02 febrero 2007

UNO DE LOS PECADOS ORIGINALES

Los Nikis fueron en la adolescencia uno de mis grupos nacionales favoritos . Uno de mis pecados originales, según aquel emblemático disco recopilatorio que el sello DRO sacó a principios de la década de los ochenta y en el que aparecían dos maravillosas maquetas de estos gamberros de Algete.
Lo tenían todo. Yo no pedía más, tambien es verdad: espontaneidad, velocidad, autismo juvenil y humor negro. Eran unos piji punkies deliciosos. Recogían la herencia de Los Ramones aportando un toque español y bizarro que desarmaba. También por aqui, por Galicia, los Siniestro pero sobre todo Aerolíneas satisfacían mis necesidades de brincosis. Pero como Los Nikis no eran, de todas todas. Repertorio extenso, informalidad del que no es un profesional de la música y un sex appeal que ya acababa por engancharte sin remisión. He de reconocer que todos estaban como un tren, pero con Emilio, el cantante, yo creía desfallecer. Emilio fue mi amor platónico durante mucho tiempo. Desde luego que el muchacho era de lo más normalito, nadie tiraría cohetes por él (y menos ninguna gallina Chueca adicta al look Beckham) pero a mi siempre me hizo tilín (además sustituía en mi apreciación erótica al ya algo cargante Santiago Auserón y, por descontado, a un demasiado sofisticado Carlos Berlanga). Emilio era un boy next door con pinta de camarero de bar español que me ponía a lo bestia.

En La Edad de Oro


No es momento de hablar de estas cosas, ni siquiera de los propios Nikis, y sí de un tributo que para nada es una novedad. Tendrá este disco más de tres años. Pero a mis manos ha llegado esta semana y ya que los tenía algo olvidados (desde finales de los ochenta que los llegué a arrinconar cuando descubrí a Los Vegetales), pues bien está hacerles justicia. Los del tributo se la han hecho como pudieron. Hay de todo, los resultados también son irregulares. Y descartando la inclusión de los horribles triunfadores El Canto del Loco (que se declaran confesos fans suyos pero que al afrontar Por el interés te quiero Andrés lo llevan a un terrenito pop/rockerillo de toda la vida, apagadete que muy poco demuestra esos amores) o de sus compañeros de sello Pereza (más tragables, pero igual de desangelados) quedarían nuevas juventudes que clavan la esencia (Fanta, Airbag, Baby Horror, GTO 95), incluso con sus escarceos jeviorros (la conclusión de Los Vegetales, o sea, Intronautas), la vieja guardia, amigos de los interfectos: Fangoria (que no se apean de su burra electro pop) o el resucitado Pinguino, (entre artista de culto y figura patética, o lo que es lo mismo: entre Humano Mecano y Georgie Dann) o Los Inhumanos ( que no engañan tampoco, sacando a relucir que los Nikis eran, además de piji punks, un combito muy tuno tunero). Como dos últimas anécdotas, citar que el disco se abre con los extranjeros The Mockers y su versión en inglés de la gran El Imperio Contraataca (de sobras conocida, melodía ideal para anuncios televisivos de compañías de móviles) y el reenganche siglo XXI de los indies noventeros Meteosat bajo el alias de Borja Torero y las ElectroYonquies, algo más tímidos que entonces pero, por lo menos, resultones.



¡¡¡Emilio (boca abajo, mordiendo almohada, ese culote) y Johnny Canut (adonis del punk pop, mostrándonos su niki de Lacoste) en paños menores!!!

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