20 agosto 2007

INFANCIAS VERDES
 

Capítulo cuadragésimo noveno
Año 1983

* El mundo está loco, loco, loco
Fuera de mi mente permanecían hechos luctuosos o trascendentes, algunos históricos y otros simplemente anecdóticos que trascendían en los medios de comunicación llenando espacios informativos. Al tener constancia de ellos a la hora de la comida familiar, con la tele puesta, comprendía que el mundo andaba muy revuelto y con visos de hacer Boom!. A lo mejor, con la potente eficacia de un arsenal de euromisiles, tema de moda. Así pues, convenía que por un oído me entrara y por el otro me saliera tanta noticia destinada a intranquilizarme. ¿Qué importaba que las Brigadas Rojas renunciasen a la lucha armada por considerarla un fracaso en relación con su intento de cambiar la sociedad si en cambio en la Unión Soviética un inmovilista como Andrei Gromiko seguía juzgando como inaceptable la oferta del inepto Reagan sobre una resolución intermedia en el tema armamentístico?. Era la amenaza milenaria del botón rojo, de los megagobernantes imperiales que por un simple berrinche podían mandarnos a todos a tomar por culo. También comíamos con lo del hambre del Africa. Pero me duele confesar que a mi aquello no me afectaba tanto pues nunca fui buen comedor, aparte que como siempre estos problemas acontecían en un perro continente que me quedaba muy lejano. Lástima de sobras, con lo que yo dejaba en el plato cada día habrían podido salvarse unas cuantas vidas.
Y ya que estamos con los apocalipsis nutricionales, habría que señalar que contra el pronóstico de los fachas de mal agüero España no volvía a los tiempos de cuando eran dos, de cuando las colas del racionamiento y el estraperlo masivo (desde luego que en Galicia estaba el tema del narcotráfico y el contrabando de tabaco, pero nada que se le pareciera a los lejanos tiempos de Surcos). Felipe González nos seguía prometiendo modernidad y lujo, cuando a lo mejor nos hubiera bastado con una repartición de los bienes comunes, con un cumplimiento ortodoxo de las siglas de su partido. Que era socialista y obrero. En cambio, en 1983 uno de los primeros viajes internacionales del andaluz lo llevó a los Estados Unidos donde prometía ante su presidente una total obediencia a los postulados de la organización del Atlántico Norte. Sería a partir de ese viaje cuando muchos de los socialistas de ley empezaron a sentirse desencantados, no digamos ya la rama más izquierdosa, esa que solía llamar a Radio 3 (La Barraca de Manolo Ferreras dio voz a muchos disidentes pertenecientes a las ligas revolucionarias y al anarquismo obrero para alertarnos de que lo del cambio era un camelo como una casa. Si hasta el Perich ese año ya daba por hecho que al PSOE le sobraban un par de letras). También estaba lo del terrorismo: tiros en la nuca y secuestros a empresarios y militares, básicamente. Y lo de la guerra de las banderas en Rentería ese verano. Y desde un punto de vista tanto o más folclórico que lo anterior, porque él lo encauzó así, el caso Rumasa con Ruiz Mateos afrontando el rol de perseguido around the world. Pero a mí aquel viejo pirado nunca me hizo tilín como super heroe de la disidencia.
Sí en cambio gozó de mi predicamento otra figura que trascendió la mera referencia en una vulgar columna de sucesos para ingresar en los dimes y diretes de la crónica social del papel couché. Hablo de Rafael Escobedo que aquel verano ingresaba en prisión acusado del asesinato de sus suegros, los marqueses de Urquijo. Cincuenta y tres años le habían echado al bello maromo, manteniendo hasta sus últimas consecuencias un grado de ambiguedad y victimismo que lo hacían ante mis ojos digno sin dudarlo de clemencia. Abominaba de Miriam a la que conceptuaba como maquiavélica hija de puta, capaz de influir en la mente desequilibrada de su pareja. En cuanto al mayordomo sarasa de los viejos aristócratas para mí no existía, pues en nada lo veía con unas maneras british como para justificar su categoría profesional, o cuanto menos, como la entendería una Agatha Christie.
Escobedo era mi ídolo ese verano de marras. No me daba miedo, como sí me dio Charles Manson en su momento, cuando tuve constancia de él por aquella mini serie de terror que reproducía sus avatares sangrientos y que se tituló Helter Skelter (la canción de los Beatles a partir de entonces adquirió para mí un deje tan truculento que todavía hoy en día me consigue poner la piel de gallina).

