25 julio 2006

HISTORIAS DEL DESTAPE. Por Gilda Love



PILAR VELAZQUEZ
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Se recuerda con cariño a esta madrileña finísima. Y desde amplios sectores cinéfilos. Gracias a su paso por géneros hoy reivindicados, consiguió aunar entre sus adoradores a los amantes del cine ye yé, a los del spaghetti western, a los del terror italiano y, finalmente, a los del seudo erotismo de la apertura. En todos estos subgéneros la hermosa Pilar aportó distinción rayana en el pijerío y cierta frialdad que en el fondo no era sino una superficial cáscara para ocultar una piel volcánica y enviciable.
Su carrera se inicia en el teatro, en compañias de prestigio y en obras ya olvidadas. En cambio, nombres como el de Jose María Rodero o su paso por el Teatro Español asombran en su currículo primero. Como damita jóven era deliciosa. Pero aquella belleza era más vistosa en el cine español de entonces. Sus películas pop nos la muestran como ye yé elegante, nunca desmelenada: Codo con codo (con Bruno Lomas y Massiel) , Los chicos con las chicas ( con Los Bravos) y, en menor medida, Operación Mata Hari son ejemplos de modernidad tímida pero disfrutable. Quiero y no puedo con guitarras y chispa de abierta comicidad.
En las coproducciones con Italia, la Velázquez fue la aportación patria a la belleza femenina. En Almeria o en Barcelona, en decorados de Cubedo y Galicia ella lucía monísima a la moda del far west. En Manos torpes llegó a intimar lo justito con el marido de su compañera Cristina Galbó, el norteamericano Peter Lee Lawrence, que en España se había especializado en el papel de heroe del spaghetti western.
Entre 1973 y 1974 se instaló en Italia, en donde colaboró en bodrios inmundos que iban de lo decididamente erótico al terror sangriento (la escuela italiana del terror ya estaba de capa caída, viéndose el género abocado a la degeneración en forma de gore y giallos) . Más allá del exorcismo y La orgia de la sangre fueron los títulos más representativos de este período.
Cumplidos treinta años, la belleza de Pilar sigue incólume aunque el arquetipo de chica bien pero con ganas de marcha ya no podía remitir a las coordenadas clásicas de las lolitas universales. En eso resultaba poco creible, sobre todo si se la ponía al lado de Sandra Mozarowski (nuestra Ornella Mutti) . De esta guisa cuenta en su haber con títulos como Adulterio a la española, Sensualidad, Strip tease, La mujer de la tierra caliente y Esposa de día, amante de noche (ésta última del penoso e inverosimil Javier Aguirre) .
A finales de los setenta se casa con el recientemente fallecido cantante Miguel Gallardo, de hermosura femenina y calidad artísitica nula: una suerte de Giacobe para amantes de Miami, con el que mantuvo una relación tan extraña y distanciada que todavía cuesta creérsela.
Si el resto de compañeras de su quinta disponen en su filmografía de algún título de prestigio, Pilar es la que menos puede vanagloriarse de ello. Con todo, se cuenta el haber participado en el debút del inclasificable Bigas Luna: Tatuaje (1976) , aventuras del detective Pepe Carvalho, amante de la buena mesa y que encarnó Carlos Ballesteros, siempre eficiente.
Pese a esta escasez de qualité, sigo pensando que Pilar es una chica muy recordada entre nostálgicos de variado pelaje. Las nuevas generaciones la verán en anuncios, teletiendas o culebrones claustrofóbicos pero en su momento supuso un agradable soplo de aire fresco, dentro de su siempre proverbial clase de chica de barrio de Salamanca.

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