31 enero 2007

ALBUM DE CROMOS CHICARRONES SANOTES

Cromo nº 16: JEFFREY HUNTER (1.926-1.969)


No sé porqué será, pero yo noto que los actores (y actrices) de antaño eran mucho más guap@s que l@s de la actualidad.
Ciñéndonos al presente coleccionable, si tuvieramos que hacer un ranking con los chicarrones sanotes de los años cincuenta más bellos me da que Jeffrey quedaría en los primeros puestos. No es ya por el poderío de unos preciosos ojos azules (sólo parangonables con los de Liz Taylor, los del violeta sublime) es que aparte, tomado en su globalidad, era un poco prodigio de la naturaleza. Parecía de un celeste bíblico, pues ya sabréis que fue Rey de Reyes a la manera de Nicholas Ray. Entonces cuando el fue ese Cristo se armó la de dios (y perdón por el chiste fácil). Pero es que el mozo, con aquella túnica blanca provocó millones de sacrilegios entre las mujeres y bastantes varones cuando tod@s, en la intimidad de sus oraciones cameras, acababan mojad@s pensando en el Mesías bajo sus rasgos perfectos. Aún me acuerdo de mi época de bachillerato (años ochenta) que una vez en clase de religión el jóven curita al hablarnos de la iconografía crística en el cine se mofaba del amariconamiento (sic) que este superheroe había sufrido a lo largo de todo el siglo veinte (en clara referencia a este actor). Me imagino que aquel profesorzuelo hubiese sido partidario mejor de un proletario a lo Il Vangelo pero aún así el comentario no dejaba tener su gracia. Y si Hunter no fue maricón (casó unas cuantas veces) si que los que lo conocieron confirmaron con un suspiro su condición bisexual. Y eso es un puntazo. Por lo menos esta cualidad se identificaba plenamente con el mensaje fraternal del Mesías que inmortalizó.
Careció de las oportunidades para ser una gran estrella como Paul Newman (quiza el semidios masivo más pre helénico de su generación) pero tambien es verdad que lo que el de La Gata tuvo de engreído y de narcisista este lo tenía de humilde y discreto. Y que a pesar de que hubo de lidiar con el sambenito de guaperas insustancial en muchas de sus películas de primera juventud, estuvo más que eficaz en la mayoría de las de su treintena: estuvo hasta memorable. Cosas de un actor que era consciente de que la interpretación era su vida desde bien temprana edad.
Pero como buen chicarrón sanote antes del estudio cultivó el cuerpo, asi que después de graduarse en la high school, con quince añitos y en tiempos de guerra se alistó en la Marina donde permaneció hasta la jura de bandera. Había hecho pinitos actorales en la radio e incluso en una pequeña compañía teatral de Wisconsin (ciudad donde se había trasladado con su familia, pues él era originario de Louisiana). Pero no será hasta que se introduzca en los ambientes culturales universitarios cuando le llegue su gran oportunidad de saltar al cine. Tras protagonizar un montaje de Julio César, que fue rodado en 16 mm por David Bradley, un ejecutivo lo descubre subido a un escenario representando un papel en el drama de Arthur Miller All my sons (donde conocería además a su primera y fugaz esposa: la estupenda Barbara Rush). Firma en 1.950 un contrato con la Fox que le mantendrá demasiado ocupado en los siguientes ocho años. Sobresalen los Oestes y las películas de guerra. También una pequeña delicia de la Orientalia titulada Princess of the Nile (1.954) junto a una sinuosa Debra Paget (aquí en su faceta de tentadora) con la que realizó unas cuantas películas más. En guapura y con aquel turbante blanco Jeffrey parecía anunciar al gran Sandokan de Steve Reeves de la siguiente década. Como novatillo en cambio se rifaba los papeles titulares con el otro galán en agraz, Robert Wagner. Ambos cubrían pues la parcela de erotismo juvenil masculino a las mil maravillas. No carecerían de importancia a este respecto sus innumerables fotos beefcake que, si bien no lograron desbancar a las que la Universal perpetraba con su escuderia teen si que por lo menos ofrecían esplendores ebúrneos considerables. Tanto Wagner como él parecían vivir en una eterna estación estival al borde de alguna piscina kilométrica.
Simultaneó sus deberes con la Fox con otras productoras que, paradojicamente, le ofrecieron filmes mucho más interesantes. Así, 1956 fue su año más importante al requerirlo John Ford para hacer el indio (comanche, para más señas) en esa obra maestra del cine en general llamada Centauros del desierto. Dos años más tarde repetiría con el genio del parche en el ojo en The last Hurrah y en 1.960 en Sergeant Rutledge (con el extraordinario Woody Stroode imprimiendo nobleza y sex appeal a su sargento negro).
A esas alturas Jeffrey había ganado en soltura. Por fortuna para él sus ojos zarcos no sólo deslumbraban: también expresaban ternura y cierta severidad. La que necesitó para desempeñar el papel de un ciudadano medio que presencia el crimen de un muchacho a manos de un lider de una banda juvenil en Key Witness (1960, Phil Carlson). El malísimo era Dennis Hopper, prorrogando el impacto de Rebelde sin causa, sin un James Dean que lo amparase. Pero Hopper tenía ya mucha personalidad, buscaba su destino con ese punto de neurosis underground que lo hacía ideal. Jeffrey estuvo fantástico interpretando un personaje típico de un Henry Fonda. Y encima, salía el actor cantante (grababa en la ABC Paramount) Johnny Nash, guapísimo Belafonte serie B.
Cuando hizo de Jesucristo alcanzó el actor la popularidad universal. Ray buscaba contemporaneizar el mito, tratando al personaje de manera personal. Al llevarlo a su terreno, interesaba más el aspecto individual de un hombre que se debate entre la contemplación y la acción. Hunter algo intuyó y el público aplaudió. Pero aunque parezca increible esto no le sirvió para alcanzar buenos papeles de ahí en adelante. Como su economía tampoco era muy boyante decidió probar suerte yéndose al Tiber y aceptando papeles en peplums marca Cinecittá. También le alcanzaría la oleada del spaghetti western. Su periplo viajero incluiría una alucinada experiencia en el cine de Hong Kong que, por desgracia para los adictos al insolite, no se llegó a materializar al perderse los negativos en un incendio. A mediados de los sesenta la carrera de Hunter estaba ya finiquitada. Se apuntó a algunos seriales pero todos fueron demasiado breves: apareció en el episodio piloto de la aburridísima Star Trek pero los productores decidieron eliminarlo y nunca se emitió (se rehizo, pero ya sin Jeffrey).
Un infortunado ataque al corazón provocó que entrase a los cuarenta y tres años en un quirófano. Lo operaron sin éxito. Hunter moriría el año en el que yo nací. Fue un buen Cristo, con permiso de Pasolini (y que a la maricona frustrada de mi profesor de religión le parta un rayo, doquiera que ahora esté).



1 comentario:

Celia dijo...

This page is fantastic, what you show us is very interesting and important, do you want to see something more? Look: Great investment opportunity in Costa Rica: hotel in jaco beach, jaco beach review, apartment beach jaco rental. Visit us for more info at: http://www.jaco-bay.com/