* Veranos de otro color
No podían ser iguales a los de antes. Había dejado para septiembre la friolera de cinco suspensos y todo ocio era a priori intolerable. En cambio, la manga de mi padre fue muy ancha al permitirme veranear un mes con mama en La Coruña. Y ya iban. Y es que ella no tenía la culpa de mi fracaso escolar. El sacrificio de mi padre no ocultaba cierto regustillo por el rol de Rodriguez que le tocaba vivir durante ese período estival. Hiciera lo que hiciera el patriarca sólo en casa durante los Julios de mi adolescencia es algo que siempre se guardó mucho de desvelarnos. Cuanto menos nos advertía que aquello era inaguantable, que en la ciudad no quedaba ni dios. Así que mama y yo terminábamos compartiendo todo el mes de marras: ella menos atada de labores domésticas que nunca y yo más faldero que de costumbre. Parábamos en casa de mi tía Teresa con las consabidas bajadas a la playa, si es que el tiempo lo permitía. Cuando llovía me consolaba con husmear por entre la encantadora biblioteca del tío Luis, en especial por su larga ringlera de libritos de bolsillo de la mítica Enciclopedia PULGA, la que me ofrecía a mi alcance todo el maravilloso mundo de la ciencia, del arte, de la técnica, de la literatura, historia, viajes o biografías. Todavía guardo un ejemplar que le robé. Era una adaptación de Una colonia sobre un volcán del olvidado Fenimore Cooper. Su portada- deliciosa- reproducía a una damisela sureña diciendo adios en la orilla al capitán aventurero de un bergantín. Aunque para damiselas -eso sí, más contemporáneas- las de la Colección Chicas de mis primas las mayores y que permanecían en otra parte de la estanteria del viejo mueble. Firmaban las novelitas rosas las insignes Marisa Villardefrancos o Laura García. Títulos como Trenzas largas o El valle de mis recuerdos lo decían todo.
A base de estos entretenimientos llegaba rápido el fín de semana en el que retornaba papá con sus ansias de descanso, algo que raramente conseguía. Era incapaz de desconectar del todo de una serie de problemas con su socio que le estaban trayendo por la calle de la amargura. Encima nuestras reuniones familiares siempre eran ruidosas, al límite de lo racional... Ni te cuento cuando llegaban de Alemania tía Rosa y su marido Lalo. Pura visceralidad. Mala educación disfrazada de agresividad frente a un mundo jungla. Reincidí en mi voluntad de repeler la falta de urbanidad del macho cuando se junta en manada con otros de su especie, de la frivolidad ridícula de la mujer cuando hace lo mismo con otras de su gremio. En nuestro flamante nuevo coche (un SEAT 131 color naranja) con ellos y ellas apretujados camino de un chiringuito dábamos una imágen decididamente grandguiñolesca y berlanguiana (entre el sopor y el barullo recobré más de un trayecto mi vieja costumbre de marearme en autos). Mientras que en mis aislamientos, junto a un libro de estudio llamado Vacaciones Santillana (texto estival para burros) que me traía de casa y que acababa manchado de salitre y arena, languidecía ensimismado durante una hora al día, pensando en lo bien que podría estar debajo de una sombrilla con mis amiguitos del