25 mayo 2007

GENTUZA. Le dimos un nuevo enfoque a las revistas del corazón (para que limpiaras el culo con ellas)

Por la belle dame sans merci Gilda Love


Maciste ya me avisó el mes pasado de que este va a ser mi último post en el blog por cierre del tinglado. Por lo menos hasta nueva orden. Así que permitidme que hoy no sea un Gentuza normal (o todo lo normal que podía ser este rincón absurdo, falsamente frívolo y tenuemente anárquico). Es mi despedida, después de veinte meses con vosotros. No es que me lo currara mucho. El trabajo gordo se lo ha llevado el dire, eso lo saben hasta en Pekin (que nos leen una barbaridad). Pero he de reconocer que para determinadas series tuve que hincar los codos más de lo normal. A fin de cuentas cogerme tres o cuatro revistas semanales de esas que puntualmente llegan a mi peluqueria es la cosa más sencilla. Y si no has gozado de tiempo para repasarlas, con pegar el oído a los comentarios que de éstas hacen las clientas ya se solucionaba el post mensual del corazón. Otra cosa fueron las Historias del destape y el Revistero Campy. En la primera, estaba a mi favor el haber conocido a muchas de las zorrildas que integraban el coleccionable, pero de otras apenas tenía mayores referencias que las que pudiera tener una espectadora media de cine español de los setenta. Asi que hube de documentarme y eso requirió esfuerzo. La cosa al final quedó bastante decente.
En cuanto al Revistero Campy sí que estoy muy satisfecha de los resultados. Coincidía lo de la mudanza, ibamos a hacer reformas en la casa de mis padres y fue cuando me encontré en el arcón de la buhardilla con un montón de revistas de cuando era niña. Tantos recuerdos se me fueron agolpando en la mente... Si es que incluso retornaron de golpe las manchas de la nocilla pegadas al papel, los crucigramas a medio resolver con mi letra de entonces, los sueltos e inconexos versos en los márgenes... Buff... Os digo que a nivel nostálgico fue muy especial la serie aquella. Y no sólo me incumbían a mi como lectora voraz de todo lo habido y por haber... Luego en mi piso de Valencia, el de ahora, ya empalmé con las publicaciones que leía mi hija (o leíamos ambas, todo sea dicho). Hasta llegar al SuperPop. Este período ya me quedó algo chungo. Yo le pedía a ella que escribiese algo de esto pero se negó, o nosequé me dijo. Es una chica bastante informal y muy descuidada. Cuando quiere algo, si se lo propone lo consigue. Pero tiene que ponerse. La entiendo. Bastantes problemas tuvo el año pasado a todos los níveles. También le conté el petate a Boquitas, de la edad de mi hija. Pero ella, bien juiciosa, me contestó que si lo había empezado yo lo lógico es que lo terminase. Tenía razón. A fin de cuentas fui yo la ambiciosa... No es que saliera bien aquello, pero por lo menos bonito quedó. Y, lo importante, es que quedó sincero.
Lo de Gentuza ya era más de desbarre total. Una locura. Cuando Maciste me llamó el otoño pasado hablándome de su pesadumbre porque Maricón Martinez estaba en el trullo y que la parte más radical que el tal llevaba se había quedado cojita en el blog, me rogó que me encargase de la jodida tarea de cargar las tintas en lo mío. Y me asusté. No porque considerase que no tenga bilis o que el estilo del Martinez fuera muy dificil de superar (ya saben mis lectores más fieles de la batalla verbal que mantuvimos meses antes de su entrada en prisión. El y yo somos completamente incompatibles) sino porque muchas de mis amigas de la peluquería me seguían ansiosas. Y lo que me pedía Betanzos era sangre y locura total. ¿Iba a perder yo clientas por lanzar blasfemias por doquier?.
En fín. Que fue también ponerse. Apretar el acelerador. Ver que las señoras se entusiasmaban más si cabe con el nuevo Gentuza. Además para mi era super cómodo. Ni siquiera tenía que seguir la actualidad. Porque todo me lo inventaba. Animaladas sin pies ni cabeza. Ni te cuento la de risas que nos hemos echado aquí con las aventuras de Jaime Ostos, la duquesa de Alba, Paquirrín y la Reina Sofis.
Ahora que esto se acaba me da un poco penita dejarlo, porque este mundillo del faranduleo es un cuento sin The End. Pero yo confío en que pronto volveremos al blog. Si no es en este será en otro. Que una también puede montárselo de independiente. Si no sé llevar el ritmo del Betanzos (porque este gladiator tiene un ritmo sobrehumano) pues será de cualquier manera. Que para eso este es un medio libre y, de momento, gratuito.
Creo que voy a cortar. Me llaman por el móvil. Que me lo pasé muy bien. Que muchas gracias a mis lectoras del salón. Y sobre todo a Maciste. El único responsable de este invento tan chulo que fue Fantasía Mongo. Muuuás!!!

1 comentario:

Amputaciones dijo...

¡¿Qué es eso de que se 'cierra el tinglado'?!

¡Cómo se le ocurre dejarnos huérfanos de mongo-fantasías!

¡Mire, que luego se va a arrepentir...! ¡No sea inconsciente, hombre de Dios!