19 mayo 2007

GRAN SEMANA DE LA LIQUIDACION EN VIDEOCLUB MONGO

6. Restos finales, cintas en mal estado, sin carátu
la... (I)



Sex Psycho (1970. Walt Davis)
Feliz combinación de pornografía y terror sangriento que desarma a cada nueva revisión. Rareza e incunable que asqueó en el momento de su estreno (ni siquiera podría llamarse estreno, sólo su pase en premiere levantó tal malestar entre el público asistente que se eliminó toda posible comercialización). Más de treinta y cinco años después el filme desarma por su libertad sexual, por su falta de prejuicios morales y por su hilarante trama (mujeres cornudas enloquecidas por los celos que emplean la técnica de la castración o decapitación segun convenga). La sinopsis una vez más se revela insuficiente para calibrar un despropósito sanote que tira de guiños a la cultura pop, las novelitas pulp, los comics y, por descontado, al movimiento gay (alucinante el arranque de la peli con el coito de dos patilleros en una cama: sexo simulado sí, pero que acaba en corrida). Encima, las tipas usan pelucas y sus coños son peludos, y dos de los maromos más importantes de esa década se dan cita con sus respectivos poderes: Rick Cassidy y su aspecto de modelo para el dibujante Harry Bush y John Holmes y todos sus centímetros siempre disponibles. En cuanto a esta última leyenda siempre es reconfortante verle en estos primeros pinitos en el cine bi. Hace poco además mi sorpresa fue en aumento al descubrir un cortometraje homo de 1965 en el que con veintiun años ya se lo pasaba muy bien mariconeando con otro chico hippy en una cama y en la ducha (el corto se titulaba "Johnny Giant", sobran explicaciones). Su labor esporádica en el sexo alternativo (fue además chapero ocasional) proseguiría en un par de películas de la productora Falcon ya en los ochenta y en donde lo simulado de antaño pasaba a lo explícito puro y duro (era pre condom).
Sex Psycho, con su curiosa mezcla de sangre y folleteo, de nuevo confirmaría que no hubo década como la de los setenta para el libertinaje frescachón (y transgresor). Equiparable a las locuras de Curt McDowell (Thundercrack!)

Normal Love
(1964. Jack Smith)
El fundamental Jack Smith desde los postulados underground prorroga en Normal Love (también conocida como Normal Fantasy) las propuestas de su anterior (y clásico) Flaming Creatures. Es decir, que la orgía exótica de travestís continúa en un delirio suntuoso lleno de color, artificio y desmelene. Asimismo, es otro homenaje a su adorada María Montez, reina del technicolor y la Orientalia de los años cuarenta (el propio Smith empezó a hacer experimentos cinematográficos mirando a aquel Bagdad de pandereta cuando la Montez desapareció tragicamente de este mundo -principios de los cincuenta) en la figura warholiana de Mario Montez (su impersonator travestido).
Mario es sirena, reina de un mundo encantado, de vegetaciones frondosas y peligros acechadores (los monstruos de la Universal resucitan de cualquier espesura contaminada por preservativos usados y artillería cosmética unisex para bailar sandungueros en honor de su divinidad). Es una Atlántida camp que gracias a la magia que sabe imprimir Smith se vuelve irreal y orgásmica (es semen marrón, conforme a las características sexuales de los participantes) y en donde la banda sonora adquiere tanta o más preponderancia que lo visual: despilfarro ultralounge de vinilos rotos o no, en donde hay mambos, música egipcia, Lecuona, el Lamento Indio, swing con aromas exóticos y hasta hawaian vintage - no en vano participaba en el ágape el increible Tiny Tim, cantante de este género musical y profesional del ukelele). Si uno se fija mucho hasta verá a Andy Warhol, como no podía ser menos, metiendo la nariz en el despiporre.



The story of menstruation (1946. Walt Disney)


