23 diciembre 2007

ALBUM DE CROMOS ITALIANISIMAS AL DENTE

Cromo nº 20: GINA LOLLOBRIGIDA (1927-)
Primera parte

Nadie me negará la condición de pedorra de nuestra Gina. En cine fue dueña de una extensa filmografía de la cual a penas podríamos resaltar de ella otra cosa que no sea su belleza incontestable y, como mucho, una naturalidad en sus filmes más costumbristas. Ni era elegante ni era buena actriz, ni tenía una personalidad apabullante ni olfato para elegir proyectos. Ahora se entiende que ella misma hubiese declarado una vez que lo suyo al principio no iba a ser el cine (al parecer sus primeras intervenciones, finales de los años cuarenta, las aceptaba para pagarse sus clases en el Conservatorio. Iba para cantante y...¡acordeonista!). Visto el giro que dio su vida tras dejar el medio en los setenta (se embarcó en la experiencia de fotógrafo-viajera por el mundo) intuyo que la pobre mujer vino al cine a destaparse y poco más. Pero sería injusta esta apreciación. En Buona sera, sra. Campbell (1968) estuvo fantástica, con su papel emblemático de la bersagliera en la serie Pane, amor e... creó un prototipo (que luego retomaría la Loren) : la popolana rural, simpática y sexy, y hasta en el drama a lo Moravia (y un Moravia en su salsa, o sea: con el pesimismo típico del autor. No aquel otro Moravia de los Racconti romani tan saleroso) de La provinziale y La romana estuvo muy ajustada. Fuera de estos logros, que aún podrían incluirla en un hipotético concurso de sucesoras descafeinadas de la Duse (que ella perdería), quedaría bien poco (aunque en su caso fue una enormidad: estupenda fotogenia, arte en el exhibicionismo físico y un rostro de extraordinaria hermosura). Sin duda que estos detalles tan de love goddess fueron lo que facilitaría el poder darse a conocer a escala mundial. Su providencial matrimonio en 1949 con Milko Skofic, un médico húngaro aficionado al flash, terminaría por perfilar el futuro de la moza en las siguientes dos décadas. Las partidas fotográficas que mandaba el húngaro a las revistas nacionales e internacionales obnuvilarían a los editores (fue portada del Times, y de Life dos veces).
Previo a su encuentro con su marido hubo una carrera ya ingente de títulos inocuos que ofrecían a Gina muy pocas posibilidades de lucimiento (a menudo eran adaptaciones ingenuas de obras del repertorio lírico, aventuras de época por regla general mediocres, dramas costumbristas en roles con más de un punto en común con su vida o folletines tópicos con unas protagonistas principales más expertas que ella en la materia). Inauguraba los años cincuenta con Vita da cane (1950. Steno y Monicelli) en donde entraba a trabajar en la compañia de Revistas de Aldo Fabrizi en calidad de contorsionista con un número junto a dos acróbatas varones ( se anticipaba de alguna manera el futuro Trapecio). Su ascensión a primera vedette fue triunfal, y más aún teniendo en cuenta que su anterior cometido debió dejarlo de forma forzosa al desplomarse contra el suelo del escenario en una mala caída (iba a dar con sus apoteósicas carnes al mismo foso). Y en La citta' si difende (1951. Pietro Germi) salía sólo un chisco (era una película de hombres, de delincuentes urbanos por más señas) pero ¡qué rematadamente guapa estaba! , especialmente con un moño impecable y una indumentaria acorde a su status de mantenida de gángster.
La carrera de la Lollobrigida arranca de manera más contundente en 1951 (ella declara que no fue hasta Fanfan le tulipe, algo inexacto y, cuanto menos, muy subjetivo) con su participación en la estimable Achtung, banditti de Carlo Lizzani, historia que giraba en torno a los años de la Resistencia y la ocupación nazi. En el ínterin de su despegue figuraría otro hecho que la iba a marcar al menos en los siguientes siete años. Howard Hugues se prendó de ella al verla en una portada de revista y le propuso de inmediato un contrato en Hollywood. Se comenzaron las negociaciones pero al final Lollobrigida se hechó atrás (el magnate quería que se divorciara del médico y se casase con él, a lo cual la italiana se negó rotunda). El otro como venganza la sujetó bajo clausulas durante los siete años antes citados, boicoteándole su carrera en tanto que impedía que se estrenasen sus filmes en los Estados Unidos (salvo si se trataban de películas norteamericanas rodadas en Europa). Tremendo cacao no impidió que los norteamericanos se quedasen embobados con la belleza de la actriz en aquel Fanfan le tulipe (1951. Christian Jacque) tan querido por la diva. Allí su escote causó sensación mundial. Además era una entretenida película de aventuras con Gerard Philippe de espadachín encantador. Fue una de las primeras a todo color de Gina y el impulso definitivo que la orientaba momentáneamente al país francés. Al año siguiente interpretaría para Rene Clair y con Philippe de nuevo de galán, a una mora muy destapadita en Mujeres soñadas.
