16 febrero 2007

FANTASIAS ANIMADAS DE AYER Y DE HOY (5)

JULES BASS
(1935- )

Es posible que el filme más conocido de este norteamericano sea esa parodia tan divertida del cine de horrores y monstruos dislocados llamada Mad Monster Party (1967). Si no la has visto te la recomiendo. Una recomendación que parte de un fanático del cine de terror, del stop motion y de la ironía en general. Si no atendieramos a cronologías parecería una peli de Tim Burton, pero no es así. Es todo lo contrario. Y es que las Pesadillas del autor de Bitelchus es más que seguro que se hayan inspirado en la retahila de imágenes macabras y a la vez, desmitificadoras del género que llenan esa Loca Fiesta.
Bass trabajó activamente en el mundillo de la animación en los sesenta junto a Arthur Rankin jr. Ambos tenían una productora y él, además, era compositor de canciones.
En cuanto a la animación, los dos socios utilizaban una técnica que se llamaba Animagic y que no difería gran cosa a la que se empleó en los años treinta para que King Kong pudiera moverse por junglas y asfaltos. Los primeros filmes estaban poblados de ratoncitos pintureros, de un Pinocho de madera real y hasta de un Pequeño Tamborilero, en honor a las navidades eternas. Pero cuando finalmente se decidieron Rankin y Bass a introducirse en el mundo de la negrura amable dieron en la diana. Mad Monster Par
ty es un filme de culto, como de culto son también los referentes inmediatos que podríamos encontrarle: una Familia Munster, unos Addams... es decir, el chiste en nombre de los mitos de la Universal, sólo que a colorines y lleno de una estética camp encantadora. Cuenta la película cómo el Barón Boris Frankenstein desea retirarse del mundo de los experimentos locos decidiendo que le releve en el puesto su sobrino. Para ello reúne a todos los monstruos egregios (Dracula, Frankenstein, La Momia, el doctor Jeckyll y Mr. Hyde, la Criatura de la laguna negra, el Hombre lobo...). Tras la convención las creaciones ven como el tal sobrino es un verdadero desastre y optan por tomar las riendas del laboratorio en lo que era el último secreto del Doctor: la total destrucción.
Un Boris Karloff ya demasiado autoparódico es el que pone la voz de su Barón B
oris (que huelga decir tiene su mismo rostro). Siguiendo con los alter egos, Yetch también estaba inspirado abiertamente en la figura de Peter Lorre. Hay partes de hilaridad que provocan el regocijo total como el baile del jerk a cargo de La Momia o el claqué que se pega un logicamente decadente Drácula del art decó. La aparición del mismísimo King Kong de mudo testigo de la calidad infalible del proceso Animagic, debe realizarse mediante seudónimo (problemas de derechos de autor) y asi en el reparto figura como el It.
En el guión colaboraría el
estimulante Harvey Kurtzman de la revista Mad y se rumorea que Forrest Ackerman también tomó parte, pero esto último nunca se llegó a confirmar. Los diseños de algunos personajes corrieron a cargo de Jack Davis, dibujante de humor y habitual en la EC con sus cuentos de monstruos.
Jules Bass siguió produciendo y realizando películas hasta 1987. Más recientemente también se dedicó a su faceta de escritor de literatura infantil con sus series de Herbie, el dragón vegetariano.


RALPH BAKSHI (1938- )

Inició su carrera con los Terrytoons y después pasó a ser director del departamento de dibujos animados de la Par
amount. Cuando la productora decidió cerrarlo, Bakshi abrió el suyo propio, creando en los primeros años de la década de los setenta los cartoons de Heckyll y Jeckyll o el Super Ratón. Pero del mundo infantil el animador pasó de pronto a todo lo contrario: a plasmar con imágenes en movimiento las guarrerías del comix. Y esto lo hizo sin tapujos. Con el pretexto de una obra ajena de la importancia de El Gato Fritz de Robert Crumb causó sensación. Calificaron el filme como pornográfico, era de hecho el primer largometraje de dibujos animados etiquetado con una X. Lo cierto es que en su globalidad fue algo rompedor. Lógico en un autor que tenía como pelis favoritas Pinocho (1940) y Malas Calles (1973). Fue una bocanada de aire fresco ante el panorama general que eran los dibujos animados: Disney en una crisis horrorosa, Hanna y Barbera en plan destajistas, lanzando productos de manera mecánica y sin convicción. Digamos que Bashki estaba más cercano a la locura de Tex Avery y Chuck Jones que a los otros ejemplos citados. Estilisticamente Fritz the cat es asombrosa. Reune la profundidad realista del mejor Disney y alcanza una estilización marcadamente europea (típica de los maestros checos). Incorpora novedades como los fondos de fotografías o los scores grabados con sonido real de las calles. Pero por desgracia, la cinta reviste muchos defectos, desde un nivel de irregularidad en los trazos, el apelotonamiento de historias y por descontado un exceso de violencia y una ambiguedad ideológica más que desagradable. En el primer aspecto, el gato Fritz estaba dibujado de manera dsitinta en según que momentos (en eso Disney era de una perfección neurótica). En el segundo, se intentan contar tres comix de Crumb que al final no consigue engarzar narrativamente. Luego estaría lo de la violencia, se comprende al ser una época muy conflictiva y por tanto propensa al exceso, pero con todo la gratuidad de muchas escenas es más que evidente. En lo político, El gato caliente (así se tradujo el título en España) parece moverse en un regodeo antirevolucionario bastante desagradable (dándonos la impresión de que ser inconformista es algo terrorífico).
Heavy traffic (1973) pese a no haber pasado tan intensamente a la
mitomanía como el Fritz creo que es más interesante. Trata de las peripecias en la gran urbe de un escritor de origen judio, de padres italianos y novia afroamericana. Se combinan las imágenes reales con la animación, las referencias cinematográficas con la estética camp (la pantalla que proyecta un alarde de machismo de Clark Gable contra su adorada Harlow). Además hay una banda sonora estupenda en la que se baila hasta con el Scarborough Fair y, en cuanto al derroche forzoso de violencia y sexualidad, tan típico de la década, logra ensamblar dignamente en un filme de duración ya mas ajustada.
Bashki a partir de aquí se haría dueño y señor del cine de animación norteamerican
o de los años setenta. Hablando de las drogas, en Coon Skin (1975) y teniendo su apoteosis en la adaptación del universo de Tolkien (vuelta a los proyectos que afectan al peligro de la desmesura) en El señor de los anillos (1978).

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