas, con espíritu e inquietudes propias que incluso, en un momento dado, son capaces de empuñar un arma, meditar, follarse a una tía o cualquier otro acto viril.
b) los que follan con tíos y son subnormales, o sea, que se comportan como niñatas pijas, vanidosas y caprichosas pero con polla.
(bueno también estarían los que follan con tías pero se comportan como mariquitas. Eso que se llama "metrosexual", pero es otra historia. Véase el post de Vaquerizo para hacerse una idea).

Dentro del primer grupo metería a Burroughs, Foucault, Haro Ibars, Mishima, el Farrán de Mora post "Homófilo-Homófobo", el Wilde post "De Profundis", Eusebio Poncela, el Morrisey pre-Roma...
Dentro del segundo están, por desgracia, todos los demás; o sea, las ratas de Chueca.

Hay una cosa que está clara: en el (mal llamado) Tercer Mundo no hay mariquitas porque no hay lobby gay, aunque sí hombres que follan con otros hombres. Como hay hombres que follan con niños, gallinas, perros o cacas. Pero a nadie en su sano juicio se le ocurre hacer de ello una bandera, una religión o una razón para existir.

Digamos que muchos gays son interesantes hasta que salen del armario, porque (casi siempre) ese outing implica una inmersión en el Sistema. La persona desaparece y su alma se convierte en una mercancia más dentro del venéreo mercado rosa (esto lo explica muy bien Santiago Alba Rico en su libro "Las reglas del caos").

Nacemos libres, caóticos, llenos de posibilidades infinitas, es el Orden establecido el que nos cataloga por hábitos de consumo y de comportamiento. Aquí caben las mariquitas, sí, pero también los heteros típicos: futboleros, teteros y cocheros. Y los alternativos de EP2. Etcétera.

Maciste B.:
Oh, estupenda contestación. Es lo que quería leerle desde hace tiempo. Estamos plenamente de acuerdo. Un abrazo.

http: //blogs.putalocura.com/dildo

27 febrero 2007

FANTASMAS DE MEDIANOCHE

Hoy...

1912- 2004
Se hace muy dificil enjuiciar a un mito. Son personajes que parecen estar por encima del bien y del mal. Su intocabilidad no admite análisis excesivamente crueles. En el caso de Ibañez Menta además, la dificultad es doble. Pues aparte de su componente de personalidad legendaria se une la pérdida de gran parte de material videográfico en el que participó. Su enorme faceta televisiva no es más que una incógnita para las nuevas generaciones y, para el resto, un gran recuerdo en la memoria traicionera. Y este recuerdo siempre nos devuelve a su figura con apariencias de genialidad y lugubrez. Cuando yo era un crío, el hijo de este señor solía asustarme. Eran imágenes en blanco y negro. Eran como los Estudios 1 pero repletos de personajes de miradas inquietantes: algunas asustadizas, otras de refilón y, de repente, unos ojos inyectados en sangre, a punto de salirse de las órbitas. Nunca tan bien estuvieron puestos los dos rombos morales. A lo mejor ni siquiera eran Historias para no dormir de la época dorada, tal vez se trataban de reintrées que ya no inspiraban en un mente adulta más que sonrisa benévola ante un despliegue de claustrofobia teatrera y algo plomiza, intrínseca a nuestro pasado televisivo. Eran los tiempos en que Jason aplicaba tablas de carnicería a discrección (ya había pasado la Matanza de Texas, Argento y Fulci estaban asesinando a lo loco), en cuanto a la Hammer... era un simple Sábado Cine que llenaba bien la programación nocturna de la caja tonta. En cambio, para un niño que desconocía la degeneración de un noble género y que acababa de desembocar en el splatter más ramplón, la visión del enjuto patriarca del que parió a la Ruperta y que acostumbraba a ser el protagonista principal de las historias... le daba un enorme repelús. Y llegué a pensar que si algún día el hombre del saco se me aparecía en sueños (o en realidades) este tendría la fisonomía del tal Menta. Mi madre, cada vez que lo veía por la tele, en entrevistas o en el Un, dos, tres... a un pie de la autoparodia (por culpa del hijo, que siempre fue muy "simpático") soltaba un grave : uhh. Tambien solía decir: Siempre hacía de criminal espantoso, una vez descuartizó a un pobre huerfanito y... Y ya no recordaba más. Pero a mi me bastaba. Era un hombre que yo identificaba con el mal rollo, peligrosísimo si le daba por ser un trapero que pasa por alguno de tus instantes oníricos. Pesadillas que más que a no dormir invitaban a mearse vivo en la cama. Como el doctor Jimenez del Oso y sus fenómenos paranormales. Otro que tal bailaba. Con este par de fantasmas, Maciste temblaba a tutiplén.
Al actor la mitomanía lo encasilló. Pero Menta, que nació en Asturias (Sama de Langreo), era un todoterreno, un pura sangre. Hijo de entretenedores, su pareja más emblemática fue una primera actriz, el hijo... ya veis, a su manera, perpetuando la saga... Con esto quiero decir, que al repasar su currículum no debería sorprendernos el encontrarle metido en sus comienzos en géneros tan alejados del terror como la zarzuela, la opereta y la revista musical. Y es que sus padres fueron cantantes líricos. Su experiencia en el escenario se remonta a muy temprana edad. Con siete años debuta con sus progenitores en la obra Los Granujas. La compañía teatral adopta su nombre, Narcisín, y la empresa monta una obra a su medida. El gran José Padilla le compuso la música de El Príncipe Cañamón, que fue un gran triunfo. También le escribió un par de tangos: El pibe del corralón y El botones del Maipú (que decía: "Ese pobre muchachito...").
Lo primero que hizo en el terreno fantástico fue El fantasma de la ópera y también el Dr. Jeckyll. Es de suponer que por entonces, principios de los años treinta, uno de sus ídolos mayores fuera Lon Chaney. Estaba Lugosi, del que él fue uno de los tantos herederos de su Dracula, pero a mi me parece que dada su pasión por el maquillaje y sus transformismos, a quien admiraba sobremanera era a aquel actorazo que un dia recibió las bofetadas (según Andreiev), papel que también popularizó en Argentina, su tierra adoptiva durante muchos años. Tuvo el valor de no desmerecer al original. El personaje del payaso que debe reir en la carpa pero que llora fuera de ella fue un recurso demasiado recurrente en el cine mundial. De hecho, el circo y sus dramas ya empezaban a sonar en 1947 a deja vu. Pero el texto en el que se apoyaba era de categoria. Lástima que la dirección de un tal Boris H. Hardy careciese de brio, de esa pasión necesaria para hacernos creibles los saltos en el tiempo (no sólo los saltos en las alturas de un trapecio). De todas formas, Menta estuvo excelente, derrochando aquello que le iba a acompañar para siempre en su carrera delante de las cámaras: una personalidad artística (esto dicho tanto para lo bueno como para lo malo. Caso semejante al de Paul Muni). Había ahora la novedad de los diálogos, cosa que en la anterior versión muda no era, por razones obvias, lo primordial, lo que acentuaba el componente psicológico (tan años cuarenta) de su torturado protagonista. En el guión colaboró Alejandro Casona (otro asturiano) en tiempos de exilio.
Como queriendo demostrar que sus facultades interpretativas eran más amplias que las que sólo le mostraban al borde de lo criminal, pudo probar otro tipo de turbiedades cuando fue El avaro de Moliere, o cuando representó a Sartre en Manos Sucias, o al emblemático Willy Loman de Muerte de un viajante, por el que ganó el Martin Fierro a la mejor dirección de dramático televisado en aquel país.

