08 enero 2007

TODO HA PASADO HACE VEINTE AÑOS (y esto también)


Reproducción de un reportaje sobre James Dean que Mórbida Von Convulsions realizó para el programa de Willy Esmond y que nunca llegó a emitirse

Jimmy está pasand
o una temporada en el rancho de los Roberts, coincidiendo con el rodaje de su última película: Gigante.
Comenzamos nuestras charlas muy temprano, a las 7 de la mañana, pues el jóven actor tenía que sembrar el maiz junto a los demás rancheros.
Tenía un aspecto fenomenal con aquella indumentaria tan campesina. Su cuerpo era el de un muchacho rozagante y sano, y el jersey de lana medio roto le daba una hermosa complexión a su pecho. Su pantalón de pana marrón y sus recias botas camperas completaban aquel excitante vestuario de trabajo.

Hacía algo de frío, por eso que me puse el abrigo de chinchillas y el cuello de piel de visón. Iba super elegante con el bolso de piel de cocodrilo donde guardaba la pitillera, la polvera y la mini grabadora que serviría para inmortalizar aquella entrevista.
Oh James Dean. El. Estaba húmeda aquella mañana. Se juntó con los otros muchachos que amontonaban el heno sobre la campiña. Parecía un tanto ido y no se concentraba en mis preguntas.

Mórbida: Jimmy, ¿recuperando la afición que descubrimos en tí en Al Este del Edén?
James D.: Con mis tíos acostumbraba a manejar las reses y les ayudaba en la recolección.
M.: Pero, ¿no crees que esto, ahora que eres una gran estrella ya no tiene mucha justificación?.
J: A la mierda los dólares. Yo no me encuentro parte de ellos.
M.: ¿No será que estar entre el barro, el estiercol, la mierda de los caballos y estos jovencitos te excita?.
J.: Eres asquerosa.

M.: Lo sé. Soy perverrsa.

Jimmy sonríe y se vuelve a alejar de la grabadora. Con una gran agilidad se reunió con los otros que iban cargados con maderos. Regresaron media hora después. Preferí quedarme allí, no estaba yo para caerme entre la caca de vaca.
Mórbida: ¿De dónde venís?.
James: De dar de comer a las cabras y de ordeñar al ganado vacuno. Esta noche creo que va a parir la Salvaje.
M.: ¿N piensas rodar hoy?.
J.: Hasta el sábado no. Creo que Liz tiene diarrea.
M.: Tienes un buen sentido del humor. Sin embargo parece que yo no te caigo simpática, ¿verdad?.
J.: Eres una periodista. Todos los periodistas me dan ganas de cagar (se tira un cuesco).
M.: ¿Tampoco vas a salir en el coche?.
J.: Quiza después de come
r me acerque al pueblo de compras. Pero si te refieres a si voy a salir de marcha, en absoluto. Hoy me apetece pasármelo aqui.
M.: Tienes un paquete muy grande. Estás empalmado.
J.: Eso no te importa.


De nuevo se alejó de mí. Le segui con la mirada. Marchó con los muchachos muy embracilados al granero. Tony, el cámara de televisión llegó al mediodia. Le dije que poco había contado y que ya llevaba una hora con los otros en el granero. Decidimos acercarnos allí. Estupefactos comprobamos que aquellos fortachones mozos estaban desnudos, embadurnados de porquería, de excrementos de zoo... todos follando. Con cuidado, Tony comenzó a rodar. James se la estaba mamando a un rubito musculoso que se moría de gusto mientras ot
ro, al que no le vimos la cara, penetraba duramente al gran actor. Montones de procacidades que no había visto yo desde las fiestas de Errol Flynn se desarrollaron durante dos horas más. Hasta que el coche del patriarca Roberts apareció en el rancho. Acto que anunciaba que había que reunirse para almorzar.

****

En la comida (un pudin de frutas, ensalada variada, filetes de caballo y un postre casero de la anciana Miss Angelina) nos reunimos todos.
Estaba fresco y sonriente y comía sin ningún tipo de inhibiciones. Tanto la anciana como Margaret y Julius Roberts, estaban orgullosos de tener en la mesa a un comensal como James Dean, junto a dos miembros de la TV americana. Tony hacía gestitos maliciosos y miraba de reojo a Jimmy,
que ingería a la vez cebolla y pepinillos crudos.
Yo no podía evitar meterme los dedos por la vagina o en su defecto, en la brageta de mi compañero.
Tras el almuerzo me retiré a la habitación para repasar lo que habíamos grabado en la casette. Tony comprobó que todavía quedaba cinta para llenar un par de horas. Teníamos confianza de que aquello iba a ser un reportaje bomba.
Oímos al jóven abajo arrancando el porsche. Nos asomamos a la ventana y le vimos conduciendo como un poseso, dando vueltas absurdas por el rancho. Tony empezó a filmar hasta que el piloto se alejó por el horizonte del West.

