25 mayo 2007

LAS 50 MEJORES AMIGAS DE GILDA LOVE

* DOVA
Los concursos de la canción y los festivales fueron una excelente plataforma para que cantantes desconocidas sacasen a la luz sus materiales. Muchas nunca alcanzarían rango estelar, pero los nostálgicos aficionados a estos certámenes las recuerdan con afecto. Dova en estos era una presencia más que frecuente, favoreciéndose, por consiguiente, de superproducciones sonoras en temas como Mr. Monday (1.970) o Vete de mí (1.971), ambas registradas para el sello Polygram. La dinámica Dova podría recordar en su voz sugerente a la norteamericana Vikki Carr. Al principio se integró a la perfección en la casta de elegantes remilgadas como Lita Torelló (de repertorio similar además, pero menor en cantidad de canciones) o Franciska.
Nacida en Valencia, en plena costa mediterránea se llamaba en realidad Francisca Doiz y extendería su popularidad fuera de España, concretamente en el antiguo bloque de paises comunistas donde su especial televisivo Fin de semana con Dova registró altos índices de audiencia (un caso similar al gafudo Michel, por lo tanto). En los setenta la artista no paró de realizar giras por toda Europa del Este, protagonizando especiales en la televisión búlgara y grabando algunas canciones en Rumanía. Como ella misma me dijo una vez en Saporo: "Una cantante no debe extralimitarse a ser conocida en un solo país, es importante que la evalúen en cualquier sitio". Cantante favorita de Carlos Berlanga, además.

* ELSA BAEZA

Tanto Luciana Wolf como María Ostiz o Elsa Baeza fueron chicas que empezaron siendo poppies y terminaron encauzando su carrera en la música religiosa.
Elsa es cubana de nacimiento. Sólo era una adolescente cuando emigró a Paris, debía ser 1.961. Allí trabajó de modelo para el diseñador de modas Jacques Esterel. Cinco años más tarde cogía un avión y se plantó en España para actuar en dos películas de diferente índole temática: La Brujita (1.966) y Nueve cartas a Berta (1.967). Tambien cantó y tocó la guitarra en unos pocos discos en esa época. Buscaba aún un estilo. Y el suyo aunque poco original resultaba muy agradable al oído: sus bossanovas pop eran una delicia (como aquella Dubeque Dublin con portada de disco tan inquietante: parecía Barbara Steele con ramalazos de Patty Sheppard, era una fotografía de Gigi Corbetta).
Su carrera como cantante no despegaría hasta 1.970 con su versión con sabor aflamencado del hit No te mires en el Río y, desde luego, con su aportación sexy casposa al Je t'aime moi non plus tan de moda (en el extranjero) acompañándose de Manuel Galiana. Descentrada por entero, incapaz de dilucidar el camino a seguir, un camino coherente (sus problemas sentimentales no la favorecían en absoluto, a las portadas de las revistas de los setenta me remito), no fue hasta 1.977 que encontró su lugar definitivo (y su fosa común) gracias a Carlos Mejía Godoy y sus Cristos nicaraguenses. Ahí ya me dejó de interesar.

* ENCARNITA POLO

Ay, el dichosito flamenco pop... cuanta basura y grandeza generó en los seventies. Y es que del Garrotín de Smash a las tonterías para legionarios de la Rosa Morena había un abismo de contradicciones e intereses comerciales. Si bien los Smash no eran en esto pioneros (ahí tendríamos antes a su manera rupestre El Relicario de Los Sonor, los instrumentales castizos de Los Pekenikes y el Flamenco de Los Brincos y sus imitaciones...), al menos dignificaron la fusión. Las explosivas festivaleras lo hundieron en el tópico y la chabacanada. Cuanto menos eran coloristas, no defraudaban como sí lo hicieron unos decadentes Peret y Los Amaya.
En cuanto a Encarnita, siempre la ví entre Pinto y Valdemoro. En los sesenta fue cúlmen de la elegancia andaluza, vestía como una modelo de Balenciaga, viajó a Italia y trabajó hasta con Modugno y grabó muchos discos con clase (la clase de aquella era la bossa, el bolero y el slow rock). Menos cargante que la dragona Salomé, adornó como improbable chica Bond de un improbable agente secreto llamado Cassen (que sin Berlanga era penoso, como Tognazzi sin Risi). A finales de los sesenta ya se dejó embaucar por la moda imperante del flamenco pop mientras empezaba su peculiar infierno personal con el compositor argentino Adolfo Waitzman, su marido (excelente compositor y arreglista, por cierto).
Pepa Bandera
, Paco Paco, El Olé, Churumbeles... España Cañí para turistas post- plan de desarrollo. Agonizante la copla, sus versiones de clásicos inmortales (aunque demasiado sandungeros) no hicieron en absoluto nada por modernizar el género, mucho menos por dignificar a Rafael de León, todo lo más echaron más tierra en el camposanto donde reposaban sus restos (ni siquiera lo haría la capillita semanal de la Pacheca con el ínclito Postigo, otro responsable máximo del fenómeno fusionachero).
Encarnita y sus pelucas. Encarnita y su simpatía proverbial. Encarnita y sus crisis económicas de los últimos años. Encarnita me tiene a su disposición para echarle una mano siempre que quiera. Te quiero, Encarnita. Que una cosa no quita la otra.