29 diciembre 2006

7. EL DECAMERON DEL INVERTIDO

" En las cuales se verán casos de amor placenteros y ásperos, así como otros azarosos acontecimientos sucedidos tanto en los modernos tiempos como en los antiguos, de los cuales, las ya dichas mujeres que los lean, a la par podrán tomar solaz en las cosas deleitosas mostradas y útil consejo, por lo que podrán conocer qué ha de ser huído e igualmente qué ha de ser seguido: cosas que sin que les pase el dolor no creo que puedan suceder. Y si ello sucede, que quiera Dios que así sea, den gracias a Amor que, librándome de sus ligaduras, me ha concedido poder atender a sus placeres
"
BOCACCIO

Desviándome del tema
Bocaccio es uno de mis autores favoritos. Por su libertinaje y su vocación de crear un cierto tipo de literatura erótica que él destinó para que fuera leída por el público femenino. Y desde su punto de vista heterosexual, tendría que ser un ejemplo perenne a seguir por tanto berzas que se lanza al diseño de páginas web de pornografia que sólo consiguen (de hacerlo) atraer a otros hombres y a ninguna mujer (las principales protagonistas de su universo pajero). Qué triste resulta pasarse por determinados blogs de niñatos adictos al humor negro (menudo tópico) y comprobar como los viejos clisés de la España landista se repiten, produciéndose por generación espontánea. Media docena de colegis admirando las tetonas de la putarraca de turno (el antimorbo total), babeando por un equipo de fútbol femenino de ligeritas de ropa o añorando a una Santa Claus con estilismos a lo Betty Page. Dentro de esta crisis general del mundo moderno, la peor parte se la lleva la decadente sociedad de machirulos de Heterolandia, aferrada a unas manías, a unas filias que todavía beben del eterno mito del Harén. Qué desgracia que lo que consigan sea paradojicamente desplazar en interés a un público femenino que debería ser según su inclinación la audiencia potencial para un posible ligoteo (lo mismo sucede con los chats de Internet. Hombres que buscan sexo con mujeres que en realidad son otros hombres llamándose con nombres de mujer). Al no surtir el efecto ligue deseado, el cuerpo femenino en la pornografía vista por hombres heterosexuales se transforma eminentemente en mercancia de trueque, o sea, se cae en la profesión más antigua del mundo. Así mojamos todos, sin excesivas complicaciones y tan a gusto (ni siquiera hay remordimientos, el macho siempre pensará para lavar su conciencia que la degradación de la mujer que se vende es una profesión como otra cualquiera). La pornografía hetero sigue su camino sin salida hacia la satisfacción del pajillero eterno en su ordenador personal o al follador de night club con reses de otras etnias.
De lo que más me siento orgulloso en el blog a la hora de haberle metido imágenes pornográficas de un sexo alternativo (y no gay, sino una suerte de gay porn retorcido y bizarro, cercano a la perversión sadiana y a la ilegalidad tout court) ha sido por el hecho de haber podido herir la sensibilidad del falso tolerante, del demócrata politicamente correcto, del limitadísimo macho frente a la rozagante mujer liberada del siglo XXI, como esas pocas mujeres que a lo largo de la existencia de Fantasía Mongo me han dejado sus sabrosos comentarios. Admiro la permisividad de este público fiel. Y me retrotraen sus casos a una vieja anécdota ocurrida a mis dieciocho años cundo fui a una fiesta entre colegas del colegio disfrazado de mujercilla. Atraje las miradas de todas las féminas. Los machitos me miraban con asombro y mucho asco. Ellos venían a mojar y yo me llevaba la mercancía (con perdón. Pero eso es lo que es para el español una señora soltera en una fiesta). Incluso uno se me acercó y me espetó: Si maricón serás, pero tonto no. Lo filtraba todo por su raciocinio de straight pero parte de razón tenía.
Teniendo en cuenta que ninguno de los asistentes a aquella reunión me atraía en lo más mínimo decidí que había que dar color donde habían mujeres. Y he de afirmar que esa noche terminé siendo seducido por la única agreste del lote, consumando por los pelos el acto heterosexual.
Quiero decir con todo esto, que admiro la tolerancia de ellas ante el sexo alternativo, del que hasta es posible que gocen en la intimidad de una pantalla sucia con el voyeurismo de dos apolos en pelota picada (asi como los héteros masculinos hacen mirando a dos hembras amandose, hembras claro está que no sigan el canon estético de las espartanas señoritas Berkana. Malo que un machote no se caliente con dos hembras comiendo almejas. Es que algo falla en su sexualidad).

