21 febrero 2007

LOS ANEXOS DEL MACISTEROTIQUE

10 Feb.

Sábado por la tarde. Maciste como en celo, fuera de sí. Harto de estar en casa frente a un ordenador que sólo le da trabajos. Se viste algo, se cubre los interiores con lo mínimo (elige ¿lo qué?, le gustaría rasgar slips, encontrar aquel manchado de la corrida del siglo pasado, que ni siquiera era suyo sino de algún amante callejero, indecente y atrevido). Finalmente opta por cubrir sus partes más al rojo vivo con una fantasía nautica en verde fosforito, que tapa lo mínimo y que recuerda vagamente a las que portaban los ociosos muchachotes italianos del Rio Po en filmes como Morte de un amico. Y a la calle. Con el frío. La noche que se lo come todo. Y a la vorágine de la zona centro. Sin perder de vista a nadie. Encuentro a un gañán que me puede valer, por lo menos para despertar mi imaginación. Es un poco brutillo en apariencia, veintipocos años, moreno y salado, es fuerte y se le ve un poco zumbado. Anda muy rápido y se fija en el culo de todas las tipas que pasan por su camino. Este último detalle me pone a cien,
pienso que va a ser mío. Algunas veces, tipos de estos cuelan. El que es receptivo al sexo, no le suele hacer ascos a nada (el detalle de la apertura de mente es igualmente necesario. Diría mejor que es vital). ¿Cómo tendrá este la mente?. Ni lo pensé habiendo otras zonas de su anatomía más perceptibles y admirables. Además estaba yo muy ocupado con seguirle el paso, que daba zancadas. Al comprobar que le sigo, emprende el ingenuo un basto trotecillo que acaba en carrera. Sigo a mi ritmo. Da la casualidad de que el gachó tiene la furgoneta aparcada enfrente de un salón de juegos. Me quedo en la entrada del garito. El se mete en el coche dejando su puerta abierta. Pone un horrísono. Atruena Bisbal. Mira para mí. ¿Qué hacer?. Yo en la acera de enfrente con una calentura imposible. Cruzo y me pavoneo un poco mostrándole algo de la nautica por detrás. Eso creo que hubiera sido suficiente para que adivinase mis intenciones. Vuelvo a cruzar. Me introduzco en los recreativos echándole antes una mirada cómplice. En estos sitios siempre hay báter. Algo se podrá hacer. Yo doy ya por descontado que este me va a penetrar. Pero... Lo transformo en un autómata nervioso que no sabe cómo reaccionar. Entra y se va a la zona de las tragaperras. Me hago notar pero es imposible un avance allí, con el encargado delante y él que se obnuvila frente a las más sofisticadas cerezas de la suerte. La espera se hace interminable. Luego de diez minutos, sale del local. Yo permanezco en la puerta. Camina de un extremo al otro de la calle fijándose en mi cada poco. Esto significa algo. Regresa, a punto estoy de decirle algo. Pero necesito que él de el paso, también. Una señal. Un... De acuerdo, se mete por fín en el baño del salón de juegos. Como estaba a reventar de deseo no espero ni un minuto. Abro la puerta, el sitio es reducido. Imposible compartirlo. Lo veo con la polla sacada en un urinario. Entro. Hace mohines de desagrado. Todo ocurre muy rápido. Voy directo al grano. Le pregunto si quiere que se la chupe. Desaprueba indolente. Me instiga a que salga afuera. Pero el que parece que va a salir es él. Es un sitio tan mínimo que nos rozamos demasiado. Pero el roce no trae la confianza. Le cedo dos centímetros para que se marche. Pero en vez de abandonar el salón, vuelve a las maquinitas. A esas alturas, entre la calentura y mi atrevimiento estoy que no controlo la situación. Tampoco me marcho y opto por sentarme en la acera para cuando vuelva a aparecer. Lo hace al rato, aún queda un instante largo en el umbral de la puerta. Yo me mato en ilusiones, aguardando que haya cambiado de opinión. Sale hacia el coche y se da el piro.

***
Al dia siguiente. Caen chuzos de punta. Es sobremesa. Lo veo frente a unos urinarios públicos, justo en una cabina telefónica. Va vestido distinto, la capucha puesta, casi no lo rec
onozco. Me percato de él al salir del báter. Entonces vuelvo a entrar. Iluso de mí. Desde adentro escucho que llama (o simula llamar) a la policia. Alguien le molesta. Alguien se está metiendo con su macha persona. Qué ridiculez. De nuevo su voz: O sea que vienen más tarde. Pero, ¿de qué va?. Aun si pusiera voz de niñito en patinete. Pero con esa pinta que tiene de moro acanallado qué caso le van a hacer. Lo mando a la mierda, no sin sentirme profundamente asqueado. La decepción, la sobre exposición por mi hambre canina del deseo sexual ante el hetero que duda, el tiempo que es una mierda...