Su irrupción en la cinematografía argentina data de mediados de los años cuarenta. Uno de sus roles más emblemáticos fue el del profesor y regenerador de almitas descarriadas Mr. Morgan en Cuando en el cielo pasen lista (1945. Carlos F. Borcosque). Una historia que escribió el importante Tulio Demicheli partiendo de una idea nada original, ya que en el cine mundial había buenos ejemplos del asunto, casi todos siempre apelando al sentimentalismo del espectador. Filme con sabor a turrón y alfajor rancios (de hecho aunque van pasando los años y los mayores envejecen y los niños maduran, siempre parece que estén en Navidad), no cuesta por esto sospechar que el filme es demasiado llorón, hasta extremos irritantes, sólo digerible si sabemos apreciar, por encima de impúdicos lagrimones, ese cántico descarado a la pedofilia total (en su rama masculina). En este sentido, uno de los subtextos más atrevidos afloran en la declaración de uno de los niños protagonistas (Mario, el favorito del profesor, y no me extraña pues es el más lindo pebete, onda Stockwell, de toda la panda de oliverios) cuando, harto de seguirle de institución en taller, le recrimina diciéndole: No. Le dejo. Su mundo es diferente al mío. Usted siempre será infeliz (típico reproche del que no quiere encadenarse ya más al parafílico que lo tiene sujeto sentimentalmente). Más cercano al padre Flanagan que a Mr. Chips, Menta no se distancia de tan "demasiado humano" personaje (casi un san Juan Bosco del arrabal, que por ironías de la vida pasaría a engrosar, a su manera, su futura galería de monstruos), mientras que su caracterización de hombre mayor (tenía en realidad treinta y pocos años), también se añadiría a sus constantes artísticas de ahí en lo sucesivo.
Mismamente en Vidalita (1949. Luis Saslavsky) donde era el abuelo encanecido y vestido de gaucho de la siempre gentil Mirtha Legrand. Aqui Narciso no se hace con la película, manteniéndose en un discreto segundo plano que no será, ni mucho menos, el mejor de un filme que vacila entre lo insólito y lo tópico. Vidalita está ambientada en el siglo XIX y arranca durante unos carnavales de una comarca del interior. Esa es la parte más asombrosa de todas, completamente reivindicable desde un punto de vista bizarro y queer. Saslavsky se vuelve Von Sternberg por un rato y juega a transformar a Mirtha (siempre rubia) en la Marlene de The devil is a woman (1935). Ambiente opresivo y barroco, bailes de máscaras donde revolotean gigantescas peinetas y la apoteosis de un Fernando Lamas más gallardo imposible (y pre Hollywood total) persiguiendo a una Legrand barbuda (reminiscencia del número Hot Voodoo de Blonde Venus pero a los sones de una vidalita) por las alcobas del caserío. Justo cuando Mirtha se ha despojado de sus ropajes de muchacho le abrirá la puerta en un primerísimo plano calcado de cualquiera de los que disfrutó la marlenesca Conchita Pérez en el filme antes citado (ojos enormes y expresivos, cejas bien perfiladas, velos negros excesivos que favorecen el embrujo fotográfico, peineta vertiginosamente en vertical). Sin embargo, la película no consigue mantener esta atmósfera bastante lograda de carnaval onírico y sensual y pronto la trama se desvía a la hacienda del abuelo Menta donde proseguirán los equívocos sexuales aunque ya sin demasiada excentricidad (a no ser por ver a Mirtha disfrazada de indiecito y bailando un zapateado, pese a que fue doblada por el bailarín Rodolfo Zapata). Sea como fuere, Vidalita por esos primeros diez o quince minutos de metraje merecería una atención por parte del cinéfilo de ley. Lástima de un Travis Banton nativo a la altura de esas tan imponentes circunstancias.
Hubo un ejemplo frustrado de cine negro a la argentina, con implicaciones políticas inclusive, que llevó el nombre de La muerte está mintiendo (1950. Carlos F. Borcosque) y en donde Narcisín comenzó a perfeccionar un rol masoquista que con el tiempo dejaría paso al sádico que llevaba dentro. No es que la situación que plantea el filme logre crear una atmósfera de angustia psicológica sino que son personajes constantemente angustiados absurdamente desfilando durante hora y media por la pantalla. ¿El motivo de tanto dolor moral?. La acusación de asesinato del hermano de Narciso (que acaba volviéndose un psicópata). Todos sufren por defender la inocencia de aquel, aunque algunos ni siquiera lo conozcan. Tanto despropósito que bien podría venir inspirado de un Hitchcock o cualquier autor noir de la Fox devino sentimentalismo de calderilla de una manera innecesaria (la enfermedad terminal de la novia del protagonista, mismamente) que sólo se justificarían por una búsqueda de su director de acaparamiento de públicos, aglutinando para ello cuantos más géneros agradables al argentino mejor.

En 1951 encarnó a un poeta de los marginados, que acaba también perdiendo paulatinamente la cordura y que no se alejaría demasiado en principios morales al previo docente de Cuando en el cielo... Aquello se llamó La calle junto a la luna y lo dirigió Román Viñoly Barreto, el mismo que al año siguiente perpetró un alucinante vehículo de lucimiento para el extraordinario Miguel de Molina y que hoy en día es droga pura entre los apasionados por la copla más glam (Esta es mi vida). Filme excesivamente triste, al menos nos hace sonreir esa voluntad de aportar a la filmografía nacional un exponente de personalidad artística con tintes de heroe social (a lo François Villon) aunque, en general, la pobreza direccional y un guión con demasiadas concesiones al folletín y lo hagiográfico (la dictadura de la lágrima) la hacen desesperante. Tan sólo se salvaría una secuencia, considero que sublime, de Menta improvisando en un boliche un tango consigo mismo mientras a su alrededor bailaban parejas y sobre una tarima le increpaba su chanteuse. Tiene algo de desquiciado ese momento (los planos rápidos, los angulares atípicos) que me recordaron a la inmortal Balada para un loco de Piazzola y Ferrer.
Y loco bien pudo volverse en Procesado 1040 (1958. Rubén W. Cavalloti) pues lo encerraban preso sin demasiadas razones (o al menos están eran del todo excesivas: a partir de un hecho nimio, se malinterpretaba de tal forma que lo que había hecho-cortarles a unos vecinos una enredadera del todo molesta- acababa siendo un delito de aplastante lógica. Lo del "procesado", evidentemente, debía venir de Kafka). Pero Menta y, gracias sobre todo a este director, logró una interpretación comedida, una de las mejores de los años cincuenta. La incorporación de actores muy sobrios facilitaron que la egomanía de Narcisín se apocase frente al elenco artístico que le acompañaba en el patio y la celda -todos excelentes- dando como resultado una película de estructura coral. En este sentido, fue un hallazgo la composición del actor uruguayo Walter Vidarte, que aquí debutaba en el cine con una caracterización casi gassmaniana de su recluso Zorrito (estaba muy reciente I solti ignoti). O el guapazo Carlos Estrada, más jóven imposible, como futuro yerno de Narciso. Pese a insistirse en el arquetipo mentil del hombre mayor, heroe de barrio que trasciende a heroe nacional, los resultados esta vez fueron menos lloricas.
Con su primera esposa, la inmensa Pepita Serrador, la mitología de nuevo se dispara impidiéndonos ver un bosque que desmentiría la durabilidad perenne de aquel binomio tan talentoso. Da la impresión que fueron una pareja eterna, de que hablar de la intimidad de Narciso y no venírnos a la cabeza el nombre de esa gran dama es poco menos que una idolatría. Y, en cambio, no reparamos que ellos se habían separado ya en un lejano 1940, cuando ni siquiera muchos de nosotros habíamos nacido. En este post, la grandeza de Doña Pepita no pintaría nada, pero no puedo resistirme a afirmar que robaría y... mataría, incluso, por encontrar alguna grabación de su Rosa Tatuada, que al decir de muchos críticos seniles nada tenía que envidiar con la de la original, o sea Anna Magnani.

