19 diciembre 2006

MI NOCHE CON... TRACI

Traci Elizabeth Lords
Es un hecho constatable que el encanto infinito de esta muchacha que un día creció y se volvió mayor de edad, se esfumó hace muchos años. Basta con darse uno una vuelta por su página web o encontrarla en cinevideojuegos tipo Blade para percatarse de que la increible lolita del 85 se ha transformado en una espantosa madame de burdel internautico o en su defecto, en la presidentessa de una agencia de modelos de lujo (que para efectos es lo mismo). La historia de Traci es la misma que la de cientos de suripantas que en el porno han sido: la de la trepa inteligente que usa la plataforma del porno para dar el salto al cine comercial. Salvo en un detalle bien sabroso: haber forjado la leyenda de haber hecho porno siendo menor de edad. Esa ilegalidad es la que la convierte en figura de culto, pero es que además, es que era magnética, sobre todo gracias a que tenía sus quince añitos cuando hizo lo que hizo. Una lolita en agraz vence por puntos a cualquier zorrón maleado al uso. Volver a ver su producción (prohibida en Estados Unidos, menos su última película, Tracy I love you, pues ya había cumplido la mayoría, y de la cual tiene ella los plenos derechos) es reencontrarse con un material que sólo por ella ya es exquisito, bocatta di cardinale del que la terrible moda eighties pudo haber terminado anulando. Pero ella sigue imbatible ante las tropelías bárbaras de unos peinados espantosos, de unas sudaderas, calentadores y modelitos gym horribles, de una lencería bochornosa. Su carita es imbatible. Es, repito, el poder de la adolescencia del que jamás podrían vanagloriarse sus compañeras Annette Haven, Christy Canyon, ni tan siquiera la maravillosa Ginger Lynn. Es el morbo de la prohibición, rigurosamente cierto en su caso. Y aunque al pasar el asunto a los tribunales, las productoras condenadas que le dieron trabajo se justificaron alegando que ella los había engañado presentando documentación falsa, está bien claro que eran plenamente conscientes de su minoría edad. De que ese atajo de pervertidos (de los cuales me solidarizo) se ponían cachondos al máximo cuando veían a la colegiala entrar en los estudios con sus libretas de la high school para abandonar las piruletas de fresa y ponerse con otro tipo de chupetes gainsbourgianos. Y ahora que ha aparecido el viejo Sergio, sería conveniente resaltar que la belleza de Traci trascendería la barrera all-american para acercarse a un tipo de lolita afrancesada, con esencias tanto de una Jane Birkin o Adjani como de una temprana Bisset. De cualquier forma, pasó con sobresaliente la tortura de un vestuario y aderezos imposibles. Queda para los restos su espontaneidad, su vocecilla de gatita arrulladora y su maliciosa mirada. Y, por descontado, su cuerpo que iba creciendo cada mes algo más. Este último detalle es un capricho para el heterosexual más refinado (que no es mi caso, pero tonto no soy. Ahora encuentra tú a un hétero que venere a Gary Wilde. El más sutil dirá: ese es un tío. El más diplomático dirá: Es que a mí el porno no es lo que más me interesa. Vamos, que no hay). Nadie en su sano juicio (de la inclinación sexual que fuese) debería pasar por alto a este mito de los años ochenta, cuya carrera pornográfica duró nada más que dos años y medio, para luego pasar a la standarización más inconcreta (aunque prevalecen los títulos de serie B de terror, también hay super taquillazos tan efímeros como un fuego de artificio, innumerables series de televisión y papeles secundarios para emocionados admiradores, como Corman o John Waters).
Lo que más nos interesa es su etapa 1984-85. Justo cuando solía esconder en la mochila de colegiala el carnet de identidad.