14 Feb.
De la parada baja de su int
erurbano Jose, el follador. Verás que no le llamo escayolista porque dudo que trabaje en eso ya. Resulta que dos dias antes también apareció pero en vez de ir a mi encuentro emprendió otra ruta. Entonces me acerqué a él mientras esperaba el semáforo y me fijé en lo que ponía su chaleco por detrás: Frutas no se qué. Investigué y si ahora está con las hortalizas las manipulará a quince km. de aqui pues es donde tienen el almacén estos señores. Qué importa eso, ¿no?. Escayolista morirá, que es un oficio muy bonito y que nunca se olvida. Y si ahora anda con las nabizas, que me trate la mía como merezco, que está que arde.
Pues si. Lo piensas y dices... joder, si es San Valentín, esto significa... No quiso ir a c
asa. De retretes, menuda mierda. Menos es nada. No me negué. Además, ahora ha incorporado al juego con mi ano una nueva variante: el lapo en el ojete, para lubricar y tal. Un excitante juego de dar en la diana del amor que me está enganchando (se agacha, pone su cara a un palmo de mis nalgas, las abre, hace el tanteo y...¡jjjp, spuutt!). Más me apetecería que me lo tirase a la cara, o en el interior de mi boca. Pero en el culo también mola (aunque nada en comparación con una buena meada en plan enema). Esto de él viene un poco a significar... menudo mierda de culo qué tienes y qué dura me la pones cada vez que te meto un dedo por ahí... O de igual modo: Mira que culo tiene el maricón, se lo voy a poner como un abrevadero de patos... (¡Jjjarrrggghh!).

16 Feb.
Me apetece en mi media h
orita sexual del día ir de tanteos. Maciste sociologo, vamos. Hace un día tristísimo. Llueve, poco pero de manera insistente. Estoy en la parada del bus. Me fijo en que en el interior de la entrada de unos aparcamientos, tras la cristalera, permanecen unos rumanos que ya conocía de vista, de los últimos días. Uno no está mal: da macho. El otro parece su hermano pequeño, no llegará a los dieciocho. El crio es más delgado, muy efébico. El otro anda con el móvil que no lo suelta. Es paquetero y culón, me pone. Me guarezco por la parte de afuera, justo en el borde de una zona de parterres pegada a la cristalera. Ellos por lo tanto me ven desde dentro y yo los puedo ver desde afuera... Pero yo no los quiero ver, prefiero que me miren a mí. Me siento de mala manera, con los pantalones muy bajados. Les enseño medio culo. Sólo ellos lo pueden ver por mi posición estratégica. Quiero saber cuál es su reacción. Al principio, los interfectos están en lo suyo. El mayor hablando por teléfono, el menor esperando a que le cuente la conversación. Miro de reojo, entonces el grandullón ya está con una mano metida en el bolsillo, arreglándose con descaro el paquete (que a esas alturas ya habría crecido de tamaño, o sino, estaba encargándose de hacer crecer ante mis bondades). Y mis bondades son muy dadivosas, porque al cabo de un ratito mi pantalón ya está lo suficientemente bajado como para que el culo en pompa luzca en plenitud (se me está empapando, que no es igual). Extraordinario momento morboso, cuando el pequeño se pone a pelar con los dedos una mandarina a cinco centímetros de mi manzana (¿tendrá ya vaho ese puto cristal que nos separa?). Al acabar se la come en un aparte, de nuevo el mayor toma posiciones. Nuevo momento morboso: el tipo en la vidriera un buen rato, noto que se manosea desde el interior de su bolsillo. Me hago el despistado. Yo estoy esperando un bus, y punto. De pronto, siento unos toquecitos en el cristal. No hago caso. El menor ha salido y viene junto a mí. Me pide a trompicones léxicos un cigarro. No tengo. Sigue el otro tocando. Le miro. Me enseña un pedazo de nabo negro, más duro que el granito. Misión cumplida. Me voy a casa y termino el informe (más lúdico que otra cosa) del hombre presumiblemente heterosexual frente a parafilias comunes.

Nota al márgen: A estos no los incluiría en el apartado chaperos, pues se les veía de otro rollo (narcotraficantes, o asi...).

Fotografías:
1. Grabado veneciano (1.517)
2. Nu masculin avec faucon (Detanger Germain. 1846-1902)
3, 4, 5. James aka Blondie aka Spike aka Paul (circa 1970). Colección privada de Dennis Cooper

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