06 febrero 2007


ALBUM DE CROMOS JAMONCITAS FIFTIES

Cromo nº 5: LORI NELSON (1933- )


Tal vez uno de los motivos de la corta permanencia en el estrellato de muchas de las jovencitas de esta serie sea que habiendo comenzado su carrera con pañales se plantaban a los treinta ya muy agotadas. Las ninfas bien podían haberse quemado demasiado rápido. Entonces, unos ahorrillos y un matrimonio providencial las apartaban de las pantallas que las habían visto crecer. Cuando recordamos a Lori Nelson, nos damos cuenta que en comparación con otras chiquitas de su quinta fue consolidando, quiza sin ser consciente de ello, una aureola de actriz de culto que en el futuro daría que hablar. Por lo menos, entre los ambientes rockers revivalistas de los años ochenta, su poster como heroina de serie B asediada por algún monstruo tan de culto o más que ella, o improvisando en un bar con jukebox un enloquecido rock'n'roll fue adorno oficial de sus reivindicaciones. Su falta de títulos Orientalistas (y eso que la Universal, gran experta en estos temas, fue su hogar) elevan su adoración siempre en términos de contemporaneidad. En ese sentido, la Nelson fue una chica de su década. Una jamoncita completamente fifties.
El origen de todo se remonta a cuando tenía dos años y medio. Parece increible, pero ya se ponía frente a una cámara a esa edad. ¿Anunciaba pañales, biberones, lociones baby, polvos de talco?, os preguntareis. Pues no. Ella ya bailaba. Su popularidad de aquella empezó a ser respetable en su Santa Fe (Nuevo Mexico) natal. A nivel local, fue elegida la Shirley Temple de Santa Fe, que no deja de tener su gracia (Shirley era un monstruo mimético con fines burlescos de un mundo adulto de gran clase, la misma que ella al llegar a la adultez no pudo ni rozar). Por fortuna, el destino de Lori fue no ser niña prodigio oficial de nadie, debiendo esperar a los dieciocho años para afrontar, ya entrenada, papeles conformes con su edad. Antes se trasladó con sus padres a Los Angeles, lució el título de Little Miss America, y hasta se barajó seriamente la posibilidad de que la polluela encarnase a Jean Harlow (nada menos) en el biopic que un productor de Hollywood quería llevar a cabo, a raiz de la inesperada muerte de la mítica vamp. Proyecto gafado desde un principio, se iría retomando en años sucesivos hasta que por fín salió a la luz en los sesenta pero ya sin contar con la moza (fue encarnada la rubia platino por la estupenda Carrol Baker, pero el filme fue un rotundo fracaso).
Nuestra homenajeada fue ganando en soltura en pequeños teatros. En cualquier caso, sus avales eran su poderosa belleza azulada, típica de una generación de muchachas sanas y dinámicas, que lo mismo podían infundir deseo pedófilo como frescura ingenua y deportiva. Al cumplir diecisiete años, su mentor (un productor) le regala un contrato en la Universal. Allí se iba a encontrar a otras muchas chicuelas de su estilo. Había sólo que tener paciencia. Y ella la tuvo. Hubo de esperar dos años hasta que le encomendaran un papel. Fue en las comedias country de Ma and Pa Kettle, demasiado americanas para que las entendiesen públicos que no fueran ellos. De hecho, la serie de Ma and Pa Kettle nunca llegó a estrenarse más alla de Ohio. Su primera gran posibilidad le vino en Underwater (1.955). Por lo menos allí ya debía bregar con un buen director (John Sturges) y un buen reparto (Jane Russell, Richard Egan, Gilbert Roland). Pero por desgracia la Nelson tenía todas las de perder frente a una atómica Jane dispuesta a lucir sus bañadores de manera obsesiva. Aún por encima la peli resultó un aburrimiento gracias a sus eternas escenas submarinas, dignas de un capitán Cousteau al que de repente se le hubiese puesto el pizarrín tieso (los ósculos bajo el mar).
El verdadero culto Nelson nace cuando Jack Arnold decide prorrogar el éxitazo de su previa Criatura de la laguna negra, contando con ella para el papel de scream girl. Aquello se llamó Revenge of the creature (1.956) y estuvo igual de entretenida que la original, si cabe un poquito más gracias a que Arnold se puso verderón incorporando dosis eróticas muy sutiles en el terreno del beefcake (John Agar y Johnny Bromfield estaban arrebatadores con aquellos bañadores de época). Además la Criatura se reveló bisexual (célebres son las fotos promocionales en las que no duda en echarle la zarpa al propio Bromfield) y la Nelson, que sustituía a Julia Adams, conseguía hacer olvidar a la anterior a golpe de eficacia.
Cuando el bañador lo sustituyó por la falda tubo arrasó. En Hot Rod Girl (1.956) fue cabecera de cartel con un partenaire de excepción: Chuck Connors. Película típica de delincuencia juvenil, repleta de ingenuidad y de malicia (en combinación irresistible), es hoy venerada por más de uno. Terroristas motorizados, jóvenes enfadados en blue jeans y cazadoras de cuero, rebeldes que mascan chicle y chasquean los dedos. Chulerías enternecedoras a ritmo de rock. Como Untamed youth (1.957), vehículo apoteósico para la prepotente drag Mamie Van Doren, aquí con su imposible rubio platino lanzando destellos en un presidio de tías. La Lori hace de su hermana y hasta sale el legendario Eddie Cochran para animar si cabe más el contubernio. La peli de puro mala es hasta buena. En el despropósito se encuentra el placer. Y Untamed youth da mucho gustirrinín si te gusta el camp pre-Russ Meyer.
Habiéndose ganado el paraíso de los nostálgicos de la gomina, poco le restaba por hacer a nuestra chica. En la televisión hubo un amago de posible porvenir, pero se diluyó bien rápido. Me refiero a aquella suerte de remake de Cómo casarse con un millonario que se tituló igual: How to marry a millionaire (1.957). No sé si alcanzó las dos temporadas de emisión, pero lo que es Lori sólo estuvo en la primera (sus compañeras eran majas: Barbara Eden y Merry Anders, pero claro, si las comparas con la Monroe, la Bacall y la Grabble originales no hay color. Como gold diggers resultaban de calderilla).
En 1.961 se casa con el compositor Johnny Mann y se va retirando poco a poco de la farándula. Solo se la verá en series y en westerns de bajo presupuesto. Aunque no desapareció del todo, su década fueron los años cincuenta. Sigue siendo un bonito poster de chica en traje de baño, asediada por un monstruo sandunguero (por lo impotente) y recién salido de algún pantano ideal para tomar el sol.


No hay comentarios: