29 mayo 2007

ALBUM DE CROMOS JAMONCITAS FIFTIES

Cromo nº 16: TUESDAY WELD (1943- )


Las andanzas infantiles de esta rubita preciosa fueron de las más especiales que ha dado Hollywood. Su carrera no incluye títulos sobresalientes aparte de esa etapa de madurez que dejaría a todos los espectadores boquiabiertos (sobre todo, su Carol de Erase una vez en America). La mala suerte, el poco olfato para aceptar buenos papeles (o papeles de éxito), la preminencia de su vida familiar a su carrera motivaron el que Tuesday Weld nunca fuese una gran estrella. Y, sin embargo, con el tiempo una legión de admiradores jóvenes le rinden culto, en lo que sería una sublimación mitificadora de los aspectos más personales de la actriz. Fue niña prodigio, pero como ni cantaba ni actuaba se limitó a posar como modelo infantil. A los tres años de edad mantenía a su familia, rota por la muerte repentina del patriarca. A los ocho aquejada de crisis nerviosas por exceso de trabajo tuvo que someterse a una cura de reposo. A los diez empezó a beber. Un año más tarde ya flirteaba con hombres mayores. A los doce se intentó suicidar... Todos estos eventos extraordinarios bastarían para encumbrar a una estrella del rock. Sólo que en su caso, la precocidad le añadiría más morbo si cabe. Casi volvía una hedonista a Judy Garland (sin tener el talento de ésta, claro). Cuando entró en la maquinaria neurótica de la fábrica de los sueños lo hizo para ser una adolescente de moda, una pollita del rock'n'roll. Estaba por ver si su fama (con leyenda o sin ella detrás) poseía la misma dudosa consistencia de aquel baile enloquecido.
Desde la revista SISSI se la presentaba hermosísima y desequilibrada en su etapa previa al cine. Mucho se temieron las lectoras de la revistilla que el nuevo medio poco haría por que se asentara. Cuando la pusieron al lado de sus equivalentes masculinos en belleza (Rickie Nelson, James Darren, Doug McClure, Warren Berlinger, Fabian, Dwayne Hickman...) se ganó buena fama de devoradora de yogurines, de sex kitten (así se llamaba por cierto una película que rodó en 1960, Sex kittens go to college). Era una ninfómana teen. Cosa que me parece muy bien, fuera lo que fuera una muchacha así. A saber como serían estas mozas en los años cincuenta (según la opinión pública) comparándolas con las lobas del siglo 21. A lo mejor quedaban en nada.
A sus fans les pareció maravillosa. Y en verdad lo era. Tenía un permanente halo virginal y puro que por otro lado era contradecido no bien se aireaban sus ligues del saturday night. Eso la hacía más atractiva. En el fondo, seguía a rajatabla las normas salvajes del rock, eso que tanto oía. Pero sus líos de alcoba adornada con teddy bears a escala natural no fue su handicap. El verdadero problema es que la chica no atinaba a la hora de escoger trabajos. Su primer gran error profesional fue el haber rechazado interpretar la Lolita de Stanley Kubrick. A años vista, sabemos que hubiera estado inapropiada. Más que nada porque casi era una veinteañera (ya Sue Lyon daba mayor para el papel teniendo menos edad...). En cambio le hubiera reportado una enorme popularidad y dinero. Vistas las pocas posibilidades que se le presentaban en pantalla grande se especializó en la pequeña, saliendo en cortos papeles en innumerables series de principios de los sesenta. En 1.965 casó con Claude Harz de quien al poco tendría su primer hijo. Y de nuevo dijo que no a una gran oportunidad para levantar su carrera como era la de ser la outlaw Bonnie Parker en el Bonnie and Clyde de Arthur Penn (1967). Ella alegó que estaba de lleno en el cuidado de su bebé. Y aquella Bonnie encumbró finalmente a una novata Faye Dunaway, como bien explican los libros de historia del cine.
En 1.968 Roman Polanski pensó seriamente en la rubia para el papel protagonista de Rosemary's baby. La veía ideal. En cambio los productores no la encontraban con el suficiente tirón popular para arrastrar masas en la taquilla, eligiendo finalmente a la Farrow (muy querida por el público gracias a Peyton Place) que, huelga decir, fue una Rosemary perfecta, otra sería impensable. La Weld tuvo que conformarse ese año con secundar al gran Tony Perkins, en iguales horas bajas, en un thriller psicológico modesto pero muy competente titulado Pretty Poison. El chico como siempre era débil mental y ella que parecía cándida no lo era: era una maligna manipuladora de emociones ajenas que lo arrastraban a cometer crímenes por doquier. La sombra de Psicosis planeaba durante el metraje así que no resultó nada aburrida la película. De alguna manera ambos intérpretes estaban sujetos a un pasado de anomalías que los hacían embaucadores, hubo cierta química entre ambos y repetirían juntos en la década siguiente en otro filme de psiquismos extremos en sanatorios para enfermos mentales en Play it as it lays (1972) pero la peli ya no la vió nadie. Pese a esto último la Weld recibió por su rol un Globo de Oro.