Centrándome en el tema

Hubo una época, no muy lejana en el tiempo, en la que me planteé hacer un cálculo preciso del número de hombres con los que había estado en mi bonita carrera nefanda. Cogiendo siempre a cinco o seis habituales les sumaba doce o quince variables y me salían a veinte por año. Multiplicaba por diez o por quince y el total eran bien hermosas cantidades de tres cifras. Puto coleccionismo de un puto. En cambio, sé de muchos que me ganan. Julio Iglesias, por ejemplo. ¿Debería este año contar a Jose, el escayolista desganado?. Me da que no. Sin embargo, con él encima o debajo batí records que nunca me había planteado. Habeis de saber que yo no soy ningún super potens. Cuando me corro, quedo exhausto e inactivo hasta por lo menos doce horas. Pues bien, era tal mi emoción con aquel osito, era tan mullido el colchón de sus nalgas, era tal la invitación por su parte a que siguiese restregando mi cebolleta sobre sus peludos carrillos mojados de mi semen, que consiguió lo que nadie: que me corriese dos veces seguidas noche sí noche también. Y punto, nada de records a lo Antonio David ni similares. Pues dejando a un lado este detalle, que sólo se entiende desde la hermosa intimidad que ambos pudimos crear durante un corto espacio de nuestras vidas en común, el resto de 2006 se nutre de contados amantes, en una especie de cuesta abajo que parece venir dada por mi edad (ya razonable) y mi obstinación (cada vez más empecinada) en hacerlo sólo con los prototipos físicos que me agraden (a saber: adolescentes borrachos, borrachos indigentes, indigentes sucios, sucios escayolistas...).
Mi gran ilusión de 2006 fue el aumento del número de encontronazos con el escayolista follador. Le echo muchísimo en falta. Desde septiembre no nos hemos vuelto a ver. Estoy dudando de que vuelva a aparecer en mi vida. Estoy por creer que se ha cansado ya de mí. Yo nunca me cansaría de ocupar su parcelita bisexual mientras el cubriera mi parcelita esfinteriana.
Otro acontecimiento destacado fue la reaparición del flaquito Juan. Otro bisexual a mi gusto. Poco frecuentador del ambiente y cuando lo frecuenta es para quedarse a mi lado. Grandes orgasmos.
Como conquista histórica, mi aventura balcánica con el cabroncete rumano. Limpísimo, majete sin concesiones, cariñoso... También poco frecuentador del ambiente. Espero que de igual manera tenga su novia, redondearía el arquetipo ideal de amante macisteño.
Hubo locuras de verano (contadas con los dedos de la mano): visitas a pensiones con maduros al borde del oserío daddy, parias exhibicionistas de sobremesa... Y locuras de otoño: curiosos escaparateros de galerías comerciales... Polvos rápidos en sitios infrecuentes. El morbo del deporte de riesgo. Todo está en mi apartado del blog titulado Macisterotique (incluso mi vieja afición a meter mano a anónimos viandantes en sitios públicos alcanzó cotas de calentura como en mis tiempos de bachiller) y a ello me remito.
Finalmente estaría en este resumen el gran amante: el constante Pedro, el generoso Pedro. El próximo año se cumplirán los veinte años de nuestro primer contacto.Y ahí seguimos. Hubo sus años de ausencia, pero con el tiempo hemos vuelto a las intensidades habituales de antaño, cuando Maciste era folladísimo por él a finales de los ochenta en un cuento sin fín que bien pudiera titularse Las Mil y una Tardes, al salir de clase.
No ha sido un año malo, pero los hubo mejores. Qué importa si estos días de escasez que estoy viviendo se compensan con el Sábado, sabadete de este chaval de confianza. El tiempo trae siempre sorpresas. Y lo que ahora es la abstinencia del entresemana se volverá suntuosidad de pasión en cualquier momento. Son las rachas del destino.
Confío en tener en breve una feliz entrada de ano... (chiste de un número navideño de la revista Party de principios de los años ochenta).

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