16 mayo 2007

GRAN SEMANA DE LA LIQUIDACION EN VIDEOCLUB MONGO

3. HERSCHELL GORDON LEWIS (1926- )
Ya estamos a miercoles y el cajón de cintas aún luce a medio rebosar. Con lo cual, si la cosa no cambia me voy a quedar para mi solito con una buena cantidad de este material tiradísimo. Confío en que según se aproxime el fin de semana los habituales se acerquen por aquí y podamos satisfacernos mutuamente. Esto es, por vuestra parte con el pillaje de estas mierdas llenas de sangre, tetas, super heroes, freaks, rock, droga, ultraviolencia barata, y demás infantilismos que cubren las pobres necesidades de un determinado público masculino, ajeno y, a la vez, inmune a la alta cultura; y, por mi parte, con poder pajearme a vuestra cuenta detrás del mostrador mientras os agachais hasta dejaros ver vuestros canalillos peludos, o bien poniéndoos a cuatro patas con el culo virgen en pompa para buscar aquella que quedó de lado y que no sé sabe bien cuál es.
Hoy necesitais sangre. O algo ridiculamente parecido a una mixtura de tomate y pintura, con su casquería correspondiente. Entonces, a no dudarlo, Herschell Gordon Lewis es el maestro al que debereis rendir culto.
A lo mejor a estas alturas alguién no sabe de este venerable inventor. ¿Que qué inventó?. Inventó el gore. A principios de los sesenta no había cosa igual. Destripamientos, descuajeringancias, trepanaciones y matanzas execrables se dieron cita siempre en sus artefactos de horror. Su trilogía de la sangre es indispensable para el acercamiento a un género con visos de degenar a finales de los setenta en aquellas tan penosas como afamadas tablas de carnicero (Viernes 13, etc.). Blood Feast, 2.000 maniacs y Color me, blood red fueron esos tres títulos reveladores.
Un director que hizo sus primeros pinitos en Chicago, que descubrió a la inmortal bizca Karen Black, que supo erigir un monumento de pesadilla a la monumental conejita del Playboy Connie Mason merece tener sus honores en forma de innumerables posters en mi Videoclub. Fue al trasladarse a Florida cuando Mr. Lewis se especializó en el splatter junto a David Friedman. A lo largo de los años sesenta firmaría el grueso de su influyente filmografía. Infracine de griterío, con colores de escándalo, hecho con nulo presupuesto pero compesado todo con unas grandes dosis de imaginación y humor malévolo. Realizar la friolera de cuarenta filmes en doce años ya daría una idea ajustadísima de la premura con la que trabajaba este tipo admirable. En 1972 con Gore Gore Girls (crímenes espantosamente ridículos en los ambientes del night club) dio por finalizada su carrera. Los tiempos cambiaban, la competencia era mucha y el pornerío abarrotaba ese tipo de productos de consumo interior (en toda la historia de su exploitation él nunca traspasó la frontera de la pornografía, quedando todo en un soft de ligueros y braguitas caladas sumamente campy). Al abandonar el medio, se ganó la vida como profesor de escuela y escritor. Volvería tarde y mal a ponerse tras una cámara. Fue cuando se atrevió a ofrecernos una segunda parte de su emblemático Blood Feast (2002). Las nuevas geeraciones enloquecieron.
Teneis tres cintas VHS a vuestra disposición, si quereis. Felices agachadas.

Color me, blood red
(1965)
Una de mis favoritas. Todo por culpa del argumento, que es bien sabroso. Un pintor excéntrico en sus locos deseos de experimentar con el color rojo, acaba asesinando a sus modelo para estampar su sangre en los cuadros. Esta base genial adquiere momentos de gran patetismo gracias a la apariencia física del actor que la protagoniza (que recuerda algo al jóven Anthony Hopkins con mucho del Jess Franco de "El extraño viaje"). Sus murders in progress no admiten discreción de ningún tipo. Al vivir a orillas de una playa apartada a la que van parejitas jóvenes en busca de solaz funicellesco es capaz hasta de lanzarse en lancha motora clavándoles impunemente el arpón mientras nadan. Al ser pintor de la mujer, siempre buscará la sangre de ellas. En algunos casos sus truculencias a la hora de arrancar interiores son desorbitadas. Y su manejo del pincel tan arbitrario que muchas veces esto le lleva a estampar directamente la cara de las víctimas sobre el lienzo, quedando unas obras de lo más vanguardistas. Los críticos de arte elogian su destreza cromática, maravillándose del rojo profundo conseguido en todas ellas (un rojo poco Minelli). Ese rojo es su misterio. Pero no por mucho tiempo, ya que el tomate (nunca mejor dicho) se descubrirá de cara al final, en el típico momento de precipitación del "malo".
Muy interesante cinta, que bebe tanto del cine de la Hammer (chicas sexy en peligro) como del ciclo Poe para Vincent Price (el artista atormentado). Al no ser plagio de nada se ve con muy buenos ojos.

Gruesome twosome (1967)
Otra barbaridad campy maravillosa. Aqui la excéntrica es una vieja all american que regenta un negocio de venta de pelucas. Tiene mucho éxito debido a que éstas reproducen a la perfección lo capilar, son pelos muy naturales. En realidad, el cabello pertenece a las jóvenes que su hijo, un deficiente mental, va cruelmente asesinando por expreso mandato materno. La barbarie tiene lugar en la trastienda donde las mozas son encerradas con engaños. Ya allí, el retrasado las asalta portando una serie de cachibaches puntiagudos que hasta incluyen un cuchillo eléctrico de cortar jamones (con uno de estos decapita muy sañudo a una rubia twistera). Se ven sesos, tripas y otro tipo de órganos que provocan la sonrisa en el espectador moderno. Por mi parte, debo reconocer mi total admiración por el personaje del killer nerd, sus ruidos guturales, sus gimiqueos, su rostro de anormal, sus muslos interesantes dentro de pietros jeans, su ser tan manejable... me atrapan siempre que la vuelvo a ver. Quizá la parte más molesta, o chirriante, sea esa evidente referencia al Psicosis hitchcockiano (madre anciana con peluca blanca que adiestra a su hijo psicologicamente a matar) y que degradaría el noble mito del original de manera chocarrera y ramplona.

The Wizard of Gore (1970)
Aparte del juego de palabras del título, este es un juego del arte de birlibirloque. El mundo de la magia como espectáculo transformado en una mema catarsis colectiva de sangre y vísceras. El protagonista es el maniaco Montag el magnífico, de mandrakeiana apariencia y siempre acompañado de su simpática guillotina. Montag hipnotiza a bellas muchachas que forman parte del público asistente en pequeños teatros, y bajo ese estado las somete a aberrantes aquelarres gore que quedan en nada no bien el propio mago decide terminar con el número. Todo en la película es ridículo, vergonzosamente absurdo: la interpretación de Ray Sager como Montag, los efectos especiales (a veces las chicas son sustituidas por muñecas de tamaño natural para infringirles el castigo atroz sin la menor impudicia, las vísceras son más que nunca papeles de periódico mojados en tinta roja que pueden acompañar en un mismo estómago a sardinillas de la ría o a los inevitables riñones e higados de ternera), la propia trama tan mal construida y de argumento mínimo (hay investigación de desaparecidas en el cementerio pero hasta ahí llega la cosa). El poder de Montag, el magnífico es infinito e insospechable (es capaz de transformarse en otra persona mediante unas tiras de goma de burda careta). Y lo curioso es que dentro de todo su sin sentido hay muchos chalados que consideran esto como una obra maestra... de lo Z. Juzgad vosotros mismos.

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