Encantador corto didáctico de dibujos animados sobre la regla. Puede que parezca increible, pero un personaje tan familiar y blanco (en apariencia) como Disney se atrevió a plantear el tema desde un punto de vista serio y normalizador (desde luego, sin el sensacionalismo en el que incurrirían los cineastas alemanes de los años veinte, por ejemplo). Y aún hablando de úteros, de váginas, de sangrado... si, incluso dibujando coños de libro médico, el mago de Burbank no perdió su ingenuismo radical, que aquí gracias al tema adquiere connotaciones regocijantes. Sus protagonistas son Blancanieves modernas, Caperucitas topolino, futuras Cenicientas. Dentro de ellas, se cuece el ciclo. Habitas que representan ovarios, conchas que son úteros, canalitos que son váginas. Consejos mil: para la ducha, en la práctica de ejercicios deportivos, en las labores de la casa, dietísticos en los días conflictivos... Incluso, se repara en los cambios de humor, en esa depresión que le entra a la niña mujer y que le impide salir con su novio a bailar. En este último aspecto, nada es más aconsejable que un buen boogie woogie (aunque al no ser un anuncio de compresas, que de aquella creo que no las había, no se habla del típico no se ve, no traspasa. Cuestión de paños higiénicos).
En definitiva, para Disney no hay misterios. Es un ciclo natural cuyo fín es el matrimonio y que culminará con el nacimiento del primer retoño. Atrevimiento y conservadurismo. ¿Alguien da más?. El mismo lo dio, con su bella durmiente al pincharse el dedo con el huso de la rueca.


Alice in Acidland (1968. John Donne)
Siguiendo con los cuentos, aquí está una tal Alicia que en sí ya tiene nombre de niña desvirgable. De eso va está fantasía psicodélica. De corrupción de féminas inocentes y puras, muchachas normales que estudian la secundaria y que por las malas compañías (unas amigas vivarachas) se ven introducidas en una espiral de drogas, sexo grupal, lesbianismo y demás escándalos típicos del cine de explotación. Particularmente repulsivos en su doble moral (es cine sin diálogos, sólo una voz en off que pretende avisar de los peligros del mundo macho, con sus drogas y sus penes siempre a punto, mientras las imágenes es un constante recrearse en el tomate) sólo son soportables por ese toque de candidez de los años sesenta, aún no eran los tiempos de la groserías en las que devino el infragénero.
La protagonista es la guapa Colleen Murphy, que es desnudada por sus compañeras, invitada por ellas y ellos a fumar unos porros y luego entregándose enajenada a tortillas aparentes y otro tipo de sexos simulados. Es la parte final la más interesante. Justo cuando se mete el tripi. La película adquiere ahora colorido pop (antes era en blanco y negro) que refleja el estado mental de la drogadicta (la Murphy en todo su esplendor nudie) y la cámara buscando siempre efectos ópticos a través de lentes y caleidoscopios muy de la época, casi transformando el viaje en un videoclip.
Por desgracia, la moralina final perjudica el buen sabor de boca que nos había dejado momentos antes el filme. Aparece Alice con su mirada perdida y atrapada en una camisa de fuerza, prisionera de un viaje sin retorno posible. La voz en off de nuevo alecciona, advirtiéndonos de los riesgos que tienen las niñas buenas de acabar loquitas perdidas por el caramelito de moda (LSD).




The crippled masters (1981. Joe Law)
Una de las películas sobre artes marciales más insólitas paridas en Hong Kong. Protagonizada por luchadores de órganos amputados (a los heroes les faltan o bien los brazos o bien las piernas) en una vuelta de tuerca tan inverosimil que dudo mucho que los niños que la vieran en su día consideraran a semejantes frikis como unos ídolos de poster (tendrían que ser unos niños de ojos rasgados muy raritos).
La historia es la típica venganza. El protagonista tratará de acabar con los malos que lo dejaron sin brazos. Por el camino se encontrará con un supuesto rival pero que al final se coaligará con él, al comprobar que al menda los cabrones le han desposeído también de sus extremidades. Con la ayuda del maestro de tullidos aprenderán un tipo de defensa personal alternativa. Seguros de si mismos emprenden la búsqueda del jefe de la banda, que no es otro que un jorobado al que cuando se le golpea en la chepa reproduce un sonido metalizado y que difiere en armonía con respecto al resto de hostiones. El duelo final de los buenos y el chepudo es indescriptible: el que le faltan las piernas de un brinco alucinante se queda adherido, cual ventosa, en la espalda del que le faltan los brazos (esto en dibujos animados tendría más sentido pero es que, visto lo que hay, parece antes una niña peruana de muy mal carácter atada a la trasera mientras su mamá por delante aplica patadones a destajo) y así van a vencer por puntos al otro. Hay tambien peleas ortodoxas, pero son las menos interesantes (en general, este tipo de cine resulta muy saturador). Yo, que no soy experto ni adicto al kung fu, podría afirmar sin miedo a decir una burrada que estos luchan muy mal. Poniéndolos al ralentí y sin movimientos sincopados se asemejaría mucho lo que hacen con la más pacífica jota aragonesa.
Con todo, esta es una curiosidad, se mire por el muñón que se mire, a medio camino entre la guasa del subgénero y la reivindicación paraolímpica.