Mi mini ciclo de la niña prodigio

*What gets me hot? (1984)
De las primeras (sino la primera) apariciones de la muchachita de Ohio. El comienzo es la risa: duo lésbico con sobreimpresiones de un espacio exterior como de la serie Galáctica. También recuerda, en su desfase, a cualquier videoclip de La Bola de cristal sólo que para adultos y con música tipo Phil Collins. Esta cabecera impresionante en realidad se trata de un sueño de Traci, sueño bastante intranquilo pues no para de moverse revolviendo las sábanas y babando almohada. La niña de labios pintados está soñando con la vía lactea. Al despertar se va al baño y se pega una ducha, pero es observada por un maromo, no sabemos por qué, porque aquello no degenera en nada. Pero la ducha está perfecta porque descubrimos sus hermosos pechos y sus pezones de galleta María. En realidad el argumento, casi inexistente, presenta las dudas constantes que sufre Traci en torno al delicado tema de su orientación sexual.
En cuanto a los chicos del lote, ya se empiezan a definir en el porno yanki los futuros modelos físicos que imperarán per secula seculorum: o sea, prototipos de gimnasio que enmascaran a una caterva de tíos gays que follan con las pavas por pelas. El resto de las tías lucen imágenes desfasadas, con preeminencia de la rubia de peluqueria con greñas a lo Morgan Fairchild.
La gran secuencia de la película la protagoniza Traci, de nuevo solita en la cama, recordando el polvazo doble que le echó el novio en el jardín: tras la primera corrida, se la vuelve a meter en la cueva y al poco la saca para de nuevo eyacular. Este montaje paralelo de la chica tocándose gracias a sus pensamientos y el coito está tan mal montado que es una pena.

*The G Spot (1984)
Pues sí. Estaba de moda aquello del punto G. Y he aquí una buena excusa para que la parejita ideal Ginger Lynn-Harry Reems lleven a cabo uno de sus números preferidos nada más comenzar la cinta: el sexo debajo del agua, vía piscina. El ambiente marítimo cubre el total de los exteriores de esta mediocridad que sólo es destacable por el trío que se marcan Traci y Harry Reems (porno actor legendario, de la vieja escudería) con otro gachó más delgadito y puro Falcon en el camarote de un barquito velero. Momento impactante: los golpes de polla sobre el ojete de la niña (sus sensaciones de ese instante las conozco a la perfección y no me extraña que grite como lo hace).

* Tracy's dilemma (1984)
Se supone que es un corto. Sea lo que sea, es de mis favoritos. Parece que hasta cuenta una historia. Evidentemente no muy complicada pero que siempre es resultona en su pequeña trascendencia. El dilema de Traci es el de tantas jovencitas de su edad: perder o no la virginidad con ese novio tan impetuoso, que le mete tanta prisa. Ella en principio lo rechaza. Están en el banco de un parque nocturno y el tío se pone muy pesadito. Traci lo planta. Luego al llegar a casa demuestra haber quedado bastante caliente pues osa con toda la naturalidad del mundo en vigilar el polvo que están echando sus padres. Tambien se toquetea. Por la mañana, hay una escena increible, que es la Lords con un picardías tan horrendo como mínimo desayunando en familia (la mirada que le echa papi al levantarse la nena de la mesa es graciosísimo). El dilema le dura poco. Esa misma tarde se trae al novio a casa y echan un soberano casquete en su cuarto.

* Traci Lords in heaven (1985)
Especie de burda copia del mítico Devil in Miss Jones con reminiscencias plásticas incluso del cine de los Mitchell Brothers. Demasiado para un director mediocre pero, pese a los tontos resultados, aún resulta interesante visionar esta cinta aunque sólo sea para ver a Traci interpretándose a si misma y visitando el mismisimo cielo. La ambientación celestial consiste en un decorado neutro lleno de humo y cámaras en flou: o sea, que casi no se ve nada. Traci conversa con un señor con barbas y túnica blanca, que como no es San Pedro (porque San Pedro en el cine nunca fue como es este señor), pues quien tiene que ser es el propio Jesús de Nazareth. Entre tanta nubareda parecen estar en realidad en una sauna de fornicio. Empiezan a follar. Cuesta pillar genitales. Lo que está bien claro es que la jovenzuela lleva un lacito malva en el cabello literalmente espantoso. Al acabar, el cabrón de Cristo le espeta que está muerta. Pero que le va a conceder el don de poder regresar a la vida justo seis años antes de aquel cruel destino. Asi la vemos de nuevo en la Tierra, haciendo vida de puta: gritando como una perra en los duetos bollos, susurrando cositas de su ass hole cuando la sodomizan, que enternecen (por lo menos a mí), perdiéndose en el tumulto de las gang bangs de chalet...
La escena tremenda viene momentos antes de su muerte (que se supone que se produce por un paro cardíaco motivado por un exceso de furor sexual, yo creo que le estalla una venita de su linda sien). Encima de la cama se masturba gritando como la niña del exorcista (pero en guapa). Se intercalan sobreimpresiones Mitchell de llamaradas que deben evocar al infierno y ella, de colorines ketchup, sin dejar su vagina un minuto en paz. Sufre el colapso. En el cielo queda bien.