****

Jimmy había dejado cer
rada con llave la puerta de su dormitorio. Pudimos subir por la ventana hacia el piso superior. Por fortuna, la ventana estaba entreabierta y nos introdujimos en su cuarto. Estaba llena de posters de Marlon Brando. Me humedecí otra vez.
Aún no había deshecho la maleta. La ropa sucia y pestilente estaba tirada en el suelo. Busqué sus calzoncillos pero no aparecieron. Jimmy no debía usar ropa interior. Cogí su pantalón impresentable y empecé a sobarlo contra mi cara y mi culo. También me revolqué con él por la cama. Tony, el muy tonto, rodó algo de esto.
Abrimos la maleta, era pesada y grande. No había ropa, sólo unas bolsitas pequeñas de plástico, una cartera de cuero y una libretita de anotaciones.
Abrí la libretita, quería s
aber algo (este cuadernillo se subastó hace diez años en Dallas por 500 mil dolares a un homosexual negro). En la primera página, unos dibujos llenaban la hoja. En trazos poco definidos se intuían niños masturbándose. En la siguiente, un nombre: Marlon, repetido unas cien veces en diferentes colores y tamaños. Tras esto una especie de diario con frases del todo inconexas: Tengo ganas de comer - Me voy a rascar el culo lo más adentro que pueda. Si tengo que meterme todo el dedo para aliviar el picor, lo haré - Otro piojo en el pelo - No aguanto más - Te quiero, Pier - Estoy harto de todo lo que decís. Uno dice una cosa, el otro dice otra - Sólo soy una persona...
Todo adornado con falos variados, con ojos y nariz, con piernas y brazos.
Por primera vez me quité las manos de las bragas magnéticas y me di cuenta que aquel era un ser sensible, indefenso, u
n incomprendido. Lloré algo en un celofán.
Tony me llamó. Había abierto una de las bolsas de plástico. Estaba llena de tubos con unas sustancias viscosas, pegajosas, blancas. Llevaban etiquetas. Eran frasquitos rebosantes de semen de sus mejores amigos.
Dentro de la maleta también había una jeringuilla y varias agujas quirúrgicas. Nos echamos a reir. ¿Es que Jimmy practicaba la inseminación in vitro con las corridas de Tab Hunter, Sal Mineo, Nick Adams y demás compañeros de cama?.
En otra bolsa hayamos fotos de perros, gatos, caballos, tortugas copulando. La risotada fue ya un estruendo que tranquilamente podía haberse oido en la cocina.

****

Jimmy llegó entrada la noche. Subió rápidamente las escaleras y se metió en su habitación. Entonces, sin más dilaciones me coloqué el uniforme sadomaso (todo cuero, todo fuego), botas Betty Page, látigo negro, material hardcore y me acerqué a su estancia. La puerta estaba entreabierta.
Oía el chapoteo del grifo. Jimy estaba en el baño, lavándose la cara. Su rostro estaba demacrado, sangraba por la boca y su silueta denotaba los excesos del alcohol y el dolor.
Seguía allí con su torso desnudo, sus ojos llorosos, su aspecto triste y doliente. Los pezones antes duros y desafiantes se me vinieron abajo. Le coloqué una gasa humedecida. Preparé una cataplasma. Le curé como a un niño. Me agarró por los brazos con una actitud suplicante que me recordaba a una escena espeluznante en cinemascope de Al Este del Edén. Me intentaba decir algo con aquellos ojos de miope, ojos tiernos de criajo que esfuerza la vista. Ojos brillantes. Hermosos pero patéticos.
Se alejó del baño y se dispuso a desnudarse. Tony comenzó a grabar. Me acerqué a el, con la grabadora en mano.


Mórbida: ¿Quieres que hablemos?.
James: ¿Por qué vienes vestida así?. Oh, me siento mal... (tapándose los ojos con los brazos) ¿Quieres que echemos un polvo? (me pregun
tó con cansino sarcasmo).
M.: ¿Quieres probar el sabor del nuevo periodi
smo? - aplicándome lubricante en la entrepierna.
Jimmy sonrió, o hizo gestos Actor's Studio, o algo que a fin de cuentas me pareció estúpido. Fue entonces cuando me abrí de piernas lascivamente, a meterme los dedos por el culo para ensancharlo, a machacarme las tetas y a sobarme contra él. Su pene era grande y fastuoso pero olía a mierda de vaquero de barucho. M
e asqueó.
Jimmy violentamente me asestó patadas y golpes en el cuerpo y en la cabeza, mientras gruñía como un oso. Yo le gritaba que pegara, que me reventara el clítoris, que me tratara como a una fulana.
Tras la calma, James me quitó los arreos mientra
s sollozaba. De la parte inferior de mi uniforme surgió un gran y sonrosado capullo que Jimmy comenzó a frotar con ansias.
Yo sonreí. Había descuberto mi secreto-sorpresa. Cuando mi falo de latex había salido al exterior medía unos 37 cm. Jimmy insistía en poner su trasero en el aparato. Entonces le dí una hostia que casi le reviento la nariz. Se pu
so a sangrar de nuevo.


Mórbida: Tenemos que hablar en serio.
James: No, no, nooo (más Actor's Studio)


(historia inacabada)

M.Betanzos 1987