Pero volvamos al fantasma del mes. No importa que no hayamos visto sus actuaciones televisivas del canal 9. Porque nadie le negará el mérito de haber sido el gran difusor popular e hispanoparlante de la obra de Edgar Allan Poe. En sus Obras maestras del Terror (mediados de las años cincuenta) dio un complejo repaso al universo del autor de la Ligeia. Y cuando su serie de televisión tenía el suficiente material se eligieron tres de ellas y se realizó el insólito Obras maestras del terror (con Valdemar, El tonel y El corazón delator). Esto pasaba incluso antes de que Roger Corman la emprendiese con el ciclo famoso.
De las tres adaptaciones yo me quedaría con su Tonel del amontillado, independientemente que la historia de la primera sea tan conocida como para que no nos moleste su excesiva teatralidad o que la tercera revista el curioso añadido de ser un téte a téte emocionante entre Menta y su hijo, el ya inquieto Chicho, aqui todo un pimpollo con aspiraciones a galán atormentado (la caracterización de Menta como el relojero judío es magnífica -¿calco de su previo Rasputín para la TV?- y alguno de sus monólogos extraordinariamente bien matizados). Sin embargo siempre he sentido debilidad por el Tonel. Ese cuento de una venganza (desde luego, muy atroz) que el bodeguero infringe sobre el vividor que ha acogido en su casa, tras averiguar el adulterio entre su esposa y éste. Plagada de romanticismo, de momentos de fiesta (la vendimia) y de erotismo con aroma a clandestinidad (no en vano, el aventurero lo protagonizaba un arrollador Carlos Estrada pre- Tula), será en su parte final donde Menta se esmere en transmitir de forma contenida toda la ira de su personaje, sepultando vivo a los amantes en la bodega (ella ya estaba en el tonel, Estrada permanecía impasible, emborrachado por el esposo y atado con grilletes. O sea, impotente ante tanto horror).
La interpretación de Menta tiende a lo petulante, pero nunca resulta histriónica. Tiene un algo de toque british, una sabia combinación de ironía y frialdad, esas delicias a las que luego el hijo, con sus presentaciones televisivas, tanto nos acostumbró. Todo venía del padre.
He visto muchos títulos de terror mexicano, incluso alguno argentino de época (Emilio Vyeira parece ser un aparte pero, digan lo que digan, es soporífero a más no poder) y hay que reconocer que, en general, las películas son muy malas pero que en sus mejores casos conservan una atmósfera maravillosa. Tambien deberían constar como joyas del humor involuntario, a menudo puro surrealismo. Y, en última instancia, como si fuera una regla de oro de cómo ver estas películas, es necesario estar predispuesto a la generosidad y la conmiseración con un cine muchas veces raquítico en medios y, desgraciadamente, en intenciones pero que al echarle tantos arrestos no deja de asombrar. Desconozco si sería así cómo habría que enjuiciar a Narcisín. Fotografías de sus Draculas lo muestran tan irreconocible como circense. Y eso ya no es empezar demasiado bien. Convendría tener presente que la misma evolución cinematográfica del personaje de Stocker hacia lo farsesco, a raiz de El baile de los vampiros, permitió que lo retomara desde un punto más irreverente, introduciéndose en los campos del horror frívolo (o camp, como se decía en su momento). De la misma manera habría que entender su caracterización de nada menos que Adolf Hitler, en una fabulación en torno a la hipótesis de que este hubiera sobrevivido y estuviera refugiado en un país de Sudamerica (El monstruo no ha muerto, 1970. Tv). Cuanto delirio acometía el actor siempre era redimido por su prodigiosa voz (de afectación necesaria al tratarse de personajes extremos) y sus caracterizaciones (de las que era máximo responsable). En La saga de los Dracula (1972. Leon Klimovsky), uno de los terrores españoles más populares de su época, perpetrado por esa Hammer de andar por casa que fue la productora Profilmes, su rostro pasa del pálido a lo gris en lo que sería una irresistible manifestación de la estética glam tan en boga. La cinta es muy mala, como de costumbre. Pero es curiosa la influencia que parece haber ejercido (pésimamente) sobre ella otro de los títulos capitales del Polanski macabro: Rosemary's baby. Viendo el proceso de enajenación mental de una insólita (y grande, en su pequeña estatura) Tina Sainz al ser mordida por el hijo que espera (y que no es otro que el destinado a perpetuar la estirpe draculínica) nos damos cuenta que los ojos de director (Klimovsky) y guionista (Emilio Martin Lázaro) estaban puestos en el feto del demonio. También sería reseñable el culo de un Toni Isbert de cabellos rubio platino (entre Klaus Kinski y Barbara Rey) o los azogues lúbricos (senos incluidos, tan adecuados para las dobles versiones) de la siempre espléndida Helga Liné. Pero, por encima de todo, manda Narcisín... y su sonrisa desmadrada final, con ese rimmel, esa clase, esa premonición del Tino Casal medio glitter medio afterpunk.

En cambio, en su siguiente colaboración con su compatriota Klimovsky (Odio mi cuerpo. 1974) quien verdaderamente mandaba era la espléndida Alexandra Bastedo, bellezón revelado en la serie televisiva The champions (a la sombra de Los vengadores. En España se tradujo como Los invencibles de Némesis) y aqui luciendo una afortunada androginia, casi sebergiana (al menos hasta que no se empeñaba en colocarse pelucas de putón, claro). El de ella era un papel tan enloquecido como la propia película, mucho más descacharrante que la saga anterior. Hacía de una enferma terminal a la que le habían trasplantado el cerebro de un putero informático. La operación la realizaba evidentemente Narciso con su ayudanta, la doctora Gemma Cuervo. Al comprobar con horror el cuerpo que le había quedado (si, algo insólito: el hombre lesbiano aún quedaba muy utópico en este pais) el ingeniero juraba venganza y asesinaba, para abrir boca, a ambos mad doctors. Esto sólo era el comienzo de una estrafalaria historia que mezclaba lesbianismo, misoginia, represiones sexuales y ciencia ficción, para naufragar en todos los sentidos. La premisa de partida (tan rica, tan original) en cambio no era aprovechada como se debiera, perdiéndose en una serie de redundancias que acababan en la inverosimilitud más surrealista (y es que a la Bastedo, agotada de rechazar a los hombres que la acosan, se le ocurría la feliz salida de...¡hacerse prostituta!). Sin embargo, en su último tercio poco importaron las pulsiones sexuales de la bella con cerebro masculino, pues la trama derivaba hacia la intriga, el giallo y lo truculento sin más. Pese a tan breve papel, nadie dudó que el señor Menta era el individuo idóneo para llevar a cabo el trasplante de marras.
Otro amante de la siniestrez patria llamado Naschy, en su egolatría vergonzosa, rara vez se ha referido a la grandeza de este spanish monster, se contenta con autoproclamarse tan enorme como Karloff. Pena de pais, que no sabe valorar como debería a los verdaderos magos de la antigua farsa. Como Ibáñez Menta, nada menos que el hombre del saco de mi niñez.
THE BOB MIZER STORY