4 comentarios:

el zurdo dijo...

En referencia a la entrada de arriba, se le ha olvidado este:
http://elcoleccionista2.iespana.es/danielboom.jpg

el zurdo dijo...

En referencia a la entrada de abajo, últimamente está la gente muy montherlantiana. En el blog EFIMERA se ha comentado algo al respecto.
http://www.efimera.org/anotaciones/los-ideales

Yo publiqué en mi revista corazonesca un cuento con ecos de Montherlant y, también, premonitorio de LOS JUNCOS SAUVAGES. Aquí se lo adjunto:

DE NUEVO ANTE LA PUERTA DORADA

Primero fue el fútbol.
Después, la política.
El fútbol: jugarlo, gritarlo, pelearlo.
La política: ¿la guerra?
¿Las memorias entrechocándose son cornamentas de jóvenes carneros?
Asalto tras asalto, los últimos hombres vivos en una ciudad postnuclear (postnuclear antes del armageddon). Escaparates rotos. Carteles de ONGs rasgados. Escándalo de los correctos que alimenta el ánimo de los rebeldes.
Lucha de pandillas convertida por la propaganda en guerra civil: a «West side story» le han cambiado la música por «La varsoviana» y el «Horst Wessel lied».
Tintines contra Tintines: los jóvenes carneros del país disputan. Y los foráneos, día a día más hartos de la rabia de los unos, de la limosna de los otros (Fanon y el eco de un almuédano retumban en el fondo de la memoria colectiva).
Dilette sonríe desde su indefinición sexual, racial. Viste de terciopelo burdeos esta noche. Un chaval la gruñe por sus reflejos oliváceos. Su cutis de leche con fresas en las mejillas y la pelusa de melocotón que cubre su cráneo parecen gritar un slogan patriótico.
Dilette lo clava contra la pared con la mirada como a un insecto sobrealimentado. Tintin se halla en zona extraña: un solo silbido de la mulata podría suponer su linchamiento entre iracundias magrebíes.
Tintin no quiere mostrar miedo. Llora de rabia impotente asumiendo que los siguientes minutos pueden ser los últimos a disfrutar fuera del hospital. El es Francia. Le han enseñado (primero, en el fútbol; después, en la política) que él es Francia. Pero pesa un quintal esta Francia sobre las menudas espaldas de Tintin.
Dilette escucha al muchachito resoplar. Qué bien huele. Como un bebé recién bañado. Un bebé que puede desfigurarla a hostias. Por aquello de la indefinición sexual, racial...
Dilette no se queja ni pregunta al cielo por qué ocurren estas cosas: ella odia las limosnas y las ONGs. Es, podríamos decir, una versión travestida de Malcolm X (otro mestizo sin vocación de crisol). Entiende el odio: el suyo, el de Tintin, el de los viejos que hablan solos por las esquinas cagándose en Monsieur le President, el de los perros sin amo tras las vacaciones...
Seguramente, si el apartheid fuese la letra de la ley y no las ONGs, este chaval iría contra la ley. Llevaría el pelo largo, tal vez rizado, casi afro, y vestiría como uno de los Black Muslims. Y leería a Fanon.

-¿Lees a Fanon?

Un exabrupto aborta en los labios de Tintin. Dilette, bella y amable, adorablemente olivácea, congela con su pregunta la automática hostilidad del peloncete: ¿cómo sigue ileso aún en este barrio de moracos?

-A Montherlant.

Váya. El mocoso tiene gusto.

-Montherlant: mi fascista favorito... No te incomodes: yo también soy fascista. Fanon era mucho más fascista que Montherlant. Los morenos podemos ser tan fascistas como el que más: ¿acaso no recuerdas quiénes defendieron al viejo Barbie en su proceso?

Tintin se asombra ante la inesperada salida. Se ruboriza y se muerde los labios por no reír. Ahora sólo aparenta... cuatro años. Dilette se lo comería vivo...

-...y no digamos Montherlant...
-¿Cómo?
-Nada: pensaba en voz alta... ¿Y qué lees de Montherlant?
-Nos han encargado en el Instituto que adaptemos una pieza corta de teatro. Algo sobre fútbol. Una terapia ocupacional para skins, dicen. Piensan que... así seremos buenos.
-Ya. Las memeces de siempre: a golpe de psicodrama, se acabarán los problemas, las tensiones, las diferencias...
-Algo así.
-Déjame que adivine: tú haces de Peyrony.
-¿Cómo lo has sabido?
-He leído lo suficiente a Montherlant para conocer... sus gustos.

Tintin se relaja. Sólo un instante. Varios moracos se acercan a Dillette.

