14 enero 2007

DIRIGIDO POR...FA

Marcel Fabré y L'avventure straordinarissime di Saturnino Farandola
(1914)

Podría funcionar este post como continuación del anterior Dirigido por...fa dedicado a Andre Deed. Nos volvemos a encontrar a principios del siglo XX con un cómico francés que aborda la dirección de un filme de línea fantástica con raices plenas en el serial tan en boga en su país. De igual manera, la nacionalidad pertenece casi por entero a Italia (equipo técnico, elenco artístico, codirección sin acreditar de un italiano insigne).
Marcel Fabré aunque se le considera francés, en cambió nació en Madrid. Se llamaba Marcel Perez y en los primeros años del mudo ocupó un lugar más o menos destacado en el firmamento humorístico del país vecino. Nunca fue tan afamado como Deed pero tuvo su momento. En realidad las características de la mayoría de estos cómicos han envejecido una barbaridad. Vacilaban entre el estilo clásico del clown y la mera grotesquería de una gestualidad ridícula, que los hicieron con los años infumables y, finalmente, olvidados. Sólo cuando miraban al Hollywood de los Keystone Cops parecía su humor surtir algún tipo de efecto a un no francés. O sino, como en los casos de Deed y Fabré, cuando decidieron pasar a la dirección con algo bastante distinto de lo que era su registro habitual. Póngamos pues, que el soberano del humor galo fue Max Linder. Luego vendrían Deed y Polidor. Algo más abajo, Marcel Fabré haciendo lo que podía.
Con su primer largometraje dio en la diana. Se trata de una locura vertiginosa en nombre de San George Mélies. Era inevitable que al recurrir al género fantástico se tuviesen presente todos los hallazgos de ese maestro de los ingenios (Chomón también valdría). Asi que Fabré recuperó el abc de las trucas con la ayuda del afamado director Lugi Maggi (un gran épico, el que ardió Roma en nombre de Nerón y el que volvió alpino al mismísimo Maciste Pagano).
El argumento es demencial y muy jugoso. El bebé Saturnino viaja con sus padres en un barco. El barco naufraga y el se salva. Recorre flotando en un canasto medio mar hasta que llega a la Oceanía. En la isla de los monos uno de sus habitantes lo acoge. Se criará con los simios en tarzanesco estilo. Finalmente, pasados los años, Saturnino ya adulto, es rechazado por sus criadores porque no consigue ser tan peludo como ellos. Al arribar en la isla un barco de marinos, el capitán se fija en él y lo convence para que se vaya de allí (había conservado durante todos estos años un documento que explicaba su procedencia). Asi pasó a formar parte de la tripulación. Un día los piratas les atacan, el valeroso muchacho vence con su pericia a los enemigos. Al morir el capitán, el pasa a ocupar su puesto. A partir de entonces un sin fin de aventuras, dignas del mejor serial, se van a suceder ante nuestros ojos durante todo lo que resta de filme.
Un filme que se basaba en una novela a lo Julio Verne de Albert Robida, de título larguísimo y que hacía referencia incluso al personaje de Fileas Fogg. Personaje que aqui aparecerá, evidentemente, pero en calidad de villano en lo que es la última parte (y la mejor, junto al capítulo del fondo marino) de la película. Ballenas y pulpos, aventuras en Siam (debe el heroe recuperar el gran elefante blanco, reencarnación de Buda), en Egipto y en los conflictos Norte y Sur en plena guerra civil norteamericana. Todo plasmado con una eficacia visual inaudita, malograda tal vez por el constante flirteo con la comicidad circense de Marcel pero que en modo alguno empaña logros mayores como el duelo en sus respectivos globos de los dos personajes fantasiosos Saturnino Farandola y Fileas Fogg.

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