" No tienes ni idea de lo leal y obediente que puedo ser. Por un salario"

Glenn Ford a Geor
ge MacReady en Gilda (1.946. Charles Vidor)

Capítulo III

La revista de marras

El primer número de Physique Pictorial costaba 12 centavos, lo que valía el prestigioso Life. El tamaño era de 18,
5 cm x 13, 3 cm. Y sólo tenía diecieseis áginas (pronto los duplicaría quedando así y con el mismo tamaño hasta su último número en 1990). La aparición era trimestral y las fotos eran todas en blanco y negro. PP era un cuadernillo ilustrado de físicos, como su propio nombre indicaba. A los modelos les acompañaba un pie de foto donde se especificaba el nombre, la edad, las medidas, un breve historial de aficiones y una clave de catálogo a la cual podía recurrirse si se deseaba conseguir toda su serie fotográfica. Se anunciaban los estudios más importantes del momento, cada uno con sus fichajes respectivos, y no sólo estadounidenses, también de diferentes paises europeos y asiáticos (cabe reseñar los deliciosos catálogos del francés Arax, con sus bonitos chavales con caras de Delon y los británicos Scott Studios, cuya particularidad era fotografiar a los tíos embutiéndolos en slips tres tallas más pequeñas; en este estudio hizo aparición un fugaz cantante llamado Rick Wayne, que en su momento fue uno de los protegidos de mi admirado Joe Meek). Había también una página de moda para interiores: el posing strap, los boxers, los maillots de trapecista, los slips de estilo selvático...¡hasta leotardos!. Un sinfín de variaciones tales que el mismísimo Calvin Klein palidecería de envidia. Y todas las prendas lucidas por modelos especializados en este menester. Ni que decir tiene que tamaño despliegue favoreció en grado sumo la aparición de un secreto star system que abarcaría a cientos de nombres, una suerte de sistema alternativo al que existía en el cine norteamericano , sólo que de alcance muchísimo más minoritario pero no por ello menos apasionante.

Modelos de ropa interior habituales en el PP fueron Don Reyes, Joe Leitel, Richard Harrison y, sobre todo, el exquisito Dave Wyler, principito en calzoncillos que fue fotografiado de forma constante por Mizer desde sus dieciseis años hasta casi la treintena. Los lectores se familiarizaban tanto con estos pimpollos, seguían con tanta devoción sus evoluciones físicas que llegaban a forjarles una mitomanía muy cercana al amor platónico (en el caso de Wyler es conmovedora su evolución de blondo efebo con corte de pelo crew cut del principio a la madurez morena y semititánica de sus veintimuchos. De Adonis a Hércules en tan solo doce números. Si alguna vez Terry Lee tuvo una plasmación humana, ésta debería ser sin duda este Dave Wyler de las "fashion for athletes").

La quinta de Mizer
Si Dave Wyler era un yogurcito propiedad de la AMG, el resto de los estudio
s tenían los suyos propios. Spartan acaparaba a Sandy Gordon (que trocaría su nombre con el paso de los años, devino Hugh Pendleton, perdida su fresca lozanía) y a su hermano Peter (sencillamente un guapo de morir) o Paul Lloyd (rubia pareja en fotos de Peter). Bruce of L.A. contaba con el muy destacable atractivo de Gene Meyer y Marve McPike, Dave Martin de San Francisco hizo suyo al imperial Bud Counts (que con su concha fue una de las mejores portadas del Physique Pictorial en toda su historia) y el morenísimo Zaro Rossi (ojito derecho también del pintor Quaintance). Y Bob Delmonteque se tenía a si mismo: era fotógrafo, modelo, dueño de un reputado gimnasio, sacaba sus propios catálogos... En fin, una estrella, habitual tanto en las revistas serias de Joe Weider como en las criptogays. Y es que estas últimas con el éxito de PP comenzarían a florecer como los hongos. Fue la primavera de la carne animando los rincones más oscuros de los quioscos yanquis: Vim, Trim, Grecian Guild Pictorial surgieron al calor del santo patrón mizeriano. Pero la suya fue una corta vida.
En 1954 aparecieron de la manos sabia de la editorial de Weider, las nuevas revistas
con portadas en color, ¡bendito kodachrome!. Como Adonis y American Manhood. Pese a la dura competencia, la cuadra de machitos de Bob no hacía más que crecer. Sus bombones eran ya nombres propios dispuestos a gozar de una categoría estelar. Y ahora que he mencionado lo de los nombres propios, ahí va un dato curioso: en el número 1 aparecían unas fotos muy pequeñitas de unos chicos llamados Larry Flint y Randy Newman, nombres como de celebridad, a mi por lo menos me suenan mucho. Si los susodichos eran los que estamos todos pensando es algo que no he podido comprobar. Asi que nada, pero todo pudo ser... En cualquier caso, hubiese sido un inicio de carrera tan respetable como cualquier otro. Y hasta bonito. Y en Larry, previsible...

continuará

26 febrero 2007

DAILY STRIP TEASE PARA IRSE A DORMIR


POLLY & HER PALS (1.912) de Clifff Sterrett

Esta noche un clásico enorme y al que no le haremos justicia, por limitaciones de tiempo. Polly y sus compañeros... Los papás de Polly, Maw y Paw Perkins y su estrafalario y cambiante hogar. Ellos son los que provocan la verdadera acción del cómic con sus increibles aventuras.

Destacar a otros personajes: Asher, oveja negra de la familia. Angel, un niño diabólico. Y Polly, siempre Polly, moderna, típica flapper olvidadiza que se movía en segundo plano, agasajando a un sinfín de compañeros imbéciles. Polly instaura un estilo en las chicas del comic venideras (Blondie, por ejemplo, le debe un potosí). Pasa de rubia a morena; es, como dice Coulton Waugh, el retrato perfecto de una chica - diosa americana.
Gran originalidad gráfica. No ha habido una serie igual. Experimenta Sterrett con elementos del surrealismo y el cubismo en diseños cada vez más sofisticados. Polly & her pals es, sencillamente, arte moderno.

POST 1.200 POST MCC POST MCC POST 1.200

* Tiempo de balances. Lo más
importante de estos dos últimos meses que van del 1.100 al 1.200 es que por fín me decidí a cambiar a la nueva versión de Blogger (decisión forzada, no te quedaban mas güevos si querías acceder a las entradas). Despues de cumplimentar unos requisitos elementales, la novedad ya está aquí, con todos vosotros. Casi es imperceptible pues no soy yo muy dado a las virguerías informáticas (aun no sé poner links, fíjate tú). Pero por lo menos el tema de etiquetas creo que es muy interesante, por lo útil (buena falta hacía, y más en este tipo de blogs barrocos, alambicados y laberínticos).

