23 enero 2007

ALBUM DE CROMOS JAMONCITAS FIFTIES

Cromo nº 3: SUZAN BALL (1934- 1955)

" Por los salvajes besos de aquella mujer se adentró en los más recónditos confines del último rincón del mundo"
Publicidad para el filme East of Sumatra (1953)

La estupenda Suzan Ball fue una belleza Universal vista en los cines de barrio de los años cincuenta en más de un Oeste y en más de dos aventuras. En cuanto a lo primero, he de confesar mi poco cariño por el género cinematográfico denominado western y, si de vez en cuando me pongo alguno en la intimidad es para buscar esa nota de color que le solían poner sus elementos femeninos (que eran a cuentagotas). En aquella década, el western de Serie B dio trabajo, por un lado, a muchas actrices de segunda fila, a las que se les requería ser capaces de aportar belleza y altivez a partes iguales frente a los rudimentarios machos del reparto. E incluso para decorar eran fundamentales los contrastes que muchas veces los productores buscaban al contratar a dos reales hembras que fueran una rubia y otra morena. Rubias virginales y morenas apasionadas: he ahí el dilema del duro vaquero en momentos de reposo.
La malograda Suzan Ball al ser morena (y mucho, era de una belleza darnellesca que quitaba el hipo) tenía todas las papeletas para quedarse con la función (con sus limitaciones, a tenor del machismo intrínseco del género, pero por lo menos supo cuidar su parcela de TNT). Cuesta encontrarla en los libros de cine dada su breve carrera, sólo justificada por su corta vida (murió a los veintiun años, víctima de un cáncer contra el que luchó 16 meses) y, aún a pesar de esto, su omisión es dolorosamente plausible pues sus filmes no fueron de relumbrón. Ni tan siquiera gozó de un leyenda a lo Marilyn. Y es una lástima, porque quien ame el cine popular y las mujeres bonitas deberían tener a esta belleza en un altar. Yo se lo tengo, de hecho. Es una adoración muy personal. Comprendo que la chica hacía frente a su innata inexpresividad con una sensualidad a flor de piel. Y eso se notaba, traspasaba la pantalla. Fuera de ella gozó de una cierta fama de devorahombres (mantenía romances con casi todos los galanes con los que trabajó), aún así fue favorita en 1953 de la cotilla periodista Hedda Hopper, que la nombró la más importante nueva estrella de ese año. Poco antes se había visto proclamada Nueva Cenicienta de 1952. Pero el arranque de su carrera artísitica no viene por lucir delante de unas cámaras sino detrás de un micrófono, pues era vocalista en la orquesta de Mel Baker.
Al entrar en Hollywood, con el único pedigrí de ser prima segunda de la comicastra Lucille Ball y, por descontado, por su despampanante presencia, lo primero que consiguió fue ser chica de harén en una baratísima orientalada llamada Aladino y la lámpara maravillosa, para el más pobre de los estudios: la Monogram. Se presentó a una prueba para la Universal y la aceptaron. Su estreno en serio fue en Yankee Buccaneer, agradable historia de piratas junto al especialista en aventuras universales Jeff Chandler y el atractivo Scott Brady. Ella era una condesa de Portugal que imponía su poderío hierático con pantalones en la isla de los mosquitos. Los yanquis se la llevaban con ellos y, a pesar de suponerla pirata en potencia, resultó ser una damisela remilgada (y empingorotadísima) que, entre paseo y paseo por el barco, se enamoraba de Brady. Sus únicos momentos de intranquilidad residían en la sospecha de que eses marinos no fuesen en realidad unos despiadados bucaneros (Chandler y tripulación se hacían pasar por piratas, pero bien es sabido que un norteamericano jamás lo fue. Lo serían otros -españoles y portugueses, principalmente- pero ¿un yanqui, ladrón de ultramar?).
A continuación le dieron su primer western, Untamed frontier (1952. Hugo Fregonese) en donde debió esforzarse para hacerse notar ante un reparto potente en el que aparecían los nombres de Joseph Cotten, Shelley Winters y Lee Van Cleef. Sólo pareció haberle servido la experiencia para mantener un flirteo con Scott Brady. En City beneath the sea, Anthony Quinn la cortejó en las pausas de rodaje. Pero nadie dio un duro por aquella historia, pues el mexicano seguía, según la chismología, muy enamorado de su esposa Katherine. En cualquier caso, el latino mozo no quería abandonar aún los privilegios de ser el flamante yerno de Cecil B. DeMille.
En East of Sumatra salía exótica y, de nuevo, acompañada de los dos machos con los que más trabajó: Jeff Chandler (tras su previa Yanquee Buccaneer) y el señor Quinn. Pero también fue el comienzo del fin para la actriz. Durante el rodaje de la danza lounge sufrió una lesión en la pierna que degeneró en un horrible tumor. Aún asi siguió trabajando en el cine y conociendo en el ínterin al atractivo actor Richard Long con el que se comprometió en 1954.
En sus dos westerns con George Sherman debió hacer de india. En Asalto al Fuerte Clark (1.954) era seminola y el protagonista Jeff Chandler la definía como una jóven de encanto exótico. Yo no sé si las indias de aquella tribu tenían unos ojos tan hermosos como Suzan, pero aún siendo aquello una concesión al falso historicismo se trataba a todas luces de una concesión muy estética. Y ella estaba briosa y temperamental frente a la firme serenidad de la dama americana Maureen O'Hara. En cuanto a El gran jefe, fue su último papel y se la veía algo apagada por su enfermedad (pero bellísima igual) junto a un Victor Mature metido a cabecilla, con moño incluido (estaba francamente ridículo), de una tribu en cinemascope.
La pierna de Suzan empezó a generar metástasis. Una caída en casa acabó por rompérsela y debieron amputarla. El mal había pasado a otras partes de su bendito cuerpo. Poco más pudo
trabajar, salvo en un capítulo televisivo del teleteatro Climax, donde ya se la podía ver con una pierna postiza. Richard y ella casaron en lo que fue una ceremonia modesta y tristona, a la que no faltaron amigos Universal como Rock Hudson y la pareja Curtis - Leigh. Alejada de las cámaras se embarcó en un tour como cantante de night club, pero en una de sus actuaciones sufrió un colapso, falleciendo poco después. Acababa de cumplir 21 años.
Nos encontramos pues, ante un caso de carrera truncada, como la del resto de las muchachas que conforman la serie presente, pero por los motivos más tristes e irreversibles que puedan existir.




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