-¿Ese caraculo te molesta, princesa?
-Dejadnos en paz, coño: estamos hablando de teatro.
-Hijo de... petain, no estás en tu barrio.
-Iros a hacer el jerife a otra parte. El chico está conmigo.

Dilette pasa un brazo por los hombros de Tintin, a quien le saca la cabeza. Los moracos se apartan con muecas de asco.

-Eres la vergüenza de tu raza.
-¿De cuál de ellas, so mamón? Nací en la Martinica, no en Argel. Mi padre, a quien no conocí, era un turista judío de Estrasburgo y mi madre, una sacerdotisa local que trabajaba de fregona en los hoteles. Largo o me lío a echar mal de ojo. Soy fascista en todos los colores. Este pequeño y yo hablamos el mismo idioma. Fanon y Montherlant, un mismo combate.
-Estás pirada. Las mujeres no deberían leer.
-Yo no soy una mujer, gilipollas: ¿te lo has hecho conmigo y aún no lo sabes?

Tintin, al oír esto, da un respingo. Mientras, los moracos se van alejando.

-¿Qué te pasa, mi croissant?... Demasiado para una sola sesión: comprendo. Sí, no soy exactamente una mujer. Como tampoco soy exactamente negra o blanca. Pero soy hermosa, huelo bien, visto con elegancia, poseo cierta lucidez y, repito, soy tan fascista como tú. Puedes aprender mucho a mi lado. He mamado la peor leche de las Antillas. Sólo mi mamá podría superarme.
-Yo... yo odio a los negros que piden limosna, y a los que salen en los debates de la tele quejándose de la inseguridad ciudadana, y a los que participan en las manifestaciones antirracistas... Pero no creo que pudiese odiar a un negro que me plantase cara y me matase a golpes por mirarle mal: admiraría a ese negro. En realidad, he entrado en este barrio para...
-Ya, para encontrar a «ese negro». Has tenido suerte: me has conocido a mí. No pido limosna, ni voy a manifestaciones tongo, ni creo en los debates. Soy racista, pero no de la sangre sino del alma: no soporto a los cerdos, a los burgueses. Yo soy una diosa (es decir, una bruja): y las diosas/brujas odiamos a los burgueses, a la buena gente, a los buenos negros, a los buenos blancos... A las almas fondonas que chorrean celulitis. Yo soy fibrosa (¿sientes la presión de mi brazo, mi croissant?) por fuera y también por dentro. Como una serpiente.
-Me... me da vueltas la cabeza. Esta noche es muy rara. No parece real.
-Es real. Pero no frecuente... Oye, son ya casi las doce: ¿te acompaño al Metro?
-No tengo ganas de volver a casa todavía.

Tintin apoya la cabeza contra el escote de Dilette. La pelusa de melocotón roza el largo cuello oliváceo.

-Cariño, qué nochecita: estás transgrediendo todas tus leyes divinas y humanas. La resaca de mañana será fuerte, te lo advierto. En todos los sentidos.
-No me importa: quiero repasar contigo la pieza de Montherlant. Llevo el libro aquí, en la cazadora.
-Ya. Tú haces de Peyrony. Y yo, supongo, de medio ala... De medio ala, ho, ho... Menos mal que soy una diosa: y que las diosas somos versátiles. Vamos a mi apartamento.
-¿Sabes?: he... he conseguido lo que quería.
-¿Hmm?
-He encontrado a «ese negro». Y me ha matado a golpes: mañana tendré todos mis esquemas escayolados. Mañana... mañana seré mayor.
-No está mal: tan joven y tan lúcido... Con tipos como tú, dan ganas de volverse skin... Mira, unos cartelones de SOS/RACISMO: a por ellos. Que no quede ni uno.
-Por Fanon. Vive la Martinique!
-Por Montherlant. Vive la France!

maciste II dijo...

Gracias por ese texto. Me ha encantado. ¿En qué año lo escribió?.

No me da ningún documento al escribir esa dirección, me imagino que será alguna canción dominical. De todas formas hay tantas... Y el domingo que viene seguiré repasando otras doce.

Repito, me ha gustado mucho ese cuento alusivo a Montherlant. El y Peyrefitte (El exiliado de Capri) fueron amigos epistolares. Pensé que quedaría bien reunirles a ambos en el mismo apartado de FRASES DEL DIA.

el zurdo dijo...

El cuento lo publiqué en el nº 11-12 de ECDB (correspondiente a otoño '96), por lo que debí de escribirlo en verano, tras una relectura de LES OLIMPIQUES.