Así he tenido que emprender un laborioso proceso de etiquetado con cada una de las entradas de este Fantasía Mongo II. Algo que me ha deparado la sorpresa de pasarme por determinados meses y comprobar como habían dejado atrasados comentarios gente n
ueva como Gloria (many thanks!), personalidades aristocráticas como el nietísimo de Jardiel Poncela (para mí es un honor el que haya un lector de ésto que tenga alguna relación directa o indirecta con ese Fénix de los Ingenios. Recomiendo sus Humoradas, las de Gallud, aunque disienta de él en que Cary Grant pusiera siempre la misma cara: actuaba con ella, sus gestos faciales eran variadísmos, parte fundamental de la screwball comedy y tan expresivos como una caída al suelo o una rotura indiscreta de vestido) y la vieja guardia, o sea, el buen Esteban que reaparecía en plan Guadiana entre huidizo, entregado y alucinante (lo de la hija me ha dislocado, ¿otro caso de fantasía compulsiva, de desdoblamiento de personalidad, quizá?). Sea como sea, la fisonomía del blog ha quedado más concretizada ahora gracias a las etiquetas estas y así, tal cual, se plantea entrar en los próximos días en lo que va a ser el último trimestre de su existencia. No voy a adelantar nada más, lo dejo para el 1.300. Pero creo que ya queda claro que esto se va a parar. Conviene un descanso.

*Entre tanto seguimos acumulando posts. Ya sabeis que yo cuento desde el principio, desde la primera parte de Fantasía Mongo, cuando arrancamos en octubre de 2.005... hablando de Operación Triunfo, de la serie Arriba y abajo, de Teorema... ¡qué tiempos, si aún no publicaba fotos ni nada...!. ¿Cuando me pasaré al youtube... ? Buff, creo que nunca...
Si hay que hacer balance hay que mentar a mi admirado, aunque un poquiiiito menos que Dildo y el Zurdo, David Farrán de Mora (ex alias David Glamour). Sus artículos en Mondo Brutto, fanzine en el que tengo el orgullo de haber colaborado, y ahora venido a menos (el fanzine, no David: es posible que de alguna parte de la flojedad de su última etapa tenga yo la culpa, unido ante todo a la marcha de sus firmas más señeras: el primero, David o posiblemente el Zurdo, no lo sé con exactitud) eran descac
harrantes. Es una lástima que en su blog de putalocura.com no se perciba tanto ese pasado glorioso salvo en detalles puntuales (en cualquier caso lleva a penas dos meses, conviene esperar a que el proyecto madure. Si eso quiere el interfecto, claro). Tras haberle dejado un comentario laudatorio hace unos días, me lo agradeció añadiéndome en un enlace. Me alegró una barbaridad. Aunque, si me lees, David sólo una salvedad: está bien que ahora adoptes cierto berlanganismo en tu tratamiento de la vida social y del ringorango del fenómeno clubbing, pero, por favor, no nos metamos tanto con Nachete y luego pequemos de sus mismas filias, recomendando bogabantes del LIDL y similares mariconaditas, porque estamos en la misma... Mi Glamour preferido sigue siendo aquella glorificación del campysmo rancio que tan bien analizabas en los primeros números de aquella revista y ahí me quedo. Con todo, siempre es un placer reencontrarte y, aún más, el que me hayas introducido en tu decorado.

*Pues esto es todo, amigos. Que aquí seguimos, con más moral que el Alcoyano. Disfrutando un poquito más de las tardes de sol (ahora que al fín he acabado de archivar mis miles de pelis robadas en Internet), con la cabeza bien alta y los proyectos en su recta final. Pero, no os preocupeis. Siempre hay una sorpresa guardada para vosotros (como dirían mis amiguetes de Luxuria & Confettis). Visitad este blog a diario, una actividad tan insana como altamente recomendable.
BOOKS I LIKED. By "the famous norteamerican woman's writer"

PHILIP ROTH'S RUDE TRUTH. The art of immaturity
Ross Posnock

" Has anyone ever worked harder and longer at being immature than Philip Roth?. The novelist himself pointed out the paradox, saying that after establishing a reputation for maturity with two earnest novels, he 'worked hard and long and diligently' to be frivolous--an effort that resulted in the notoriously immature Portnoy's Complaint (1969). Thre-and-a-half decades and more than twenty books later, Roth is still as his serious 'pursuit of the unserious'. But his art of immaturity has itself matured, developing surprising links with two traditions of immaturity--an American one that includes Emerson, Melville and Henry James, and a late twentieth- century Eastern European one that developed in reaction to totalitarianism. In 'Philip Roth's Rude Truth'--one of the first major studies of Roth's career as a whole--Ross Posnock examines Roth's 'mature immaturity' in all its depth and richness.
Philip Roth's Rude Truth will force readers to reconsider the narrow categories into which Roth has often been slotted--laureate of Newark, New Jersey; junior partner in the firm Salinger, Bellow, Mailer, and Mamalud; Jewish-American regionalist. In dramatic contrast to these caricatures, the Roth who emerges from Posnock's readable and intellectually vibrant study is a great cosmopolitan in the tradition of Henry James and Milan Kundera."

25 febrero 2007

DIRIGIDO POR...FA. 

Roy Clements y The Tiger's coat (La pureza de sangre de una revolucionaria en Hollywood)

Tan rutinario como eficaz, el realizador Roy Clements es uno de los pioneros del cine norteamericano. Su carrera comienza en 1914 y acaba con el advenimiento del cine sonoro. A pesar de haber desarrollado su faceta artística en otros campos, como fueron el teatro y la literatura, será en el cinematógrafo donde se concentre su mayor actividad. No fue un realizador de relieve, pero siempre es aconsejable ver a estos artesanos desde una distancia respetuosa, en tanto que desde su modestia afianzaron un estilo y un canon ético muy válidos y que se prolongaría a través del tiempo de manera asombrosa. Su acercamiento al espinoso tema del racismo tampoco era nuevo (El nacimiento de una nación es una obra maestra con la mancha de un signo moral contrario), en cambio la huella de su crítica (discreta) a los prejuicios clasistas (y racistas) puede palparse en títulos dorados del melodrama de un Stahl, de su hijo legítimo Douglas Sirk e incluso de Stanley Kramer. O sea, cine de buenas intenciones y, a la vez, muy apegado al conservadurismo hollywoodiense.
No en vano The Tiger's coat (1920) se basa en una novelita convencional de Elizabeth Dejeans en la más trillada tradición de best sellers para mujeres. La Dejeans pertenece a una generación de escritoras en la que habría algún día que reparar. Novelistas en búsqueda de la comercialidad y que hicieron su agosto no bien los productores de los grandes estudios repararon en ellas con ánimo de adaptar sus ideas al cine (una Elynor Glynn, una Adela Rogers St. John, inclusive cabrían aqui Pearl S. Buck y Anita Loos).
Pero lo que más llama la atención casi noventa años después es su protagonista femenina: nada menos que la fotógrafo mítica y aventurera inagotable Tina Modotti. El porqué una mujer tan extrema, una heterodoxa experta en olfatear revoluciones aceptó un papel que parecía ideal para una Lupe Velez o, si me apuras, para una Greta Garbo prematura sólo se explica desde su personalidad de artista multidisciplinar y amante del riesgo. También es posible que su pasión por Mexico y sus gentes más desarraigadas (su falsa Jean Ogilvy pertenecía a la casta de los descastados) hubiesen tenido la culpa. Era su tercera película (y la última) en los Estados Unidos. Era su tercera mexicana consecutiva. Visto el panorama la Modotti cambió de rumbo, y se forjó una leyenda de comunista recalcitrante.
A pesar de ser una fotógrafa profesional (su maestro fue nada menos que Edward Weston) su fotogenia es deslumbrante (no en vano había posado para Weston en repetidas ocasiones). En cuanto a su belleza es irreprochable. Pese a no ser mexicana (aunque latina, pues era italiana) lucía como una chamaca de Chihuahua. Esa semejanza sustenta la intriga de la historia, que parte de unos conflictos de intereses financieros de unos empresarios californianos y que se complica al entrar en escena la Modotti, usurpando la identidad de la hija de un amigo moribundo del protagonista masculino. Este acoge a la muchacha creyéndola escocesa. Pero el entorno (vecinos y rivales) sospechan de su nacionalidad al verla tan morena, tan re guapa con ese vestuario azteca chic. Mientras ambos se enamoran y se comprometen a casarse, los rivales investigan. Se descubre que aquel amigo escocés y su hija en realidad habían muerto por la fiebre amarilla en Mexico y que esta señorita los había cuidado hasta el último momento. En ese instante fatal ella había prometido a los moribundos que dada su carestía económica pasaría por quien no era, pudiendo así beneficiarse de un status que en Mexico no tenía. Todo el petate sale a relucir en vísperas de la boda. Entonces el protagonista se echa atrás y la rechaza pese a las razonables explicaciones de ella. Se siente ultrajado y además perdido en la inconsistente vorágine del qué dirán y de su propia animadversión hacia los que no son purasangres. Pasado el tiempo, el jóven vuelve a encontrarla actuando como bailarina en un teatro. Va a su encuentro pero es ahora la chica quien lo rechaza a él. En el último minuto, por una extraña maniobra del guión (exigencias de un final feliz) ambos terminan juntos y abrazados prometiendose amor eterno. Admirable Modotti arrodillada en signo de reverencia hacia el macho hundido (pese a que no lo merecía en absoluto).
La historia es lo suficientemente atractiva para el gusto popular como para que además en manos de Clements funcione con corrección. Pero repito que el mitómano lo que más valora es el testimonio vivo de una mujer única y excepcional, la gran Modotti que poco después se embarcaría en mil batallas: luchadora sandinista, acusada de conspiración del asesinato del Presidente de México, impulsiva manifestante pro Sacco y Vanzetti, participante de la fundación del Socorro Rojo, trabajadora de las Brigadas Internacionales en España, llegando a combatir en la Sierra de Madrid en la guerra civil... Y, desde luego, una estupenda creadora fotográfica, que antecede a Salgado y cuyos desheredados (materia humana de hondo impacto visual con la que, mismamente, Buñuel reflejó el horror de la miseria, bien se llamase Las Hurdes o Los Olvidados) todavía consiguen ponernos los pelos de punta. Cuando en una escena memorable de The tiger's coat raja el cuadro que la muestra objeto del deseo del explotador yanqui, de alguna manera estaba rompiendo su contrato con una industria vanidosa y artificial que no hacía más que apoyar desde sus bases capitalistas las terribles injusticias de su siglo.

