18 mayo 2007

ESTAMPAS DE SANTOS. Por el reverendo Belcebú Von Bleu


Las fantasías sádicas. ¡Qué tema tan recurrente en la historia del arte!. Fantasía que por una vez imitaba la realidad. Civilización europea de un pasado lejano (o no) que ingenuamente disfrutaba con las ejecuciones públicas convertidas en espectáculo popular. Incluso al recurrir los artistas de antaño a la mitología, la iconografía del dolor no pasa forzosamente por una tonalidad severa y dramática, antes bien, hay muchos ejemplos en los que la mujer (sobre todo) encadenada resiste el suplicio con la firme confianza de que el heroe la rescatará en nombre de los dioses. Prisionera de cuerdas estuvo Andrómeda que fue liberada por Perseo en un lienzo sublime de Tiziano, por no hablar del más terrenal (en todos los aspectos) Ingres cuando decidió plasmar la historia de la Angelica de manos bien atadas pero parrús a la intemperie, asediada por dragones y salvada de la muerte atroz por un Ruggiero provisto de lanza infinita. Revisten para el psicoanalista ricos significados estos momentos, independientemente del erotismo evidente de presentarnos siempre a una mujer desnuda y en postura provocativa frente al peligro, como las teorías freudianas (y aquí también jungianas) de que la acción del heroe rescatando a la bella, puede simbolizar la liberación del yo esencial del aspecto absorbente de la madre. O cuando al clavar la lanza en la boca del dragón (simbolismo de vagina dentata) se libera el alma del individuo que pasa a ocupar un estadio adulto.
Tales interpretaciones cambiarían su valor, por su natural gravedad, cuando las mismas dolorosas son las mártires de la Iglesia. Y es que cuando la crueldad es santificada por la maquinaria estatal o eclesiástica se pierde en alegría volviéndose, a la contra, una situación mucho más morbosa, si cabe.


Martirio de Santa Agata. SEBASTIANO DEL PIOMBO (1.520)

Se ha aireado mucho el tema barroco de los místicos españoles. En cambio pienso que un cuadro como el de Del Piombo que reproduce los achares físicos de Santa Agata es uno de los casos más flagrantes de erotismo sadomasoquista jamás visto partiendo de un tema religioso. Es abiertamente sexual. No tanto por el hecho de que a la santa se le infringa el daño en sus senos, arrancados con enormes tenazas, como por la manera en que aquello es recibido (y aceptado) por ella: su éxtasis no es en absoluto santo. El parecido del rostro de la víctima con la Falconetti dreyeriana incluso situarían el pathos en una fusión estética insolitamente protestantista.


Santa Catalina. LELIO ORSI (h. 1569)

Con más detalles nos excita la maravilla de Lelio Orsi. Aqui vemos a una Santa Catalina situada en una compleja máquina de ingenua pero fantástica elaboración (entre Heath Robinson, los habitáculos de Piranesi y algunos potros de tortura disfrutados en El Guerrero del Antifaz de nuestra infancia). La abundancia de detalles y personajes, la división en plantas con la santa en la mitad del plano tendida y prisionera de infames grilletes y con sus manos orantes, elevan la obra a una suerte de 13 Rue del Percebe de la imaginería eclesiástica más negra y retorcida (preanunciando de paso el barroco más desmelenado).