28 mayo 2007

DAILY STRIP TEASE PARA IRSE A DORMIR



LITTLE NEMO por Winsor McCay

Me permito la licencia de traer a uno de mis personajes favoritos de los tebeos, al pequeño Nemo (nadie, en latín), sabiendo que incumple la regla fundamental de esta serie. Pues fue serie que recuerdo iba en torno a las tiras diarias que aparecían en los periodicos a principios del siglo XX. Está claro, cualquier aficionado a los comics lo sabrá, que Little Nemo nació dominguero y semanal, con el sueño largo y profundo, sueño provechoso y folletinesco, pero repito que dominguero. Sunday primorosa que fue. Y, en cambio, nada rechina ni distorsiona, ni empaña. Al contrario, parece dar sentido pleno a mi sección de los dibujitos. Y lo hace engalanándolo, poniéndole rúbrica de oro a un invento que va languideciendo hasta que desaparezca en breve.


Cómo definir un clásico. Cómo aportar algo nuevo a tantos textos, estudios, interpretaciones de las que gozó esta magna obra... Y arte, claro. Arte del bueno. Palabras mayores. Partiendo de una estructura art nouveau se anuncia el surrealismo (porque todo gira en torno a los sueños de un niño, y los sueños son peripecias del inconsciente que fascinaban a los bretonianos) . Arte libre, arquitectura moderna en la que las viñetas poseen diferentes tamaños, no están sujetas a las convenciones del género... Y luego ese color tan estilizado, tan rico, tan suyo.

Winsor se inspiró en su hijo Robert para crear aquel niño. Y es curioso: cuando la obra la heredó éste y reanudó la serie, es decir, cuando el pequeño Nemo creció y empezó a dibujar sus propios sueños fracasó estrepitosamente.


En 1.905 arranca todo. Empezó a publicarse en el New York Herald y luego pasó al periodico del magnate Hearst. En 1.911 nacía la segunda etapa de Little Nemo que se tituló In the land of wonderful dreams. Y los protagonistas de los sueños (nunca húmedos, poco pesadillescos) del rapaz van desfilando hasta convertirse en familiares para el lector entusiasta. El afán de continuidad favorecía un enganche que hizo de alguna manera muy original a la serie. La Princesa, el doctor Píldora, Santa Claus, el Niño Caramelo y, cómo no, Flip (rival, antagónista del crío que con un Wake up! lo manda de nuevo a la cruda realidad. A él, precisamente, que tenía un pacto con el Rey Morfeo que lo quería por siempre en el País de los Sueños). Flip no es físicamente nada en concreto, funciona no como voz de la conciencia, Pepito Grillo de los buenos sentimientos, sino como mosca cojonera con sombrero de copa y de lo más borde. En cualquier caso, un acierto. De los innumerables de un comic perenne. Razón última para soñar en noches como ésta (previo striptease) en mundos de infancias pasadas que puedan devolvernos aquellas irrepetibles sensaciones cameras del ayer, casi siempre tan maravillosas.



Dream a little dream... of me