DIALOGOS DE CARMELITAS

Hoy... DESCALZAS ANTE LO RODADO

Carmelita A:
No me digas que no te mueres de las ganas por ver lo que hemos filmado hoy.
Carmelita B:
Mi corazón palpita. Ha sido tan excitante... Tanto exterior, con esa luz preciosa y esa estupenda idea de hacerme seis primeros planos a bocajarro... Oh, Carmelita. Que maravillosa idea tuv
iste comprándote la cámara digital.
C.A:
Y no estamos haciendo lo que yo en un principio quise. Pero te digo una cosa, a esta película hay que meterle un par de escenas subiditas de tono.
C.B:
¿Cómo vamos a hacer para volcar el microfilme a la pantalla?
C.A: Tu déjame a mi, que un día se lo vi hacer a Robustiana Delamére cuando nos puso en su casa el video de la comunión de la pequeña de la saga. ¿Tienes cinta aislante?.
C.B: Espera, miro en el costurero... Toma, ¿te vale esto?.
C.A: Yo creo que sí, tengo aqui un poquito de maría, vete liando.
C.B: En el género peplum podemos hacer cosas verdaderamente grandes. Además siempre puedo lucir más bonita...
C.A: Pues ya verás maña
na cuando llegue Mimmo. Menudo chulazo te va a hacer la corte, guapa...
C.B:
¿Dónde lo conseguiste?.
C.A:
En una agencia de putos, ya te dije... Lo malo es que éste tiene mechas doradas... Le advertí que lo quería moreno, que el techniscope ni las mechas ni los reflejos los tolera bien...
C.B: Acuérdate de los desprendimientos de retina que produjo en los cines la visión de la peluca lila de Jayne Mansfield en "Gli amore de Ercole".
C.A:
Por eso te digo... bueno, creo que ya está... Toma, enchufa la tele... Vamos a volcar el recipiente fotovoltaico este...
C.B: Ya está... ay, qué emoción... Mama, mira que si salgo más gorda... dicen que la cámara ensancha cosa mala...

C.A: Ahora le doy al tracking...
C.B: .... No va...
C.A: Tiene que ir..., ay qué coño...
C.B:
Dale, al plaything...
C.A:
Que no, es en el tracking, o ¿es pulse?.
C.B: Pulse será expulsar... la misma palabra lo dice.
C.A: Ah, claro. Pon el canal home video... ahí... quieta, no lo muevas... pues nada, esto no va... A lo mejor no se filmó... Espera...
C.B: Déjame a mi... Jamalají, jamalajá, cualquier poltergeist... se resolverá.
C.A: Ostiaa, mira... eres tú.
C.B: Ha salido la pinícula, mira... Sierra Morena...
C.A: Dios, que de puta madre... ¿te has fijado en ese barrido que he hecho?. Ahí estás tu.
C.B: Oh.
C.A: ¡Qué!. ¿No dices nada?.
C.B: Estoy rarísima, no me reconozco.
C.A:
Claro, como que vas vestida de Reina Morfele, nada menos. La que separó a golpe de coño dos imperios antes anexionados.
C.B:
Creo que esa peluca no me f
avorece...
C.A: Esa peluca es maravillosa, esconde tus rasgos faciales más cristianoides. Tu tienes que ser devota del Dios Bubú, el que todo lo puede. Y esa clámide te queda un poquito prieta, has engordado...
C.B: Como que es la que usé en una representación del Ifigenia en Tauride en mi época de las ursulinas. (...) Y bien, ¿cómo justificas estos treinta segundos de plano de estercolero?. Con esas cacas, y esos condones inmundos...
C.A:
Tu déjame a mi, a mi aire. Yo sé lo que me hago. Lo que busco es una mezcla imposible..., algo que se dio en Nueva York en los años sesenta, una especie de peplum underground al estilo de Mike Kuchar y Taylor Mead. Mira guapa, ahora sales bebiendo en el río. Molto pastorale...
C.B: Una poza que no es igual... como pille el tifus.
C.A: Es verdad, que tu todo lo pillas. Pásame el porro..., pero casi mejor, acuérdate de lo que hablamos de que tu personaje al final moría de sífilis.
C.B:
Vuelve a ponerlo.

