07 enero 2007


DIALOGOS DE CARMELITAS

Descalzas con el nuevo visitante


Carmelita A:
Carmelitaaa, Carmelitaaa
Carmelita B:
Estoy aquí. En la salita.
C.A:
Oh. Pero... me dejas... Y...
C.B: Si. Ya lo sé. Yo te explico. El es Telmo. Es un regalo divino.
C.A: Pero... Claro, hoy en día...
C.B: ¿Qué te pasa?. Te has aturullado. Está claro que este niño es distinto a los demás. Pero es lo que me han traído los Reyes y debo aceptarlo.
C.A: Si, pero ¿un niño con síndrome de Dawn?. Tu sabes lo que gastan estas criaturas...
C.B: Bah. Lo que cualquier niño de hoy en día. Te digo que estoy feliz. Es una bendición. Yo no quería cosas materiales ni nada porque, dicho sea de paso, de eso voy sobrada. Yo lo que ansiaba con toda mi corazón era un niño con problemitas, al que pudiera volcar todo mi amor de madre frustrada. Un niño que lo fuera siempre, que...
C.A: No, si todo eso que dices está muy bien. Pero esto te va a cambiar la vida.
C.B: Si, para mejor. Me la llenará de satisfacciones. Me dará tanto amor sin pedir nada a cambio.
C.A: Pues para eso te podías haber agenciado un perrito pequinés. Yo tengo mascota y eso no me impide ir al bingo todos los jueves, pero tú ¿cómo vas a hacer para ir al solarium?. Tendrás que dejarlo aqui, y eso es abandono. Y vete tú a saber lo que rompe. Porque te digo una cosa, en el fondo estas almas cándidas destrozan más que un San Bernardo.
C.B: Al solarium me lo llevo conmigo. Vamos... Así de paso coge un poco de color. Está algo pálido. ¿No crees?.
C.A: No sólo pálido. Yo le veo mil defectos. ¿Acaso no le encuentras la cabeza demasiado grande con respecto al cuerpo?. Y esos pies, como de ave palmípeda...
C.B: Bueno, ¿y qué?. Eso es porque piensa mucho y camina lo justito. No sólo está descompensado de eso...
C.A: ¿Qué me quieres decir?.
C.B: Pues... que de abajo es un superdotado.
C.A: ¿Cómo?. ¿Un super dotado del carajo?. ¿Ya se lo has visto?.
C.B: ¿Tu qué piensas?. Si lo primero que hice ayer cuando me lo encontré en la salita fue meterlo en la bañera, para quitarle la propaganda de la empresa.
C.A: Pues tu ten cuidado, haber si te preña. Que estos sólo piensan en el amor. Están las veinticuatro horas dando cariño con el pizarrín enhiesto.
C.B: Cate tía, que eso es cuestión de educación. Como todo. Te veo más peligrosa a ti, en ese sentido que a mi solete del cielo. ¿A qué si, Telmito?. ¿A que tu nunca le harás daño a tu Carmelita con el falete?.
C.A: Qué bárbaro. Este en Esparta no pasa la prueba. Fíjate la carita que tiene...
C.B: Pues ¿qué carita quieres que tenga?. Es una carita alternativa, ¿a qué si?. Ayy, qué mimoso eres... ¿Sabes lo que me dijo ayer cuando le acosté de noche?. Me dijo... una cosa tierna... me dijo... Mami, te como.
C.A: Y este te come, te lo digo yo... Sino me para de mirar al potorro.
C.B: Porque vienes como de costumbre vestida de gitana. Haber si tienes un poco de decencia ahora que tenemos niños en casa.
C.A: Bueno, ¿y qué hace aparte de mirar?
C.B: Infinidad de cosas. Pero aún no ha tenido tiempo de demostrar su valía. Fíjate, según este número de la revista Dawn Town, estos seres antidiluvianos poseen unas cualidades para las manualidades y el bricolage superiores a la media de los humanos...
C.A: Ah, pues mira tú. Te puede arreglar el termostato del frigiteur...
C.B: Si. Y me pondrá las cortinonas en los railes. Hoy las he echado a lavar pensando en esa posibilidad... Y limpiarme las lámparas tan altas, que le llaman tanto la atención..., y he pensado que me podía hacer un podium olímpico, que siempre me hizo mucha ilusión, teniendo en cuenta que en el trastero tenemos un montón de muebles viejos él podría recoger madera y subir a la azotea para realizar una serie de trabajos de marquetería que solucionarían los problemas de mala distribución en lo que son zapatos, gowns y sombrerería varia que voy acumulando sin orden ni concierto. Y para más adelante, cuando ya hubiese comprado material de obra he pensado en hacer unas reformas en las habitaciones para aumentar espacio en el salón y poder meter un caballo de madera, reproducción exacta del de Troya que el niño previamente hubiese construido con sus mañitas. Vestiría con mono rosa con ribeteados estampados que ya he visto en los escaparates de La boutique del albañil. Es posible que dadas sus proporciones físicas hubiese que hacérselo a medida, pero para eso no habría ningún problema pues mi amigo Ludovico Visconti que es sastre se brindaría a su confección...
C.A: ¿Adonde va?.
C.B: Irá a hacer un pis.
C.A: Vete detrás. Que a lo mejor...
C.B: Pues vente tu tambien. Asi le vés el aparatito...
C.A: Pero, ¿dónde se ha metido?.
C.B: Telmoo, Telmoo, vén con mamá. ¿Dónde vas, Telmo?.
C.A: Ha salido a la terraza.
C.B: Pero en la terraza no está.
C.A: Oh, querida. Ha saltado al vacío...
C.B: Pero, ¡qué gran error!. Y ahora... Cómo recogo yo eso...
C.A: Hay que bajar, de todas todas. ¿Tu no tienes la garantía?.
C.B: Y un teléfono de reclamaciones.
C.A: Pues anda, vamos. Que menudos follones te montas.
C.B: Según haya sido el impacto, podremos hacerle unos arreglitos en la cara...
C.A: O no, a lo mejor ya ni se le nota el mal de lo espachurradito que esté.
C.B: Se ha hecho un suicidio puritito Sparta style.

continuará