13 febrero 2007

FANTASIAS ANIMADAS DE AYER Y DE HOY (2)

LADISLAW STAREWICZ (1882-1965)


La importancia de Starewicz en el cine de animación es inconmensurable. A pesar de que muchos de sus trabajos se han perdido, la brillantez de lo que nos dejó sigue conservando una vigencia que aún hoy en día, discípulos y rendidos admiradores como Henry Selick o el propio Tim Burton al buscar la fantasía del stop-action reconocen su deuda con el maestro. Es posible que Burton, un hombre muy complejo, dotado de una malicia subversiva evidente se encuentre más cercano a la esencia del ruso. Ambos además, dulcificaron sus mensajes acercando sus filmes a un mundo ingenuista que casi parece ir destinado a un público muy infantil. Pero, claro, no siempre fueron así.
La sátira, la ironía punzante, el cinismo, ese tirar con bala que demuestra en inolvidables filmes como The cameraman's revenge (1911) alucinan al espectador más desprevenido. Pero la fuerza artística de Ladis
law no se agota en este aspecto. Es su complejo mundo de criaturas disecadas la que nos atrapa continuamente con su insólito amor por el detalle. Un perfeccionamiento técnico que abarca desde los propios bichos (con su expresividad mímica e ingeniosos movimientos) hasta los decorados a escala reducida que le confieren un tono de fábula casi onírica. Con el paso de los años, Starewicz logró una madurez tal en su trabajo que sus bichejos diríanse que estaban dotados de vida propia.
Su producción más destacable la lleva a cabo en Francia. Era, pues, un ruso exiliado tras
el triunfo de la revolución. En Paris se juntará con otros compañeros que forman la Sociedad Artística Rusa. Pese a su antibolcheviquismo, sus dardos envenenados tambien iban destinados al Zar, quien en su opinión era un ser estático y pasivo que no hizo nada por detener la furia de Lenin. En su filme The frogs who wanted a king (1922) vemos como un grupo de ranas le piden a Jupiter (de sospechoso parecido con Marx) que les manden un Rey que les arregle sus problemas. Jupiter les manda uno en forma de rayo que acaba fulminando a buena parte de ellas. La metáfora social sobre una realidad candente era palpable, pero es que además, todo estaba maravillosamente contado. Las imágenes rezuman poesía y un encanto irrepetible. Otro de los grandes aciertos de ese primer Starewicz es el de otorgar una dignidad tal al stop-action como si se tratasen de películas con seres reales. Desde el antropomorfismo inevitable, pasando por la estructuración de los planos, de las secuencias, del movimiento de cámara.
En su Rusia natal realizó
su obra maestra, antes citada, The cameraman's revenge. Es una crítica aguda a la sociedad patriarcal, que el considera profundamente hipócrita, de doble moral y llena de prejuicios. La historia de ese matrimonio de escarabajos y sus respectivos adulterios es una anécdota ante el complejo tinglado de represiones, exposición de vicios y de caracteres públicos con el ambiente nocturno moscovita de los años diez de marco (maqueta) incomparable. El machismo lleva las de perder, el ingenio de la trama (que hasta incluye cine de animación dentro de cine de animación) es de una originalidad extraordinaria. El porqué se dulcificó el gran Starewicz despues de haber sacado a libelulas prostitutas, a saltamontes vengativos, a escarabajos puteros es algo que no nos debería preocupar en exceso. El continuo asombro de un cine tocado por la gracia milagrosa de un genio vence claudicaciones y, por descontado, enmudece a los críticos. En todo caso, La Fontaine o Esopo mantienen perennes los suficientes valores para que sus fábulas animadas nos sigan deleitando con inteligencia. De Esopo ya mentamos su filme de las ranas, de La Fontaine rescató sus ratas: La rata de la ciudad y la rata de campo (1926), ambas repulsivas pero enamorables. Las dos al cambiar de hábitat se vuelven destructoras a su pesar. Es en especial memorable toda la parte de la fiesta galante en la capital. El decorado de palacio regio, con sus bailes, su vestuario, sus damas empingorotadas alcanzan un barroquismo sinigual (como mucho esas cortes sólo se habían visto antes en algún drama de opereta de Mousjoukine). En última instancia, el ritmo endiablado de la acción (que incluye el ataque de un gato real) no amilana una acentuación deliberada de crítica hacia la mezquindad humana (y que aquí representan las mismas ratas, que funcionarían a guisa tanto de epíteto como de protagonistas estelares).
La simultaneidad de seres animados e inanimados será una fórmula que ira probando con gran acierto el ruso. En los años veinte y treinta su hija Irene (que como niña prodigio firmaba Nina Star) protagonizará muchas. Tal vez la más recordada por los estudiosos sea La voz del ruiseñor (1923), sublime fábula que explica con candor y delicadeza el porqué estas hermosas aves sólo cantan de noche. La aparición de los pájaros supone una novedad, a partir de entonces va dejando a los escarabajos, ranas y demás insectos a un lado (Starewicz había estudiado la carrera de entomólogo, de ahí su pasión por estas especies). Más tarde llegarían los perritos, los conejos, los osos... una suerte de mundo blanco, tierno y aterciopelado, a lo Disney que, pese a todo, nunca consiguió igualar en empalago al de la Factoria del magnate norteamericano. Ni tan siquiera le pasó al abordar la temática navideña. No hay Santa Claus que valga, sólo espíritus mágicos que parecen querer complacer siempre a la niñez rural, nunca a la aburguesada infancia de una metrópolis consumista.
Ya dije al principio que su arte es inabarcable. Se le intuye un apasionado de la pint
ura en la creación de determinadas tipologías metafísicas (muchos de sus demonios parecen salir de un obsesivo estudio de El Bosco). Esto unido a su perfecta observación de la realidad social lo elevan a la categoría de humanista en el sentido estricto de la palabra.

- Otros filmes fundamentales:

* L'horloge magique (1928)
* Le lion devenu vieux (1932)
* Fettiche mascotte (1933)

* Fetiche en voyage de noces (1936)
* Fleur de fougere (1949)

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