22 diciembre 2007

ALBUM DE CROMOS ITALIANISIMAS AL DENTE

Cromo nº 19: La melancólíca ELENA y un par de discretas (COSETTA y LILIANA)

ELENA VARZI
(
1920- )
Otra guapa al servicio de las necesidades del neorrealismo más ortodoxo. A Elena le quedó logicamente cara de pena después de haber vivido en el cine una serie de calamidades típicas de un país golpeado por la guerra. Y si no estaba triste parecía enfurruñada, quizá como alternativa a su cortita aptitud para la interpretación. Con todo, Elena muy pronto se retiraría para dedicarse a la vida familiar. Su esposo era ni más ni menos que Raff Vallone, con el que formó pareja ideal en unas cuantas películas (casi todas muy estimables). Sus títulos restituyen el poderío de un cine siempre inmerso en el compromiso político del momento: Il Cristo proibito (única incursión en el medio del malogrado escritor Curzio Malaparte y que curiosamente afrontó con un estilo nada estático, de movimientos de cámara sinuosos, casi ophulsianos. Las contradicciones ideológicas del autor se manifiestan a las claras tanto en su propia voz en off en el arranque del filme, con una insólita toma aérea de la comarca sienesa, como en los motivos escritos y gráficos que irían desde los retratos de Stalin a las pasquinate en las paredes de los edificios, como en los diálogos y reflexiones de los diferentes personajes del pueblo toscano y que van apareciendo cual almas en pena ante la mirada tan mágica como igualmente fantasmal del redivivo Vallone. Y es que todo el mundo le había dado por muerto tras su paso por la guerra y su posterior internamiento en un campo de prisioneros ruso. Pero Raff cuando llega se encuentra que sus paisanos están tan o más derrotados que él, presos de un sentimiento de desolación brutal y en donde el remordimiento, la verguenza y la desazón les impiden recobrar la rutina previa al período de la Ocupación. Entre ellos figuraba Elena, amante de Raff, cuyo dramático rostro parece desentonar inequívocamente entre el bullicio de muchachas partícipes en la fiesta de la vendimia, uno de los momentos más distendidos -y entrañables- de la película), Cammino della speranza (memorable obra de Pietro Germi, casi una road movie, en donde la Varzi era una suerte de Maria de Magdala marginada por su propia gente debido a su condición de madre soltera y además liada con un contrabandista) o Roma ora 11 (filme excelente ya comentado en esta misma colección en repetidas ocasiones al ser coral). Ni siquiera el paso del matrimonio Vallone-Varzi por los estudios Chamartín le concedieron a la hermosa Elena la posibilidad de sonreir, pues Los ojos dejan huellas (1952. Jose Luis Saenz de Heredia) era un drama policíaco impregnado de fatalidad y tragedia. Un poco al estilo de Hollywood, Vallone interpretaba a un hombre acabado, de vuelta de todo (a lo Bogart, gabardina incluida) mientras que Elena era un personaje con las mismas dobleces y quizá alguna más (resultó una raída). Desde un punto de vista más frívolo, creo que era Antonio Riquelme quien en la película no comprendía qué es lo que veían los hombres en aquella mujer tan escuchimizada, ¡y eso que don Antonio no era Gordito Relleno hecho celuloide! (en el mundo actual, con su culto ambiguo a la anorexia, la Varzi pecaría de obesa). Lo que sí era un rostro algo agresivo, masculino, una belleza de facciones duras. Neorrealista, es la palabra.