Tuesday por entonces ya se había divorciado y estaba a punto de volverse a casar, en esta ocasión con el aberrante cómico inglés Dudley Moore (sólo para estómagos fuertes) con quien tendría un nuevo hijo. Cometió otro error al rechazar uno de los papeles femeninos en la comedia sexual Bob & Carol & Ted & Alice (1969) que fue una película histórica para el nuevo Hollywood por el desparpajo con el que se abordaron temas como el intercambio de parejas y el amor libre. Ahí sí que hubiera estado muy apropiada. Y de repente su salida de tono al negarse en redondo a ser Lady Macbeth para la adaptación de Polanski de la tragedia de Shakespeare dejó a sus incondicionales de piedra (¡sólo porque no quería salir desnuda bajo la excusa de un paseíto sonambúlico de la arpía por su macabro castillo!). Se había de repente vuelto recatada y pudorosa. El papel lo heredó la estupenda pero desconocida Francesca Annis. Con todo el filme buscaba más el prestigio europeo que el gran espectáculo yanqui, a pesar de que fuese producida por la revista Playboy. El resultado fue muy diferente a anteriores aproximaciones al clásico (mismamente la de Welles, a la que Polanski decía detestar).
No será hasta 1977 cuando la Weld atine de una manera definitiva aceptando hacer de hermana de Diane Keaton en la extraordinaria Buscando al señor Goodbar, de Richard Brooks. Filme complejo al que estupidamente las feministas tacharon de misógino, es sobre todo un retrato certero y profundo de una personalidad femenina poseída por complejos educacionales. Maravillosamente interpretada por la Keaton y que aquí casi nos hace olvidar a Tuesday, pese a que también esté muy bien. La madurez de Brooks es proverbial. Gracias a que esta coincidió en una década tan permisiva para la sexualidad como fueron los años setenta pudo abordar temas otrora impensables.Y tanto este Goodbar como poco después Ricas y famosas de Cukor (con sus diferencias más o menos pronunciadas a cuestas) me parecen dos de los testamentos más impactantes de grandes directores que rubrican no sólo sus carreras sino una década de buen cine (entendido desde el concepto más clásico del término, pues ambos son filmes a la antigua usanza, pese a su superficie para adultos).
Y por el gran fresco leoniano Erase una vez en America (1984) pasó la actriz en su espléndida madurez. Era Carol, la niña rica, coqueta, bailarina fina que enamora perdidamente al niño De Niro antes de ser enchironado y salir casi treinteañero para volver a encontrarla en circunstancias adversas. La megalomanía del genial director italiano le permitió realizar hallazgos narrativos, independientemente de que su historia careciese de enorme interés, siendo más importante la reflexión sobre el tiempo que transcurre inexorable por unos personajes de vuelta de todo. Nada que se le pareciese en garra y brío a la mamarrachada habitual del Joel Schumacher, director irritante donde los haya, en Falling down que aquí se tituló Un día de furia (1993). Sólo de pensar en el director y que la protagonizaba Michael Douglas, experto en productos prefabricados de temporada, acertaríamos en dar con sus plúmbeos resultados. En cualquier caso, la America planteada, con o sin la Weld, no me interesaba en absoluto, prefiero la de Leone, o cuanto menos la que salía en Taxi driver (al parecer la de Schumacher era una variante del filme de Scorsese).
Los enamorados de la actriz todavía confiamos en que un director con verdadera sensibilidad nos la rescate un buen día, otoñal o como sea y le ofrezca un nuevo papel a su altura que reafirme su poderío de gran actriz que siempre fue (y esperando que no se obstine en dar nones llegado el caso, esa es otra).

FIN DEL ALBUM

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