17 mayo 2007

GRAN SEMANA DE LA LIQUIDACION EN VIDEOCLUB MONGO


4. GEORGE KUCHAR (1942- )
Ayer un amigo me advirtió que lo que estoy haciendo al regalar todo esto es una locura. Que sino viera los precios con los que vendía lo suyo el Jordi Costa. Que eran una animalada. Pues por eso mismo el tunante ese tuvo que cerrar, por los precios y porque ahora el EMULE hunde a cualquiera con tanta cosa disponible y gratis. Pues, siendo consciente de la situación yo lo regalo. Y encima, aunque la mayor parte de mis pelis sean piratas tienen primorosas carátulas que incluyen información de las mismas escritas a mi modo y estilo. O sea una maravillla con toques de personalidad mongo.
Hoy, por ejemplo, me complazco en bajar a los subterraneos más encantadores del underground norteamericano con una figura emblemática del movimiento. Decir Kuchar es decir locos años sesenta, heterodoxias y bizarrerias. Y aunque el underground abarcaba a miles de realizadores con sus respectivas querencias, tiendo a quedarme con la rama de los extravagantes que utilizaron la libertad sexual como seña de identidad y forma de comunicar una obra que parecía bendecida cosntantemente por la transgresión. Jack Smith, Warhol, Anger, Markopoulos o los hermanos Kuchar a pesar de esas cualidades tan irritantes que parecen ser indisolubles al movimiento (narcisismo, petulancia, formulaciones caprichosas, regodeo en el amateurismo) adquieren una pátina de simpatía al partir de una aparente frivolidad que destinan al sano motivo de reirse de la industria cinematográfica, una industria a la que admiran pero que a la vez los rechaza. Y al rendir anti- tributo de una forma ultra romántica al Hollywood dorado es lógico que operen mediante las parodias irreverentes del cine de géneros.
Si nos centramos en George y su hermano gemelo Mike Kuchar tales parodias abarcarían el melodrama para mujeres de la Warner, el mundo exacervado de Douglas Sirk y, desde luego, la fantasía oriental o sci fi. Y su delirio aunque con cuatro perras, vive dios que fue de un antológico subidísimo. Pronto tendremos en el videoclub disponible una cinta de Mike, cúlmen de todo lo que he dicho, donde más que nunca-en el caos todo vale- los géneros se entremezclan en una no- acción trepidante. Muchas de las obras de George, más prolífico que su gemelo, se han perdido pero en tanto que bocetos de otras más conocidas tienden a compensar las carestías con las que se encuentra el completista a la hora de acercarse a una glosa seria del artista en cuestión.
Datos biográficos de George nos lo presentan muy al principio de su juventud como diseñador de mapas metereológicos televisivos. Esto explica su preocupación por los fenómenos ciclónicos de condados expuestos al ataque de tifones o grandes tormentas como la canadiense El Reno, lugar donde realizó varios de sus cortos bajo el título Weather Diary. Su actividad como dibujante de comics, explicaría a su vez, su encantadora manera de pintar efectos especiales naifs sobre los fotogramas (amén de sus constantes referencias en planos a los tebeos o los personajes de cartoon o marionetas). En este aspecto de su biografía, cobraría énfasis su trabajo intenso en San Francisco con dos de los popes del comix norteamericano: el holocáustico Art Spiegelman (de Maus) y el controvertido Bill Grffith (Zippy the pinhead). A pesar de ello, las viñetas no terminaron de acaparar su carrera artística que se centró en los cortos en 8 mm (aproximadamente 200 filmes en veinte años). Su sentido del humor, su militancia queer (inseparable por genes, obvio, de la de su hermano), su catadura iconoclasta le emparentan muy directamente con la figura ahora mainstream de John Waters, lógico introductor del documental en torno a George, Reflections from a Cinematic Cesspool. Es curioso, que en contra del de Baltimore, los Kuchar continuasen erre que erre en su estilo de siempre con el transcurrir del tiempo. Esto les honra sin duda, al ver a cambio las últimas propuestas del autor de Mondo Trasho. Y de paso, tales cortos, independientemente del grado de adhesión o complicidad que ejerzan sobre el espectador, le confieren una entidad anacrónica deliciosa (es como si Kuchar viviese en un mundo paralelo por el que no pasan los años. Siempre son los irreverentes años sesenta, mezcolanza pop de estridencias camp).

