30 mayo 2007

ALBUM DE CROMOS CHICARRONES SANOTES

Cromo nº 20: CHAD EVERETT (1.936- )



En el calabozo, en el calabozo
Es la policia, es la comisaria
Quiero que me detengan y que me entretengan
En el calabozo, en el calabozo
Uh, ah. Qué chevere, que chevere
Chad Everett

Quisiera que él me quisiera. FANNY Y LOS +

Chad Everett era muy guapo. Y estaba muy bueno. El problema es que es republicano. Un puto facha, vamos. Pero el problema lo es a medias. Si uno goza del sadomasoquismo como lo gozaba en esta canción el gran Fabio de Miguel, entonces miel sobre hojuelas. Esperaríamos a que en la comisaria un pedazo de Everett cosecha del 65, por ejemplo, nos diese una buena tunda a cuenta de su ideología senil. En mi caso, aprovecharía para gozarlo y cuando me hubiese gozado a mi también, quedando dormidito a mi lado en la mazmorra, le sacaría la pistola de pegar tiros y que había utilizado durante todo el rape para amedrentarme más y le volaría la tapa de los sesos. Que una parafilia no quita la otra.
Cosas mías. En su tiempo llegó a cabrear mucho a la insigne feminista y actriz Lily Tomlin cuando coincidieron en el show televisivo de Dick Cavett. En su presencia calificó a su esposa eterna (Shelby Grant) como objeto de su propiedad. Lily abandonó indignada el plató de televisión. Entre radicalismos andaba la gracia.
Pero si tuviesemos que rechazar en la vida a l@s ti@s buen@s porque detestamos sus ideas entonces es probable que nos quedasemos solísimos (y con alguna frustración que otra a la larga). Compuestos y sin pajas. Y eso no puede ser.
Everett poseía una virilidad muy agradecida por los gays. Sabía caminar, mirar y tratar a la hembra como merecía. Tenía un físico imponente, nada ambiguo. Un macho de una vez. Pudo ser un duro más de la década de los sesenta. A ratos lo fue (hizo westerns, alguna película bélica) y, en cambio, en su trabajo mayor en televisión raras veces lo requirieron como tipo duro. Es increible que hubiese hecho una buena cantidad de abogados, jueces, tenientes, e incluso de diputado. Es como si los productores quisieran crearle una aureola cien por cien kennedyana, de hombre joven y apuesto, a la par que triunfador y preparado para la vida civil. Finalmente, el verdadero papel de su vida fue el de un médico: el doctor Gannon, experto en salvar la vida de las personas.
Es una lástima que tan intachable curriculum de perfecciones lo manchase con su adicción aguda al alcohol. Este problema lo solucionó en su momento, con gran tesón, ayuda familiar y no dudamos que recurriendo a la fe de Dios (a juzgar por su recomendable Lp de finales de los sesenta editado por la MGM, a medio camino entre las melodias pop, el gospel y la escuela Jim Webb-Glenn Campbell). Aunque superó el gran bache aún sigue acudiendo puntualmente a las reuniones de alcohólicos anónimos. Nobody is perfect.
En cambio a principios de los sesenta él parecía ser el perfecto especímen de machito americano. Un chicarrón sanote de nuestra colección. Habitual en las revistas de fans gracias a sus intervenciones en las televisivas Bronco, The Dakotas o Hawaiian Eye, se le veía siempre rozagante y muy desnudo. Sus beefcake fueron muy apreciados. ¿El pretexto?. Su deportivo talante: le gustaba el tenis, la natación y tambien se defendía con unos guantes de boxeo. George Cukor tomaría buena nota de su apostura sexy cuando le dio un pequeño papel en su fallido filme The Chapman report (1.962), según los estudios llevados a cabo por el doctor Chapman en torno a la sexualidad de la mujer yanki. Masacrada por la censura, quedó un filme algo impersonal y en tanto que planificado por sketches con muchos desniveles entre unos y otros. Chad aparecía fugazmente en los primeros minutos del filme. Era el aguador que venía a llenarle el deposito a la maravillosa Claire Bloom. Ella se hallaba en estado de embriaguez total. Y además al padecer de ninfomanía también se la notaba con ganas de marcha (lo recibía en la cama y aquella cama de sábanas revueltas certificaba la lucha interior de una madura con fuego uterino muy subido). La aparición del mozo era espectacular. Apenas le dio Cukor tres planos generales entre claroscuros y un par de frases. Pero los que entendemos nos dimos cuenta de que había nacido para la década de los sesenta un machito con gran potencial erótico.
En cambio hubo de conformarse con igual de breves apariciones en otras películas sin importancia: en Rome adventure (1.962) no partía ningún bacalao, ni nombre tenía su personaje (aunque coincidió con Angie Dickinson con quien trabajaría años más tarde); en Get yourself a college girl (1.964) al menos ya no era un don nadie sino todo un manager discográfico que aupaba la carrera de una tal Mary Ann Mobley (era un musical mediocre pero interesante por salir en él gente tan variopinta como los Dave Clark Five, Astrud Gilberto o Nancy Sinatra); en Made in Paris (1.966) volvía a manejar los negocios, en este caso era el jefe de una compradora de modas norteamericana recién llegada a la capital de la moda chic. Ella era nada menos que Ann Margret, en el cénit de su belleza felina.
Asi las cosas, Everett subsistía en cine y televisión sin resaltar demasiado en ningúno de los dos medios. Mayor enjundia tuvo su cometido en el western Duelo a muerte en Río Rojo (1.967. Richard Thorpe) en donde se enfrentaba al sheriff Glenn Ford debido a los agresivos métodos de hacer justicia del primero. Chad era su ayudante y tuvo un par de planos culares bastante morbosos (en uno de ellos, un viejo lo miraba y soltaba un ilusionante ¡vaya, vaya!: lo decía por la pistola de su cinto, pero al llenar la pantalla el trasero de Chad quedó el comentario harto ambíguo). Y es que a Chad le sentaban muy bien los vaqueros. No quedaba en cambio tan realzada la reina del saloon, y eso que era la Dickinson, pero unos peinados muy onda sixties la gafaban considerablemente. Con todo la Dickinson es mucha Dickinson... que al final se la agenciaba el maduro Ford y no Everett, por cierto. Gajes de los canallas.
En 1.969 empezó a emitirse Centro Médico, la serie más conocida del actor. Fue un doctor Gannon popularísimo y multipremiado (ganó varios Globos de Oro, y la serie se prolongaría durante al menos media docena de temporadas).
Su actividad en el cine a raiz de esto fue a menos. Aún le esperaban en los años setenta en pequeña pantalla Centennial y capítulos de Vacaciones en el mar u Hotel en los años ochenta. Recientemente pudo vérsele en el abominable remake de Psicosis (1.998) que perpetró desde el plagio más descarado y autoasumido Gus van Sant. Hacía un personaje muy secundario: Tom Cassidy. Ni que decir tiene que perdida para siempre su poderosa lozanía, aquella que embaucó a Cukor, incluso su interesante madurez cuando salía en los hogares de medio mundo con bata blanca (repito que fue un precursor de los doctores sexys a lo Clooney para solaz de middle aged women), quedó un sesentón cuadrado y brutesco, de apariencia muy poco interesante (salvo para parafílic@s del asunto).

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