cole. En la playa apenas me mojaba porque es que no sabía nadar en absoluto. Pillar pillaba moreno, pero luego estaba el problema de mi fina epidermis (y aquellos desagradables sarpullidos que me aparecían por los roces de la ropa sobre las ingles, entre los muslines y que me obligaban a ir cubierto de talco de bebé por debajo del bañador), de los cólicos inevitables tras comer fruta muy madura o muy verde o por beber refrescos helados... Todo aquel pequeño infierno que era el verano quedaba compensado con las excelencias de un buen moreno de piel y la esperanza de que en agosto volvería a una normalidad aparente y mejorada, en la que no me separaría más de Ortiz y Máximo (por lo menos veía al segundo, que siempre le quedaban un par de asignaturas más que a mí).
Nunca fui un boy scout, tampoco me decidí por las acampadas a las que se apuntaba con verdadera ilusión mi primo Albertito. Y eso que seguro que de hacerlo hubiese pasado las innumerables pruebas que la Madre Naturaleza hubiera dispuesto para mí (ataques de zorros, inventar el fuego, abrir latas de melocotón, montar una tienda de campaña, subir a un árbol, ser robado con dignidad por Yogi) ya que poseía los diferentes Manuales de los Jóvenes Castores de la Editorial Montena (con mis fieles adalides los sobrinitos de Donald, tres espléndidas cloacas).
Era raro de cojones, con decir que jamás entendí el famoso slogan Las bicicletas son para el verano ya debería quedar todo explicado (a no ser que estos artilugios pierde equilibrios contaran con cuatro ruedas, entonces sí).
Conforme pasaron los cursos y mis agostos se fueron instituzionalizado como parte de una reintreé escolar, mayor ilusión me hacía pasarlos invadido de asfalto. Con un mes de playa tenía suficiente. Mi padre no comprendía como podía volver tan animado de La Coruña para meterme de nuevo en el horno que era la ciudad. Yo me entendía. Aparte que las clases eran mucho más ligeras y nos solían dar profesores distintos a los del curso. Huelga decir que estos eran poco exigentes y hasta muy entretenidos. Pienso ahora en aquel curita gordinflón llamado Don Amable (q.e.p.d.) que de repente, para distender el ambiente, se arrancaba cantándonos con mucho sentimiento el Háblame del mar, marinero o nos agasajaba con perlas del doble sentido del tipo: Hay personas que están mejor por detrás que por delante.
No. No estuvieron mal los nuevos veranos. Comparados con lo que deben ser esos espantosos Campamentos Urbanos que tienen montados en la actualidad, con un montón de niños haciendo el gilipollas por las calles, abasallando a los transeúntes y como viviendo en un videojuego misioneril... Buff. A jugar con la ouija los pondría yo.
Ya en septiembre por arte de birlibirloque, como por efecto de magia Borrás, los cinco suspensos se transformaban en cinco sufis como cinco soles. En octavo aquello significaba mucho. Pasar a un nivel superior, ser bachiller. El graduado ya lo tenía, eso no me lo quitaba nadie. Cuanto menos tenía derecho a un futuro mejor que incluiría un trabajo digno, una casa con jardín, un novio con Ferrari o lo que coño fuera ser adulto con diploma. El tiempo lo diría.