C.A: Te has gustado, ¿eh?.
C.B:
Soy otra. El caso es que no sé cómo me entenderé con ese musculoso.
C.A:
Pues por la mímica, que por algo es Mimmo. Aunque sea de Génova..., además que no quiero que haya muchos dialogos. Mi intención es la de recuperar cierto primitivismo parecido al de los pioneros franceses.
C.B:
¡Cuanto sabes!.
C.A:
Tres años en un videoclub, bonita. Quieras o no... Bueno, esto ya lo hemos visto bastante. Por lo menos sabemos que la cámara funciona en exteriores. Ahora lo que vamos a hacer es repasar el planning.
C.B: ¿Cómo?.
C.A: ¿Has escrito algo?.
C.B: Ah si, te lo traigo ahora...
C.A: Por eso, ve... Qué mierda de costo nos ha vendido el moro ese... Joder, sabe a anchoa.
C.B:
Toma.
C.A: ¿Has escrito tanto?. Buff, madr
e mía... No entiendo muy bien tu ortografía, parecen jeroglíficos, haber lee tú...
C.B: Resumo basicamente... El retorno de Basuramis... Resto de escenas de la 5 al The End: después del ataque que sufro con las vaquillas, aparece Golia que es Mimmo y que me salva por los pelos de un empitonamiento. Entonces para recompensarle le canto el Capullito de alhelí como mejor puedo. Bien... resulta que luego me lleva en brazos hasta la corte y yo me enamoro de él pero no mucho porque en realidad a quien yo quiero de veras es a un humilde mozo de establo, no tan musculoso como Golia, y que pinta cuadros al oleo en la intimidad, pero mi amor se apaga progresivamente ante la aparición de un joven de condición social superior que acabará llevándome al tálamo. Este rico potentado en verdad es un homosexual enfermo de lo suyo que se pirra por el gladiatorismo. El caso es que Golia ha sido apresado por las fuerzas vivas de mi reino y ha acabado introducido en el submundo este. Mi joven esposo lo compra y lo hace su amante. Yo al descubrirlos en el pajar, sufro un síncope y es cuando tengo un monólogo de diez minutos que bien podría resolverse con un primer plano bergmaniano. Total, que concluyo que lo mejor es pagarle con la misma moneda y me lío con el pobrecito mozo de establos que a esas alturas vive atormentado por el recuerdo
de su primera novia que había perecido en un incendio y que en su paranoia no para de pintar como si fuese una muerta rediviva. Este jovencito me consume comparándome con ella, hasta el punto que me tengo que vestir, pintar, comportarme como la anterior... entonces me voy a vivir a su choza que regenta una horrible ama de llaves con tendencias sáficas que, por supuesto, quiere tirarme por la ventana de su primer piso sin conseguirlo. Esta mujer es la cizañante... Por fortuna, la guerra de Secesión estalla y romanos y cartagineses emprenden una furibundia de larga duración. Quedamos sin machos. Golia muere de Sida frente a la imágen de la Virgen del Pilar en Zaragoza y su amante envenenado por unas natillas que le preparé yo en un cambio de rollo. Aqui ya podría ir introduciéndose lo de mi contagio sifilítico, con detalles sutiles que afectan a mi comportamiento, no sé... voy perdiendo la visión... chiscando un ojo... y también empiezo con una cojera... de gran actriz, ya sabes. En cuanto a mi habla, puro ceceo... porque la sifilis se ceba en mis ganglios... Tu, si quieres, puedes hacerme un primer plano de campanilla. En cualquier caso, me da que lo de la venérea podría ser tan sólo un típico macguffin. Tras un incendio y una epidemia de cólera, el mozo vuelve pero ya no me quiere. Me dice que se va a Casablanca a trabajar en la hostelería con un tal Rick y que me busque la vida como sea, que a él le importo un carajo. Encima se ha dejado un bigotillo que no le va para nada. ¿Y qué hago yo sóla en casa, con un hambre de la hostia, sin mi imperio ni mis joyas, con un ama de llaves que lo único que hace es traer niñas a casa para pervertirlas?... Y aqui, estoy estancada, ya no sé como seguir el guión, si introducir algún elemento fantástico, el cual te habrás percatado de que se echa en falta a lo largo de toda mi exposición, como un monstruo marino o una criatura prehistórica o, por el contrario, tirar más por el realismo, aportando toques candentes de actualidad como las mujeres maltratadas, el terrorismo islamita o el carnaval en Tenerife. ¿Tu qué opinas?. Otra cosa: ¿tu no tenías el teléfono de Charlton Heston?, es que tenía un taparrabos aquí...

Potopofff


C.B:
¡Carmelita!. ¿Qué te pasa?. Se ha desmayado... Le ha sentado mal el porro... Tiene que ser eso. El que fumé esta mañana me dio una cagalera de órdago. Carmelitaa, reaccionaaa, voy a buscarte aguita del botijo...

continuará

24 febrero 2007

INFANCIAS VERDES. Capítulo vigésimo octavo

Tuve pocas amigas de niño, pero las que tuve se mantuvieron fieles a mi durante bastante tiempo. Eran compañeras de la calle, Fleming girls que cuando yo no
estaba se lo pasaban saltando a la comba y en similares juegos femeninos. Ellas eran Marta, Arancha y Susana, tres buenas piezas, tres ángeles de Charlie cada una más cerca del infierno que de otro lugar. ¿Porqué no tenía yo amiguitos del barrio?. Supongo que porque sus actividades no me interesaban lo más mínimo. Además, al decidir un buen día que prefería la compañía de las niñas a la de los varoncitos, estos me excluyeron de inmediato de su círculo castrense. Si habían sacado sus propias conclusiones hacia mi en una de tantas reuniones pandilleras lo desconozco, tal era la distancia que nos separaba. A mis oídos nunca llegaron potines aludiendo a lo rarito que era, porque aparte que nunca fui merecedor de un comentario grueso, a grito pelado, en tanto que yo carecía de pluma. Era sensible si, delicadillo en afeites, suave de formas... pero en modo alguno tenía pinta de mariquita en ciernes. Apreciaba a aquellas niñas que me habían elegido en su corro de la patata porque, supongo, les resultaba atractivo. A mi en cambio ellas no me resultaban guapas, porque no lo eran (desde luego, ni punto de comparación con mis primas de La Coruña que eran todas nuevas Shirley Temples y Brooke Shields) pero sí que adoraba su creatividad en los juegos, me encantaba observar sus comportamientos, diferentes en todo a los que tenían los niños de mi colegio, encima eran fantaseadoras y en sus mejores momentos muy zalameras (cosa que potenciaba mi ego ya de por sí bastante vanidoso). Porque cuando me buscaban de forma especial, querían ser mis novias. Esto, dicho sea de paso, era un detalle carente de importancia. A lo mejor cuando una coqueteaba conmigo era unica y expresamente para dar celos a las demás. Con lo cual en una temporada veraniega podía ser tranquilamente noviete de cada una de las tres, sin deslomarme y, mucho menos, sin empalmarme con ninguna. Por lo menos a mis diez años, no recuerdo haber tenido fantasías con ellas (bastante tenía ya con los calentones que me procuraban mis ídolos de la pequeña pantalla).
Marta, Arancha y... Susana de bonus track, para un baby Hilarión muy poco zarzuelero. Cuarteto gamberro que se adueñó de una parcela de calle, que tenía un par de portales
como reino de la intimidad. Jugando con las señales de tráfico, con los contenedores de la basura, con los cartones sobrantes del comercio de mi padre y su socio.
Ellas eran asi:

ARANCHA: Venía en vacaciones desde Madrid con sus padres y hermanito (un redicho asesinable) a ver a su abuela (abramos un gran paréntesis para esta señora: espantosa bruja, criticona como la que más y dueña de unas habitaciones que alquilaba a los transumantes más mugrientos del contorno. A nadie del lumpen le impedía su porción de camastro + letrina. Una vez mi amigo Manolo el de Toledo en uno de sus viajes a Galicia se le ocurrió parar donde la vieja y lo recuerda como una de las experiencias más dostoievskianas de su sofisticada vida: en pleno invierno sin mantas en la cama, con algo que se movía parecido a la chinche... Y aún por encima, teniendo que aguantar los test psicotécnicos de la fulana para poder entrar en tamaño estercolero). La nieta era caprichosa, envidiosa y dominanta. Tenía que ser siempre lo que ella quería. Su intransigencia me sumía siempre en continuos bajones de moral. Fisicamente era una suerte de urraca parlanchina, de lacia melena (lo único atractivo de la repelente) y cuello muy corto (cual los niños de La Gata sobre el tejado de cinc). Una típica de su sexo: cuando quería acariciaba, de repente estrangulaba. Hubiera sido muy adecuada como reina destronada de un peplum. En la actualidad desconozco si sigue tan sabihonda. Supongo que la miseria de una vida corriente le habrá bajado un poco los humos. Fuimos novios de risa.