En Italia, apuró el drama antes de que llegasen De Sica y los carabineros amables a su vida. Fue en Le infedeli (1953. Steno- Monicelli) a mayor gloria de la maravillosa May Britt ( escueta estuvo Gina, era muy adúltera eso si) y la citada adaptación de Alberto Moravia La provinciale. Esta última no difería en su sustancia de muchos folletines de la época: la mujer de provincias que se asfixia en ese ambiente. Gracias al texto y a la atmósfera del filme el proyecto trascendería dichos límites periclitados. Cometió un error parcial al rechazar el protagonismo de La signora senza camelie alegando que aquello decía más de ella misma como para aceptarlo asi como así. Creyose "condesa descalza" y le cedió el puesto a la Bose que, sin camelias, estuvo enorme. En su lugar dio la gran campanada popular con su papel de campesina en Pan, amor y fantasia (1953. Luigi Comencini).
Ya hemos hablado en un anterior cromo dedicado a Sophia de las excelencias de esta serie (también de su decadencia en la última de la tanda, no por culpa de nuestra Carmen Sevilla, ni mucho menos. Mismamente el gran Vittorio a base de repetir recursos acabó por convertir su entrañable personaje en una pesadez). Sí que es momento para destacar en estas dos primeras películas de Luigi Comencini la utilización del blanco y negro (siempre más idóneo para retratar ambientes rurales) y la caracterización de la Lollobrigida como hembra ufana y deshinbida, nunca grosera pese a ir muy ligerita de ropa (y me parece que descalza) por el monte. Sus orígenes humildes lo justificaban. Desplegó frescachonería y desparpajo en cantidades ingentes a lomos de una mula (que por supuesto ella montaba a horcajadas) y aún tuvo tiempo de seducir al maduro Carotenuto y al joven carabinero Roberto Risso, que era tan tímido como amoroso. Al poco vendría la secuela que se tituló Pan, amor y celos, manteniéndose íntegras las constantes de la anterior, si bien ya con una maggiorata muy poco interesada en prorrogarse en dicha fórmula. Pese a esto, sus compatriotas le cogieron tal cariño que la actriz fue apodada "la Lollo".
Por lo pronto retornó al cine triste con La romana. De nuevo se partía del prestigio literario del autor de la historia, Moravia, permitiendo a Gina encarnar a un personaje femenino desdichado y en continua evolución (empezaba modelo de pintores, luego se hacía puta y al final, puta arrepentida por amor del bueno). Lástima que tanto realismo la ahogara. Necesitaba retornar a su faceta más petarda (y más narcisa, también). Asi que al fin encontró el vehículo adecuado para que se cumplieran sus propósitos: La mujer más guapa del mundo (1955. Robert Z. Leonard) era eso y nada más que eso. Un despliegue de suntuosidades forzadas en pleno período Liberty. La biografía más o menos verídica de la cantante Lina Cavalieri, en donde la acompañó un Gassman todavía adicto a los mil disfraces, aqui como un príncipe ruso con cara de no importarle un carajo nada de lo que le acontecía a tan empingorotada señora. No era la primera vez que vestía de decimonónica (ni mucho menos sería la última), ya que en sus tiempos de Lucia de Lamermoor (1946) o L'elisir d'amore (1946) andaba ya envuelta en polisones con variable prestancia. Lo que evidenciaba la Gina vestida de época era su total inadecuación física al prototipo femenino representado. Era demasiado contemporánea para dar el pego. Su obsesión por ser peinada y maquillada a lo moderno (y eso cuando aún no se había decidido por el embrujo de los postizos y las pelucas) restaban aún más autenticidad a sus pretensiones iniciales. Para rematarla, estaba el hándicap de su poco elegante porte (era pequeñita y muy maciza. En andrajos lucía casi mejor). Pero bueno, a las señoras les encantaba esta Gina, y a los hombres aún más.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

continuará el mes que viene

7 comentarios:

filomeno2006 dijo...