continua mañana

7 comentarios:

Adolescente18 dijo...

¡Hola! Buscando cosillas de cine encontré este blog...y pese a algunas guarradas que no me gustan nada me parece muy interesante. ¡Esas fotos! Esos sábados... jajajajaja Yo tengo 18 primaveras soy gay / bisexual (todavía por descubrir) porque soy "puro" todavía. Sabes muchísimo de cine y los posts sobre éste me encantan..Un saludo.

Adolescente18 dijo...

Por otro lado, como a los 18 se supone que se empieza a hacer el amor y tal...

maciste II dijo...

Uhmm. ¿No te estarás poniendo añitos?.
Lo de las fotos es algo fundamental. Todo carecería de sentido sino estuvieran ellas: los ojetes petados me sirven cual magdalena de Proust.
Sábados prehistóricos. ¡Qué tiempos!.
Y sí.En esto dela iniciación sexual no hay edades prefijadas. Lo importante es hacerlo con deseo y mucha tranquilidad. En mi caso la primera vez fue al borde de los 18. No la recuerdo feliz. Todo fueron putos nervios. Y frío. Y eso que pasó con quien tenía que pasar, mi Pedrín.
Bienvenido teenager. Gracias por los piropos. Regresa cuando quieras.

Adolescente18 dijo...

Nada de engaños, 18 y son 18. (Creo por mi punto de vista que un menor en estos sitios o queriendo estrenarse ya no está nada bien y menos con la de pervertidos que hay...eso es asqueroso) A esa gente habría que ponerle un cartel en la frente que dijera "NO A MENOS DE 18" que es lo legal y normal. Ese es un tema que me da muchísimas pena como hay gente así de pervertida...en fin.

Pues tio, sabes muchísimo de cine...mi actriz favorita es Natalie Wood (creo que lo poco que pusiste sobre ella era que no te gustaba). En mi opinión era una actriz muy buena, lo que pasa que tuvo una carrera bastante irregular (podía haber hecho "El diario de Ana Frank", "Descalzos por el parque" o "Bonnie & Clyde"...no quiso, pero talento tenia de sobra (véanse pelis como "Rebelde sin causa", "Esplendor en la hierba", "West Side Story", "Amores con un extraño"...¿cómo la censura no eliminó el título jajajajaja?

¿Y a tí qué te parece?

Gracias por la invitación, tu blog es muy interesante.

Saludos

maciste II dijo...

No veo recomendable para un lector, digamos, mojigato o, cuanto menos, acomodado de manera dócil a la moral imperante en esta sociedad pútrida, el que se pase por mi blog. Un blog que no sólo fue (no sé si seguirá siéndolo en un futuro inminente, la pelota está en el tejado) de cine. Abarcó más aspectos de mi personalidad, creo que rica en gustos culturales,junto a otros humorísticos, creativos y de vivencias personales del día a día. Aqui entraríamos en temas delicados, por supuesto. Temas como la pedofilia que no es momento de tratar en una simple respuesta a tu comentario. Como tampoco soy quien de juzgar las perversiones de los demás. Hay mucha complejidad en el asunto de los morbos. Cuánto más si se trata del a menudo desorientado mundo adolescente, del cual todos hemos sido partícipes y del cual, de alguna forma, sigo perteneciendo porque así me siento, mentalmente.
Repito que no es momento de debatir algo que ya debería estar superado en nuestras leyes de ser esta una sociedad totalmente libre y democrática. Y no sumisa a los preceptos moralistas que se camuflan en estas falsas democracias.Lo que si diré es que creo que por encima de otro tipo de reivindicaciones absurdas (cambio climático,paz en el mundo,, antiglobalización, matrimonios y adopción de niños entre maricones y demás gilipolleces),se hace perentorio de una vez por todas salir a la calle para exigir que se admitan las anomalías mil del diferente. Hasta el día que se cumplan esas exigencias no podremos decir que estemos viviendo en un real Estado de derecho. Hasta entonces seguiremos los lúcidos soportando un mundo repleto de zombies alienados, estos son:los del pensamiento único y de oídas.

En cuanto a Natalie, llevas razón. Aún está pendiente un post dedicado a la actriz. Una mujer estupenda, poseedora de una rica filmografía (recuerda que empezó siendo una niña, a finales de los años cuarenta) y que para mí siempre supuso una presencia más que agradable en mi imaginario cinematográfico. Como persona guarda una honda carga de patetismo, incluido ese trágico (y misterioso) final, presumiblemente ahogada durante una travesía en barco junto al bello Bob Wagner (una mujer con fobia al agua, por cierto. Cada vez que veo la secuencia de la bañera en "Esplendor en la yerba" me entra el agobio pensando en lo mal que lo pasó rodándola). "Amores con un extraño" es una peli simplemente pasada de moda,insufrible, un alegato pro familia que a lo mejor (si eres mojigato) te haría llorar. Prefiero mucho más una peli -que permanece inédita en nuestro país- que se tituló "Blue Denim" (Carol Linley quedaba preñada de Brandon de Wilde, ambos adolescentes y perpetraban un aborto con la colaboración de un compañero del instituto). Es un filme que mataría por ver.De momento, que quede ahí la referencia enciclopédica.

