15 mayo 2007

GRAN SEMANA DE LA LIQUIDACION EN VIDEOCLUB MONGO


2. RICHARD ELFMAN (1949- )
Busquen, busquen más que aún queda. Miren qué maravilla el Forbidden Zone (1980) de Richard Elfman. ¿Qué no les suena?. Claro, Elfman. Ustedes asimilan ese apellido a las bandas sonoras de Tim Burton. No van descaminados. Primero, porque el compositor de estas era su hermano pequeño Danny, que al principio de su carrera como libretista trabajó muy estrechamente junto al mayor en su proyecto teatral The Mistic Knights of Oingo Boingo (la compañía se rompió a finales de los setenta para formarse, con el liderazgo de Danny, en los ochenta el grupo musical Oingo Boingo). Y luego, porque mi cinta de Elfman parece que dé arranque a la filmografía del futuro resucitador de simios.
Pues Richard es toda una personalidad Mongo. De gustos tan bizarros como el propietario de este videoclub. Ecléctico hasta decir basta, recuperó un montón de repertorio musical vintage para realizar performance tanto en pequeños teatros como en carpas circenses como en la propia calle. Marchó de sus Estados Unidos, emigrando durante un tiempo a Paris (Danny lo acompañaba transformado en la pintoresca Madame Wong). De incunables sonoros de aquí y de allá fue tomando buena nota, músicas que abastecerían su memorabilia, luego plasmada en sus obras teatrales. Ya en el instituto era un apasionado de la percusión afrolatina. Pero es que aparte le daba al boxeo y escribía editoriales para fanzines (su destreza con los puños ayudó mucho a defender a su íntimo amigo Matthew Bright, luego con los Mistic Knights, de los ataques de otros compañeros: era, al parecer un alfeñique).
Las locuras de Richard Elfman no pudieron surgir en otra década más que en los años setenta: la gran época de la reivindicación del camp, la del glamour estridente, la del rock más teatrero. Todos sus experimentos en el campo audiovisual quedarán ventilados a la perfección en esa pieza de culto llamada Forbidden Zone, que algunos comparan en delirio rock con el Rocky Horror... pero que, para mi gusto, es muchísimo mejor. Les pongo un poco de esta fantasía...


Forbidden Zone (1980)
Una puerta misteriosa en el sótano de la casa de Hercules conduce a la Sexta Dimensión por el camino de un plató en forma de intestino. Cuando Frenchy resbala por él va a dar a la alcoba de un Rey Enano que cae enamorado de la chica y la hace prisionera. Poco después la estrambótica familia Hercules y un amigo, Squeezit (Matthew Bright), irán a su rescate topándose en su camino con infinidad de personajes, entre ellos, la increible Reina, de peligroso carácter y artimañas malévolas. La ex Reina está enjaulada, pero como ésta es la warholiana Viva pronto saldrá de su prisión para encararse con la usurpadora, en un duelo de zorras de increible poderío queer (que acaba en morreo de traicioneras). Es alucinante cómo, sin yo haber visto todavía esta película, pude haber escrito el mismo detalle duelístico en mi novela I Valerio Lazarov You, cuando las dos super heroinas zetísimas (que parecían paridas de un extraño cruce entre Mariano Ozores y Jack Smith) se revolcaban a muerte por el fango para degenerar en su climax en un rollo bollo de hiperbólicas maneras. Si algún día aquella novelita se llevase al cine tendría que ser exactamente de la forma como lo hizo Elfman (y a ser posible en gevacolor del malo).
El argumento es lo de menos, siendo gracioso no es original pues bebe de fuentes lo suficientemente reconocibles como para que entendamos que Elfman lo que deseaba era crear de un patrón apegado a nuestro acervo infantil un verdadero desfase que dejase patidifuso al espectador. En ningún momento se trata de ocultar el origen teatral de partida y, en cambio, tal rémora se va sublimando cada dos por tres con esa inimitable coctelera de referencias que incluyen: parodias de The Munsters, viajes de Alicia, bastante cabaret berlinés, expresionismo alemán (esos maquillajes), punk, mucho off Broadway (es admirable el material discográfico recuperado: de La pequeña Tonquinesa a cubanías pasando por temas camperos de Bob Wills o las coreografías que parecen conservar aromas de las que se inventaron en el pasado los gloriosos Jerome Robbins o Agnes de Mille) , freaks a la Browning (empezando por el matrimonio de monarcas: el rey enano interpretado por el francés Hervé Villechaize, famoso en España por su caracterización de un Felipe Gonzalez menguante para Gurruchaga, y la Reina concubina- Susan Tyrrell -más Cruella que Blacanova, por no hablar del resto de la compañía anómala), Ralph Bakshi (toda la parte de animación además de ser un guiño a los primitivos no deja de remitir al imperante estilo de filmes como Heavy Metal), o el cine cómico de la Keystone o de los más gesticulantes Hermanos Marx (juraría que uno de los componentes de la Familia Hercules estaba disfrazado del odioso Harpo).
Es probable que las comparaciones con The Rocky Horror Picture Show sean más exactas de lo que desearía, pero a mí me divierte más esta película. Le tengo un profundo cariño. Además Richard aparece haciendo de Satán cantarín, con una pluma excepcional. Y eso ya vale su peso en oro.
Poco más hizo en cine, siempre ayudándose de su hermano, el compositor. Adaptaría incluso novelas de su propia madre, Blossom Elfman, ganadora de un Emmy y todo. Fue un cineasta muy casero, sin lugar a dudas.

Y como bonus
: Die letzte rache (1982) de Rainer Kirberg

Me he permitido la licencia de pegar con esparadrapo a la cinta de VHS de Elfman esta. Entraría por lo tanto en el mismo lote. Pero no penseis que tiene demasiado que ver. Hay fantasía en blanco y negro, se utiliza la animación y todo es muy excéntrico. Pero bueno, las referencias con las que juega este alemán son distintas. Lo más llamativo es su inspiración caligaresca: el diseño de decorados, los maquillajes de los actores, la forma de interpretar de estos (entre Wiene y Herzog). Y con Herzog podíamos hilvanar en su look onírico. Lástima que si tenemos que comparar este Ultima Venganza con la Zona Prohibida, la primera quede un gran peñazo. Y es que Kirberg también quiere meter humor, y claro, al ser alemán no lo captamos bien. Y no sólo los chistes, la película es fría, pesimista, desangelada... No es un blanco y negro que parezca salido de una silly symphony, si es symphonie esta será des grauens. Por lo menos.
Su protagonista está a medio camino entre el primer Dirk Bogarde y Klaus Nomi. Apenas hay música, de haberla el kraut rock le quedaría como un guante.... salvo en el único momento frívolo de la cinta, con ese duo de adolescentes falsos que cantan y bailan en la calle y en donde cabe el pop más conforme a la personalidad de unos Stereototal (o, por año, unas Les Lolitas).
No abundan los efectos visuales, a no ser unas ostras surgidas de las paredes o unas plantas carnívoras canoras (muy de Corman). Lo que rebosa, ya digo, es la sensación de apocalipsis post industrial, de lluvia ácida, de mad doctors que quieren destruir el mundo feo, que viven en grutas opresivas en el interior de montañas. Mientras afuera Sigfrido, vestido con moda siniestra y aquejado de VIH, cabalga sin jaco, encantando desde el más allá a la escritora Lotte Eisner. Es Zona Prohibida, si. Pero sin tiempo para la apoteosis final de los revisteros de Elfman.
Tu la miras y si no te gusta, la tiras.

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