COSETTA GRECO (1930 - 2002)
Cosetta pudo haber sido más famosa. Pero la chica al final no cuajó. Y es una lástima pues fue una actriz muy dotada. Su mayor hándicap creo yo que fue el no ser guapa. Aunque tampoco era fea, ni mucho menos. Si a esto le sumamos la dura competencia que había en los años de mayor actividad profesional suya (la primera mitad de los años cincuenta) comprenderemos que no estuvo para ella. Asi que los aficionados a estas cosas nos conformamos con verla en medio de repartos casi siempre corales dentro de aquella corriente típica del momento : distintas historias que se van desarrollando de forma paralela entre una serie de personajes unidos por un vínculo común (la amistad, la vecindad, la profesión). Su papel más recordado en este sentido fue el de la Elena de Le raggazze di Piazza di Spagna (1952. Luciano Emmer). Ella era una modistilla que se reunía todas las mañanas a tomar un bocadillo junto a sus dos compañeras (Lucia Bose y Liliana Bonfatti) en las escalinatas de la mítica plaza. Este leitmotiv daba paso a las peripecias sentimentales de cada una de las mozas. En concreto, Cosetta tenía un novio mojigato que veía con muy malos ojos el que su futura suegra, recién enviudada, estuviese siendo cortejada por Eduardo de Filippo. Al final dejaba a aquel gilipollas para, a cambio, vivír un romance de un par de minutos con el más salao de todos los taxistas que trabajaban de aquella por la zona urbana de Roma, un tal Marcello Mastroianni. Características tonales similares tuvo su siguiente filme, Viale della speranza en el que volvió además a coincidir con la Bonfatti. Mientras que en la futbolera Gli eroi della domenica era la novieta del balompédico Raff Vallone (su apellido ya lo presagiaba). Tuvo su instante de prestigio en dos obras beneficiadas por la autoría: por un lado, en La citta' si difende (1951. P. Germi) era una humilde esposa de prófugo de la justicia y las pasaba moradas al ver como lo tiroteaba un carabinieri en el tren de la huida y, por otro lado, en la espléndida adaptación del texto de Patrolini Cronache dei poveri amanti (1954. C. Lizzani). Con Germi estuvo tan trágica vagando sola por las montañas, ya que buscaba a su marido, bandido del XIX, resistente a la ocupación del ejército monárquico, que parecía presagiar a la Lea Massari de diez años después. Se llamaba el filme Il brigante di Tacca del Lupo (1953) y es un buen ejemplo de cine histórico que utiliza el neorrealismo en boga para contemporaneizar los hechos del Risorgimento, harto explotados en la década anterior por los cineastas afines al Duce (es decir, añadiendo una carga ideológica afecta al proletariado). La Greco, bellísima y fotogénica, frágil y vigorosa, regresó al pueblo con la cabeza bien alta, desafiando a las miradas inquisidoras de sus paisanos. Fue un pequeño papel, pues Germi prefirió concentrarse en las tensiones existentes entre los dos bandos. Por parte de la soldadesca figuraba un Amedeo Nazzari completamente reciclado en el cine posterior al fascismo (donde fue el galán por antonomasia), privilegios de los actores sólidos y brillantes.
Cosetta terminó su carrera antes de tiempo con más cine coral en las encantadoras I Pappagalli (un nuevo ejemplo de barrio a la filippense) y Gli innamorati (1955) donde era la dueña de un restaurante al que acudía a comer a diario el guapo Franco Interlenghi, ennoviado as usual con la Lualdi (la Greco la hacía rabiar de celos al ser demasiado entrometida).

LILIANA B
ONFATTI (1930- )
Más de lo mismo. Actriz de presencia normal (tirando a anodina), con no más de media docena de películas en su haber, ajustable para el cine de historias múltiples, vista entre 1950 y 1955 y luego desaparecida para siempre. Fisicamente era una suerte de Massina con piadosos ramalazos de maggioratita frustrada o gacela que no creció. Y es que la Bonfatti era pequeñita, aunque bien hecha. En su papel más recordado, la Lucia de Le ragazze... era cortejada por pavos altísimos (casi parecían estandartes sin alma), lo que la enervaba una barbaridad. Su noviete oficial, en cambio, era un mini bibelot con cuerpo de pugilista al que le daba mala vida la mozuela pues lo consideraba un liliputiense. Trato inmerecido. A fin de cuentas ella no tenía la longitud de Anita Ekberg. En cuanto a sus pretendientes tampoco estaban para hacerles ascos. Mismamente ellos no ponían reparos a una chica con unos dientes tan grandes. Asi era la Bonfatti, algo quisquillosa... pero con buen fondo, como deberían ser todas las chicas humildes (de condición). Eso la redimía. Aqui y en otros asuntos con títulos como Viale della speranza o Per salvarti ho pecatto se amoldó a ese prototipo de la segundona, una muchachita del montón. En su última película Donatella, o sea, la nueva revelación Elsa Martinelli, hacia de ayudante de veterinario. Gajes del costumbrismo.

continua mañana