20 diciembre 2007

ALBUM DE CROMOS ITALIANISIMAS AL DENTE

Cromo nº 17: EL MITO DE LA MADRE GUAPA


Nos acercamos
al prototipo partiendo del título de la conocida novela de Torrado (La madre guapa), con la confianza de que nuestros lectores sepan valorarlo como se merece. No es más que el eterno sentimiento edípico en pos de una vuelta de tuerca al erotismo femenino de su época (y de cualquier época, de cualquier país). Aunque madres maduras aún estaban de muy buen ver. No eran dueñas de un sex appeal tan salvaje como el derrochado por algunas de sus hijas, pero a la contra fueron capaces de aportarle a lo picante un grado de serenidad, de discreción y hasta de inteligencia que ya lo quisieran muchas maggioratitas del montón. Señoras que significaron un placer para la vista. No era necesario ser un gerontófilo para sentirse cautivado por ellas. Simplemente con creerlas un poco Yocastas ya valía. Y en el caso de la Boratto, al introducírnosla Fellini como espíritu maternal de su Giulietta, ensalzando sus poderes con calidades de diosa.

PAOLA BARBARA (1912 - 1989)
Tuvo siempre una presencia magnífica. Su belleza morena, mediterránea y señorial la hicieron idónea para las Doñas y las damas con empaque. Paola nunca fue una mujer del pueblo, siempre apareció distante, heredando la dictadura de las divas del mudo. Fue reina de estraperlistas. Quiere esto decir que sus logros sucedieron en la década de los cuarenta dando ejemplos de su carácter dominante en títulos como La peccatrice, Confessione o La danza del fuoco. Curioso es encontrarla en numerosas películas españolas de la época como Sucedió en Damasco, La nao capitana o Su última noche donde era siempre adicta al arrastre de renards para demostrar hastío y al ocultamiento de una infamia bajo espléndidos visones. Gracias a mujeres como ella el cine Cifesa pudo saber lo que era una buena malvada manteniendo a su vez a la mayoría de nuestras indígenas cristianas y decentes. A efectos de este cromo interesaría su interpretación en una perla de la lágrima como fue Los hijos no se venden (1952) donde hacía de madre guapa, déspota y tirana al principio aunque de cara al final del filme suavizándose al descubrir las verdades del folletín (en el fondo su maldad era legítima ya que la provocaba el hecho de querer defender lo que pensaba suyo, su hijo).

LEDA GLORIA
(1912 - 1997)
Hermosa señora de los años cincuenta que aportó erótica amable y conciliadora entre fogones y sencillos vestuarios. A lo mejor una modesta bata de lunares y el peinado en moño, fijo a una simple horquilla podían despertar las ansias de hogar de solteros recalcitrantes como Eduardo de Filippo. Esto sucedía en la maravillosa Le ragazze di Piazza de Spagna (1952) donde era viuda y madre de la interesante Cosetta Greco. El pobre hombre la cortejaba con educación, lo cual no fue óbice para que se acabase produciendo un pequeño drama familiar pues las habladurías corrieron como la pólvora estropeando incluso el noviazgo de su retoña. Así pues la guapeza del rostro de Leda adquirió matices sufrientes que elevarían su erotismo a tonalidades masoquistas.
Mujer de muy historiada filmografía (cubre desde los años treinta y alcanza hasta mediados de los sesenta) estuvo en más de una ocasión memorable en cometidos de similares características. Su primera mamma la llevó a abandonar a su baby, el mítico Marco ya en 1943. Luego vendrían las de Napoli milionaria, Cuori di mamma, Il coco di mamma y Guendalina, claro (ella fue la que parió al dívino Oberdan, o sea, Raff Mattioli).

LUISA DELLA
NOCE (1923-)
El paso por el mundo del cine de esta gran actriz sería casi invisible de no haber sido esposa y madre en dos filmes mayores del considerable Pietro Germi. Tanto en Il ferroviere (1956) como en la siguiente del director L'uomo di paglia (1958), Lucia estaba casada con Pietro y criaba con enorme entrega a su niño, el fenomenal Edoardo Nevola. Tal vez sea en la primera donde demostraría mejores dotes dramáticas (era un papel más desgarrador: apoyaba a su marido en sus crisis personales, luchaba por la respetabilidad de sus descarriados hijos mayores, veía morir finalmente al ferroviario en una escena crucial que partía de una situación cotidiana para asi ir adquiriendo una mayor intensidad emocional), por la que fue recompensada con el premio a la mejor actriz en el Festival de San Sebastián de 1956. A pesar de que en L'uomo di paglia la que verdaderamente entusiasmó fue la nueva revelación juvenil Franca Bettoja, aqui si que podríamos hablar de una Lucia metida en un rol de madre guapa. Hasta el punto que los espectadores más "familiares" se preguntaban qué es lo que hacía el maduro Germi (de nuevo protagonista masculino del drama) perdiendo la cabeza por una muchacha frágil en todos los aspectos (la Bettoja) teniendo a una señora de tan buen ver en casa.
Tras su paso por España en la comedia coral Parque de Madrid (1959) y una breve colaboración en Giulietta degli spiriti, la actriz se retiró casi definitivamente. No supimos más de ella hasta que a principios de los ochenta, Antonioni la rescató para un nuevo papel de madre en su Identificazione di una donna (aparecía muy bien conservada, por cierto).

CATERINA BORATTO
(1915-)
Veo en mis recuerdos a la Boratto en su representación más sofisticada y barroca. Siendo la mamma de la Massina en Giulietta de los espíritus. Intervenía muy poco, creo que no llegaba a las tres ocasiones pero su presencia en todas y cada una de las secuencias era magnética. De cara al final reaparecía en el dormitorio de una apocada hijita al borde de la locura, única forma de coger algún tipo de impulso vital. Era ya la imágen de una dama cuya carne, piel y maquillajes parecían haberse empeltrado mágicamente sobre un lienzo que quiza estaría mostrando el perfecto retrato del ideal femenino del fascio (si es que este existió). Fueron unos segundos de terror, tal que un cuadro hecho con carne humana a la Poe, dentro de la lógica de un filme adscrito ante todo al fantastique. Fellini, que siempre fue un hombre de extraordinaria memoria, no en vano la estaba rescatando del olvido del tiempo para homenajear de paso su grandeza de antaño.
Es evidente que hubo otras madres fellinianas bien distintas a ella: la Anitona de Boccacio 7o, con el Bevete piu latte de anuncio lácteo (amamantadora ciclópea), incluso otra Boratto previa en 8 e mezzo (1963) en calidad de dama misteriosa. Y por supuesto que tambien hubo más Borattos excéntricas. No hay palabras para definir la terrible vendetta a la que fue sometida por parte de Pasolini (ella y demás comensales) en aquella pitanza scat de Salo (1975) a cuenta de unas judías no por lloronas menos sueltas de vientre. Es curioso que habiendo abandonado la actriz el mundo del cine, quizá por miedo a llegar a la edad de hacer madres (finales de los años cuarenta), tuviese una reintreé tan bigger than life (en un momento que bien podría haber hecho abuelas). Eso la honra. Y nosotros a ella, que ya lo dice el cuarto mandamiento.

continua mañana