26 enero 2007

FANTASMAS DE MEDIANOCHE

Hoy... ERIKA BLANC (1.942- )
Los aficionados al terror de la serie B mediterránea albergaron muchas esperanzas con la sinuosa pelirroja Erika Blanc. Su rostro estaba lleno de ángulos mórbidos, su cuerpo era espectacular... vestida de gótica era realmente impactante. Cuando frecuentó el género, de manos del maestro Mario Bava e, incluso antes, con los mediocres Massimo Pupillo y Mino Guerrini, los críticos decidieron lanzar las campanas al vuelo pronosticando que a Barbara Steele, hastiada ya de sus papeles fantasmales, ya le había salido un buen relevo.
Con el tiempo se demostró que la interesante Erika se movía mejor ejerciendo de todoterreno de la serie B sin quedarse anclada en ninguna parte, bien fueran seudo Bonds o spaghetti westerns, giallos o comedias eróticas. Si le faltó vestirse con togas y clámides de épocas pretéritas es por que empezó en el cine cuando el peplum ya estaba finiquitado.
Su primer terror fue como comparsa de otra Barbara... una tal Nelli de ultratumba en La vendetta di Lady Morgan (1.965. M.Pupillo), un papel que suponemos que rechazó la soberana Steele por hastío, incompatibilidad de rodajes o imposibilidad de multiplicar su espíritu ad infinitum. Como en casi todo el terror salido de la escuela italiana hay sensualidad, morbo y barroquismo a partes iguales. Pero faltaba el toque de los maestros Fredda o Bava. El mismo que también escaseó en Il terzo occhio (1966. M. Guerrini) a pesar de la necrofilia inherente al género y el sadismo decadente aportado por un apoteosicamente juvenil Franco Nero. Erika por lo menos pudo gozar ya de su primera reencarnación. Y eso ya fue un avance.
Al pasar por las manos de un Bava en horas bajas alcanzó su pequeña leyenda y un status de mini mito que todavía hoy infunde respeto. Operazione paura (1966) fue el título. La historia era hermosa: en el s.XVII un perturbado asesina atrozmente a una niña de siete años. En su agonía pide ayuda a través del repicar de unas campanas pero el pueblo miedoso no reacciona. Veinte años más tarde una oleada de crímenes azotará esa misma localidad. Una suerte de tópicos que solamente la belleza turbadora de la Blanc, un empleo inusual- para los italianos- del color tratándose de un terror de época y el delirio visual del autor (esa niña rediviva aterrando tras las vidrieras a los supersticiosos aldeanos) consiguen levantar un poco el ánimo en un filme fallido pero no tanto.
No volvería al género la Blanc hasta 1.971 con su papel de sucubo en Le plus longue nuit du diable, coproducción italo-belga que no se cuenta entre lo mejorcito del género (era una época sencillamente anodina) y cuyo único punto de interés es el show de una Erika sangrienta y alocadamente vestida, aportando repelús y sensualidad a manos llenas. Ese mismo año repitió sus visitas a castillos amenazados por psicópatas en La notte che Evelyn usci dalla tomba. Por lo menos en esta pudo coincidir con un viejo compañero de Operazione Paura, Giacomo Rossi Stuart.
Su pareja oficial, con todo, fue el rubio Peter Lee Lawrence, heroe barato del spaghetti western con el que hizo varios filmes hasta la muerte de él (se especuló mucho si fue por suicidio, aunque ella lo negó siempre: consecuencias de un tumor cerebral).
Erika Blanc no sería sucesora de la Steele pero por lo menos animó bastante criptas, parajes cosmopolitas, oestes claustrofóbicos y camas de las sábanas blancas cuando decidió un buen dia asentar sus reales en la tan entrañable como injustamente menospreciada serie B europea. Fue un pedazo de mujer... que fumaba en pipa, por cierto.