20 enero 2007

SEMANA ESPECIAL FAUNA DE WC

Mis memorias del retrete (6)


GALERIA DE PERPETUAS
Jose y yo nos entreteníamos en los tiempos muertos poniéndoles motes a las habituales del ambiente. Nos fijábamos en sus características físicas o comportamientos y a partir de ahí surgían sus nombres etiqueta. Recurso previsible en esta minoría al no saber casi nada de nadie. Y como resulta muy complicado entender de quién estábamos hablando por apelativos genéricos como el del bigote, el alto, el calvo o el de gafas gordas pues se rebautizaban y todo solucionado. Unos ya lo estaban pero otros, los nuevos, los reincorporábamos a nuestra galería onomástica.
Hasta llegamos a seleccionar en grupos a la basca según sus edades. Así los de menos de veinte eran los boys. De veinte a cuarenta, las misses. De cuarenta a sesenta y algo, las míticas. De ahí al infinito, las momias.
Entre hoy y mañana desfilarán por esta serie las más representativas de cada uno de los grupos.

*Las de la limpieza
Poca limpieza hay. Pero hay que meterlas como profesionales de la lejía y el criticoneo. Ellas siempre fueron el elemento picajoso y metomentodo del asunto. Las hubo malas y las hubo peores. Incluso una más o menos buena que funcionaba a veces como alcahueta y otras como paño de lágrimas para alguna mariquita sentimental que osaba contarle su desesperanza ante el amor que no llega. Nunca tuve problemas con ninguna. Pero su simple visión me jodía la hostia al saber que te interpretaban como un pobre desgraciado que no tenía donde caerse muerto. A mi me parecía fantástico que después de una sesión festiva tuvieran que limpiar mis corridas. Pensar en todo lo que tienen que tragar ya las haría perdonables. Cuando me vieron con la droga y sobando a chicos en su cara y a la del público en general, se acojonaron bastante. Me estoy refiriendo a una gilipollas que solía llevarse los rollos de papel higiénico para su casa y que de vieja gaiteira se había liado con otro viejo que limpiaba mejor que ella. Solían compartir tertulia de camilla con otros maricones de su mismo pueblo, con lo cual, su cretinez para con los demás era injustificable.

*Los cabrones
El mudo: Tio muy especial. Parecía un señor normal, casado y decente. Pero sus ataques de ira si le abordabas y no le gustabas eran tremendos. Era sordomudo, por tanto los golpes que pegaba en las puertas y en los objetos que encontraba a su paso eran desproporcionados. Corrió el rumor de que aquel cincuentón en otras zonas de ligue robaba el dinero a diestro y siniestro. Las pintadas alegóricas al caso que alertaban al resto de la peña lo atestiguaban.

El pitiminí de Antequera: Si lo rechazabas o permanecías dándole la espalda sin prestarle atención era ya suficiente para que perdiese los nervios. Indignada este carcamala salía del recinto lanzándote una cara de asco espectacular. Ya en la calle alertaba con voz de vicetiple a los viandantes que tuvieran cuidado, que dentro del báter había sodomitas de baja ralea.

El falso poli con la camiseta gay: Maduro barrigón. Le gustan los ancianos, asi que a los jóvenes en su tiempo los asustaba. Sacaba de móvil y simulaba ser un madero que hablaba con el 091. Exactamente pedía patrulla. Como todas, bonita... El caso, es que pasados unos años se apaciguó y empezó a pasearse por los parques con una camiseta de un chulazo en bolas delante de las impávidas cegueras de los ancianos de los bancos.

El negro: Pues un negro del Brasil. Y no exactamente como los que saca en las películas el Kristen Bjorn. Sino un negro con pinta de watusi y muy feo. Es gerontófilo, sólo quiere penetrar momias. Cuando le molestaba nuestra presencia o nos tiraba piedrecitas del jardín, o lanzaba al vuelo agujas hipodérmicas dejadas por algún yonqui recién servido. Yo terminé haciéndome colega suyo. Hablábamos mucho de Glauber Rocha y Astrud Gilberto. En 2006/07, se limita a llamarme mona en despreciativo. Cosas de favela.

La Juana y el alemán: En mi lista negra. Con los que he roto toda comunicación. El primero por cotilla, falso y haberse sumado al complot para acabar con mi relación con Jose. Cincuentón de bigote antiguo y como oso pasable. Está herniada. Nunca se corre. Fastidia planes con su omnipresencia. La sacó un pobre hombre del arroyo y lo metió en su casa. Su relación acabó por puta. Ahora el otro está sequito y ella gordísima. Trabaja en las ferias vendiendo ropa que previamente se agencia en los chinos.

El alemán es lumpen puro y duro. Viejo que se amariconó con la viudez y al dar por acabada su emigración en Frankfurt. Tiene mucho dinero (aunque lleve los pantalones rotos y la ropa de la era Weimar). Se llevó a Jose compinchado con la Juana. Está con él. Ni dios aguantaba sus conversaciones absurdas de macho con alzheimer. Padece de la rodilla. Tiene una mano estilo Orlac. Sólo chupa. Se la ha chupado a media humanidad, a vista de la otra media. Contaba que se llevaba a su casa a todos los habitantes de las cloacas y lo que hacían (desparasitaciones incluidas) con enorme lujo de detalle. Un dia declaró no ser homosexual y sus escuchantes fervientes le dieron la razón. La embolia que le deseo por las noches en mis oraciones no se da hecho efectiva.