Feliz Navidad, amigo Maciste. Feliz 2008

maciste II dijo...

Lo mismo digo

fulgencio pimentel dijo...

Caro Maciste, muy bien con la Lollo. Acaso un poco durillo. Yo creo que el tiempo no la ha tratado tan mal como a otras, no sé si por su belleza silvestre o por qué.

Mi hija ha nacido. nació el día 23. La llamamos Rafaela. Bueno, es Luisa Rafaela, pero nos quedamos con el segundo. Es una preciosidad.

Espero sinceramente que lo de tu madre vaya a mejor, o que al menos no empeore, por ella y por ti. Tengo a uno de mis mejores amigos aquí dedicado exclusivamente a cuidar de su madre, y puedo imaginarme por lo que pasas.

Espero también que el año que entra te dé montones de deseos de vivir.

Emilia Gonzalez dijo...

Feliz año , Maciste. Un poco duro, sí, con la Lollo, pero la verdad es que salvo su lucimiento en Fanfan y luego su papel dramático en La Romana, poco más ha hecho de calidad. La arrolló el Huracán Loren.

maciste II dijo...

Fulgencio: El tiempo la ha dejado hecha una fosfatina. Mírala sino en los programas del cuore de hace unos meses, imitando el "Montiel style of anti-life" de los cutre montajes. Y si a esto le añadimos su total calvicie entonces podríamos equipararla a la Marujita Diaz. Exacto: es una horripilante fusión entre la manchega y la ex de Gades.

Felicidades por lo tuyo. Rafaela es bonito, si. Ponle doble L, porfa. No,es broma. Disfruta del momento y de lo que te venga encima. Esto de la paternidad es un misterio. Yo, por razones obvias, no me veo de padre de nadie (sería un cabrón insoportable, aparte que no sabría lo que hacer con un niño... hasta que hubiera cumplido los quince, claro). Pero mira el Sr. Chinarro, todo un reciente padrazo y se desmarcó con uno de sus trabajos musicales más felices y optimistas.

Mi madre vive en un constante apocalipsis. Tiende irremediablemente a la tragedia (hoy se me deslizó de la silla de ruedas yendo a parar a la baldosa fría. Cógela si puedes,yo me vi negro. Mientras tanto me gritaba que se moría pero ya. Y eso día si día no. No quiero pensar como sería si tuviese demencia o un cáncer o algo así),es trágica pero no a lo Nuria Espert, sino a lo Escuela Bruguera. Encima yo no soy un dechado de equilibrio y moderación. Estoy deshechito.
Intuyo que el 2.008 va a ser decisivo en mi vida. O salgo del cascarón a hostias o me saco de en medio con lo primero que pille.

EMILIA GONZALEZ: Bienvenida. perdona que tengas que leer tantas sordideces previas, pero es lo que hay (Fantasia Mongo fue así hasta hace bien poco). Tienes razón, el Huracán Loren arrasó con todo. Y aún por encima soplando por detrás el signore Carlo Ponti.
Pero bueno, estos dias espero seguir viendo más pelis de la Lollo, haber si ha hecho algo bueno. Que vete tu a saber,que éstas tienen un carrerón...

filomeno2006 dijo...

Eche o que hai....

filomeno2006 dijo...

Mensaje para Doña Gilda Love: en el mismo ejemplar de "Lib" donde scanneó el reportaje sobre la bellísima Orchidea De Santis, creo figura otro reportaje sobre la bellísima Giovanna Ralli....¿Podría Vuecencia scannearlo también y "colgarlo" en el Blog de Don Maciste Betanzos?
Graciñas