MARTA: La más amiga. Es la nieta de la que fue dueña de la casa donde vivo. Su madre y la mía se turnaron muchas veces para darme la papilla (si sobraba algo, que no era usual, se lo terminaba con gusto la madre. Y es que la papilla que hacía la señora Genoveva era realmente opípara). Martita, que tenía una hermana pequeña que casi no pintaba nada en mi grupín de féminas, me gustaba una barbaridad. ¿La razón?. Muchas razones: porque tenía clase, era muy lista, divertida y ocurrente. Pero, por desgracia, pecaba de lo típico: marimandona, con aires de diva y bastante mentirosa y acusica. Lo que se suele llamar una perra, eso era Martita en sus momentos más dañinos. Había que saberla entender, en fin, el eterno problema de las diferencias entre sexos. Guardo recuerdos muy entrañables, también: sus visitas por la mañana temprano, nuestras complicidades desde los balcones... También fue la primera almeja infantil que vi en mi vida. Porque ella me la enseñó. Perversa lolita herculina. Vamos a jugar al Interviu, me espetó un día en mi habitación de los juguetes. ¿Y cómo se juega a eso?, le pregunté yo de vuelta y media. Y ella: Ya verás, cierra la puerta. Entonces se levantó la faldita, se bajó las bragas y me enseñó lo que tienen las señoras entre las piernas (y que se llama de mil maneras, pero el conejo es como más mola calificarlo). Era una ranurita más estrecha que la de mi hucha de los ahorros, pálida, sin vello alguno. Una sosez, vamos, pero bocata di cardinale para cualquier Duque de Feria. Yo no estaba nervioso, solamente inapetente de aquello. Además me quedé algo defraudado, en plan:¿y este es vuestro misterio?, pues como que os falta algo más rotundo, ¿no?. La mujer al crecer, si es de ley, lo rotundo se llaman tetas, ella no las tenía. Así que lo mejor era pensar, ¿y ahora qué viene?. No vino nada, yo no le tuve que enseñar mi colita porque era el juego del Interviu, y en ese publicación tan bizarra sólo se destapan féminas. Sinceramente, me hacía más gracia Martita cuando se agachaba con la Arancha en plena acera y se ponían a miccionar las dos. Una de las acciones que me parecen más ridículas y antimorbo del erotismo cochiquero (aun si mearan subidas en una escalera de mano, o encima de un tío, pero así tipo perras... Donde esté un buen macho sacando con orgullo escatológico su mango a guisa de surtidor de cerveza que se quite la hembra, por muy guarri que sea, con el culo al ras del asfalto como si fuera un puentecito por el que discurre su riachuelo de orines.
Marta ahora vive e
n Londres y está casada felizmente con un negro. Sé que va a sonar a malicia recurrente, pero cuento con que aquel conejo finalmente hubiese dado un buen estirón.

SUSANA: La retrasada mental. Asi era, asi es. No ha avanzado un ápice. Tenía hasta dificultad para hablar. En cambio, de las tres era la más dócil, la más generosa, la más buena. Y la más caliente, por descontado. Era tan cariñosa que nunca te negaba un casto beso. Además con respecto a las otras fue la primera en desarrollar su cuerpo, y su cuerpo se volvió muy apetecible a los doce o trece años. Ella es la hija del ex socio (también ha muerto hace poco, y del mismo cáncer que mi padre) y compartimos muchos ratos juntos, pues era la única que vivía todos los meses del año en mi misma calle (Marta estaba en La Coruña, Arancha en los madriles). Susana era como todas las de su tara: una gata caliente, siempre dispuesta a los juegos equívocos. Practicábamos uno muy excitante: metidos en un portal, juntábamos cajas de cartón donde venían embalados los abrigos que vendían nuestros padres y los echábamos al suelo. Por el hueco nos introducíamos y asi muy pegados nos solazábamos en un ambiguo divertimento parecido al escondite (de la gente del exterior) pero que además nos permitía fabular con el clásico entretenimiento de los papás y las mamás. Apretaditos nos abrazábamos, uníamos nuestros labios y nos reíamos. Alguna vez Arancha se nos sumaba, más que nada porque estaba muy celosa, y como además era criticona profesional deseaba saber con exactitud cuán lejos podía llegar la inadaptada Susi. Marta nunca entró en el cartón: se manchaba.
Con el paso del tiempo, e inmersos en la adolescencia, la tontita de v
ez en cuando proseguía con sus cariños trianeros. Se le había puesto el culo como una manzana, muy rico y atrayente para mí. Entonces si estaba solícita entrábamos en algun portal especial de la calle, más escondido de las miradas y nos revolcábamos entre morreos. Recuerdo la tersura de sus nalgas por encima del pantalón, pero también que su piel en si (al tocarle los brazos, por ejemplo) era áspera, escamosa, un poco desagradable. Cuando yo estaba muy salido había veces que la acosaba, metiéndole mano descarado. Y ella me rechazaba. Es posible que anduviera ya con las primeras reglas. No lo sé. Susanita fue la primera chavalilla con la que tuve deseos de follar de veras. Marta y Arancha eran más difíciles (a la larga resultaron ser más tontitas que la Susi). Pero esto pertenece a mi adolescencia más alocada.
LAS 50 MEJORES AMIGAS DE GILDA LOVE

Por DAVID FARRAN DE MORA
(blogs. putal
ocura.com /farrandemora)

* MARGARITA 6 D 2

- Madre de Yurema
- Ha concebido y alimentado a un freak
- Duerme con su hija
- Va a la tele en chandal
- Luce muy bien los cuellos de marinero
- Se viste por los pies
- No soporta a los maricas
- Es la reina madre de la tribu urbana "homo freaky"
- Es fan de Lladró
- Sus apellidos son Seisdedos Santos
- Es todo un señor
- Es la culpable de lo de su hija
- Forma parte de una monumental paja colectiva de Chueca
- Su bolso es su mejor arma
- Da muy mal rollo

* FAMILIA TOUS
- Industriales catalanes creadores de los osos Tous
- Máximos creadores del disenny catalá
- Modo de vida: burguesía desnaturalizada
- Domicilio: Masía disenny en Pedralbes
- Ropa: Antonio Miró, ropa de sanatorio
- Look: tercera edad entre andrógino y sectario, con toques payeses muy abundantes
- Lecturas: Camino de perfección, libros de autoayuda, Antonio Gala...
- Imágen corporativa Empresa Tous: tenista hembra (Arancha Sanchez Vicario), top model del retarded chic (Cayetana Martinez de Irujo).
- Máximos enemigos: los Godia.
- Seguidores de tendencias CHIC SUBNORMAL y CATALAN POWER