Al hilo de Natalie y de "Rebelde sin causa", acabo de ampliar mi artículo dedicado a Sal Mineo del mes de mayo con la crítica de su "Who killed Teddy Bear?", título de culto del ex Plato que al fín he podido ver recientemente. Con esto ya puedo morirme tranquilo. O ingresar en ese sanatorio para pervertidos castrados que piensan abrir los criptonazis gabachos pronto en Lyon. Buenanotte fiorelino!.

Adolescente18 dijo...

¡Hola de nuevo!

Pues "Amores con un extraño" es verdad que ha envejecido un poco / mucho. Pero la escena del aborto me impresionó cuando la vi y la interpretación de Natalie era estupenda (estuvo incluso nominada por tercera vez al Oscar). La verdad, piensa que era una película con grandes estrellas (ella y McQueen estaban en lo más alto) y dirigidos por un director que había saltado a la fama (Robert Mulligan y su "Matar a un ruiseñor") y ya era bastante delicado tocar el tema del aborto de esa manera, como para que al final no se quedaran juntos (que se sabía antes de ver la película).

Aunque para atrevida (no la he visto, así que sólo puedo decir lo que he leído respecto al tema) que "Bob, Carol, Ted y Alice" en su tiempo fue un boom y la interpretación de Natalie también se destacó, aunque repito que no la he visto...

A mi la filmografía de Natalie me da muchísima pena...de pronto estás en lo más alto con Ray y de pronto te encuentras con "joyitas" (por llamarlas de algún modo) bastante mediocres como "Bombarderos B-52" o "Los jóvenes caníbales"...de pronto estás con Kazan y otra vez "joyitas" como "Propiedad condenada" o "Penelope"...en fin.

Personalmente una de las interpretaciones que más me gustan es la de "West Side Story"...aunque algunos opinan que el acento puertorriqueño no era perfecto...es que era una de las pocas de la pandilla esa que no era latina...y además también critican a otras actrices como Liz Taylor (en "La gata...") o Audrey Hepburn en "My Fair Lady")...y de ese tema unos dicen que muy creíble y tal y otros que no es perfecto...sea como sea opino que la última escena de la cinta es de lo mejorcito de su carrera...y esa escena en la que le pide "aspirinas" a Rita Moreno...se come la pantalla la tía.

Terminando ya (me vas a echar jajajajaja) opino que Natalie tenía algo muy especial. Fíjate que sin tener unos ojos llamativos (tipo Liz Taylor y demás), los tenía negros pero tenían una profundidad y una expresividad que con una mirada transmitía lo que otras no hacían con una escena entera jajajajaja

Bueno, un saludo (y perdona por lo largo que me ha quedado).

maciste II dijo...

Yo casi que me quedo con la Wood de su madurez. Ahí si que estaba guapa de verdad. Tantos papeles de ingenua pueden hundir a cualquiera en taquilla. Me gustan más las chicas malas (Tuesday Weld, por ejemplo. O Carrol Baker).
Pero en su madurez me encantó en la mini serie sobre el texto de Williams LA GATA SOBRE EL TEJADO DE CINC (ya que mentabas antes a Liz Taylor) que era una revisión sin cortapisas cnsoriales (más obvia, dirían algunos) pero que, visto el panorama de soap operas del momento, partía al menos de un excelente guión y tenía una factura que la hacían más que recomendable (como Maggie catódica dio su canto del cisne allí la ex niña prodigio). Creo recordar que para televisión también protagonizó el remake de DE AQUI A LA ETERNIDAD (se supone que en el papel de Deborah Kerr. Pero la Kerr era insuperable, lo siento...).

Te veo muy informado, o muy fan... Eso es estupendo. Que un jovencito como tú pierda el tiempo en el cine de otras épocas es digno de admiración. Me recuerdas a mí hace veinte años...