*Holly does Hollywood (1985)
Supuso esta cinta el lanzamiento de la horrenda, pero muy tetuda Christy Canyon. La acción se desarrolla en el ambiente de la fotografía de moda. Christy y Traci tienen una sesión de fotos vestidas con ropa de aerobic y al acabar se dan una duchita con rollito torti por medio. Pronto aparecerán los seudo machos que entran en el baño y terminan chuscándolas a ambas. Hay orgía y poco más. Un porno del montón.

*Physical 2 (1985)
Sin pies ni cabeza. Con un montaje loco y chapuzero. De haberse filmado con un mínimo estilo, podría haberse tratado de una parodia de programa de televisión relacionado con el sexo explícito. La presentación corre a cargo de Traci que patina en el look de zorrón (lo de presentar sin bragas es un tópico, que...vaaale, es efectivo). También folla en directo mientras da paso a otros videos. Al final, hay unas sobreimpresiones muy de época con la multiplicación de todas las parejas vistas con anterioridad, en lo que es un montaje muy burdo pero que al espectador cinéfilo le hace gracia al recordarle una secuencia parecida (de opuestas intenciones, claro está) dentro del filme de Antonioni Zabriskie Point.

* One hot night of passion (1985)
A Traci la ve un tipo por la calle y la sigue. Averigua donde vive pero nada más. Ya tiene suficiente para la paja mental/física que se va a hacer esa noche en la cama. Se imagina que entra a esas horas en las que todo el mundo duerme en su habitación, separa las sábanas y contempla su cuerpo de diosa pagana (el coñito aquí ya lo airea semi depilado, como adelantándose a la moda 90's). Este señor es sin duda un soñador empedernido, pero es lógico que haya colocado a Traci en el terreno onírico pues es la gran obsesión de todo norteamericano de la era Reagan. De nuevo, la ve en una tumbona de playa masturbándose frente a él. Ella se levanta y se le arrodilla para comerle la tocha (lo que quereis todos). Pues nada, para que el espectador no sólo se identifique con este gachó sino que acabe con un buen gustirrinín, el sueño se convierte en realidad: Traci acude al domicilio del menda con unos pantaloncitos de puta, rojo chillón, estupendos y ocurre lo inevitable.
A destacar que sale ¡Ron Jeremy! en un partido de strip tenis. Ron Jeremy es la hostia, otro de los grandes de la vieja escuela.

* Aroused (1985)
Porno lujo con guiños muy evidentes al previo éxito de Hollywood Risky Business. Empieza la cinta con Traci y un fulano en un Mercedes que es casi limousine. Pronto averiguaremos que ella tiene un trabajo muy importante en un gran holding. Es medio secretaria, medio puta. Bueno, es más puta que cualquier otra cosa, porque como mecanógrafa le vemos muy pocas pulsaciones. La dejan en una gran mansión y dos tiparracas la engalanan con un precioso arreo de cuero para perras que le colocan en el cuello. Luego las tres se esposan y lo que bien pudiera haber sido un grato número de sadomasoquismo light se reduce a la mamada a tres bocas de la polla de un niñato que ni se quita las gafas negras, en clara alusión al Tom Cruise de la peli antes citada.
Aquí la música si cabe es más ochentas que en las anteriores (onda Porkys o las bobadas juveniles de John Hughes) y Traci demuestra estar perfectamente adorable con su oficio de secretaria, con sus gafitas de mentira bajadas hasta la punta de la nariz y sus uñitas pintadas aporreando la Olivetti.

Esta es una mínima parte de la ingente filmografía pornográfica de este mito del siglo XX. Recordarla eternamente adolescente es de los placeres más hermosos que tiene el erotómano de ley. Y sin embargo, aquella dulce guarrilla escondía un pasado turbulento y doloroso. Violada por su padre de niña, huyendo del seno familiar a los catorce años con un fotógrafo cuarentón que la introduce en los mafiosos terrenos del modeleo y derivados... Y luego sus casi cien pelis para adultos que fueron un escándalo pero que aun cogieron una buena época de permisividad dentro de la propia industria del porno. La permisividad de la era precondom, cuando aún se introducían temas como el incesto o los ambientes estudiantiles en sus esqueléticas tramas. No importa que la muchacha sobreactuara o gritase de más. Su público la adoraba por ello. Tampoco que fuera ella misma la que habría avisado a la policia para delatar a sus jefes y asi quedarse con el monopolio de su popularidad. Lo único que me molesta de este icono es que por ese lavado de imágen he visto imposible el poder meter una sóla fotografía en este post de Traci con el conejito al aire. Y eso, para alguien que la adoró, es un dolor.

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