10 enero 2007

MACISTEROTIQUE


Viernes, 5
Recobro mi ritmo sexual normal este fin de semana pasado. El viernes fue el día de los rumanos. Rumanolandia acudió a mí y acudió aceptablemente.
Mi rumanín favorito, el limpio como una patena apareció en la hora habitual de nuestros encuentros. Todo perfecto, menos el entorno que estaba putrefacto. Un puto exhibicionista, lider de una orquesta, vigilaba en la puerta de los baños la entrada de algún viejo que se la quisiera comer. Dentro de un retrete una pareja de tio-tia se drogaban tan a gusto, sin desdeñar la posibilidad de salir de improviso para dar el golpe a algún anciano apalominado (de hecho la tía mamó pollas de momias previo trato pecuniario las pasadas navidades mientras su compañero esperaba en la calle).
Vista la situación, el rumanín dudaba en entrar al local. Al verme que yo venía detrás, se animó. Dejó la puerta entreabierta de un cagadero y al cabo me metí con la mejor de mis sonrisas (o sea, la casi imperceptible). Preguntó que pasaba ahí afuera. Le hablé de droga y calló. Hicimos lo de siempre. Pude comerle la ranura más que la anterior vez. Uno de mis manjares favoritos.Volvía a no saber a nada. Qué lástima, porque los culos de los chavales a las tres de la tarde siempre tienen cierto aroma embriagador. En cambio el de él parece ser irreal. Es como si trabajase en una productora tipo Bel Ami. Un juguete de lujo. Asi que con cuidado introduje la yema de un dedo en su ojal. Parecía molestarle. Sólo deseaba abrírselo más y luego sorber algo de jugo. Pero nada. Aséptico. ¡Pero qué bonito lo tiene, liso y llano!. ¡Y qué balones!. El resto fue rutinario. Felación prolongada. Penetración algo torpe (se salía de mí cada dos por tres. Algo normal teniendo en cuenta que su tamaño es muy reducido. Yo hago lo que puedo, uilizo los reflejos que da la experiencia, inclinándome de forma que no se escurra, pero a veces era imposible). Al final la sacó bruscamente pues ya se iba. Leche abundante y espesa. Espero no enamorarme del muchacho. Entonces empezaría a llevarme todo ese líquido a casa.
De ahí salgo hasta la parada del bus, para realizar mi ritual diario de esperar lo imposible. El escayolista follador tampoco acudió esa tarde. Poco importaba pues había quedado satisfecho. Aún así me acerco a los sevicios públicos cercanos (aún me quedaban diez minutos de tiempo para el sexo sociable). Tan pronto entro me aborda un joven alto y moreno. Entramos a la vez con movimientos descoordinados. No es que nos peleáramos por coger tal o cual retrete, es que en realidad estábamos jugando a la seducción, él a la del vente para aquí conmigo y yo a la del ¿tú quien eres?, déjame verte bien...
Puerta entrabierta que dejó. Entré. Mi primera impresión: éste es de otra etnia, también. Pensé en Marruecos, pero al escuchar que hablaba un castellano casi perfecto opté por orientarlo a Rumania, (qué cantera). Pregunté si cobraba. Nada, nada. Regalado. Tipo impetuoso, me llevó la cabeza a su polla en un abrir y cerrar de ojos. No la tenía ni morcillona y eso me hizo ponerme algo tenso. Por si acaso no cerré la puerta. Un pequeño horror todo: me ahogaba con su tamaño al mi boca convertír su aparato en una morcilla auténtica. Pero no sólo me molestaba que usase mi cabeza como succionador manual. También había una aspereza en su glande que me daba algo de nausea. Me llené de baba. Escupía lo que podía. Pero el volvía a agarrarme la cabeza, como si fuese su muñeco hinchable. No era plan. No lo pasé bien. Lo único que me aportó aquel atrevimiento fue una sensación (a posteriori) de que lo me había ocurrido parecía formar parte de una fantasía porno de la era precondom. Pero nada más. En cualquier caso, todo sonaba a viejo (llevo una filmoteca para adultos a mis espaldas). Chupé lo que pude durante no mucho tiempo. Pero con lo que llevábamos creo que ya hubiese sido suficiente para que se le pusiese algo enhiesta. No hay tu tía, caía por su propio peso (que era mucho) cada vez que me apartaba. Lo mandé a la mierda. Una víspera de Reyes, al este del Edén.

