12 febrero 2007

FANTASIAS ANIMADAS DE AYER Y DE HOY (1)

EMIL COHL
(1857-1938)

Cuando el cine nació, los dibujos animados ya buscaban un hueco en su historia. Emile Reynaud, un inventor de ensueños, creó el Praxinoscopio con el que pudo darle movimiento a sus dibujos. Es Reynaud un verdadero pionero de este arte de fantasía. Aún asombra ver sus Pantomimas, el cómo pudo otorgar la sensación de realidad parece un misterio sin otra respuesta que la de los milagros. Autour d'un cabine (1894) es una pieza deliciosa, en la que unos bañistas a la gala disfrutan de un dia de mar. Hay cabinas para cambiarse, chicas que se ponen dentro
el bañador y mirones en cannotier que se muestran galantes tras ser descubiertos. Autour d'uin cabine es una pincelada maestra en la que la herencia de los impresionistas (Satie sonando y Renoir con acuarelas) es un añadido más a su encantadora magia. Pioneros como Reynaud, como Mélies, como Emil Cohl.
Cohl, tan perfeccionista, tan completo. El fue el autor oficial del primer filme de dibu
jos animados ( Fantasmagorie), supo conjugar la imágen real con la animada, trabajó con marionetas... Artista muy conocido por sus tiras cómicas y sus cárteles para revistas, al pasar al cine (nuevo arte) realizaría más de doscientos cortos. Todos en el período que va de 1.908 a 1921.
Primero en Francia y luego en Estados Unidos, su destajismo llama la atención en tanto que nunca p
erdió inspiración ni espontaneidad. La sencillez de los primitivos parecía formar parte de su esencia como autor. Sus criaturas no eran más que circulos, lineas y puntos trazados sobre las películas. El ritmo vertiginoso no aplacaba el vigor de sus caracterizaciones. La sorpresa del artista introduciéndose el mismo dentro de la película, manipulando cabezas hasta dejarlas reducidas a tres palitos que pasaban a convertirse, al estirarse, en un caballo, siguen maravillando al espectador actual más sensible y tierno.
Son los años diez. Cuando mucha escuela comiquera se apunta al cine. Winsor McCay con su insoportable mosquito o con la puesta de largo de su inmortal dinosaurio Gertie animan el vaudeville. Surgen ratoncitos pre Mickey, gatas locas, coquetas flappers... Artesanía fantástica a un pie de la vanguardia más abstracta y que apasionaría a los dadaístas , a los bretonianos, al nuevo parnaso que en el XIX vio aparecer al grupo de los Incoherentes (1884). Un grupo agresivamente anti racional. De sus teorías bebía con intensidad Emil Cohl. Como aquellos, Emil creía que las pesadillas, las alucinaciones, la demencia, los sueños eran una excelente y privilegiada fuente de inspiración. ¿Cómo sino se puede entender su corto The hasher's delirium (1910), en el que nos introducimos en la mente de un hombre bajo los efectos del alcohol. A su derecha, dentro de un redondel, una serie de dibujos (caras monstruosas, insectos como microbios que parecen anunciar la muerte progresiva de su tejido hepático) , de palabras (vino, alcohol mayormente) van definiendo el estado de delirio de un personajillo fuera de control.
Momentos únicos en un período de experimentación constante. Nadie copiaba a nadie, todo lo más se buscaba la perfección de un descubrimiento. Con Mobelier Fidele (1909) , Cohl olfatea en las maravillas de Segundo de Chomón (Hotel eléctrico, 1905) e incluso de Stu
art Blackton (Haunted Hotel, 1907) intentando dar vida a objetos inanimados. Como en las anteriores, una casa vacia se dispone a ser llenada con todos los rudimentos necesarios para terminar convertida en una confortable residencia. Llega el furgón de la mudanza con un sinfín de mobiliario que al salir de la trasera del auto va ocupando él solito civilizada y ordenadamente posiciones en las respectivas habitaciones de la casa. Pero a la contra de un Chomón, Cohl al venir del mundo del humor se permite la licencia de sutiles gags que lo vuelven más personal: las cajas de objetos vacías frenan su camino de regreso a la furgoneta en lo alto de la escalera al ver que está subiendo un aparatoso tresillo que pide salón urgentemente.
Ese mismo año, Cohl combina acción real con animación dibujada en Claire de lune espagnol. También lo prueba en Le ratelier, casi un slapstick en la noble tradición de Max Linder a cuenta de la denta
dura postiza perdida de una matrona francesa. Las diferentes peripecias de la prótesis van generando un ritmo hilarante en el que caben policias ineptos y víctimas involuntarias de mordiscos al sentarse en los bancos de un parque.
Con Le tout petit Faust (1910), el maestro francés incorporó las marionetas, pero estaba visto que en ese terreno ya tenía una dificil competencia en la figura egregia del ruso Ladislav
Starevitch. Al poco viajaría a Estados Unidos, siendo allí sobre todo recordada su alianza con el gran George McManus al crear al simpático Baby Snookums.
Desgraciadamente, Emil Cohl
murió en la miseria (paradojas del destino, pero un destino muy común cuando se trata de pioneros: el mismo Melies acabó vendiendo chocolatinas en el metro de Paris). A esto se le añade un final trágico, puesto que pereció quemado al incendiársele las barbas. Parece un chiste pero no lo fue. Estaba prepárandose para acudir al pre estreno de Blancanieves y los siete enanitos. Una lástima. Para consuelo de tontos, decir que el cine de animación (con Disney o con cualquiera que viniera de antes o que vendría después) ya estaba lo suficientemente dignificado gracias a nombres como los de Cohl, la Reiniger y tantos más.


continua mañana

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