*Los gitanos
El que vende paraguas: Muy majo pero sucísimo. Treinteañero orondo. El típico que enseña sin querer media raja del culo a cada rascada de piojo. Tiene micropene, un culazo de muerte y padece eyaculación precoz. A los diez segundos de menear el garrotín ya se acabó el martinete.

El superdotado: Veinteañero con una enormidad entre las piernas. Pedía dinero a los maduros. A mi quiso endiñármelo pero fue imposible. Cuando se la chupaba con -5 grados de temperatura ambiente era un problema endurecérsela. Dentro de la boca tenías la sensación de estar comiendo una filloa. Pertenece a la rama de feriantes pijillos. Ahora usa gafas. Compartimos más de una tertulia en la zona de costo. Muy limpio.

El esquizo: Unas veces quiere estar contigo y otras, en las que quieres tú, te dice que te equivocas de persona. Tenga o no gemelo, es un buen macho. Cuerpazo nonaino y ropas buenas.

El de los Evangelistas: Cuando lo conocí no llevaba camisas negras ni nada. Va para faraón, pero de aquella era impresionante. Me encantaba su pelambrera rizada a lo Camela. Era cariñoso y directo. Pensaba que en los báteres había cámara y me quería llevar a un descampado donde había un somier muy bueno. Sólo quería que se la comieras. No era muy limpio. Se ha quitado de este rollo pero, cuando le molaba, me daba cada claxonazo con la fragoneta...

*Los finolis

La ratita presumida: Siempre va impecable. Sigilosa, como de puntillas entra en el lavabo. Le gusta quien le gusta, y el que no, lo ignora por siempre jamás. Está casado con una rubia despampanante. Prefiero al hijo cien mil veces. Lo único que quiere es que se la comas (al padre. Al hijo ya se la comerán los raros eses con los que anda, tipo españolazos del chandal rojo y gualda). Dada su envergadura fálica suele atragantar a las mariquitas despistadas que terminan abiertas a vomitos y tosiendo muy fuerte. Un chulo, vamos. En moda le pirra la pata de gallo.

La stripper jóven: Una miss espantosa. Les gusta a todos. Tiene el culo gordo, parece limpia, es fashion y...claro. Pero ella no se deja hacer cualquier cosa. Ella hace muy poco. Ella hace bien. Le gusta lo que a mi hace años: meterse en un cagadero y despelotarse para que la mires por el agujero. Cuando te deja acceder a él, sólo practica la masturbación. Es divina.

El lameculos: Otra miss. Es fea, con gafas y pepona. Los carrillitos siempre están colorados porque es muy caliente. Entra con su gabán precioso y su bolso de Gucci. Dentro del retrete lo que hace es despojarse del gabán, luego saca del bolso un consolador enorme y se lo mete por el culo. Me han dicho que estos números con la puerta medio abierta acaban muy mal: cagando todo el aparato y limpiándolo en las baldosas de la pared. Deja una estela de mierda de sublime tersura y belleza sin fin. Se pone el gabán, que previamente rozó por despiste en la pared y se aleja altiva por la calles céntricas dando el cante con su nueva tonalidad de abrigo. El lameculos se lo pusieron porque dicen que hace eso cuando está con sus víctimas.

*Los retrasados
La dawn: Mongólico muy mayor. Da mucha pena porque es poquita cosa. Ni molesta ni se le ve bien. El no sé lo que quiere pero su ilusión es muy grande siempre que se apalanca en un urinario. El fin de una raza.

El retrasado: El número uno de los deficientes psíquicos. Es un chaval treinteañero que es buena gente, superdotado y bastante completo en el sexo. Tiene una minusvalía de un cincuenta por ciento, que no es mucho. Pero de crío la minusvalía nos aterraba, pues es muy voluminoso y cuando te echaba el lazo costaba despegárselo. Yo sufrí a los veinte años un conato de violación por su parte que recuerdo como uno de los momentos más desagradables de toda mi carrera. Aún así es imposible llevarse mal con él. Muy mentiroso e imprevisible. Puede que sea tonto, pero hasta cierto punto, pues le gustan los mejores prototipos masculinos. Causó muchos comentarios cuando echó novia: una tonta del bote que conoció bailando el Solo pienso en tí de Victor Manuel en las fiestas de la ciudad y a la que solía martirizar dejando sin bikini en la piscina municipal para sonrojo de la susodicha. Además acostumbraba a pasar orgulloso por delante de nosotros con ella bajo el brazo. Es curioso, pero conforme pasaban las semanas a la subnormal se la veía cada vez más consumidita. Rompieron.

El paralítico cerebral: Da grima como todos los de este mal. Abandona la silla de ruedas en la puerta del báter y entra moviéndose por resortes, como si fuera una marioneta. Deposita el contenido de la botella con su pis en un urinario y luego nos excruta con deleite. Saca mucho la lengua, eso ya es una señal de lo que puede hacerte si te va esta filia. A mi al principio me daba un poquito de miedo, pues nunca sabías si al mirarte te estaba seduciendo o si por el contrario deseaba asesinarte. No viene mucho, porque tiene más que hacer. Yo ante todo lo veo como un original.

mañana termina



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