Eclipse of t
he sun virgin (1967)
En esta cinta tan hermosa vienen cinco obras (entre cortos y mediometrajes) que comprenden dos décadas de la indisciplina muy disciplinada de este neoyorkino. Este primer corto es uno de sus clásicos. Parodia del melodrama Sirk con un mucho de fotografía en movimiento de Diane Arbus. Por encima de todo es un retrato irresistible de la propia familia de Kuchar, familia gafuda, frikis USA de apabullante apariencia física. La música cobra un papel fundamental en esta y en todas sus películas. Los oldies, Alex North, lo moderno en jazz acompañan a cientos de planos cortos de alucinadas formas. Waters empezó a tomar buena nota de aquel mundo en colores repleto de signos y fetiches.



I, an actress (1977)
Filmada en colores primarios. Dura apenas seis minutos. Es una audición o prueba de casting a una actriz. Poco se puede decir de una película que carece de trama (en realidad Kuchar es la antitrama de la gran tramoya). Vemos a la jóven rubia buscando dramatismo, vemos al director que quiere sacarle inspiración y lo único que le provoca es la sonrisa. Se nota que quieren filmar un drama desgarrado pero aquello sin duda no funciona. Aferrarse a un macho que se va pero que es un burdo peluche de trapo con peluca no hace más que transformar el clima en algo grotesco e hilarante. Tomándolo a guasa, como una prueba de set de alguna glamour girl de antaño adquiere un significado. Si esperamos identificar las imágenes con las de un pasivo Warhol prendado de la Sedgwick erraremos. De todas formas siempre que la veo, al tender- por fobias- a asociar underground y actriz salida de madre con Cassavettes y señora, se me frena la gracia y mi gozo queda un pozo.

Wild night in
El Reno (1977)
Fotografiado en el Frontier Motel de este condado canadiense, Kuchar filma los cambios atmosféricos desde una ventana. El paisaje de un verde muy hermoso (parecido a cierto Jarman en plan Journey) va transformándose en entorno macabro hasta degenerar en la tormenta terrible que presagia el título. El score acompaña a las imágenes desde la ironía pero siempre aireando doctorado musicológico: jolgorios de jazz band al principio, la aparición de la lluvia con las Gotitas de Abril de Disney... En un año en el que el cine popular ya estaba invadido de catastrofes firmadas por Irwin Allen, Kuchar contraatacaba desde la honestidad de un afecto al cambio climático, las revueltas naturales y su información televisiva. Su breve historia tiene final feliz: después de la tormenta viene la calma en forma de hermoso arcoiris (pero no suena Judy).

Ascension of the demonoids
(1985)
Alucina ver este mediometraje en la actualidad. En plenos años ochenta parece que esté rodado con la frescura e inspiración de la década dorada de la escuela de Nueva York. Este término por entonces devino cine independiente (o nuevo cine). En cambio, cuesta trabajo modernizarle la etiqueta al veterano Kuchar. Esta fantasía alienígena o sobrenatural permanece anacrónica y descacharrante. Irrita y divierte a partes iguales. Efectos especiales de risa, cambios tonales anárquicos, homoerotismo light (muy gay power), y el nacimiento de los demonoids, parejos en bizarría a los mongreloids setentianos del mismo autor. Criaturas fantasmales sin sábanas pero tras los visillos, provinientes de naves espaciales mal dibujadas y en sobreimpresión. Y el final feliz con amor incluido entre un bigotudo y una señora medio peruana medio Yoko Ono en el mar de la insensatez.

Weather diary 1
(1986)
Ampliación en toda regla de la "Noche salvaje en El Reno". Ahora con la estructura de un anti documental en el que van desfilando los habitantes del poblacho. Se simultanean las declaraciones de estos con los fenómenos físicos que alteran sus vidas. Todo desde un tono caprichoso pero persuasivo a la vez, muy típico del ismo.

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