Sábado, 6 (intermedio en pareja)
Día de Reyes con la visita anticipada de Pedro. Andaba aún yo liado con el post dedicado a John Moulder Brown y debí posponerlo hasta que se marchase el zagal. ¿El momento sexo?. Muy bien... un poco pesadín, pues tardaba de más (dijo que durante la comida había bebido bastante sidra y no daba eyaculado). Con su automanipulación su semen brotó y yo aplaudí. No es que le forzase a que acabara la faena...¡es que se lo exigía descaradamente!. Sé a ciencia cierta que tan pronto saliera por esta puerta se iría a pasar el resto del fin de semana con esa señora divorciada con la que anda en relaciones desde hace ya bastante tiempo. Pues bien. Que llegue por lo menos descargado. Menudo soy yo.
Después del polvo vino el regalo. Este año se lo merecía por lo bien que se ha portado conmigo. Hasta un bafle de la cadena musical me soldó en otoño. Así que le compré una pelí de actualidad, versión coleccionistas, cara cara. Le ilusionó. No quiso ni bolsa, la llevaba en la mano, fardando de ella. Son como niños. Pero ¿qué haría yo sin ellos?.

Martes, 9
Antes de relataros mi revelación del día de ayer, este apartado podrían protagonizarlo dos posibles novios ideales. Chorbos que no conocía de nada hasta que de pronto se cruzaron en mi camino de liebre de Alicia (siempre a contrarreloj).
Os hablé hace unas semanas de Breogán, pasivo semi anoréxico (dos características encantadoras per se) que al final quedaron en nada (por mi culpa). Cuando lo volví a ver él ya estaba dentro del báter. Había mucho movimiento en el recinto, la verdad. No es que viese nada anómalo por su parte ni por la de nadie, pero no me gustaron nada las corridas que había por el suelo. Entraba y salía, me buscaba. Yo no lo busqué a él. Me piré. Al cabo de dos días me enteré que ya había estado con otro tipo, el cual me describió con pelos y señales sus habilidades esfinterianas. Teniendo en cuenta el pollón que posee el que me lo contaba, de osar coitar servidor con el putoncillo lo iba a dejar como el frío hielo. Asi que a la tercera intentona de querer estar conmigo ya ni le miré. Me salí de allí. Justo en el instante en el que me cruzo con un ex amante adolescente mío (y de media capital) que iba a ocupar posiciones. Le saludé y le dije que apurase, que había un muchacho que le podría interesar. Fijo que estuvieron juntos. De hecho este ex amante me lo confesó días después. Breogán creo que va a ser materia imposible.
Y ayer conozco a Javi. Diecinueve años. Parecido al efebo de la foto de abajo izda. pero un poco menos costilletas. Moreno y delgado, de agradables formas y...¡un precioso grano de pus a un lado de la cara!. Un grano totalmente enrojecido y a punto de explotar. Provocador. Un virgen, además, si atendemos a su comportamiento. No llegamos a nada. Quedamos para hoy, pero hoy no apareció. Lo encontré demasiado indeciso. Y a mi los tipos así no me inspiran excitación. Me despistan, ya no sé si te están toreando porque esperan a que pase alguien mejor o es que en realidad lo único que quieren hacer es una cosa muy primaria e infantil, tipo verte la polla y enseñárte a su vez la suya en dos urinarios. Y yo eso creo que ya lo he superado. Además pierdo la concentración y mi sexo se bloquea. No funciona. Me siento ridículo.
Hasta es posible que un niño así no sepa ni lo que quiere. Luego todo le molestaba (el lugar estaba siendo asediado por miradas del exterior a tutiplén, la verdad sea dicha). Esto ya era crucial para el chavea que bien hubiera estado mejor solito oteando toda la novedad de la vida al márgen en vez de estarme haciendo caso a mi con mis rollos de anímate, ven a mi casa, entremos ahora en este cagadero... Lo cierto es que a mi casa no quería ir. Resulta que su padre regenta la cafetería de al lado y le conocen. Ninguno de los dos tenemos coche, otra opción a descartar. ¿Alquilar una habitación?. Ni loco voy a gastarme dinero yo en eso, total sólo para pedirle que me deje estallarle ese hermoso acné adolescente.
El fue diplomático al citarnos para el día de hoy. Sabía muy bien que no acudiría. ¿Las razones?. Pensaba que por la de siempre: por lo raros que somos todos. Pero acabo de pasar ahora por la cafetería, y eché un ojo por afuera. Creo que lo vi a él detrás de la barra secando un vaso. Quedo con esperanza y la idea más o menos firme de que sus razones eran del todo comprensibles.

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